Saltar al contenido

Y no digáis que miento

miércoles 15 de octubre de 2025
¡Comparte esto en tus redes sociales!

No cesa el aguacero —sabéis que el aguacero refresca los caminos, la brisa, el aire mismo y sus mansiones. No cesa el aguacero y la tristeza se cierne en el recuerdo de las calles soñadas por carbayos. No cesa el aguacero —diréis que tiene ganas de quedarse, y es cierto, porque, en medio del verano, disfruta del paisaje el aguacero.

¿No veis cómo la lluvia disfruta en los cristales? La magia de la aguada también moja los campos y las briznas de vida que nos quedan a los viejos. Y yo, que ya soy viejo como tantos, incluso con la lluvia, disfruto de los baños en la playa, me siento puro y santo en esos verdes que dejan ver el fondo de la arena.

Y va cayendo el agua, y así, gota con gota, escucho cada tarde los raros pizzicati de la lluvia que hiere los cristales con sus golpes. Y miro los cristales y las gotas que duermen el secreto, detrás de los cristales de la lluvia. Y siento el anticipo del otoño, tal vez porque yo mismo soy otoño.

O sigo con mi baño, soñando con los cuélebres, diciéndole al Nuberu que somos esa tarde hacia el crepúsculo que borra nubaradas con las sombras. Y siento que me vuelvo nubarada perdida en lo lejano, y sé que nada es próspero y la vida, la vida se hace dura nuevamente, después de acariciar un imposible.

El agua de la lluvia, que estudia economía, también sabe de crisis. Y sabe cuándo llegan los otoños, y sabe cuándo ronca el eucalipto, y sabe que el dinero es importante, y alcanza a comprendernos, si estamos lamentándonos de todo, si somos esa lluvia que lamenta que ronca el eucalipto en las Asturias.

Y ronca el eucalipto. Seguimos siendo ricos, teniendo mil tesoros, y el caso es que no cesa, cuando ronca. Hoy somos, como siempre, subsistencia que busca resistir en lo bucólico. Y ronca el eucalipto, debajo de las lluvias, siendo junio; sabiendo del otoño que nos dice, con esa voz tan suya, lo que ronca.

Con esa voz tan suya sabemos lo que ocurre. Y ronca el eucalipto. Y siento cómo ronca el eucalipto, mirando los camiones, con los ocles, sabiendo que los mares son desiertos. Y ronca el eucalipto. Y somos decadencia desusada, la eterna decadencia y la derrota de un tiempo que soñamos diferente.

—¿Bajamos a la playa? —la lluvia me lo dice. Y nunca es mala idea: vestir traje de baño con paraguas es un invento extraño en estos tiempos —la gente toma el sol más de la cuenta. Y ronca el eucalipto. Y, en cambio, siguen llenos los garitos, los bares y las tascas están llenos, hay gente que disfruta de la vida.

Y yo digo lo mismo: que ronca el eucalipto. Y el oro de los mares parece ser escaso en estos pagos. No queda ya pescado y las gaviotas también saben que ronca el eucalipto. Lo mío son los baños eróticos con agua de los mares y el agua de la lluvia en el cabello, llorando porque ronca el eucalipto.

Y no digáis que miento.

José Ramón Muñiz Álvarez
Últimas entradas de José Ramón Muñiz Álvarez (ver todo)

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio