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Tonada seca, de Jesús Utrera

sábado 26 de abril de 2025
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Jesús Utrera
El venezolano Jesús Utrera se estrena con Tonada seca, un poemario sin máscaras, aire fresco en una joven voz masculina dentro del género más exigente de la literatura.

El primer poemario del escritor venezolano Jesús Utrera, Tonada seca, será presentado el viernes 9 de mayo en los espacios de La Poeteca, en Caracas. Hoy ofrecemos en exclusiva el epílogo escrito por la poeta Gabriela Rosas para este libro publicado por la alianza editorial Letralia-FBLibros.

Tonada seca es el primer poemario que nos entrega el venezolano Jesús Utrera. Un poemario ensamblado con precisión, sin ingenuidades ni temor a decir lo que el poema le pide, lo que le fue dado, en cada rapto. Orgánico y muy vivo, consciente del trabajo que requiere y conlleva entrar en un género, tan trajinado, sí, pero tan exigente como es la poesía.

De Tonada seca puedo decir que uno entra en su cuerpo, porque la poesía es un cuerpo, un cuerpo vivo, muy vivo; uno escucha esta Tonada seca, lee y escucha, porque lo versal y lo rítmico están cuidadosamente casados, y la cadencia te lleva de principio a fin por un trago que ilumina; finalmente, el poeta escribe la herida para iluminarla, el poema es su recurso y su pentagrama.

Uno se vacía para poder llenarse, como debe entrar uno a cualquier lectura. El autor nos lo advierte desde el comienzo: “Mi ofrenda / es lo vacío, / el final de la sangre”. Consciente de que en el fondo de todo poema siempre está la muerte, escribe, escribe para “morir a tiempo”. Lo que me recuerda un breve poema del poeta Eliseo Diego que dice: “La muerte es ese amigo que aparece en las fotografías de la familia, discretamente a un lado, y al que nadie acertó nunca a reconocer”.

“Tonada seca”, de Jesús Utrera
Tonada seca, de Jesús Utrera (Letralia-FBLibros, 2024). Disponible en Amazon

Tonada seca
Jesús Utrera
Poesía
Alianza Editorial Letralia/FBLibros
Caracas (Venezuela), 2024
ISBN: 979-8309318292
70 páginas

Llega el duelo que no abraza, solo, con sus nísperos y experiencias, pacta con el lenguaje y la imagen para lograr la metáfora, el justo decir, el verso que nos arranca los dientes y nos deja sentir su hambre, el pasado, su soledad, la rutina, y en una breve plegaria al final de uno de sus poemas, lo deja claro: “Líbrame del dolor, / al final del hambre / nos salvará la miseria”.

Porque Jesús ha vivido la migración, ha tenido que dejar a quienes ama para crecer, para establecer una vida meditada; ha escrito en papel, en cajas, porque así es el llamado de la poesía, para aliviar lo que no tiene alivio, y ninguna mudanza puede evitar que quien está puesto para escribir escriba.

Aquí no hay máscaras, es lo que es, aire fresco en una joven voz masculina dentro del género más exigente de la literatura. Decirse “poeta” es sencillo; serlo es excepcional y complicado y no se hace más fácil: mientras más lees y escribes es más difícil y más elevados la existencia y el goce. Utrera prefiere despojarse y decir lo que duele, frustra o añora, sin ropajes, sin mentir(se); sin importar cuánto caiga, el autor se levanta, y sigue, en pie, junto al poema.

Si hay una característica importante dentro de este conjunto de poemas presentados por Jesús Utrera, en esta su primera entrega, es que además de atreverse a tocar y escribir poesía amorosa, tan trajinada, sí, pero tan luminosa y necesaria, porque cuando se canta se canta sin miedo, también encontramos que Jesús es un hombre atravesado por el Eros, que no teme incendiar ni incendiarse si el poema y el cuerpo se lo piden; el suyo, el del poemario, el del lector. “El milagro es la luz” nos dice, y vaya que sí, todo deseo es luz, todo cuerpo tomado, bebido, cada diluvio y gemido es una gran luz; él lo sabe, de ello está hecho, y pudo disfrazarlo, maquillarlo, pero no, la poesía es sagrada y él apunta antes de disparar las pocas balas de las que se disponen para escribir un poema, dispuesto a dar en el blanco, a riesgo de que no lo logre; así es la poesía cuando muestra su carga erótica, él, dispuesto: “Cuánto duele ser agua, / después / del hielo”. Esto es importante de reconocer en una voz que nace al público lector, un lector juicioso de un canon de alta factura, el de la poesía venezolana y de otras latitudes.

Con Tonada seca Jesús se estrena, con humildad y trabajo, no hay duda. Esta no es una mera selección de escritos reunidos, esto es un poemario, aquí hay un leitmotiv que engancha de principio a fin, que canta, que te corta la voz, que te deja un verso por meses en la cabeza, que arde en el pecho de lo que duele, que te cuenta una historia, y te deja fraccionada, movida, en parto. Yo, siendo su primera lectora, nunca me hubiese imaginado que ese joven economista, gerente, padre, hijo, nieto, trabajador incansable, se atreviera a decir amor, duele, arde, estoy cansado, cama, sin temblarle la mano.

La última tonada de este poemario es seca: “Muere el grito antes que la fe”. Utrera nos dice: “sigo el credo de los finales felices, / como si nunca estuviese solo”. Y no lo está, acá estamos los lectores para acompañarle.

Enhorabuena, Jesús, buena tonada, precisa, trabajada, limpia, fuerte y pulida. Y sí, “la luz debería ser en tus ojos”.

“La conquista es volver / a donde sea el mar, / y los pies tengan su reino. // La vida es cernir los granos / que sobran de la deriva”.

Gabriela Rosas
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