
He escrito muchas veces sobre Marilyn, para Marilyn, hasta creer que los hombres la inventamos. Aunque la verdad sea dicha: ella se inventó a sí misma y logró dejar sentado un mensaje que al final es terrible: todos la hemos subestimado, todos, hasta el más inocente, la hicimos sufrir con tanta adoración. Porque esa adoración permitía que se la abalanzaran como tiburones los ciudadanos turbios que tuvieron el privilegio de saber que ella era de carne y hueso.
Y ninguno pudo clarificar lo más importante: ¿cómo era su alma? Creo que eso es lo que he tratado de vislumbrar después de haber desgastado toda la pasión que despertó en mi ciudadanía adolescente. Al menos, he deseado ser uno de aquellos que le entregaron algo sin quitarle nada.
(La fotografía es de Richard Avedon, de 1957, una de las fotos más interesantes que le hicieron)
Marilyn enferma
Las enfermedades son la búsqueda terrible de uno mismo
no puedes realizar pruebas de filosofía sin perder los dientes
poco sabrás de tu alma si no se te ha dormido la mitad del cuerpo
te volverás territorio de tu propia aventura
cuando te embosque un cáncer y asalte tus entrañas
el día menos pensado
el día menos pensado
es cuando sientes la caricia de una alegría inubicable
o cuando no tienes que hacer ninguna diligencia burocrática
y hay un enigma bellamente a salvo
Las enfermedades sufridas por todos los seres
compartidas por animales y plantas
transmitidas por el hombre
y por el zumo vengativo que dejaron las estrellas
fueron olvidadas incluyendo a Sodoma y Gomorra,
Hiroshima y Nagasaki
porque resultó verdaderamente fatídico
que falleciera Marilyn
el día menos pensado
sin una clara percepción de su tormento
la enfermedad es un distintivo
¿era una invalidez su belleza?
¿eran infecciosos sus sueños?
De su boca mortífera joya afrutada
los hombres deseaban el sabor y no las palabras
estaba afiebrada con el deseo de ser maravillosa
y que eso no tuviera nada que ver
con su impetuosa sinfonía de músculos y lágrimas
Su boca mortífera joya afrutada cantaba
violín encerrado en las grutas de Mahler
“En Hollywood te pagan
mil dólares por un beso
y cincuenta centavos por tu alma.
Lo sé porque rechacé con frecuencia
la primera propuesta
y demasiadas veces acepté la segunda”.
Los hombres que la amaron y soñaron
se dedicaron a morir o a matar
y los que quedan aún están en eso
quienes tuvieron cercanía con su piel desaparecieron
el olvido ha caído sobre ella
también la luz se cubre de hongos y miseria
El tiempo corroe los adoquines
el asfalto y las escaleras
su rostro sólo es visible en lo corroído
los ojos del tiempo son de mármol
y tienen cataratas
El tiempo llora piedras y nunca se va a detener
llora porque no pudo envejecer a Marilyn
Y en cambio mi jubiloso corazón inocente
de los años cincuenta
ha envejecido con ella por dentro
ella caminando en mis abismos con todas sus pulseras
Marilyn repetida hasta el cansancio
Esa muerta es de todos nosotros desde que estaba viva
aunque no hubiésemos tenido ni un pedacito de su tos
podíamos amarla sin ningún compromiso
a miles de kilómetros de distancia amábamos sin ella
Cada hombre la quiso a su manera
sin tener pruebas fehacientes de que fuera
una mujer de carne y hueso
quejándose en el altar de su cama
Santa patrona de los deseos anónimos
quiso ser madre y nunca pudo
tantas madres que uno ha conocido
madres hasta para regalar
y ella soñaba con tener una niña
pero murió sola abrazando almohadas
No he debido usar mi corazón de camposanto
para que descansaras explayada
¿cómo podrías cerrar los ojos en mi pecho?
