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Cinco poemas de Rubén Wong Subirat

lunes 25 de noviembre de 2024
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La casa abandonada

Porque soy un lugar ancho
caben en mí tus horas en el parque,
tus conversaciones ajenas,
tus caminos en la ciudad casi muerta,
sólo esperando la noche final,
el anuncio.
Porque soy un lugar vacío
puedes sentarte,
hablar de otra vida,
tener amigos y compañeros bajo otra luz.
Porque no cambio de lugar
y ningún río se mueve frente a mí
puedes estar en el café,
en la ciudad llena de cristales sucios,
de calles oscuras,
y no hablar de nosotros,
y no pensar en nosotros,
y creer que nada valen estos días
antes de la muerte,
que ya no vivo despierto junto a ti.
Camina.
Mira los seres en el asfalto,
únete a ellos,
siente que perteneces
como una mancha en la pared.
Siente que no soy al mediodía
cuando los hombres salen al trabajo
y piensas que eres de este mundo,
luego
regresas,
porque soy el lugar vacío donde duermes,
donde sacudes el polvo.

 

Mi propuesta

Yo puedo amarte como a la poesía,
como a las cosas que en la sombra,
delicadas,
merecen cuidado.
Sin embargo,
prefiero amarte como a un río que en la floresta
recibe mi cansancio,
como a un árbol en el ciclón,
como a un salvaje animal que aparece.
Los libros,
la sombra... para mi soledad.
Para mi cuerpo prefiero tu carne de mujer
y tus gritos.

 

Breve historia de las cosas

Siempre hubo una razón para que un amigo se alejara de mí,
para que una mujer decidiera abandonarme —o traicionarme.
Siempre hubo una causa para que Dios permaneciera en silencio
ignorando mis preguntas.
Siempre hubo un juicio justo.
Y en la noche de mi madre
lágrimas y oraciones.
Siempre fui la piedra desechada.
En la calle,
en el día,
en la voz,
creados por mis pensamientos,
siempre hallé derrotas.

 

Confesión

Deseo que el pan sea retirado de tu mesa, hombre común.
Deseo que tu Dios deje de existir.
Eres la sarna carcomiendo nuestra verdadera divinidad.
Sueño con tu destrucción.
Contemplo las hojas del otoño
pensando en tu muerte.
Tus libros son mierda aburrida y seca,
tus canciones huelen a carne podrida.
Despacio fumo observando tu carnaval,
esperando que todas tus bombas exploten.

 

Ciudadano perfecto

Hay días en que no haces el amor.
Días en que no violas ninguna regla.
En que no descubres la falsedad del pensamiento general.
Días en que llegas al trabajo —a la hora exacta—
y cumples,
y tu jefe te da una palmadita.
Días en que mereces el perdón de Dios,
y la noche se mueve como un pez.
Y ves el noticiero
y las mentiras no te hacen incomodar,
y las ballenas y los perros no te importan.
Días en que eres el ciudadano perfecto,
el deseado por gobiernos y religiones.
Días inútiles,
perdidos.

Rubén Wong Subirat
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