correcciondetextos.org: el mejor servicio de correccin de textos y correccin de estilo al mejor precio

Saltar al contenido

Textos de María Gabriela Abeal

viernes 23 de septiembre de 2022

“Y debo decirte que confío plenamente en la casualidad de haberte conocido…”.
Cortázar

Sincronizamos la palabra que nos hizo verbo, luego esparcimos la semilla.

Tal vez sin vos no me hubiera atrevido a romper el muro que levanté en la prehistoria y me mantuvo cautiva en el suplicio.

Sincronizamos nuestras piernas imaginando una meta compartida, un rincón de la casa para las individualidades y la alcoba para concebir el nido.

Debo decirte, porque nunca se sabe del futuro, es imaginación, tal vez deseo, que tendré tiempo quizás mañana, cuando organice el desorden matutino.

Sincronizamos la comida, compramos el mismo pan, la misma fruta, repetimos sin decirnos un vocablo porque coincidimos casualmente en el engranaje de nuestro destino.

 

“‘Yo me maté en esa curva’, dije señalando su sonrisa”.
Cortázar

Yo me maté con las horas, cada una con un filo diferente. Pasé del amor al odio, desde un roce hasta degollarme la sonrisa.

Si te hubiera dicho que mi vida dependía de tu soga, hubieras cortado el hilo. Pero preferí mentirme y en la ansiedad del nudo fue mi cuerpo quien se ahogó en un grito.

Yo me maté, no sientas culpa, fuiste el espejo de mi interior vacío. El recordatorio constante, en una agenda, de que toda mi vida sería el círculo de mis pensamientos negativos.

Yo me maté con luz y sombra, y la oscuridad fue el refugio umbrío. Por más vela o candelero a los milagros, fueron mis pasos que forjaron el destino.

 

“No puede ser que estemos aquí para no poder ser…”.
Cortázar

Soy la que está detrás de tu puerta, aunque no me anime a golpear porque mis falanges aprendieron cobardía.

Estoy y no estoy, soy un ser invisible en tus mañanas sin niebla. Paralela a tus pasos persigo tus estados eludiendo sonrisas. Por qué no podemos ser, qué maldición se apoderó de tu boca que evita constantemente la mía.

 

“Cuando llovía me entraba el agua hasta el alma…”.
Cortázar

Ayer pensaba, la realidad ese es uno de mis mayores defectos, reflexionar a tal punto que el concepto se convierte en aspereza, madeja enredada que para salvarla hay que cortarla. Retomo, ayer pensaba, por qué no aprendí a nadar y me convertí en guardavidas, si me ahogué tantas veces, me asfixié de broncas, silencios, de palabras.

Me ahogué por guardar el poder que tiene un “por qué no te vas a la mierda”, parece mala mierda, pero huele igual que cualquier paraíso. El tema está en que uno cree vivir en la gloria y estás viviendo en tu propio estiércol.

Puede estar construido de ladrillos nauseabundos y los pisos de encierro. El jardín a simple vista puede parecer mágico, cubierto de una enredadera que te oprime y las plantas venenosas.

Por eso pienso, mandar a la mierda a un susodicho no es malo, tal vez lo esté sacando de su propio infierno.

Últimas entradas de Gabriela Abeal (ver todo)