¿cómo descansarías sin una eternidad garantizada?
ahí es donde tengo a la Sonora Matancera
a Daniel Santos
corazón con rayos y centellas
incordio enloquecido atarantado
corazón de toros coleados y toreados
estoy lleno de crueldad infinita
¿cómo puedo mantenerte sepultada en mí?
nunca descansarías en barriadas de seda
con Celia Cruz adentro del vestido
atravesando un carnaval frondoso
No he debido enterrarte en este corazón
aunque pueda invocarte como si me escucharas
el amarillo de tu cabellera y el rojo sacro de tus labios
colores artificiales para esconder la naturaleza impresionante
indican que cualquier mujer podría hacerte la suplencia
Nunca estuviste en mi casa ni visitaste a mi familia
no conociste los autobuses que hacen esta ruta
pienso esas cosas para no fallecer en un lugar sin carretera imaginaria
una provincia donde no te conozcan verdaderamente
y ahora menos: están desapareciendo para siempre los hombres que te recordaban
como si te debieran algo
Sinécdoque
El pasado parece disperso
como una sardina viendo los tamaños del mar
pero está intacto, culpablemente intacto
No puedes negar que el presente es un regalo bruto
una puesta en escena transitoria
la catira, la catirrucia
la que hacía estallar volcanes de semen
la que fungió de símbolo en el Himalaya del deseo
Dicen que se suicidó sin querer
que la mataron de carambola en un billar hipócrita
pero lo cierto es que su corazón no gozó de todo su trabajo
(vaya con el Eclesiastés)
¿Puede alguien estar desnudo y arropado de misterio?
¿Puede alguien contentar la muerte?
Habrá respuesta en la mañana del mañana sin saciar lo oscuro
Si un helado de vainilla irradiara calor
y el sagrado olor de la vagina se convirtiera en piedra filosofal
podrían expresar pálidamente algunas de sus características menores
y no es que adoramos su recuerdo sin haberla conocido en persona:
es que no la olvidaremos mientras seamos carne natural
hombres del pasado hipnotizados como si todo el alboroto
repitiera el encanto de Simonetta en el Renacimiento
“Es como el vuelo de un colibrí: sólo una cámara puede expresar su poesía”
dijo de ella la señora que daba clases para entender el trémolo del corazón
que proponía Shakespeare
y lo que mejoraría el presente sería no continuar atormentando su feminidad
que carecía completamente de ingredientes masculinos
(¡Ese fallo perturbador!)
y enterarse de que ella escribió varios poemas
entre los cuales destaca, completamente prístino, este que dice
“¡Socorro! ¡Socorro!
Socorro, siento que la Vida se acerca”
Mi guitarra del Pleistoceno
Cuando uno se rinde
es mejor no mirarse demasiado
para eso está la mente
para inventar ecocidios de amor
Mi primera guitarra no sabía tocar
y era del Pleistoceno
no recuerdo la segunda
mi primera novia era la novia de un gentío
se llamaba Marilyn y su peor pesadilla
fue no saber que ambos existíamos instantáneamente
Ella: 35 años
Yo: 16
Ella: nació y murió en verano
Yo: acumulaba trópicos
de viudo ficticio y todavía ignoraba
cómo exprimirle pasión a una guitarra
—manos torpes y cuerdas clitorianas: pleito obsceno—
¿cuál pasión? mi novia prestada se la había llevado toda
Mi novia era una revista que se casaba con puros viejos
uno que bateaba, otro que escribía
y ni siquiera adivinó con sus carnes rotundas de armonía
que yo tenía quince años
cuando los Beatles cantaban inútilmente
porque mi guitarra era puros boleros
y tuve necesidad de conseguir una segunda novia
que hablara español
y fuera todo: maravillosa, sagrada,
como una vecina voluptuosa: María Félix,
pero a María jamás la vi desnuda.
