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Once poemas de Ricardo Jesús Mejías Hernández

miércoles 1 de mayo de 2024
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Un hombre puede llevar
la soledad en los bolsillos
en el puente que cruza
en el camino que atraviesa.
En la solapa
en la página del libro
que muerde.
Puede también llevarla
a bordo de sus ojos
como el triste equipaje
de una mudanza.
En las palabras
que dice y que calla
puede llevarla.

 


 

Tal vez sea el poema
el último camino para cruzarnos
el sitio predeterminado
para engendrar a la ternura.

 


 

Cuando te hablo del salto
entre dos estrellas
ya vienes luminosa.
Cuando te hablo del beso
ya estoy unido a la esquina
de tu boca
porque eres anticipación
a la magia y a la ternura.

 


 

Hoy no espero nada.
Tal vez sólo escribir
sobre el silencio
sobre el aire arriba
de los puentes.
Quizás llenar mis oídos
del sonido del mar entre las rocas.
Hoy no espero nada.
El desvelo lo ha transformado todo.
La incertidumbre es parte
del paisaje.
Hoy no espero nada.

 


 

Vivo en tu voz
en cada trazo que dejan
tus manos
entre tus párpados
y el sueño.
Vivo en la raíz invisible
que permea tu inocencia
en la fuente que alimenta
cada parte de ti.

 


 

Soy tan sólo dueño
de un instante
y de unas pocas palabras
para describir al mundo.
Soy el dueño de la lejanía
y del aire sobre los puentes.

 


 

Hoy convoco a la página blanca
a todas las cerraduras
que no encontraron sus puertas
a esas ventanas grises
que perdieron sus paisajes.
Hoy me traigo la imagen
de esas estrellas perdidas
en la rutina del cosmos
y a los planetas que siguen
su impostura celeste.

 


 

La poesía es un techo
que camina conmigo
es un navío de almas
que viene de lejos
es el abrigo
en esta página blanca
es un jardín ingobernable.

 


 

Yo escribía
leía poemas
caminaba de puntillas
en la arena
oía música haciendo
mis tareas cotidianas
veía y rezaba pájaros y nubes
yo le daba arengas al viento
yo le daba aire a los desesperanzados
era transparente como
un par de enamorados
yo era.

 


 

Los labios suelen detener
el tiempo
cuando se entrelazan
en el borde del silencio
en esa danza
o deseo o poema
de la boca.

 


 

Te despediste
con una palabra
con una lágrima azul
con un poema casi amarillo.
Te fuiste con la promesa
de volver
como quien deja su aliento
olvidado.

Ricardo Jesús Mejías Hernández
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