“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Batea policromada de México

lunes 16 de octubre de 2017

Batea policromada de México, por Roberto Cabrera

Cada vez que miro la batea mexicana, policromada y circular que cuelga en la pared, recuerdo la infancia y la evoco desde una cuna. Qué hubiera ocurrido si aquellos antepasados maternos no hubiesen emigrado a México a finales del siglo XIX. Si aquella plata no hubiese recalado en los modestos parajes de Junonia, qué otro destino hubieran tenido las casas coloniales de Carballo y Sotero que adquirieron. Tíos abuelos que recorrieron a caballo muchos kilómetros del Yucatán y cuyos relatos quedaron indemnes en memorias prietas, en burlescas interpretaciones por su cercanía al irracionalismo, y al mágico mundo olmeca, tolteca, tarahumara o náhuatl. Según Breton, México era el país surrealista por excelencia, él y Benjamín Péret también bautizarían a Tenerife como la isla surrealista. Sin embargo, o al propio tiempo, otros vienen afirmando que la tal forma surrealista es inherente a tales territorios.

Quién sabe si por todo ello en las canciones de infancia destacaba una que muy pronto, y aún sin uso de razón, canté en el patio del colegio. Era el corrido de Juan Charrasqueado que cuando iba diciendo: “Soy buen gallo, una bala atravesó su corazón”. Aparece así un México musical y “mitológico”, de héroes, antihéroes, revoluciones y leyendas de amores y muertes, que aún se mantiene en variados formatos y que ha merecido interesantes estudios en Canarias que lo asimilan y ensamblan desde un prospectiva folclórica como un préstamo cultural que ha permitido al pueblo canario expresar sus sentires e indagar en sus sentimientos vitales y sociales vicisitudes. Juan Sintierra, El Rey, La calandria y el gorrioncillo, Me he de comer esa tuna… Me comentaba recientemente el narrador grancanario Víctor Ramírez que había sido invitado a cantar con otros artistas de talla mexicanos en varios escenarios de relieve, experimentando una emoción incalculable y una sorprendente catarsis. Sabemos que en Canarias existen las colecciones más completas de todos estos géneros y artistas: Javier Solís, Jorge Negrete… Quién no recuerda terminar una fiesta cantando Guadalajara es un llano o Si Adelita se fuera con otro o Cucurrucucú paloma

El presente estudio y la divulgación del mapa poético mexicano que nos ocupa nos trae ineludibles resonancias comunes: búsqueda de identidad, necesidad de estudio de la literatura del pasado y análisis de relaciones de nuestras expresiones literarias con Latinoamérica, Europa, África…

Aun sin salir del espectro de la música y entrando en el territorio de la plástica, es bien sabido que el indigenismo canario, el movimiento pictórico de mayor impacto durante la Segunda República —cuyo presidente, el canario Juan Negrín, se exilió en las benditas tierras que tantos refugiados acogieron—, es deudor y admirador del muralismo mexicano.

