I
Me he vuelto reacio a la poesía balsámica
a beber de ese abrevadero de belleza pulcra
la realidad no merece tanta indulgencia
tanta sutileza en sus formas
no milito reverencia alguna
no existe cultura exenta de barbarie
II
las palabras suelen ser países hambrientos
a los que les sueltas bozal y giran
para mostrarte los dientes.
Hábitos
Un grifo deja correr agua frente a mí
............................................................sobre el lavabo
en trastes recubiertos en sebo y despojos
la humedad empieza a desparramarse sobre los
...............................................................costados
cayendo en cascada
............plato
.........................tras
.....................................plato
hasta llegar al fondo de la batea
Cuando la resaca se mantiene
suelo realizar el ejercicio en secular mutismo
como si en ese operar también tratara
de lavar algo de mi propia superficie
esperando que con el flujo de agua
también algo de la herrumbre cediera
por el delta del desagüe
pero suele quedarse atrapada en el grillete
junto a los demás restos
que hay que coger sin asco
con las manos.
Lenguaje
Su lenguaje de amor era el físico
la cosa cuadraba
mientras danzaban el sexo
cual dos serpientes bajo el agua
pero apenas terminaba el jadeo
se convertían en un par de mudas
de piel abandonada
Dos desconocidos cuya única cosa en común
eran las coordenadas de un silencio incomodo.
de lo que no está al alcance.
Pájaro negro
¡Ay, Garcín, cuántos llevan en el cerebro tu misma enfermedad!
Rubén Darío
Un pájaro negro me trina en lenguas muertas
intenta comunicarse conmigo a través de gorgojos
pero para mí lo que pronuncia es sólo brea
presiento apenas eclosionó y tiene hambre
le lanzo palabras-gusanos
vacilaciones de las que sospecho se alimenta
mas no restan los alaridos
al contrario erupciona el Vesubio
y de mí sólo quedan vestigios de una ciudad avasallada
el intruso como el reventar de una caldera
un inquilinato sin previo aviso
insistiendo en no inmutarse
ebullendo la tierra y con ella la sangre que por mí corre
el flujo subterráneo que alimenta
y del que el animal bebe y musita
no pretendo abrirle la jaula
no sabría cómo
no tendría las agallas
el pájaro se aferra a la carne con las garras
intento darle un poco de luz de día
pero es una especie nocturna
reina la noche cuando ejecuta
el canto de territorialidad desde la siringe:
la melancolía de tampoco entender qué soy yo
ni cómo empezó
este acuerdo de comensalismo.
Atelier
“Y no podía ver que los colores que extendía sobre el lienzo
borrábanse de las mejillas de la que tenía sentada a su lado”
Edgar Allan Poe
Rincón del atelier
cara a cara:
Fauna en trementina
¿Dime en qué parafina ardes mejor?
¿Seré el pábilo que alumbre tu reflejo?
¿o apenas la rauda mirada que no oblitera?
Musa, soy yo quien hizo este retrato oval
La rémora del deslumbrarse
teniendo las palabras huecas
el lápiz con la punta roma
La prístina necesidad de contenerte
como si no fueras fuego bizantino
ardiendo sobre las aguas de galeras
Todo intento deliberado de captura
va contra natura y el espíritu
aleja tu presencia del caballete
te aparta de mi cajón de sastre
te hace un trampantojo
una mera representación del desatino
una invocación al humo
Es tu rúbrica a pie de página
Apenas encuentro tus ojos, te evaporas
Galvanismo
¿Por qué fabricaste un monstruo tan espantoso
que incluso tú mismo te apartaste horrorizado de mí?
Mary Shelley, Frankenstein
Aquí yacen los restos de los poemas inconclusos
los versos nonatos
versos sin diástole
los andamios sin espina
interrupciones que acabaron en el cesto
en el foso
en la basura
Aquí pernoctan los poemas del borde
huérfanos de contorno
versos sin árbol ni nervio
monigotes sin rostro ni cogollo
sombras extirpadas de cuerpo
pendientes absueltos
los deleteados
los proscritos
los despojos lanzados al río
los sacos sin embalsamar
sobre el metálico helado
y cual discípulo de Giovanni Aldini
me pongo a zurcir sus restos
para entretenerme en reanimarlos.
Sobre un olmo
Me dices que no le pida peras al olmo
A mí
que le cosecho girasoles a las cactáceas
que hice germinar crisantemos de los sinsontes
que les ordeño lluvia a las piedras
que enciendo hogueras con arcadas
que espero del cielo nada menos que cipreses
que cazo mariposas con una trampa para osos
que me voy al río a pescar camellos
que parto nueces y se parte la tierra
Siempre fui un partidario
de las causas perdidas:
De abandonar el Arca
ante el diluvio
de enamorarse del minotauro
en el laberinto
de buscar una aguja
en los anillos de Saturno
Sitié un castillo que flotaba en el aire
al mando de un ejército a caballo
Me ahogué en un vaso de agua
donde cabía todo el mar Muerto
Fundé un imperio en las ancas de una rana
La insensatez fue en todo momento
el rosario de cuentas
colgado en mi cuello
Vi de este árbol recolectar
frutos frondosos e imposibles
y me quedé a sus anchas:
La poesía es el único olmo
que me da sombra
Y yo le voy a pedir
cuantas peras necesite.
- Un olmo que sí da peras, de Felman Ruiz
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