Marilyn era y seguirá siendo una guitarra de marfil
(Sonó cursi)
Reconocimiento del lugar
Por aquí pasó Arthur Miller
y escribió en su libreta
“conocí a una actriz”
Íbamos a un teatro en Broadway
y paseamos por Times Square
curioseando en comercios
donde vendían recuerdos de Nueva York
(el tren pasaba por debajo como un corazón)
también vimos a hombres y mujeres
disfrazados de personajes cinematográficos
y hasta había un vaquero en interiores tocando una guitarra
la gente se sacaba fotos con el vaquero en interiores
blancos jockey, ovejita, uno de esos
Recordamos a Judy Garland
protagonizando la película Little Nellie Kelly
basada en la comedia de George Michael Cohan
y hablamos de la hija de Judy: Liza Minnelli
cuya voz descubrió Theme from New York, New York,
himno de la ciudad
El cielo estaba que rompía fuente y cómo hará el vaquero
cuando se mojen sus calzoncillos ovejita o jockey, uno de esos
Había estatuas de la libertad, imanes para neveras
compramos muñequitos de Joe DiMaggio
y Derek Jeter
y una muñequita que representaba a Marilyn Monroe
con su vestido blanco alborotado
por un tren que pasó debajo de sus piernas
Destilando princesas
Tengo la vehemencia a raya
como una cabra con ganas de escaparse
Más mostrenco yo sin una marca
sin un aliciente superior al de seguir
recordando aquellos enviones de belleza
que no correspondían
a nuestro modo de vivir
Estoy destilando princesas con tétano
como si me hubiesen dado una puñalada oxidada
No lo puedo evitar
cada vez que veo un retrato de Marilyn Monroe
digo, automáticamente: Dios la tenga en su gloria
No sé por qué
saber que ella existió
es algo que esconde mi cuerpo debajo de la cama
como si me lo hubiesen regalado los tres reyes magos
y arrea mi espíritu completamente desnudo
ante la peregrinación de la vejez
Aunque haya sufrido porque no le salía bien
lo que deseaba sentir a su manera
ella mantuvo y sigue manteniendo
ese encanto de no servir para ella misma
sino para los hombres
Al final ella no había ganado nada
claro: tenía belleza más allá del Quattrocento italiano
no obstante: su inteligencia sobresalía
su carisma encerrado como un ave del paraíso que se ha comido un tigre
el ave del paraíso quiere eructar toda la pesada carne del tigre lo cual,
desgraciadamente, carece de glamur
Y lo que pienso ahora es que Dios
debería agradecer que le recuerde ese lindo trabajo
Ninguna carta es inocente
Blancura hinchada,
manchas violetas y grises
arcoíris de la muerte
protagonizaba el cadáver
de una señora común y corriente
De habernos conocido ella habría recibido
un montón de cartas mías y el impulso
de guardarlas, tirarlas o denunciar
ante los gendarmes mi acoso epistolar
Estimada señorita Marilyn: espero que esté bien de salud
en unión de los suyos. Le comunico que hoy
no podré dormir a pierna suelta
debido a que pasan The Seven Year Itch
y mi televisor está vuelto rayas: mover la antena
quizás me haga reventar como una paloma casera
(muros y pavimentos por doquier)
No seré atractivo convertido en epístola
seré constancia de que no todos los deseos que inspira
son al final maltratadores:
Estimada señorita Marilyn: la admiraré de un modo vehemente
como si usted no pudiera existir en verdad
y perdone que yo necesite existir de mentira
Hoy no adivinaría que tengo quince años
y tampoco sabrá que lloraré por usted
cuando tenga diecisiete
Bueno: la saludo sin caer en la tentación
de ser redundante como todos los hombres
que andan enloquecidos con ganas de besarla
soy tan cuerdo que sólo me dedico a mirar su fotografía
(sí: la soplo como si tuviera una basurita en el ojo)
En vez de una misteriosa dama con sombrero
sería yo irrumpiendo
en la oficina de Philip Marlowe
para contratarlo porque alguien
estaría chantajeando a Marilyn
con unas cartas que si te cuento lloras
El almuerzo
Año 1981. Almuerzo con Arthur Miller
y su esposa la fotógrafa Ingeborg Morath
Mi morbo latinoamericano nunca ha odiado los ojos azules
los de ella son un bellísimo universo despojado de nubes.
A Ingeborg no le molesta que le pregunten a su esposo
sobre Marilyn Monroe
Ella conoció a Marilyn antes de conocer a Miller
Marilyn posó para Ingeborg
cuya voz se mezcla con sus ojos azules para decir:
—Era una mujer fantástica
(Su sinceridad se siente verdadera, como cuando el cuerpo anuncia
que viene un dolor)
—¿Usted no es fantástica?
—Cada una tiene una cosa distinta —susurra Ingeborg
con un libro de fotografías en la mano
Miller explica:
—No hay nada nuevo que pueda decir sobre Marilyn
Él no deseaba hablar de Marilyn
y cada vez que aparecía en la prensa
inclusive después de muerto
lo mencionaban así:
Arthur Miller, quien estuvo casado con Marilyn Monroe
Arthur extendió su mano al despedirnos
mano fuerte enroscada como rama en incendio.
Prolongación del cuerpo de Ingeborg: dedos largos ardientes
Y mucho después, de un modo muy patán,
dije a mis compañeros de trabajo:
esta mano estrechó la mano que...
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