En un interesante encuentro de escritores canarios celebrado en la isla de La Gomera en noviembre de 1992 se dieron cita al menos tres ponencias en las que México ocupaba un preeminente lugar: El surrealismo y el México mítico, de Isabel Castell, donde se retoman las célebres y frondosas visitas de Antonin Artaud y Benjamín Pérez a México, por lo que concluye: “El aire mexicano fluye como un torrente, toda la historia, toda la poesía de una tierra que simboliza, como ninguna otra, la idea de la belleza convulsiva perseguida desde siempre por el surrealismo. Y, junto a ella, muchas otras: la de la imagen lautreamontiana, la de la magia y los mitos, la de la revolución social: la historia de México y la historia del surrealismo aparecen, así, ensambladas en una misma palabra fundacional…”. También recoge las palabras de Artaud: “Yo no quería entrar cuando fui al peyote en un mundo nuevo, sino salir de un mundo falso”. Ideas estas refrendadas también por Flores: Antonin Artaud expresa que “toda verdadera cultura se apoya en la raza y en la sangre. La sangre india de México guarda un antiguo secreto de raza, y antes de que la raza se pierda, pienso que hay que reclamarle la fuerza de ese antiguo secreto”. Según el estudio de Enrique Flores, Artaud llegó a México con la intención de reclamar la fuerza de ese antiguo secreto que surge con el sacrificio, y en su segunda conferencia apela a la supuesta idolatría de los paganos que creían en sus sueños, en el valor de significación de sus sueños y no en las formas soñadas. Los antiguos así lo presentían buscando con todas sus energías el modo de permanecer en contacto con la fuga de esas fuerzas, para concluir que Artaud no fue a México a estudiar el sacrificio, sino a adentrarse en sus signos y a someterse a su violencia. De Pedro Páramo a Fetasa, por Agustín Díaz Pacheco, trata de entrelazar las figuras de Juan Rulfo e Isaac de Vega: “Uno y otro son exponentes de que la cultura (la literatura más concretamente) es universal por irradiación, pero nacional por origen. Sus transgresiones admiten que la misma literatura pueda jugar el papel de descubridora de otras realidades sin abdicar de la realidad en la que ella misma está inmersa, un universo encerrado tras las gruesas puertas que la tiranía impone a golpe de costumbre con sus hipócritas cancerberos”… Y referencias a la brujería yaqui, al espíritu de mezcalito y a los botones de peyote, en el texto que expuse: Algunos casos de brujería isleña en Cuba y Puerto Rico. Sirva todo lo anterior para concluir que el presente estudio y la divulgación del mapa poético mexicano que nos ocupa nos trae ineludibles resonancias comunes: búsqueda de identidad, necesidad de estudio de la literatura del pasado y análisis de relaciones de nuestras expresiones literarias con Latinoamérica, Europa, África… Y como curiosidad en el apéndice de recomendaciones del citado encuentro de escritores se cita que:  Se ha pensado en crear una entidad editorial… al estilo del Fondo de Cultura Económica de México”, así como la ineludible necesidad “de llevar nuestra literatura a todos los centros educativos de las islas”.

En un ensayo que considera la poesía canaria de los 80, del académico Rafael Fernández, publicado en La Gaceta de Canarias en enero de 1990, se corrobora que se produce, en este tiempo de transición, una poesía de ruptura, también de pastiche, y una retórica del silencio, y que es entonces cuando se inicia un proceso de refundación del espacio mítico y vivencial reconstruido con la palabra y el silencio. Por ello algunas características definitorias de esta etapa vendrán signadas según Fernández por francotiradores que provienen de los 70, y que practican una escritura simbólica de raíz netamente insular y de compromiso con un tiempo y espacio sociohistórico canario, herencia de las vanguardias históricas y que tendrá de tradición y objeto: la imagen como indagación, o como discurso irónico, coloquial y lúdico. A pesar de la falta de homogeneidad en estos poetas insulares, se observará en ellos la fisicidad íntima de lo vivido, la soledad serenamente atemperada, el diálogo fabulado con los clásicos, la huella de la destrucción, lo diatríbico. La isla como ámbito de redefinición constante del discurso poético, como forma de diálogo del ser insular. No olvidemos, con objeto de advertir un tenue comparativismo, que los puntos cardinales de la poesía canaria han sido determinados en intimismo, aislamiento, sentimiento del mar, cosmopolitismo y universalidad, rasgos todos ellos que hemos encontrado sin dificultad en los poetas mexicanos nacidos entre los años 60 y los 80 por ser los que aquí nos interesan. La poesía mexicana que conocemos en esta orilla tiene mucho de Octavio Paz, pero como sabemos, antes hubo mucho de ultraísmo, de surrealismo, de estridentismo, una desintegración simultaneísta de la poesía según refiere el trabajo de Germán Bleiberg y su equipo de colaboradores al abordar la literatura mexicana. Se cita el año diez del pasado siglo como fecha cercana a la fundación del Ateneo de la Juventud, con nombres como José Vasconcelos, Guzmán, Reyes o el dominicano Henríquez Ureña. Con tendencias modernistas de ruptura. Más tarde aparecen los gongorinos, los poetas sociales y la poesía de inspiración popular. La mujer estará muy presente en los nombres de Margarita Paz o Guadalupe Amor. Intimismo, amor a la tierra. Recuperación de la literatura azteca y la historia de la literatura náhuatl parecieron imprescindibles para abarcar todo el fenómeno de la creación entre las raíces prehispánicas y el mundo actual.

