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“Los inmigrantes” y “Los pies de Fataumata” de Mario Vargas Llosa a la luz de la “Sollicitudo rei socialis”

lunes 10 de abril de 2017

Mario Vargas Llosa

A Noam Chomsky, PhD.

Este ensayo analiza “Los pies de Fataumata” y “Los inmigrantes”, dos artículos tan interesantes como perspicaces escritos por el insigne autor Mario Vargas Llosa para el diario español El País. Dichos trabajos fueron recopilados junto a otros 44 artículos periodísticos del Nobel peruano —pero ciudadano del mundo— en un libro titulado El lenguaje de la pasión (2000), y serán comentados a la luz de la carta encíclica del papa Juan Pablo II “Sollicitudo rei socialis” (1987).

Vargas Llosa se refiere a los pies de Fataumata en tanto al mejor capital humano de esta luchadora mujer africana.

Los 46 artículos periodísticos que componen El lenguaje de la pasión (2000) fueron publicados en la columna “Piedra de toque” entre 1992 y 2000, excepto el primero de ellos, publicado en 1983. En concreto, “Los pies de Fataumata”, fue escrito en 1999 en Marbella, mientras que “Los inmigrantes” tres años antes, en 1996 y en Londres. Todos los artículos escogidos en la selección que forma El lenguaje de la pasión (2000) son un testimonio del intenso interés de su autor por los problemas sociales y políticos más importantes de nuestro tiempo, así como de sus conocimientos de arte y su pasión por la literatura. Esta selección de artículos también es una evidencia de la vida itinerante de Vargas Llosa, plena de viajes para dictar conferencias o cursos universitarios, para asistir a las ceremonias en distintas universidades donde le confieren múltiples títulos de honoris causa, también para participar en eventos políticos, o para aceptar condecoraciones y premios literarios, periodísticos, o por su labor humanitaria. De hecho, sus artículos fueron escritos en diversas ciudades del mundo, tales como Londres, Madrid, Arequipa, Berlín, Río de Janeiro, Lima, Jerusalén, Bucarest, La Haya, Washington DC, Alejandría, Roma y otras más.

En líneas generales, “Los pies de Fataumata” comenta la historia de una mujer originaria de Gambia que emigró de su país para vivir en España, específicamente en Cataluña, donde su vivienda y las de varios vecinos suyos africanos fueron quemadas por jóvenes catalanes neonazis. “Los inmigrantes”, por otro lado, narra la historia de varios inmigrantes peruanos que arriesgaron y se esforzaron intensamente huyendo de la pobreza de su país así como de la carencia de oportunidades. Todos los sacrificios eran pocos pues tenían el firme propósito de mejorar su vida en busca de nuevos horizontes económicos en tierras ajenas y remotas. Obviamente, estas anécdotas de los inmigrantes peruanos y africanos, en ambos artículos, son solamente el trampolín desde el cual Vargas Llosa ejecuta audaces saltos ornamentales para expresar con valentía y lucidez sus sólidas opiniones sobre el polémico tema de la inmigración. Comentaremos cómo, en nuestra opinión, las ideas de Vargas Llosa van de la mano en armonía perfecta con lo expuesto por el papa Juan Pablo II en la carta encíclica “Sollicitudo rei socialis” (1987).

En “Los pies de Fataumata”, Vargas Llosa recrea la historia de esta mujer africana, Fataumata, de manera literaria, pero imaginándose que su emblemática vida es en realidad un símbolo de la de muchos inmigrantes y refugiados para los cuales “morir trágicamente es morir de muerte natural” (Vargas Llosa, Mario; p. 291).

Vargas Llosa se refiere a los pies de Fataumata en tanto al mejor capital humano de esta luchadora mujer africana; este capital es de hecho el elemento clave que le permitió sortear múltiples calamidades, y que le posibilitó seguir andando enormes distancias e incluso cruzar tercamente continentes, pese a todos los pesares y en contra de todos los obstáculos naturales, económicos, sociales, políticos y humanos:

(…) y sus grandes pies nudosos, hinchadísimos de tanto caminar. Son esos enormes pies agrietados, de callos geológicos y uñas violáceas, de empeines con costras y dedos petrificados, lo que yo encuentro más digno de admiración y reverencia en la señora Fataumata Touray. Allá, en el África bárbara, echando a correr a tiempo, esos pies no la salvaron sin duda de la castración femenina que practican en las niñas púberes muchas familias musulmanes, pero sí de alguna fiera, o de plagas, o de esos semidesnudos y tatuados enemigos que, por tener otro dios, hablar en otra lengua, o haber heredado otras costumbres, estaban empeñados en desaparecerla a ella, sus parientes y toda su tribu (Vargas Llosa, 291-292).

