La casa
Una casa no es una casa si no pasas un aguacero en ella.
Si no hay un perro que llora para que lo entres.
Si la noche no te sorprende a veces extrañando a una mujer
Que la distancia y el tiempo te roban.
Una casa necesita de ciertas lágrimas, de ciertos dolores
Que hagan más grande la felicidad que en ella vives.
Una casa está vacía hasta que la habitan tus miedos,
Tus recuerdos,
Tu silencio cuando ya no sabes de qué manera pedirle a Dios.
En una casa puedes morir en la perfección,
O vivir intensamente en el caos.
Hombre común
El ser humano común,
el que se toma el café de la mañana pensando en reuniones,
o en la comida que debe buscar para su familia,
el que tiene como gran sueño de la vida
pasar las vacaciones en un hotel de Varadero,
o en una plaza de París,
y tiene como gran diversión comer pollo frito con cerveza,
el que dedica horas para hablar de maridos
chismes laborales,
cáncer,
verrugas en la cara,
molestias en el culo;
el que piensa que el conocimiento es inútil.
Este ser humano común
que tiene cuentas en el banco
o no,
que tiene amantes estúpidas,
que prefiere discutir o dormir antes que hacer el amor.
Este ser, este híbrido humano-hongo,
cuánto espacio inmerecido ocupa,
cuánta agua en su garganta y en su piel.
Qué ganas de quitarle las llaves de su casa
y su número de identidad.
Nota general
La mujer que se agacha en la oscuridad
y bebe jarras de cerveza.
El hombre que camina junto a ella.
El niño que espera regalos de un turista.
La otra mujer,
la que duerme a las ocho de la noche.
El sirviente negro.
La bailarina...
Como afiches en una pared
están en peligro.
Sucede que un día nos parecen viejos
y ya nos cansa que dejen el café en la mesa
o que muestren la cara de una muchacha.
Hablo contigo y pienso en esto,
y veo los maniquíes ridículos en poses de combate.
Conversación antes del amanecer
No me grites tu amor.
Déjalo tranquilo ahí
donde yo pueda verlo siempre,
y tomarlo cuando la sed del camino
me agobie.
Déjalo ahí como un Dios callado
que no pide sacrificios.
Lo necesito fuerte,
seguro,
no frágil como una espada de cristal,
no triste como un mendigo.
Deseos
Me gustaría decir: En estas calles jugarán mis hijos, y en esta casa viviré, y en este escenario aplaudirán mis obras para siempre. Y que vuelvo algunas noches con mi novia al muro donde dije seremos grandes en esta ciudad. Me gustaría que mis preguntas se respondieran. Pero el país no me lo permite. Su voz de ministro no habla. Sus manos de policía aguantan mis manos. Sus periódicos me acusan y sus poemas me desconocen.
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