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Dos poemas de Memorial del fulgor, de Mariana Bernárdez

lunes 8 de agosto de 2022
“Memorial del fulgor”, de Mariana Bernárdez
A principios de este año se publicó en España Memorial del fulgor, libro de poesía en prosa de la escritora mexicana Mariana Bernárdez (Sapere Aude, 2022), del que ha escrito, en el prólogo, Tomás Pollán: “Es evidente que las innovaciones léxicas y sintácticas que presenta in actu la metapoética de Memorial del fulgor exigen un nuevo tipo de lector, no ya receptivo y espectador, sino activo e inventor”. Disponible en la web de la editorial

Memorial del fulgor
Mariana Bernárdez
Poesía
Editorial Sapere Aude
Oviedo (España)
ISBN: 978-84-18168-92-5
130 páginas

Sintomatología

Nada. Nada. Nada. Un libro sin frases, sin sombra, sin líneas, no blanco porque eso ya es principio de retribución, ¿equilibrio?, ¿punto ciego?, ¿ranura? Caos. Lo irreparable: la letra mal escrita / mal pronunciada / mal leída, acto consumado que no es reversible por haber cedido su inmanencia. Lacera y penetra, anida, susurra como cuando la voz se desgrana en confesión y lo doliente se circunscribe al raudal por no tener ya ninguna redención, porque lo terrible ha sobrevenido con ferocidad inigualable, porque su tiranía no da cabida a comparación alguna y la mente atribulada no encuentra reparo ni sosiego. La pesadumbre no es una amenaza sino la exactitud del hundimiento.

Negrura, no aquella que algunos confunden con la noche oscura, no aquella de cuando la cordura pierde su último bastión, de cuando la desolación reina en lugar de la muerte. Si tan sólo se perdiera la conciencia…, lo que sobreviene es el delirio en el quicio de lo incurable. No hay cuchilla que extraiga muesca de su corteza, ni simiente que se concentre y, en lo insondable, se transmute.

Germina.

Poco se sabe de cómo el chasquido de su latigazo echa raíz y cómo de ella el tallo erige su rito, ni cómo esa vara endeble conoce el rumbo de la brizna. Estudiosos varios, a lo largo de los siglos han tratado de descifrar su finura, donde por azar, la transustanciación se mostraba.

Enigma. Espiga. Semilla.

No se atina en la ventura de lo albo el trance de la esfera a la raya, a la escala, al anhelo, al imperativo…, de la mirada al tacto, del labio que trema beso en esplendor resurrecto.

Del Todo a la Nada, del Caos al Cosmos, del Polvo al Ave, de la afonía al acento. Pulso. Ritmo. Percusión.

Detrás de la oposición, antes del redoble, de la definición y de la sed, del paraíso y de la nitidez, cuando no era la ventolera ni el acento, el agua ni la iridiscencia, ni el peso ni la gravedad; cuando la cesura no había quebrado la unidad del aluvial; en el inicio donde la cavidad no era sentencia del marasmo por ser pulimento; y donde el alma no conocía el tormento de la desesperanza; donde la cosecha no era ofrenda ni primicia del sacrificio… Allá, aunque se desconozca el paradero; allá, cuando el minutero todavía no era una incisión geométrica y la muerte no era el azote de lo querido; en ese fundamento y principio, donde la risa fue el gesto primordial de la creación, ahí, la nostalgia encontró su cura.

(páginas 95-97)

 

Volcadura

Aviso de derrumbe, caída o levante. Arrecife en despeñadero que así debió manifestarse el sonar de la primera vocal en la juntura con la primera sílaba, por decir primero cuando lo indomable del rizoma, donde se gesta, es/era/será una niebla en desbandada.

Desprenderse: impericia que asedia el tránsito por los días como si el descubrir un resquicio en su tejido llevase hacia el salto ineludible entre la vida y la muerte. Ignorar. In.esperar. Muro. Atalaya, guijarro que rasga para allanar la brecha y develar la gradación de la conciencia.

Leer lo distante, no la canilla en triza que escarcha la caligrafía. Blanco adentro del blanco. In.vacío. No.vacío. Y dejar que lo siempre ido, por ni siquiera haber sido demasía, se cumpla en su misterio, aún de ignorar si hubo un instante donde fue caudal. Pozo. ¿Agua especular?, ¿negatividad del murmullo?

Volcadura, ¿de qué otra manera acariciar el envés?, es tal la rapidez de su corte que la contradicción de su simple estar se alza en premisa que habrá de sentenciar su exterminio. El conflicto se enraíza desde la herida por la que se nace y se muere, y su reconstrucción da de lleno con la insuficiencia: aquello que no se nombra, no existe, aunque exista fuera del lenguaje.

Mentira. Lo afirma el puñal que apremia su moradura en expresión exquisita de la angustia. Mentira que no habrá de demostrar el alegato de su falacia, ni evitar que el aleteo azuzado se levante, una y otra vez, en rebeldía, hasta que exhausto comience a recelar si en su gravitar es capaz de mirar.

Ah la noche, la noche larga y terrible cuando el rugido del mar se niega a arrojar el secreto de la Venus oscura…

¿Y la lágrima?, ¿se acepta el evangelio de su sal en pago por lo prístino? ¿Será su agua bautismal la que lleve al osado a rendirse ante la profundidad? Desatina y renace quien ha encontrado en su llanto el balbuceo que irradia la gracia de lo indócil: “Soy porque no soy”.

Nitidez. Hiato de la máxima lucidez, rostro pluriforme que lleva en su surgir la marea de lo intocado, como si la incisión en reposo germinara en lengua de brasa que confunde lo inexorable con la claridad.

Recato del cristal trasvasando su materia en un vitral de Chartres, y aún más secreto, el susurro que erige muros que habrán de recomponer la rosa de los vientos.

Grava. Y el mar se extiende en lienzo para delinear lo increado…

No es un mar. Es tierra roja erizada en sus márgenes según los comentarios de un escriba.

No hay deslinde. Sólo firmamento.

Suspensión.

El equilibrista se juega la suerte en la oposición fundacional. Sí. No. Cada vuelco relampaguea entre lo de arriba y lo de abajo. Vértigo… La escritura como lugar del no.aparecer, de lo inédito, de lo inverosímil: el trazo hiende y el blanco sangra.

(páginas 98-100).

Mariana Bernárdez
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