Es necesario encontrar en la nueva poesía mexicana el nexo de universalidad que nos une, la ultramodernidad que nos significa, pero también la ancestralidad que evocamos de una identidad raigal.

Por todo ello es fácil concluir que el conocimiento en Canarias de la literatura y el arte mexicano, en general es amplio, aunque no llegue a ser de una profundidad suficientemente significativa. La narrativa de Fuentes, a quien en un ensayo dedica la revista canaria Fetasa, Christopher Domínguez concluye: “Ignoramos si el mitófago acabará siendo devorado totalmente por sus mitos, pero éstos siguen allí, deslumbrantes, en la bóveda espiritual de México. Esta es la grandeza y la miseria de la obra de Carlos Fuentes”. El cine desde Buñuel, la poesía y el ensayo de Octavio Paz, la música popular antecitada, el mariachi o el rock mexicano, los frescos de Rivera o la pintura de Kahlo, han dejado una huella indeleble no sólo en las islas sino en todo el mundo, por lo que es necesario encontrar en la nueva poesía mexicana el nexo de universalidad que nos une, la ultramodernidad que nos significa, pero también la ancestralidad que evocamos de una identidad raigal junto a fenómenos que nos enfrentan a la globalización, a la violencia, la emigración, unidos como estamos por la corriente del Golfo que nos conecta a través del océano.

El maestro de poetas José Lezama Lima se acerca a la poesía mexicana del siglo XVII ocupándose de Luis de Sandoval y Zapata quien, educado en la tradición literaria de los jesuitas del Virreinato, refleja en su poesía el forcejeo conceptualista y el verbo goloso, caracteres que aún hoy se revelan en los nuevos. Y continúa Lezama:

Refugiado Sandoval en el ambiente aromoso de una plantación de café, iba quemando también sus versos en ámbar líquido y en espiral de conceptos inmóviles, hechos para el escamoteo y la delicia táctil (…), contemplando con desgano cómo los indios salidos de las fábricas trabajosas descansan martillando la plata, afilando plumas o se tiñen los senos con delicadas tinturas.

Quisiera concluir con estas dos citas acerca de la importancia de lo simbólico y también del universo mágico que nos envuelve.

Lezama:

Si una poesía de alguno de los nuestros alcanzase tal tejido que mostrase en su esbeltez una realidad aún intocada, aunque deseosa de su encarnación, por tal motivo cobraría su tiempo histórico, recogeríamos claridades y agudezas que despertarían advertencias fieles. Pues el remolino de una imagen encarna al dominar la materia que se configura en símbolo.

También Paz incide en su prólogo a la obra Las enseñanzas de Don Juan en que:

Todos vimos alguna vez el mundo con esa mirada “anterior” pero hemos perdido el secreto. Perdimos el poder que une al que mira con aquello que mira. La antropología llevó a Castaneda a la hechicería y ésta a la visión unitaria del mundo: a la contemplación de la “otredad” en el mundo de todos los días. Los brujos no le enseñaron el secreto de la inmortalidad ni le dieron la receta de la dicha eterna: le devolvieron la vista.

Para mí que estos poetas mexicanos de última generación se afanan en construir el símbolo y como brujos del lenguaje poético hacérnoslo ver con inusitada claridad.

Batea policromada de México, por Roberto Cabrera

Bateas

Es generalmente admitido que los indígenas no recibieron esta artesanía de los españoles sino que desde los tiempos prehispánicos la poseían. La decoración de jícaras y bateas era también conocida.

Fray Juan de San Miguel dejó la descripción de esta artesanía:

“Se producen jícaras y bateas en su mayor parte de forma redonda y de todos tamaños. Las piezas de madera sin pintar se las compran a otros indios.

”Para laquear cada pieza la cubren primero con una mano de litomarga (variedad de arcilla plástica) en que trazan los dibujos, luego recortan éstos con un cuchillo y llenan las incisiones de diversos colores que frotan con el dedo pulgar, los detalles se van agregando con un punzón muy agudo.

”Se pone luego el barniz y se produce el hermoso pulimento bruñendo la superficie con una pelotilla de algodón. La pintura se obtiene de unos pulgones llamados aje que durante las aguas juntan los indios de Huetamo, seis días de camino de Uruapan. Los dibujos representan casi siempre flores que el artista copia de modelos que tiene a la vista”.

