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Sonetos del Duero
y Nuevos sonetos del Duero

lunes 18 de noviembre de 2024
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Sonetos del Duero

Para José María Martínez Laseca.

Soneto I

Del Duero, cuando nace la mañana,
Voló un perfume dulce, aventurero,
Queriendo, si no fuere el mundo entero,
El alma acariciar a hora temprana,

Del llanto de esta tierra que lozana,
El líquido contempla prisionero,
Si el mar lejano busca, volandero,
Por esta Soria seca y castellana.

Y quiere recordar el nuevo día
Su espíritu jovial, donde Herradores,
Corriendo con la brisa cada calle.

Que saben los más bellos resplandores
Volver a pronunciar “José María”,
Rozando el agua que recorre el valle.

 

Soneto II

Él era esa poesía que, a deshora,
Jugaba donde el Duero era murmullo,
Oyendo en la corriente el raro arrullo
Que el agua canta, viéndose en la aurora.

Él era la poesía moradora
De la mañana clara, el aire a cuyo
Color le puso nombre el verso suyo,
Palabra de una esencia burladora.

Y, por burlar las penas del camino,
El Duero, que, soriano, sigue el curso,
Su verso nos legó, su hechizo bello.

El agua es un rumor en su discurso,
Sabiendo concertar el desatino,
Lo triste con la magia de lo bello.

 

Soneto III

Mayor fue la belleza en Herradores,
Del verso que, como un rayo temprano,
El cielo cruzar supo, si lozano,
Manchando en sus pinceles los albores.

Y bella fue la aurora en los colores
Del cielo puro y limpio, castellano,
Azul como el aliento soberano
De ráfagas de Soria y resplandores.

Y queda en esa rara “Sementera”
Un cielo peregrino y un camino
Que busca, al elevarse, más altura.

Se inspira, como suele, el estornino,
La voz de la poesía duradera
En toda su maestría y su bravura.

 

Nuevos sonetos del Duero

Para José María Martínez Laseca

Soneto I

Hoy luce en su belleza el nuevo día
Y llora el alma, el llano, la mañana,
La voz de tanta luz que, soberana,
Recuerda a nuestro buen José María.

Pues es como ese brillo que encendía
En verso aquella gracia que, temprana,
La lengua de la gente castellana
Lució en la Soria hermosa pero fría.

Y un aire señorial, pero taurino,
Un gesto popular, cuando es lo suyo,
Si rompe el alba clara en la negrura,

Su verso sabe a vino peregrino,
Y huele a rosa virgen y a capullo,
Herido por la helada que se apura.

 

Soneto II

El brillo de la aurora, verso frío,
Palabra para Soria en la mañana,
La luz que nos saluda en la ventana
Del alba, su color, su señorío;

El Duero silencioso, lento río,
Callado, perezoso a la solana,
Hermano de Saturio, si engalana
Su gracia aquella luz, su raro brío;

La magia de la luz en el granizo,
La nieve o los colores del verano,
Su verso, su merced y su poesía,

Y el verso que reluce si, lozano,
Tejiendo un mar de luces y de hechizo:
El verso que escribió José María.

 

Soneto III

Un hombre que creyó en esa cultura
Pudiera ser Laseca, cuando, sabio,
Nacía el verso fácil de su labio,
Hermano de la gran literatura.

Lo suyo fuera el Duero, si se apura,
Los campos machadianos sin agravio,
La extraña orientación del astrolabio
Que el verso inclina al alma limpia y pura:

La suya es una Soria de hermosura
Que luce donde luce el Almajano
Que pudo ser más digno en su pobreza.

Castilla sigue siendo árido llano
Tras esa falta lóbrega y tan dura
Como ese ocaso vil en que tropieza.

José Ramón Muñiz Álvarez
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