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Los espacios del adiós y otros poemas, de José Pulido
(selección)

miércoles 9 de noviembre de 2022
“Los espacios del adiós y otros poemas”, de José Pulido
Los espacios del adiós y otros poemas, de José Pulido (Ítaca, 2020). Disponible en Amazon

Los espacios del adiós y otros poemas
José Pulido
Selección de Milagros Mata Gil
Poesía
Editorial Ítaca
Caracas (Venezuela), 2020
86 páginas

Aquí entre nos

Tenía un beso guardado desde 1975
te lo quise entregar en la cocina
y se deshizo en el aire como algo egipcio
al saber lo ocurrido me dijiste
déjalo que se pierda

El día que amanecí recordándolo todo
me alegré con un sueño del año antepasado
que había olvidado en un instante griego
—morir flechado sin conocer a Helena—
quise contarlo porque estuviste en sus entrañas
pero un hollín nubló mi cielo pensador
y un tanto maternal me aconsejaste
déjalo que se pierda

las islas del pensar visito en nuestro cuarto
el cuarto es un océano
donde algo de Jonás se está moviendo

ahora no me atrevo a revelar
la enormidad de amor
que he estado descubriendo

 

La vagancia de estar soñando

Muéstrame dónde vivías,
le ruego, le suplico, le solicito en sueños
y él ni siquiera parece descubrirme
igual que si una tarde oyeras a alguien aporreando un metal
sin interesarte lo que está por suceder
¿latonería y pintura? ¿espadas? ¿campanadas?
a veces mi voz es como una sombra en la garganta

he estado tan pendiente de elucubrar
las palabras tejidas como suéter para no morirme de frío
de la tejedora amada en mis delirios y en mis momentos de
alcurnia dolida
ella, Wislawa Szymborska, con sus agujas de vuelo de picargo,
de Haliaeetus albicilla, de mujer sometida a esta soledad de lanas
que se
cruzan
un suéter partido en dos por el pecho, pero escondiendo el alma

Me ha tenido tan absorto indico:
que he olvidado otro sueño, uno emocionante en cuyas tramas
sumidas en volutas
conocí a una reina y entonces nos vimos y entonces le dije
muéstrame a una princesa
también he imaginado que la reina se enredó con Plotino
y el muy zamarro le susurró soy uno porque te quiero

Nunca se sabe qué puedes conseguir en la relación con un poema
no sería extraño saborear un corazón en medio de las palabras
a una amiga le advertí por esta vía “No te retrates más.
He visto en tus ojos a unos ángeles que se asomaban”
y eso me surgió porque había estado soñando con divinidades
y luego presencié otras muy concertadas ellas en la vida real
divinidades como la ilusión de mis viejas amistades
ahora con la precipitación de los nietos
y luego una especie de canario extranjero que vino y se posó en
mi hombro
y arrancó su canto en lengua totalmente local
como si yo fuera exactamente un árbol arrasado

Muéstrame dónde vivías antes de someterte a estos trances
repito para no olvidar que había estado soñando sin estribos
y juro que ni se dignó dirigir sus ojos hacia este lado:
el padre Adán se quedó como si no fuera con él
Con las manos heridas por las espinas de los naranjos
está llora que llora frente a la Plaza Pilsudski
que ni en sueños he visitado
y pregunto quién es esa belleza que llora sin parar
y viene la reina y me dice
Te presento a Wislawa Szymborska

 

Esos amigos de uno

No podemos escuchar todo lo que suena
hay un céfiro tan suave que no soporta nichos
como el aliento de una monja soñando
Habremos percibido las angustias ajenas
creyendo que era música

Molesto en conciliábulos he dejado mi zona del nacer
venían criminales, venían estafadores, venían los ladrones
venían las crueldades
se iban la luz, el agua, la certeza
la decencia, la sinceridad

Lamento que mi compadre también se haya ido
Éramos compadres porque bautizábamos libros

Teníamos esa amistad de reírnos del mal
de hablar como dictando salmos deleitosos
leíamos por placer a los mismos autores
supimos escarmenar a Whitman en John Donne
usando la ironía tropical que fluía en la Caracas de Manuel
Caballero
Llegamos a alcanzar tanta humildad en lo sensible
que acompañando emocionados a Manuel dijimos sí acepto
a la desesperante belleza de la poesía de Hanni Ossott
sobre cualquier crepúsculo e inclusive:
una belleza más bella que un soneto perdido llorado por el Dante

Nuestra hermandad venía de épocas de hambre luminosa
y siempre nos decíamos como llenos de vida interminable
si ves un ángel sacando con ímpetu su espada
inclina tu cabeza y no le implores

Creía que yo vivía a unas pocas manzanas de su hogar
y que había olvidado su amistad hasta el punto
de no visitarlo en el hospital donde encalló
(en el lodo blanco de las sábanas hundido
la popa del colchón destrozada contra los peñones de la orina)
he debido decirle que estoy más allá de un océano
y aunque viviera a un paso, a medio metro,
no habría tenido ganas de ser un bulto más en su ceguera
ni orar en reclinatorio prematuro por unas piernas
que ya se habían marchado
nunca hubiera podido cruzar su hinchada soledad
y aún me descompone aquella nota irreal de despedida
Me voy como los peces que se vuelven pescado. Te dejo mis libros y mis
discos
.
No sé dónde los irán a poner

 

Segunda tanda noticiosa

Caminaba para no recordar
a la muchacha que se lanzó en ropa interior
desde un octavo piso
y la sensualidad moría en todos los planetas
Una anciana abandonada y encallada
en un país cuyo idioma desconocía
no podía trabajar porque vivía en la calle
donde nadie estaba disponible para conversar en arameo
No, claro que no resistirá las nieves invernales
tiene ochenta abriles, ochenta mayos,
ochenta junios, el mismo mes ochenta veces
Mientras caminaba
vi una casa blanca verdosa musgosa
que nunca había estado en ese lugar
un rosal abrazaba la pared
abrumado por una desilusión de rosas rosadas
deseosas de marchitarse a la par de las piedras
Las rosas rosadas no querían retornar al gozo de otra primavera
dejaban caer sus pétalos sin que hubiera brisa
como si vomitaran la forma
como si no tuvieran sangre en las venas
era una tormenta propia de los pétalos
la calma, como cualquier aparición, traerá su perfume

José Pulido
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