Vargas Llosa escribe este artículo y también el titulado “Los inmigrantes” desde el decidido ámbito de la solidaridad. MVLl reconoce abiertamente la lucha tenaz de los inmigrantes y su derecho a buscarse una vida más digna:

(…) afirmo que el viaje protagonizado por esos pies formidables desde Gambia hasta Banyoles representa una odisea tan inusitada y temeraria como la de Ulises de Troya a Ítaca (y acaso más humana). Y, también, que lo que dio fuerzas a la mujer encaramada sobre esos peripatéticos pies mientras cruzaba selvas, ríos, montañas, se apretujaba en canoas, sentinas de barcos, en calabozos y pestilentes albergues infestados de ratas, era su voluntad de escapar, no de las flechas, las balas o las enfermedades, sino del hambre (Vargas Llosa, pp. 292-293).

Vargas Llosa comenta en su artículo lo irónico que resulta que los inmigrantes y refugiados no sean bien recibidos hoy en España cuando ellos mismos solían buscarse la vida en el norte de Europa, cuando la España paupérrima de entonces no les ofrecía oportunidades de superación económica. Así los españoles emigraban a Suiza, Alemania, Inglaterra, Francia e Inglaterra. Incluso, miles de españoles cinco siglos atrás escaparon muy raudos del hambre y la pobreza de sus tierras embarcándose “en barquitos de juguete” a conquistar América y colonizarla. Y por eso afirma que Fataumata es “(…) aunque a simple vista no lo parezca, una hembra de la raza de los conquistadores (p. 293).

Aunque Vargas Llosa sea tildado por muchos detractores de neoliberal y de derechista, nadie podrá negar que su visión sobre los inmigrantes y refugiados refleja una concepción muy clara, resuelta y humana. Creemos relevante anotar que dicha concepción está basada en la solidaridad, la justicia y la compasión:

Lo que Fataumata Touray hacía en Banyoles lo sé perfectamente, sin el más mínimo esfuerzo de imaginación (…). Estaba —repito que es la más digna y justa aspiración humana— tratando de llenarse el estómago con el sudor de su frente (…). Eso es lo que hacen los inmigrantes cuando carecen de educación e ignoran la lengua: los trabajos embrutecedores y malpagados que los nativos se niegan a hacer (MVLl pp. 294-295).

En su artículo “Los inmigrantes”, Vargas Llosa también expresa su opinión desde una perspectiva de solidaridad y de responsabilidad ética:

Esas gentes, y los millones que, como ellas, desde todos los rincones del mundo donde hay hambre, desempleo, opresión y violencia cruzan clandestinamente las fronteras de los países prósperos, pacíficos y con oportunidades, violan la ley, sin duda, pero ejercitan un derecho natural y moral que ninguna norma jurídica o reglamento debería tratar de sofocar: el derecho a la vida, a la supervivencia, a escapar de la condición infernal a que los gobiernos bárbaros enquistados en medio planeta condenan a sus pueblos (Vargas Llosa, p. 146).

Vargas Llosa reconoce que las consideraciones éticas o “los argumentos que apelan a la solidaridad” no son los que convencen ni conmueven a casi nadie, es necesario utilizar entonces los argumentos prácticos: “Mejor aceptar la inmigración, aunque sea a regañadientes, porque, bienvenida o malvenida, como muestran los dos ejemplos con que comencé este artículo, a ella no hay manera de pararla” (p. 146).

Observamos pues que Vargas Llosa está definitivamente a favor de la inmigración: “El inmigrante no quita trabajo, lo crea, y es siempre un factor de progreso, nunca de atraso” (p. 148).

El más laureado escritor peruano concluye su estimulante artículo afirmando que la inmigración “de cualquier color y sabor es una inyección de vida, energía y cultura y que los países deberían recibirla como una bendición” (p. 150).

