I
Qué olor a tierra más negro y húmedo
Gusanos pestilentes
Y dagas.
La luz partida arrastrándose
Entre las piernas hambrientas,
Entre espadas.
Qué sabor amargo a desvalido
A columna rígida y quebrada
Las fotos antiguas reviven,
Entre el gris sangrante
De la enorme distancia.
Qué tarde más tarde
Qué hambruna
De arrancarme las ropas y quemarlas
De arrancarte las carnes rojas
Hirientes
Y tragármelas.
Qué blancura de deseo enfermo
Qué ansias de penetrar
La distancia
Entre espumas saladas que brincan y brincan
Desquiciadas.
Vente de una vez
Entre mis piernas murientes
Y apestosas
Pero vente ya
Alborada.
II
Ante la cripta negra del laureado
Viaja el blanco caballo en despeñadero
El alfil lloroso, recadero
De un reinado entre torres congelado.
Los dientes fuera, fiero blanqueado
En peones de sangre muta el duelo
De dos colores rojizos pintase el cielo
El rey guerrea desesperado
Terca contienda de muchos años
Entre más mueren, más se levantan
Que nada puede detener tal duelo.
Gritan y mueren, daño tras daño
Filos al aire carnes arrancan
III
Saca tu mejor defensa
Voy por tu vida
Así me gustan a mí las noches
Todo sangre, muerte, derroche
Luego
La blanca despedida.
Saca las dagas, el martillo, lo que tengas
Golpea en mi carne con odio
Saca todo el mal que llevas
En brincos estridentes
De encono.
No te preocupes por mí
Ya he muerto
En otras guerras tal vez más sangrientas
Soy un loco empedernido y vicioso
Me gusta tragar tu vino
Y comer tierra.
No temas
No tengas arrepentimientos
Mejor lucha con todo
Ahora
Porque después ya no habrá tiempo
De cosechar el triunfo
A deshoras.
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