Soneto I
El lienzo hermoso que manchó la helada,
Cuajada entre las briznas, clara y pura,
Reflejo pudo ser, cuando la altura
Mostró su luz alegre, a la alborada.
De pronto, al ver correr la llamarada
Del cielo, que, al rasgar la noche oscura,
Corría como el rayo se apresura,
La supe por su antorcha derrotada.
La vi perderse, cuando, cristalina,
Buscaba otra mansión, otro castillo,
Siguiendo al arroyuelo silencioso.
Y vine a recordarte en ese brillo,
Como una rosa blanca que declina,
Si mira al sol alzarse perezoso.
Soneto II
Los ángeles del cielo hallé en tu frente,
Herida, encanecida, al fin nevada,
Tomada por los vuelos de una helada
Que brilla con el alba reluciente.
Aquella era la llama y el torrente
De luz, de sol, de nieve abanderada
Del pelo de la abuela, si, cansada,
Alegre, bostezaba, de repente.
Y fuiste rosa blanca, clara y pura,
Del tiempo moradora en la belleza,
Herida por su paso repentino.
Y fuiste en el arroyo la pureza,
La luz en un bostezo, en un torrente,
Y el brillo de la helada en el camino.
Soneto III
El cielo pude ver cuando, embrujado,
De pronto, al despejar la madrugada,
Cruzó, con una yegua encabritada,
Un cielo por su paso alborotado.
Lo digo de coral, pues, alterado,
La púrpura ardió vil en llamarada,
Sabiendo reflejarse en la cascada
Del aire de un enero despejado.
De golpe, pude ver la luz del día,
Su rayo majestuoso, su belleza,
Sus oros y sus versos, su hermosura.
Y versos, oros, brillos y pureza
Sentí, con la febril melancolía
De brillos, oros, versos y amargura.
Soneto IV
El aire fue traidor cuando el enero
Te hirió con sus puñales y maldades,
Terrible, con sus mil calamidades,
Mentido, fingidor y traicionero.
Amigo de la escarcha, fue ligero,
Hermano de sus muchas veleidades,
Tan falto de calor y de bondades
Como el invierno duro con su fuero.
Y pudo arrebatarte a su castillo,
Llevarte, sin temor, a su morada,
Mansión del eco triste y silencioso.
Y habitas los jardines de la nada,
Te esparces en la aurora y en el brillo
De un sol vencido y débil, perezoso.
Soneto V
No he de temer el viaje que este sueño
Permite hacia los reinos de la nada,
Buscando, más allá de la invernada,
La tierra que destino es del empeño.
Del verso del desierto seré dueño,
Buscando en el vacío la alborada
De cuya luz te supe secuestrada,
Dormida en el embrujo de su ensueño.
Me llena la tristeza que la muerte
Te aleje, descarnada, de mi lado,
Abriendo con dureza tanta herida.
El beso de tu espíritu sagrado
Abrazo quiero hacer para tenerte,
Si todo es regresar hacia la vida.
- Las raras travesuras del nordeste - miércoles 15 de abril de 2026
- Tres poemas de José Ramón Muñiz Álvarez - viernes 20 de marzo de 2026
- Tres sonetos para Tudela de Duero
y algunos poemas a modo de guarnición - viernes 13 de febrero de 2026


