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Los placeres del silencio, de Francois Villanueva Paravicino
(selección)

lunes 27 de noviembre de 2023
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“Los placeres del silencio”, de Francois Villanueva Paravicino
Los placeres del silencio, de Francois Villanueva Paravicino (Perú, 2023). Disponible en Amazon

Los placeres del silencio
Francois Villanueva Paravicino
Poesía
Perú, 2023
ISBN: 979-8392969050
53 páginas

El Iluminado

“La historia es como cosa sagrada, porque ha de ser verdadera, y donde está la verdad, está Dios, en cuanto a verdad”.
Cervantes

Cerca de la morada, el Iluminado triste y malherido
presiente como una bofetada un mal augurio.
No han llorado los gatos ni el cuco se ha disfrazado,
sólo sus ojos vieron lo Real con desencanto.

Se acabaron las andanzas, sin esperanzas, no está ido,
anhela la paz del cielo y el pastor y el campo.
Aunque su fiel sombra aletea con vida, él ha perdido.
Así sufren los desventurados, piensa desolado.

Carga su cruz y el alma de su sombra y su rocín flaco,
y soporta sobre su nuca un ojo níveo y arduo.
Es la eternidad haciéndole la justicia que tanto buscó,
pues en su sacro epitafio la muerte no triunfó.

 

Los otros

“Como a todos los buenos corazones, la desgracia le había hecho perder la amargura”.
Hugo

Pisaste el estropajo sin saludar, con sed y con hambre,
y te dieron la puerta en las narices con miedo,
crujían tus entrañas por el siniestro y absurdo pasado,
y mientras llorabas, ellos reían con su fiambre.

Conociste el oprobio y el mal en tu temprana juventud,
pero Dios te redimió y te bendijo con pulcritud,
ya fuerte como una torre, cobijaste un Ángel Sublime,
que te adoró como el necesitado a su ayudante.

El creador dijo de ti que la conciencia humana es Dios,
y a veces que es lo más oscuro de las entrañas,
que te afligen como a tu cruel perseguidor, el Suicida,
o te rescatan de tu lecho de muerte con honra.

 

Todo tiene dueño

“Desgracia”.
Alegría

En las montañas de gran altura, donde la luna es diáfana,
el frío que resisten los indefensos por la mañana,
lucha con el hambre, la sed, la indigencia, por ser cruel,
y le aplasta con todo el tormento del Mundo Infiel.

Aquellas hormigas que hurgan en la amarga tierra temida,
temen de aquel Oso y de su pandilla de egoístas,
que les han despojado del aire, del agua, y de la comida,
y los han martirizado sin piedad, sin esperanzas.

Se han valido de las leyes y del poder; oh, Dios, de Cristo,
y los han esclavizado con vergüenza tras una redada.
Si fuese mentira, el rubor sería débil; pero es una trompada,
un fuerte bofetón que ha tirado el ajedrez al suelo.

 

Hermes de luto

“¡Cuídate de los que te aman!”.
Vallejo

La noche más oscura vislumbré tu rostro herido y ensangrentado.
Me reconocí de golpe en tu cáliz de acíbar, como la cicuta
que bebe el condenado a la perdición y al fiero rostro del pecado,
y cuya salvación es una estera de frenesí y espina escarlata.

Aquel fuego que todo lo abrasa y crea, que todo lo pierde y salva,
crecía en mi corazón con tu retrato de ángel desahuciado,
y las llamas alimentaban mis vísceras y yo defecaba ceniza malva,
cantando con voz poderosa de demonio siendo castigado.

El infierno más frío vislumbré tu sombra ahogándome con furia,
como si tu universo representara a un Saturno carnívoro,
y todo yo fuese la obra que tú moldeaste siempre de forma espuria,
y que al final estrenabas en los espejos de tu templo de oro.

 

El cáncer de los trópicos

“Los seres humanos constituyen una fauna y flora extrañas”.
Miller

Navegaste por cielo y mar buscando el sagrado altar
donde debías ser idolatrado como un dios,
pero, oh cruel, tu corona de espinas oprimía más allá,
y te hacía sangrar entre ambición y lágrimas.

Aun así, tu nombre llegó a ser una ardiente luminaria
que ardía como lumbre por la belleza oscura.
Te mojaste en un mar sombrío como recién bautizado,
libando como un picaflor de una flor rancia.

Sólo al final observaste los juegos fijos de los dados,
aferrado a un pantano de cemento abigarrado,
y pediste perdón por tus pecados con malas palabras,
inhalando sin fe un amanecer de sol angustiado.

 

El gran burdel

“¿Por qué no juzgarlo? ¿Por qué no a la cárcel? ¿No se daba cuenta de que era horrible, de que no se podía tratar así a un ser humano?”.
Vargas Llosa

El mar dorado lamía de tus raíces ardientes con sed enloquecida,
te desnudaba, te poseía y atrás en cenizas te abandonaba.
Un viento te barría hasta la tumba de una ciega y su eterno mito
de bandoleros inexpugnables que practican el Gran Rito.

Eras excitante a lo lejos, como una Babilonia admira a la clientela,
demonios sedientos de vino y de ninfas de mucha cautela.
Te erguías como una larva desnuda se desflora lejos de la floresta,
que, sin ser anaerobios, vivían sin aire en una duermevela.

Tus secretos eran telescópicos y tu oscura estructura era moderna,
y en tu corazón palpitaban aventuras como el gran poema,
donde los héroes eran bajos, toscos y sanguinarios, que sin musa
enaltecían a las diosas verdes como serpientes muy bellas.

Francois Villanueva Paravicino
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