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Memento mori
(el canto)

miércoles 20 de diciembre de 2023
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1

He caído junto a los fósiles, caído
con el canto entre los gusanos y la vorágine de la tierra.

Presta en caída arrogante del delirio felino
que anestesia todo largo maullido sin dolor o alegría.

La historia me hizo licántropo y sarna, también torrentera;
hambre que pelea por lo putrefacto del poder y sus cofradías.

Aunque terca, como insecto que busca su muerte,
evito el beso de la traición, y la lascivia del mentir.

Aun así, nada me salva, ni el rezo de los padres,
ni las fechas tormentosas que repiten los maestros.

 

2

El canto se enreda al mar, a las aves y su brisa;
aligera el puño y la juventud entregada al lazo del cambio.

Cuerpos bronceados con la fiebre de la luz y la sal,
sin derrota frente a los días y los abarrotados puertos,

en las playas, donde se cultiva el fuego, las historias humean,
junto al sueño que amenaza a párpado de hierro pesante.

El canto también es espina, manada de bruma en el amanecer;
sin regreso, en altamar prometimos siempre amor a la tierra.

Y ando con silbo mensajero, con pies como arados;
en busca de hogar, un nombre, donde los amigos sean fieles.

En los caminos hay piedras, desierto, acantilados y campos;
ciénagas o grutas donde el hambre roba los pies.

Soy viajera, al final del día y al amanecer, soy viajera
extranjera que porta la lluvia, como canto, en recuerdo a la mar.

 

3

Entonces, misántropa, devoro corazones.
Cruda y prístina de políticas así las mordidas.

 

4

Hay sogas y abismos para recuperar el fuego.
El lápiz no es suficiente, ni la moneda, o los ataúdes.

En mi cintura cuelgan las frescas liebres de la caza,
junto al polvorín y la mecha, muy cerca del cuchillo.

Harto de palabras y del tiempo, descamo arrugas,
mis botas, mi tesoro, mi morada e identidad.

En los bosques y sus ecos, libro batallas contra el viento;
siempre la libertad debe ir más allá de ella misma.

 

5

Cantaban en los castillos, como los chuchos lo hacen;
como lloran las madres por las cosechas perdidas.

En las acequias, niños muertos flotan hacia otro pueblo.
Hay árboles sin aves y sin frutos, como el abandono y el olvido.

Cuando llegué, levanté tienda y quise dormir,
pero los pobladores, ellos, se acercaron y reclamaron el canto.

En ese páramo, fui océano, lámpara para sus ojos.
Al día siguiente, y luego al otro, les enseñé a cultivar la tierra.

El tiempo anidó con querencia en esas villas y, el humo de sus chimeneas
desde lejos la vi, mientras que el cierzo me llevó en su danza.

 

6

No hay salmos para la tradición que es una planta carnívora.
No hay lemas que inflen el pecho para el retorno de los padres.
Abandonados, y sin pintas en los rostros, se va al mundo.

Lejos de la muerte de bucles de Poe, lejos de Freud explorador,
los ojos rutilan film de la humanidad y colectiva soledad.
Sin chiste y en la pesante vigilia la locura es médico con recetas.

 

7

En la calle junto a la negra fila de carros, borrosa es la gente,
lento el motor, denso, fango; tiendas y negra ciudad,

como caballos nos lleva el sueño, y a viento perfuma la desnuda edad.
Antes del sol y su primer rayo: el licor, luces y dinero se caen.

En la carretera y en la tibieza del cuerpo los alacranes se hunden.
Más allá del bien y del mal, me paralizo en la luz de las fotos,

en el ocaso: ¿seremos amigos en el fuego de los parques fríos?,
¿amor que nada en la melancolía del desamor y sus promesas?

Aliento roto, retorno de calle, asfalto y motor insensible,
¿cuántos giros permite Dios para la unión de dos corazones?

Yo y mi sombra no conocen del cansancio de trompeta en fiesta;
mientras que llantas nos llevan al salvaje madrugar de rejas y burla.

Así el hocico del mundo llega golpeando puertas sin sabiduría,
y golpea la tierra, al hermano, al amigo; para hallar más soledad.

Alguien nos factura, como río que se lleva casas y horas de trabajo;
se lleva la piedra, al amor, al árbol y al viento gendarme.

 

8

Remiendo la ventana de romanzas con la carcajada falsa de Bukowski,
atesorando para la venta carteles y animales domésticos.

Vienen arcadas cuando martillo la puerta, cuando aceito las bisagras.
Arcadas, cuando saco mi colchón al sol y éste me apedrea.

