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Nunca es un artificio el viejo exilio, de José Pulido
(selección)

viernes 5 de agosto de 2022
“Nunca es un artificio el viejo exilio”, de José Pulido
Nunca es un artificio el viejo exilio, de José Pulido (Pavilo, 2020). Disponible en la web de la editorial

Nunca es un artificio el viejo exilio
José Pulido
Poesía
Ediciones Pavilo
Caracas (Venezuela), 2020
ISBN: 978-980-6497-19-1
60 páginas

I

El cielo hundía mis hombros en plena escalinata
¿qué te corresponde intuir o negar?
Todo lo pesado es libertad ajena
la tristeza balanceaba sus brazos en la calle de abajo
la montaña que alivia mis pulmones con su alma de mentol
se dejaba caer

como cuando era niño
y me saltaba encima
una pirámide humana con sudor de cobre

mi angustia divisaba entre brazos y piernas,
el oscuro volar de las aves girando
mirando costillares
y en un supuesto laberinto de encaladas paredes
—todas gritando sus heridas con grillos—
la voz de una madre advirtiendo que no ensucien la ropa

 

II

Sobrevivir un lunes es siempre muy costoso
la tarde supuraba hedor de pollos crudos
la noche estaba esperando su turno
en el fondo irredento de los supermercados
todos los pasamanos se veían desgastados
como las ranuras de los cajeros electrónicos
y los rostros amargos surcados de salarios
el enorme bloque de concreto y penas
tiene que poseer una restinga
de aislado amor

Saludar en tal predio es desastroso
entré saludando con gestos
a gente disgustada, desatornillada de las horas
el reinado de las dentaduras flojas
nicotina bordeando los dedos
en el espejo del ascensor gruñí encorvado y sordo
y sentí el gran consuelo de poder amar aceleradamente
mientras las guayas me subían al campanario

El gato se acurrucaba detrás de la puerta para cazar mi cariño
mi esposa giraba en la cocina bailando frituras de plátano
completamente alejada de ilusiones inútiles
ella sobrelleva su belleza como si fuera una triste verdad
al verme comentó que podíamos solicitar la jubilación del seguro social
hoy me informaron que ya somos de la tercera edad, deslizó con dulzura
de tórtola

El sofá seguía mostrando los rasguños recibidos en su Gólgota
El gato me miraba y sé que su pregunta sólo podía ser esta: ¿por qué
me has abandonado?

 

III

Tener una esposa fuerte que no se arredra
Es como llevar a Febo Apolo de compañero a una batalla
Sólo la he visto pelear interiormente con ella misma sin que hubiera
vencido alguna de las dos
No estorbé, la dejé conducir todas las diligencias
¿qué habíamos cantado bajo los acordes de la burocracia?
Toma una juventud, toma una juventud, devuélveme una vejez
Y se repite el coro como es de suponer
la jubilación nuestra fue como pedir limosna y obtenerla

Comencé a sentir las desventajas de la tercera edad
cuando en el fragor del Metro una muchacha abandonó su puesto
y me dijo ignorando mis fuerzas literarias
—siéntese, abuelito—
el escote de su vestido surgió como un avión
sobre esta isla emergida en 1945
y mis ojos no tuvieron tiempo de rasgarse

 

IV

Ser viejo es desacralizar todos los símbolos
una madrugada sentí que el martillo de mi pene
se había convertido en una hoz
y ni siquiera me alegré al despuntar el día
que era quincena y de ritual bancario
me indicaron que podía usar la taquilla de la tercera edad
cientos de ancianos trataban de cobrar sus monedas para alegrar a Caronte
por ser la cola de una boa muy larga no pude saborear a la taquillera
¿qué privilegio era tardar más mientras se agoniza?
y afuera se paseaban los motorizados
preparándose con sus pistolas jubilosamente

 

V

Siempre hay jóvenes entregados al soñar y a la tecnología
Jóvenes del arte y de la ciencia,
que tienen el instinto amatorio en buena forma
Eso no generaba esperanzas
pero le limpiaba la cara a los mandamientos de no robar y no matar
Jóvenes que trabajaban y estudiaban
y otros que aparentemente no hacían nada
avasallados por toda la amargura municipal y de aquí mismo
muchos de ellos salieron a protestar y más de un centenar cayó abatido
por los militares y grupos asesinos que el gobierno tiene para eso
la infamia aturde cualquier inmanencia de poder divino

El adolescente subió a la azotea
dejó un cigarrillo humeando en el borde
hace unos segundos estaba mirando los cerros
tan húmedos delirios la mañana
y el horizonte de edificaciones
Fumaba sin apuros
y miraba lo poco que el cielo le mostraba
a esa hora las bandadas se alejan
el cigarrillo seguía encendido
en aquella soledad

José Pulido
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