Me pides un poema.
Yo llevo un ramillete de
Flores secas en las manos.
Te ofrezco un espejo roto
En el cual me veo todos los días.
Un boleto como pasaje a trenes
De mentira.
Me pides un poema.
Te ofrezco un solo zapato
Para recorrer este mundo,
Un cigarrillo a medio terminar.
También mis párpados pesados
Como una larga despedida.
Me pides un poema.
Yo te ofrezco la visita a
Un manicomio y este cuarto
Con el techo agujerado,
Te doy mi pañuelo de tantos
Adioses y un corazón con
Las manecillas detenidas.
No me pidas más nada.
Quiero hacerte el amor en las estrellas
Que nos fundamos en un solo cuerpo
Hasta hacernos invisibles,
Que nos cubramos con sus escarchas.
Quiero que luego bajemos a lo
Que llaman el mundo y sentir sus
Simplezas.
Romper el silencio caminado por
Senderos de piedritas y hojas secas.
Visitar circos, manicomios y
Patear una pelota hasta que llegue
Al horizonte.
Abrir todas las ventanas,
Adornarlas con ramilletes de girasoles.
Quiero que hagamos todo lo que
Nos cause un gran disturbio en
El alma.
Estoy sentado sobre
Unos peñascos frente al mar
Me acompaña la brisa que
Cubre mi soledad.
A lo lejos está el horizonte
Dividiendo al mundo.
Las olas van llegando una
Por una y golpean mi pecho
Vacío y lo convierten en
Un tambor ciego.
Las olas más atrevidas
Me preguntan quién soy
Otras con su acento grave
Me interrogan diciendo
Quién fui.
Luego vienen otras que me
Increpan y me dicen quién seré.
Yo, ante esto, miro al cielo
Y me pregunto si algún día
Tendré esas respuestas
Mi puño ante la página
En blanco es como un árbol
Con fuertes raíces
Empuña un girasol como una
Espada luminosa.
Mi puño escribe cosas
De otro mundo dejando
Siempre un velo ante la cruda
Realidad.
Me hace ver a las estrellas
Donde están los niños jugando.
Mi puño me dibuja ventanas
Donde afuera se encuentra
El paraíso.
Con él puedo dibujar una soga
Que te traiga de nuevo conmigo.
Mi puño me abre las puertas
Que van a la inocencia
Me dibuja puertas que van
Al paraíso.
Mi puño me hace borrar
Los espejismos del pasado
Y me crea un oasis para
Sumergirme.
Soy un jardinero atormentado
Deambulo como quien busca
La razón de la existencia
En el mundo.
Camino hasta hallar un
Túnel y no dudo en entrar en él.
Me acompaña un girasol
Como única luz.
Al final del túnel hay una
Luz tenue que lleva de nuevo
A la realidad.
En el túnel hay una fiesta,
Una algarabía... son los duendes
Con su voz chillona, tomados de
Las manos, haciendo rondas
Interminables.
En el túnel hay palabras
Colgadas del techo, en las paredes,
En el piso.
A medida que avanzo las voy
Tomando una por una hasta
Hacer un ramo.
Voy de pasos lentos y procuro
Que mis piernas se hagan
Más pequeñas como quien
No quiere llegar al final.
Me acuesto en el piso, me
Arropo con la manta de la
Inocencia hasta quedarme
Dormido para siempre.
Necesito una palabra
Que sea mi sol en las mañanas
Que sea un girasol que empuñe
Como espada e ilumine mis noches
Una palabra que sea una muerte
Pudorosa ante la desnudez
Una que se convierta en un lazo
Y te traiga de nuevo conmigo
Que sea como un techo que camina
Sobre mí con este traje de soledad
Necesito una palabra que parta
En dos el mar y me lleve al paraíso
Una que sea como los primeros
Trazos de un niño inocente
Necesito una palabra que dé
Firmeza a este suelo tembloroso
Una que me quite la tristeza
Como quien va al circo la primera vez
Una que me recuerde al mago
Y su conejo
Una palabra que se aloje en
Mi puño para siempre.
Quiero sentir la suave
Brisa de tu desnudez
Calmar mi sed con tus
Pezones y sus ríos
De vino
Quiero que tomados
De las manos demos un
Salto entre dos estrellas
Quiero que un jardín
De girasoles nos salve
De las sombras
Quiero la luna llena
De tus ojos como quien
Se enamora del cielo.
Soy un árbol
Soy un árbol con los brazos
Abiertos en espera de la lluvia
Soy un árbol embriagado
Con la generosidad de la tierra
Soy un árbol que ve las estrellas
Y piensa en una mudanza
Soy un árbol que escucha las
Confesiones de los hombres
Soy un árbol lleno de pájaros
Como un país inocente.
Soy un árbol que lleva los
Sueños bajo los párpados.
La noche es un perro
Acezante que me come
El corazón
Es una pesadilla de
Un camino a ninguna parte
Es un mar de incertidumbre
Es el futuro cercenado
La noche es una espera
Como quien aguarda un tren
En un andén abandonado
La noche es un grito hacia
Adentro
Es un aleteo de nostalgia
La noche eres tú cuando
Te fuiste.
Me dejaste un huracán
De nostalgia
Un espejismo en las manos
Me hiciste una mudanza
Del corazón muy violenta
A donde se siente la brisa
De la incertidumbre
A donde duermo de pie
Como un árbol.
Hay poemas que vacían el pecho
Como crueles otoños
Y otros que vuelven a llenarlo
Todo como generosas primaveras.
Hay poemas que detienen el tiempo
Como una flor que nunca se marchita
Y hay poemas que parten en dos
A la inocencia
Tengo hambre
Tengo hambre de palabras
De viento
De tiempo
De nubes
De árboles plantados
En medio de la ciudad
Tengo hambre de pezones
Y sus ríos de vino
De pájaros que incendien
Mi silencio
Tengo hambre dentro
De mi corazón vacío
Y a su vez lleno de preguntas
Tengo hambre de cosas
Cotidianas como quien confía
En su futuro
Tengo hambre de la cordura
Que algún día me acompañó
Como una pequeña sombra.
- Micromundos de Ricardo Jesús Mejías Hernández - martes 14 de octubre de 2025
- La belleza de las llamas, de Ricardo Jesús Mejías Hernández
(selección) - lunes 10 de marzo de 2025 - Doce poemas de Ricardo Jesús Mejías Hernández - viernes 29 de noviembre de 2024