Laura Solórzano lo expresa así:

El árbol baja del viento
La voz viene del vértigo
No hay luz como la fronda
Ni fuga como el verbo
El verbo viene del árbol

(“Delonix Regia”)

O así:

Abre el cuarto y dame pan de estar
en cada migaja esparcida. Dame
cuerpo intenso, supremo poder
de nombrar este dedo (…)

Ojo limado por letras y convertido
en palabra de aumento

Daniel Wence lo escribe:

La superstición puede mentir
………………………pero lastima
porque siempre que envejece una a mitad de la calle
envejecen también los tronos incontables del silencio
y en silencio mueren

(“Finito”)

Itzel A. Sosa, en su poema “Revelaciones del verano”, concluye:

Mirando de reojo
abruptamente
el zumbido que se agolpa en los espejos

Raquel Huerta-Nava en un poema dedicado a la ciudad de México:

Las formas del aire son tus penas
Cristales de ciudades enmohecidas
por el peso brutal de tanta historia
el hastío de vivir en un país sin alma

O Angélica Santa Olaya, quien dice:

Yo sólo sé que Xibalbá
está tan cerca de mis raíces
como el vaho del jaguar
que aprisiona la voz de los corderos

(de “No sé nada”)


No preguntes quién soy mientras crezco en tus sombras
Soy un náhuatl etéreo y tú no esperas sentir el frío metal en las entrañas

Karen Villeda en su “Acta I de Comparecencias”, en tono dramático:

CUERPO: las cosas no fueron así
ALGUIEN: ¡Te voy a matar si crees que esto es un poema!
………………………….“un RECUERDOVÓLVER no puede
………………………….usarse en modo alguno más que para matar a alguien”

Dora Moro escribe:

Después de Katrina
paseando sus piernas en medias de trama de malla,
sólo fruta, sólo agua, algo de pan a futuro.
Algunos pueden salir de aquí,
no saben que New Orleáns
es un estupendo lugar para esconderse.


Cuando me acerco al mar ¿a quién me acerco? Tal vez al reflejo de mis años, al vaivén de mi memoria y a la envoltura en cada ola de mi pensamiento y su deseo. Pero si mis años son tan cortos, ¿qué es lo que veo tanto entre tantas ondulaciones, harta también su vasta dimensión?

expone Rodrigo de la Mora en su poema “Trasluz”.

Adán Echeverría expresa:

Mi arcángel se ha perdido en la maleza
su luz ha devastado tu rostro
y te recuerdo hambrienta
dolorosa y culpable de belleza

(“Encontrarte ha sido la caricia del tigre”)

Leticia Cortés, en su poema “Tu voz se filtra en el cuerpo”, termina diciendo:

El tener alas no te salva de la muerte

y León Plasencia Ñol en su poema “Iguanas”:

No había olas, sólo caderas
de mi flaca sumergidas en el agua.

Ileana Garma en los versos finales del poema “Hay rostros que abren un refrigerador” escribe:

Vamos a ladrar
mira
Vamos a ladrar
¿Dónde está tu casa la luz la sed?
¿Ves?
………..eres libre
Vamos a ladrar
Caza tu ausencia

Vamos a ladrar
entiérrala
Vamos a ladrar
antes de que vengan los muertos

En “Hay poetas”, de Daniela Camacho, hallamos estos reveladores versos:

Y si abrimos bien los ojos y las manos
sabremos que hay poetas que dejaron
…………………………………..de temblar:
los huesos de sus almas ya no crujen,
no crepitan,
se han desvencijado con el tiempo.
Pero hay otros que resisten,
no sucumben
nunca lloran
……nunca duermen,
ya hasta sus fantasmas los abandonaron

Jorge Orendáin; “Coleccionista de sombras”:

Yo elijo desde este momento
coleccionar sombras de árboles.

Juan José Macías en “Epiménides de la argucia”:

La mentira es lo real.
La única retórica: el silencio.

A diferencia de la verdad
la mente no rinde su razón ante el misterio.

No hay éxito en el amor. Si lo hubiera
su éxito estaría fundado en la mentira.