Vargas Llosa no llega a las mismas conclusiones evocando a Cristo puesto que el mundo de Vargas Llosa es un mundo sin Dios. Sin embargo, Vargas Llosa cree en el poder de la solidaridad, en el deber moral y en la responsabilidad que adquirimos por el hecho de ser parte del mundo.

Veamos ahora cómo la postura de Vargas Llosa sobre los inmigrantes y los refugiados coincide plenamente —a nuestro parecer— con la posición de la Iglesia Católica expresada en el texto del papa Juan Pablo II, precisamente en su carta encíclica sobre la solidaridad: “Sollicitudo rei socialis” (1987).

Podemos resumir esta carta encíclica afirmando que se trata de un documento que invita a solidarizarse con los más pobres y marginados del mundo. Esta encíclica se refiere también a la encíclica “Populorum progressio”, de 1967, escrita por el papa Pablo IV, que a juicio de Juan Pablo II era la respuesta del llamado del Concilio Vaticano II de 1965. En esta encíclica social de 1967 se afirma que “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón”. Estas palabras expresan el motivo fundamental que inspiró el gran documento del Concilio, el cual parte de la constatación de la situación de miseria y de subdesarrollo, en las que viven tantos millones de seres humanos.

Vargas Llosa no llega a las mismas conclusiones evocando a Cristo puesto que el mundo de Vargas Llosa es un mundo sin Dios. Sin embargo, Vargas Llosa cree en el poder de la solidaridad, en el deber moral y en la responsabilidad que adquirimos por el hecho de ser parte del mundo, porque somos seres humanos. Si bien Vargas Llosa no lo hace por emular los pasos de Jesucristo, pero sí porque considera que los seres humanos por ser tales tenemos todos el derecho a una vida digna y a buscarnos oportunidades para mejorar nuestra vida.

Es crucial destacar que el papa Juan Pablo II afirma en su carta encíclica “Sollicitudo rei socialis” que “el proceso del desarrollo (de los pueblos) se concreta en el ejercicio de la solidaridad, es decir, del amor y servicio al prójimo, particularmente a los más pobres”.

Juan Pablo II quiso que su encíclica “Sollicitudo rei socialis” fuera una suerte de homenaje a la encíclica “Populorum progressio” de Pablo VI, y tras analizar los cambios políticos, económicos y sociales ocurridos entre 1967 y 1987 reafirma que “Sollicitudo rei socialis” es “la continuidad de la doctrina social (‘Populorum progressio’) junto con su constante renovación”.

La encíclica “Populorum progressio” señala que frente a la injusticia y miseria existentes en el mundo los cristianos tenemos el deber moral de luchar contra eso. Debemos entender que estas injusticias son a su vez para los cristianos una demanda urgente de solidaridad para con los marginados del mundo. De acuerdo al análisis de la situación socioeconómica y política hecha por Juan Pablo II en 1987, el mundo para los más pobres no ha mejorado mucho desde 1967 cuando el papa Pablo VI escribiera su encíclica. Podemos afirmar que medio siglo después de la encíclica “Populorum progressio”, y treinta años más tarde de la encíclica “Sollicitudo rei socialis”, hoy en el año 2017 la brecha entre pobres y ricos, o entre el hemisferio norte y el hemisferio sur, como lo dicen las encíclicas citadas, sigue existiendo y acaso haciéndose incluso más profunda. El actual papa Francisco escribió en 2015 una encíclica sobre el medio ambiente, “Laudato si”, en la que básicamente dice que la Tierra es de todos los seres humanos y que por tanto debemos cuidarla y asegurarnos de que todas las personas que vivimos en ella tengamos igual acceso a todos los recursos naturales. Por ejemplo, reflexiona sobre el agua, un recurso natural primordial, de esta manera:

En realidad, el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamen­tal y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos. Este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles el de­recho a la vida radicado en su dignidad inalienable.

Y más adelante el papa Francisco nos dice, obviamente desde su óptica cristiana, sobre la creación y su vinculación directa con el amor de Dios:

La Creación es del orden del amor. El amor de Dios es el móvil fundamental de todo lo creado: “Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que hi­ciste, porque, si algo odiaras, no lo habrías creado” (Sb 11,24). Entonces, cada criatura es objeto de la ternura del Padre, que le da un lugar en el mundo. Hasta la vida efímera del ser más insig­nificante es objeto de su amor y, en esos pocos segundos de existencia, él lo rodea con su cariño.

