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Once poemas de Ricardo Jesús Mejías Hernández

viernes 1 de diciembre de 2023
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Quién viniera conmigo a mi soledad
a mis campos sembrados
de silencio.
Allí está mi corazón
como un pedazo de tierra virgen
como un reloj en suspenso.
Quién viniera con su fiesta
con todas sus locas vueltas
con eso que me cause
un gran disturbio en el alma.

 


 

Se comete un crimen
cuando se deja un poema
de amor inconcluso
como un puente que no lleva
a ninguna parte.

 


 

Hay sueños que se hacen
realidad
pero este poema
tal vez no sea
un sueño
y tal vez no se haga
realidad
porque lo estoy haciendo
con la luz encendida
con este traje de insomnio
mientras afuera
las estrellas
lentamente se desvanecen.

 


 

Yo soy la tierra
donde siembras tus sueños
donde te abandonas
al asombro.
Yo soy el aire
de ese último lugar
que ardió en tu pecho.
Yo soy el fuego
que se esconde detrás
de tus párpados.

 


 

Que siempre habite
en tu cabeza
una bandada de pájaros
sobre nubes de espuma
que haya un mar de vino
que se confunda con tu mirada
y que brindemos al cruzar
nuestras copas
como si bebiéramos al mundo.

 


 

En las noches
cuando todo está quieto
cuando se han cerrado
las puertas
las ventanas
cuando miro hacia dentro
cuando me trago la luz
la sed
la fiebre
cuando los labios
los párpados
pesan como una despedida
cuando el día se ha convertido
en una nube de polvo
en un vaho permeable
que atravieso
cuando no llevo nada
en las manos
cuando no nace nada
en las manos
ahí ahí
brotan las palabras.

 


 

Llevo distancia en mis ojos
una larga despedida
un rastro de cenizas.
Llevo un paisaje marchito
un camino de piedras invisibles
un rincón para el insomnio.

 


 

He visto girasoles
sostenidos en dos bocas
corazones que comparten
una misma fragancia.
He visto un diluvio de palabras
después de la sequía
como en esos desiertos
en los que triunfa el amor.
He visto puentes invisibles
sobre ríos de magia
donde a diario cruzamos
hacia la poesía.

 


 

Acá te espero
en el rincón más quieto
de mi pecho
con una flor y una piedra
con la dureza de una caricia
que se quedó a la espera
demasiado tiempo.

 


 

Fui un transeúnte
en tu vida
un peatón inadvertido
y tú
una calle sin salida.

 


 

Estoy en el oficio de tallar
y tallar el aire con dolor y cansancio,
con la esperanza de un poema
como recompensa.

Ricardo Jesús Mejías Hernández
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