La lógica del amor es el fracaso.

Quien ama
hace del artificio el juego de sus obligaciones.

La historia de la verdad
es la leyenda de las certidumbres.

Tomás Ramos, de “Podría sugerir la sutil manera de permanecer sin boca en tanto ruido”:

Cuando emerjo de la calle
traigo estas soledades,
estas voces,
estas palabras perdidas
que encontré en el cantar de las banquetas:
traigo la turbiedad que perdí cuando partiste.

Patricia Garma, de “Amar-go”:

uno odia porque no puede hacer otra cosa
por dignidad
porque hoy es un día frágil…

y de “La madrugada no tiene corazón”:

Yo quería decir algo
pero era un sábado gris y estaba nublado

De “Progreso Inn”:

Me salva ese mosaico de sardinas
tendidas al sol como tesoros de plata
sacudiendo la muerte como escarcha

Luis Aguilar, en “Cosas sencillas colman ya el aburrimiento”:

Salir a la calle Regresar sin caza
Enceguecer frente al destello
Enloquecer la medianoche
Al ojo morboso de la luna
Acaricio largamente la pistola
El vacío balcón de cuarto piso
[Alfiler hendiéndose en la lúnula asustada]
¿Dónde está el silencio repugnante y maldecido?
Esquizofrénica obsesión por la palabra
Mi diálogo con el espejo va picando
[Como sal del mar]
el último rincón
El último muro de agua dulce que cae sobre la casa

Cristina Rivera Garza, de “Las muchas mentiras del lugar”:

Me gustaba decir que era hermoso

(y lo hacía como si describiera a un hombre que describe a una mujer)

bajo el crepúsculo de los adjetivos, mirando hacia todo lo demás
el lugar era plácido, activo, veloz, sublime, amarillo, sonoro.
(…)
érase que se era
y el hombre vuelto mujer se adiestraba en los tres filos de la leyenda,
…los once picos de la maravilla

había una vez

un lugar hermoso porque era mío.

Minerva Aguilar Temoltzin, de “Can-da2”:

Si escribo sobre la nada
esta absoluta, que no sé cómo disolverla en mi interior.

No sé si escribir sobre el tiempo,
sobre el vuelo del halcón o la naturaleza
porque vuelvo los ojos a la luna,
y ésta se detiene impávida a iluminar mi rostro.

Jorge Fernández Granados; de “La higuera”:

creo que fueron los mejores años de mi vida
(…)
llenos de música de ruedas de sangre en las rodillas
(…)
donde no éramos sino velocidad
(…)
la meta era la vieja higuera

Dalí Corona, de “Desbaratado grito”:

Esto que traigo aquí metido entre la piel, entre la carne,
como un hoyo negro que se eriza, como una tristeza incontenible
que desborda el desaliento.
Esto es un calambre, puñalada, esto que es silencio;
muro de sombra inapagable, muro de espectro insostenible,
esto que eres tú: mi sangre, mi delirio, mi tristeza;
grieta que en la noche me habita,
grieta que en la sombra cava.

Gabriela Aguirre Sánchez, de “Recuerdo un sueño que tenía hace años”:

Lo escribo como lo siento
sin detenerme a pensar demasiado
y escribo una carta de despedida
como el suicida
como el que piensa abandonar la casa
mientras otros duermen.
Y digo que no, que así no se puede
y que falta otra luz que no sea esta.

Yiria Escamilla, de “Mujer en reloj”:

Sabemos que una mujer, a las doce de la noche,
aguardará en una oficina el llamado de un médico voyerista
que revisará los moratones de su seno
(cerquita del corazón)
para que toque (con permiso provisional)
el coraje de una vagina violentada.
Porque ella ya no guardará silencio
con camisas de cuello alto,
con maquillaje y la compasión de las vecinas,
porque nadie cree que la viole su marido.

Nadia Arce Mejía, de “Tú”:

Qué maldita, desgraciada, audaz, canija, delicioso corres,
te desmayas en mi boca
Tienes el color saborizante, te caes como cascada en mi garganta
¡Eres mía, así que cállame los miedos de una vez!
Encuéntrame la pena, mójate y remójate en mis labios… piér-de-me y gáname otra vez.