Es triste y desalentador darnos cuenta de que aunque la humanidad progrese desde el punto de vista científico, por ejemplo, no estamos haciendo buena letra en lo relativo al progreso humano.

Conviene recordar que el papa Francisco, hijo de emigrantes italianos que fueron a Argentina para ofrecerle un futuro mejor a su familia, se ha pronunciado muchas veces a favor de los marginados de nuestro tiempo; por ejemplo: los inmigrantes, los palestinos y los refugiados sirios:

En mi peregrinaje, tanto he querido encontrarme con ustedes que, a causa de sangrientos conflictos, han tenido que abandonar sus casas y su patria, y han encontrado refugio en la acogedora tierra de Jordania, y al mismo tiempo, ustedes, queridos jóvenes, que experimentan el peso de alguna limitación física. El lugar en que nos encontramos nos recuerda el Bautismo de Jesús. Viniendo aquí, al Jordán, para hacerse bautizar por Juan, Él mostró su humildad, y comparte la condición humana: se rebajó hasta nosotros y con su amor nos restituye la dignidad y nos dona la salvación (…).

Con singular valentía y entereza el papa Francisco ha hecho un llamado a la reflexión:

Y, por nuestra parte, nos sentimos profundamente afectados por los dramas y por las heridas de nuestro tiempo, especialmente por aquellas provocadas por los conflictos todavía abiertos en Medio Oriente. Pienso, en primer lugar, en la amada Siria, lacerada por una lucha fratricida que dura ya tres años y que ha cosechado innumerables víctimas, obligando a millones de personas a convertirse en refugiados y a exilarse en otros países.

Todos queremos la paz, pero miren: ¡esta es la raíz del mal, el odio y la codicia del dinero, y las fábricas en la venta de las armas! ¡Esto nos debe hacer pensar! ¿Quién está detrás, que nos da a todos, a todos aquellos que están en conflicto, las armas para continuar el conflicto? Pensemos desde nuestro corazón, y digamos una palabra por esta pobre gente criminal, para que se convierta (News.va, 2014).

Es triste y desalentador darnos cuenta de que aunque la humanidad progrese desde el punto de vista científico, por ejemplo, no estamos haciendo buena letra en lo relativo al progreso humano, nos falta más solidaridad con el prójimo. Seamos cristianos, o así profesemos otra fe, o acaso ninguna, todos somos parte del mundo y como tal deberíamos preocuparnos por nuestros semejantes, sobre todo por los más marginados.

Veamos que, desafortunadamente, las palabras de Juan Pablo II, escritas hace ya 30 años, sirven también como reflexión sobre los conflictos actuales que abruman nuestros días; es decir que nos falta mucho por andar:

Por ello (porque el mundo desde el punto de vista del desarrollo ofrece una impresión “más bien negativa”), deseo llamar la atención sobre algunos indicadores genéricos, sin excluir otros más específicos. Dejando a un lado el análisis de cifras y estadísticas, es suficiente mirar la realidad de una multitud ingente de hombres y mujeres, niños, adultos y ancianos, en una palabra, de personas humanas concretas e irrepetibles, que sufren el peso intolerable de la miseria. Son muchos millones los que carecen de esperanza debido al hecho de que, en muchos lugares de la tierra, su situación se ha agravado sensiblemente. Ante estos dramas de total indigencia y necesidad, en que viven muchos de nuestros hermanos y hermanas, es el mismo Señor Jesús quien viene a interpelarnos (cf. Mt 25, 31-46).

Concluimos este breve artículo afirmando que tanto Vargas Llosa en sus artículos periodísticos “Los inmigrantes” (1996) y “Los pies de Fataumata” (1999), como el papa Juan Pablo II en su carta encíclica “Sollicitudo rei socialis” (1987) nos hacen un llamado a la solidaridad. En el caso del papa Juan Pablo II este reclamo es desde una perspectiva cristiana, porque en cada marginado del mundo está el rostro de Jesucristo. Vargas Llosa lo hace desde su condición de intelectual comprometido con su tiempo y su mundo; desde su ángulo de ser humano responsable que valora la lucha tenaz de cada inmigrante, refugiado y marginado del mundo por sobrevivir, por ganarse el derecho a vivir una vida digna.

 

Bibliografía consultada                                                                               

María-Elvira Luna-Escudero-Alie