Cuando voy a los poemas éstos se abren en efluvios de mariposas,
no puedo leer, y no puedo articular las unidades mínimas del lenguaje.

Entre el polvo, mi casa, como escultura, espera y saluda.
No le teme al día a día, más bien invita a la gente al patio para la charla y la fiesta.

 

9

¡Oh, poema!, a lo lejos canta el búho,
delata su cacería, la inspiración o una maligna bendición.

¿Hay marcas?, o ayudante con la que cuente mi vida,
Propp y sus funciones: profetiza huesos y pellejos.

Resiliencia o esquizofrenia junto a los negros avisperos,
entre plegarias y retazos de palabras, ingresa la luz de la calzada.

 

10

En las elegantes casas se agrieta la herida, como sal del mar
vuelve con su ardor. Oscuridad, carencia de llaves y brújula.

Insondable historia de llanto y rieles de promesas rotas.
Hartazgo de fechas y hazañas donde la paz ni la justicia triunfaron.

Relatos de pueblos y viajeros, como almendros junto a casonas.
Rabia en flautas sumergidas a la sangre hirviente del ayer.

Hay ceniza en la infancia, en el lobo ermitaño que mira,
junto a la escuela que aparea la cruda música del pozo seco.

No basta el viaje, ni su luz para ancianos de barca,
ni la campana, ni el remo, ni la canción del gallo mercante.

La historia del barro no encanta a los marinos,
pero cambia el semblante cuando alguno dice: hogar.

Y se sueña con la carencia, desconfiando de lo que no es espuma;
sin embargo, se abraza la red, como paraíso y eternidad.

 

11

En el misterio de Baudelaire, en el viaje hacia los gatos y la mujer:
¿hay mesura?

En la súplica y la rodilla becqueriana de lo profundo y el adiós:
¿hay consuelo?

En lo airoso de Byron y la bestia amada:
¿habrá sueño?

En el ardoroso beso y su quejosa noche de Neruda:
¿vivirá el azul del mar melancólico?

En el consejo y amor marginal de bus y esquina de Bukowski:
¿hallaré el martillo y la risa?

Camino, camino… ¿qué guía?
o descaminada, como golondrina chiflada, navegaré en la oscuridad.

¿Algún veranillo o balsámico verbo surrealista que deleite al crítico?,
¿algún logos que no cocine a la verdad con fuego de mentira?

 

12

Y escribí lo mismo de varias formas, como constelación encapotada,
con verbo diezmado, lejos de cuadernas de barcos y muelles.

Escribía lejos de los grandes peces y el bramar del oleaje;
como piedras rotas, siempre de lascas y martillar.

Caminos viejos, y campos con olor al madero de altamar;
como día gastado, idéntico a la risa, idéntico a mi pena.

¿Cómo amar la luna de nuestra infancia?,
el sonido de la botella náufraga en el mar.

Esa botella, escribí, es el corazón del viaje,
el canto ebrio y toda agua que se escancia en nuestra boca.

 

13

¿Qué estética se persigue?, imágenes y mercado
inundan hasta el embargo de la casa.

En el patio, junto al pasto y ovejas furtivas, conspiro amor,
junto al fiambre, sin techo, junto a mi perro; soy horizonte.

En el río, descalza improviso pesca en agua mugre,
junto al nido de pájaros donde el gato despluma todo lo que se le antoja.

Dicha, es una moneda que lanzo con deseo a un pozo seco.
Trabajo, el fuelle roto que resopla al carbón rojo en la fragua.

A pie, sin mal humor, me voy, como todo aquello que tiene un fin;
cultivando delicadas semillas por todas las ciudades.

 

14

Con tormenta o cielo abierto, entre María o Penélope;
siempre hay días grotescos o altivos, como la primavera.

En la lluvia, con zapatos enfangados, con traje de gala o pecho desnudo;
el vapor de flores se asemeja a los funerales y los tajos de amistad:

hartos del licor, con pesados párpados, las espadas me persiguen
con furia, sol, o crepúsculo hasta las naves donde soy escollo,

pez de invierno y hamaca vacía entre leños humeantes.
Enterrada entre algas y algún recuerdo de alguien amado.

A grito y fuego me levanto, indómita ante el viento;
abatida por el destino de playa, plumas fétidas y sangre.

Alguna leyenda acaso, como padre, que sane nuestro dolor,
la llaga de huérfana, para el eucalipto mundo y sus pasiones.

A baile de maldito, a risa de golpes, a sopor de fiesta y herida;
sin quejas, con brazos abiertos ¿acaso no soy la canción?

Ursula Angela Noelia Podestá Sánchez
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