Iliana Rodríguez, “Embosque”:

De lo oscuro
las raíces.
A lo oscuro
los follajes.

Todo ciervo mora en los bosques:
todo bosque lanza sombras:
toda sombra transverbera:
ay, sobras sagitarias,
este ciervo
por el bosque.

Como herido de las cifras.
En la senda de los vientos.

Leonardo Varela:

Debo mirar el mar en el espejo. Debo cerrar los ojos para que el mar acuda a mis orillas inundándolo todo. En el cenit del agua yo lavaré tu cuerpo como quien se prepara para el día, pero el mar no vendrá. Tú serás la primera luz del alba, la isla que duerme arrullada por el rayo, el barco que navega hacia el corazón del remolino.

Gabriela Balderas, de “Arca”:

Antes del diluvio
edificamos en madera de acacias
el arca del corazón
Allí entramos a perpetuar el fuego
en lo alto y lo ancho del espacio
era una llama doble

Patricia Garfias, de “En esta casa de nadie”:

Tendría que hablarte también
(…)
del poema que aún no escribo
y de lo mucho que existes
en este cuerpo

De “Ya lo sabía”:

la soledad se encuentra en medio de la gente
de otro modo
no se advierte que se está solo

Elman Trevizo, de “Divagaciones finales de la poética de un crimen ciego”:

El asesino está en el cuantioso reino del remordimiento.
Tiene un lazarillo que cada vez que abre la boca tropieza con su voz.
Es la justicia terca
pérfida
oceánicamente de peludas axilas
de significada melancolía
y eso lo sabe el asesino.
Sabe también que la justicia es el disfraz de un tipo que anda desnudo.
Sabe —y su mamá se lo dijo muchas veces durante su infancia—
que el último ciego que salga del mundo apagará la luz.

Manuel Becerra Salazar, “Eurídice”:

Cuando entré a la habitación de Eurídice también entró la serpiente. Me arrastré con movimientos mudos por sus noches de matrimonio, me interné hasta su boca, rampante, llegué por el río desvelado de la alfombra hasta ella. Lentísimo la saqué del mar de sus sueños y así me la llevé: húmeda, igualada al violín, a un accidente ingrávido en el aire, con la mesura de la clepsidra. Rompí el cristal de sus ojos con grietas sordas y me arrojé a ellos con la agresiva parsimonia del basilisco. Me destruí en sus caderas con esa enfermedad tan parecida el tango, con el serpeo del rayo en el tiempo de los remolinos, apagado como un fantasma, entrando y saliendo por los sueños de su esposo, sin moverlo, entrando y saliendo con el dolor en voz baja, jadeando con una corona de fuego abrazada a la cintura de Eurídice, en silencio; entrando y saliendo, casi virtuoso, como un asesino.

De “Grecia tiene algo el cielo a cierta hora”:

Ella tiene algo del sur, tal vez su forma de nublarse;
algo de cementerio y de jardines,
algo de estar bajo el trueno,
tal vez sólo sea que en una mañana,
cualquiera, como ésta,
cercana al mar o a la violencia, no importa,
han descubierto su semejanza
con el invierno.

Ella tiene algo de esa belleza, no lo sé muy bien.

 

Notas

  • “Literatura mexicana”, Christopher Domínguez. Revista Fetasa, Nº 3. Ed. Alcandora. 1990. Santa Cruz de Tenerife.
  • “Algunas consideraciones sobre la poesía de los 80 en las islas”, Rafael Fernández. “Gaceta de las Letras”. La Gaceta de Canarias, 14 de enero de 1990. Santa Cruz de Tenerife.
  • Encuentro de Escritores Canarios. Ed. Viceconsejería de Cultura del Gobierno de Canarias, 1994. Santa Cruz de Tenerife.
  • Imagen y posibilidad, José Lezama Lima. Editorial Letras Cubanas, 1981. La Habana, Cuba.
  • “La mirada anterior”, Octavio Paz. En: Las enseñanzas de Don Juan, una forma yaqui de conocimiento, Carlos Castaneda. Ed. Fondo de Cultura Económica de México, 1980. Madrid.
  • Diccionario de Literatura española, Germán Bleiberg y Julián Marías. Ediciones de la Revista de Occidente. 1972. Madrid.
Roberto Cabrera
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