
La poeta y dramaturga venezolana Mharía Vázquez Benarroch, ganadora de importantes reconocimientos como el premio Fernando Paz Castillo y conocida por una dilatada trayectoria como docente de varias generaciones de autores de poesía, dejó de existir el martes 7 de enero en su residencia en la población de El Hatillo (Miranda), según informaron sus allegados.
Nacida en Pontevedra, España, el 28 de mayo de 1958, y criada en Venezuela, culminó su bachillerato en Humanidades en el liceo Andrés Bello, en Caracas, para estudiar posteriormente Comunicación Social en la Universidad Central de Venezuela (UCV), donde se graduó en 1986.
Era también licenciada en Ciencias de la Comunicación y Nuevas Tecnologías por la Universidad Abierta de Cataluña (UOC, 2000), licenciada en Letras por la UCV (1986) y Ph.D. en Fine Arts, mención Films, por la Universidad de California en Los Ángeles, Estados Unidos.
Ejerció como reportera de guerra, dramaturga y guionista de cine y televisión y publicó textos periodísticos y de análisis, crónicas de guerra y poemas, en los diarios venezolanos El Nacional, El Diario de Caracas, El Universal y Economía Hoy, los diarios españoles La Vanguardia y El País, y las revistas Imagen, Fundarte, Vuelta (México), El Viejo Topo (Madrid, España) y Eco (Bogotá, Colombia). Fue colaboradora de Letralia desde 2009.
Formó parte de los Talleres de Creación Literaria del Centro de Estudios Latinoamericano Rómulo Gallegos (Celarg), coordinados por Luis Alberto Crespo (1980) y Tomás Eloy Martínez (1981), el Taller de Creación Literaria de Fundarte, coordinado por Gabriel Rodríguez (1979), y el Taller del Poeta en el Mundo, dictado por Denise Levertov en la Universidad de Columbia (1978).
Uno de sus poemarios más conocidos, Guerrero llevado adentro, recibió mención de honor de la Bienal Chío Zubillaga en 1986 y fue publicado en 1996 por Fundarte. Con el libro As de corazones recibió en 1988 el Premio de Poesía Miguel Hernández, en Sevilla (España), y luego sería publicado por el Ateneo de Calabozo (1988) y por el Ateneo de Cultura de Sevilla (1989). También fue autora de Mujeres de Atenas, publicado en Venecia (Italia) por la editorial Pallavicino, en 2003, y Estirpe de lobos, que aparecería bajo el sello de la Editorial Toledana, en España, en 2005.
Su obra poética fue recogida parcialmente en inglés en el libro Collected Poems 1985-2001 (Queen Mary and Westfield College Editions, Universidad de Londres), y en Amarrando la paciencia a un árbol; antología de poemas 1979-2007, que recibió mención de honor de la Bienal Eduardo Sifontes en 2007 y fue publicado por Monte Ávila en 2009.
Vázquez Benarroch ganó en 1986 el Premio de Poesía Fernando Paz Castillo y el premio de la Bienal de Poesía de El Tigre, y dos años después la Bienal Francisco Lazo Martí. En 1989 ganaría, con Balada de los 40 años, el primer premio del II Concurso de Poesía en Español del Queen Mary and Westfield College de la Universidad de Londres.
La autora figura asimismo en el Diccionario de autores venezolanos (Universidad de los Andes, Mérida, 2006), y en compilaciones como Antología de voces jóvenes de la Asociación de Escritores de Venezuela (AEV, Caracas, 1983); Flor y canto; antología de poesía venezolana, de Elena Vera (Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1985); Literatura de fin de siglo (Inti, Revista de Literatura Hispánica, editada por Julio Ortega; Brown University, Providence, EUA; 1993); Poesía en el espejo; estudio y antología de la nueva lírica femenina venezolana (1970-1994), de Julio Miranda (Fundarte, 1995); El coro de las voces solitarias; una historia de la poesía venezolana, de Rafael Arráiz Lucca (Editorial Sentido, Caracas, 2002); El hilo de la voz; antología crítica de escritoras venezolanas del siglo XX, de Ana Teresa Torres y Yolanda Pantin (Fundación Empresas Polar, Caracas, 2003); Quiénes escriben en Venezuela, de Rafael Ángel Rivas (Conac, Caracas, 2004), y Antología del dulce amor (Pomaire, Caracas, 2008).
Retirada de la escena pública en los últimos años, Vázquez Benarroch fue una reconocida y muy querida formadora de varias generaciones de poetas al frente, desde 1989, de su Taller de Poesía Imago Mundi, cuya finalidad, defendía, era “rescatar la poesía que se elabora en la ciudad, a través de las nuevas generaciones de escritores”.
“Mis libros hablarán por mí, mis poemas no envejecen con los años”, le dijo al periodista José Pulido en una entrevista publicada en 2019 por la web Crear en Salamanca, “y eso da fe de mi rigor en la escritura del poema, mi búsqueda de la perfección, y mi intensa meditación sobre las cosas esenciales de la vida. Yo sólo aspiro, como decía Ovidio, a que mis poemas ‘vuelen en la mente de los hombres’, y a que mis cenizas reposen en el jardín de la Escuela de Letras de la UCV, para hacerle compañía a las de Hanni Ossot, mi maestra y mi amiga, y así tengamos largas conversas sobre poesía, para el resto de la eternidad…”.
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