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Cinco poemas de Rubén Wong Subirat

viernes 31 de enero de 2025
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Proyecto general

La historia del país ocurre en lo que haces el amor
y luego escribes un artículo contra el gobierno.
Y duermes, abrazando a tu mujer.
El café.
El primer cigarro en la mañana.
Una citación.
Amenazas.
Leyes.
Luego, conversación con los amigos.
Almuerzo.
Asco.
En algún momento, quizás, un cólico,
o un dolor muscular,
y después otro artículo contra el gobierno.
Y descubres que la humedad deja manchas en el techo
y algo debe hacerse.
Otra vez... todo.
La historia del país se transforma en libro.
Se enseña.
Se usa como estupefaciente.

 

Generación del silencio

Pertenezco a una generación que escondió a sus putas en la oscuridad de las palabras,
que desde los balcones vio
cómo llegaban los tanques a Checoslovaquia
sin que esto causara en nosotros problemas mentales.
Es decir, somos la generación del silencio,
tumbas preciosas nuestros edificios,
almacenes de la complicidad.
Somos la generación que tuvo el ron barato como ostia en las manos de un creyente.
Decepcionamos a nuestros padres,
a nuestras amantes.
Por nuestra culpa nuestros hijos se convirtieron en señoritas de cielo despejado.

 

Ilusiones perdidas

Lo único que he hecho por mi país es condimentar bien los potajes,
y mantenerme a salvo en las calles oscuras;
ah, y elegir bien a mis amantes,
sólo trigueñas y pelirrojas,
amadas siempre con música suave y media luz.
He intentado también hablar de la condición humana,
pero me ha salido como cantar en un velorio.
Poco he hecho por mi país.
Admirar sus calles nocturnas,
el mar,
no dejar que mi habitación me corte las venas.
Poco he intercedido por él.
No me arrepiento,
el país no es mejor que tu perro,
o tu casera.

 

Sicoterapia

Somos hábiles para destruirte.
Tenemos bautizos.
Profesores.
Leyes.
Patria.
Una cultura que resguardar.
Canales de televisión.
Movimientos feministas.
Ideologías.
Filósofos.
Medidas sanitarias.
Tenemos todo para convertirte en lo que somos.
Tu lugar en nuestro mundo está garantizado.

 

Mujeres

Pasean los hombres
el sábado
con sus mujeres.
Señoras altas y pelirrojas,
muchachas pequeñas
deseosas de sentarse frente al mar,
y de tener una flor en el pelo.
Mujeres de faldas cortas,
de labios rojos
y música lenta.
Mujeres que han llorado sobre la cama,
o sentadas en el patio silencioso.
Mujeres de oscuridad
y de calles que llevan a las afueras
donde se brindan la cerveza y los cigarros prohibidos.
Noche de parques,
de un policía parado en la esquina;
noche de café tibio,
de conversaciones inútiles.
Pasean los hombres
felices
con sus altas y pequeñas mujeres.
Yo no.

Rubén Wong Subirat
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