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Ya viene la fuerza: la voz de Eugenia Brito en los 80

lunes 6 de septiembre de 2021
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Eugenia Brito
En Vía pública, Eugenia Brito (Santiago, 1950) tensiona la idea cultural sobre lo femenino.

La represión que Chile vivió a partir del año 1973 afectó a todas las esferas sociales. En el presente esto no es una novedad. Sin embargo, en dicha época, más que en ningún otro momento de la existencia, la vida era fugaz, prestada. Bastaba con estar en el momento equivocado a la hora incorrecta y era posible perderla. La configuración de la sociedad tras el golpe militar también se vio perdida. Esto porque reinaba el caos y la incertidumbre. Chile estaba en guerra; por lo tanto, las comunidades y lo doméstico se encontraban en territorio arenoso, inseguro.

Si la inseguridad se presentaba en esferas que aparentaban ser tan sólidas como la justicia, lo económico o el hombre como sustento de la casa, ¿qué más se podía esperar para las mujeres? Estas ciudadanas de, todavía, segunda clase, continuaban siendo miradas en menos en las calles, juzgadas por sus aparentes sensibilidades y violadas o asesinadas sin pudor alguno por los militares a cargo. ¿Cómo podían aportar a la sociedad, a la protesta sin ser cuestionadas? ¿La escritura desde la mujer podría realmente tener alguna influencia sobre las relaciones con este sector?

Con esto en mente, en este trabajo tomaremos como base la obra de Eugenia Brito (Santiago de Chile, 1950), intentaremos comprender cómo esta autora consigue reunir en su poética temáticas que eran consideradas tabú para las mujeres: lo político en todas sus esferas, las nociones tradicionales (y no tanto) de lo femenino (su eroticidad, domesticidad, marginalidad) en época de dictadura, entendiendo la poesía como un medio “inofensivo” para entregar un mensaje revolucionario. Nos enfocaremos precisamente en Vía pública, poemario escrito entre los años 1975 y 1983.

“Vía pública”, de Eugenia Brito
Vía pública, de Eugenia Brito (Editorial Universitaria, 1984).

No resulta aleatorio contextualizar cuál es el estado del movimiento feminista en Chile cuando estas producciones literarias se trabajaron. De acuerdo a Julieta Kirkwood, la precursora del segundo movimiento feminista en Chile, era de suma importancia que se volviera a consolidar un grupo que llamara la atención no sólo para pelear la posición política de la mujer dentro de las esferas del gobierno sino también para modificar su rol en la sociedad y generar verdaderos cambios en temas de derechos humanos. En Ser política en Chile (1982), Kirkwood declara:

En un sistema político como el del Chile actual, en que se cierra totalmente la posibilidad de expresión de los proyectos globales de liberación económica, política y social, es más probable que lleguen a hacerse manifiestas aquellas demandas específicas, como la reivindicación feminista (…); la opresión femenina deviene en reacción (26).

Julieta Kirkwood menciona en su trabajo que se tenía la percepción de la mujer en medio de un conflicto social como un ente pasivo. Se veía como la encargada de mantener la calma, de cuidar a los hijos, etc. Esto hasta que se encontraban con un mayor peso opresivo por parte de los poderes gubernamentales y no sólo los ideológicos de la silenciosa cultura machista.

Vía pública (1984) desde su título ya nos lleva a una reflexión interesante sobre el estado de la mujer y sus pensamientos en la época.

En términos de políticas de género no existió un cambio real antes o después del golpe más que lo evidente: en la Unidad Popular no eran violadas en masa, ni obligadas a separarse de sus hijos y familia, pero no se trataba de un gobierno pro igualdad en lo absoluto y en época de dictadura parecía que el tema era otro. En el mismo texto, Kirkwood explica que “el movimiento femenino emergente podría quedar realmente desarticulado del proyecto global de liberación y éste aparecería, nuevamente, insuficientemente formulado” (27). Es decir, el rol de la mujer activista y sus problemáticas —que parecían ser ajenas— se desvincularon del movimiento social contra la dictadura. Es en ese contexto que las mujeres comenzaron a buscar plataformas y vías de expresión que se ajustaran a sus necesidades.

El trabajo de autoras como Teresa Calderón, Heddy Navarro, Carmen Berenguer, Elvira Hernández y Eugenia Brito, entre otras, resulta importante y llamativo. Son mujeres que se atrevieron a dar cuenta, desde la poesía, de una realidad y de sus vivencias, siempre conscientes de que existía cierto velo que les impedía expresarse con libertad.. Así, Vía pública (1984) desde su título ya nos lleva a una reflexión interesante sobre el estado de la mujer y sus pensamientos en la época. Estar en la vía pública nos sitúa en un espacio vulnerable, donde estamos pero a la vez no. Tener esto en mente es relevante para la lectura de este poemario, el cual, en palabras de Patricio Ríos, “es apenas conciencia: lenguaje. Vía pública y como tal un escenario lleno de presencias”. Todo esto se intensifica cuando pensamos en el contexto donde el trabajo fue producido. La vulnerabilidad y el estar o no se enlazan con las vivencias de los habitantes de Chile en dictadura.

Un tópico que se repite dentro del poemario de Eugenia Brito es la identidad femenina. La forma en que la mujer se ve tanto física como mentalmente son nociones que se encuentran en diversos trabajos de este poemario. Esto tiene relación con la idea que relata Julieta Kirkwood al indicar que “(…) las propias mujeres no siempre se visualizaron a sí mismas como objetos de una discriminación específica, no postulándose, por lo tanto, como sujetos reivindicando su propia opresión, sino aceptando, bien o mal, la idea cultural predominante sobre lo femenino” (49). Eugenia Brito tensiona esta idea cultural sobre lo femenino. A pesar de que en varios poemas existe esta especie de mujer pasiva, frágil, a la que le pasan cosas, también desconfigura ciertas imágenes y conceptos que parecen estáticos.

En el apartado inicial del poemario, llamado “El rostro”, tenemos “Historia”. Este poema es uno de los primeros que nos permiten observar el carácter del ser intermitente que mencionábamos anteriormente, puesto que no se caracteriza como un ser humano, sino como un elemento de la naturaleza: “Bajo los verdes árboles planté mi cabellera / los hice girar / cada una de sus hojas eran mis pelos y mis brazos ya no subían al cielo / se quedaban quietos” (12). Es posible visualizar en esos versos cierta conciencia de quién es; sin embargo, la identidad está desdibujada por la cosificación de esta mujer, “como la luz del día /me fui llenando de grietas”, indica la hablante. Esto hace referencia a la fragmentación de la luz. El poema continúa en el mismo tono lúgubre pero a la vez natural. Lo que destaca en lo abordado es que existe la idea de una mujer siendo reprimida: “Sus brazos ciegos / me cortaron la boca”, pero no se indica desde dónde viene este abuso. Pareciera ser que hay una fuerza, un poder superior que realiza estas acciones. Es la ambigüedad de este trabajo lo que le entrega potencia y que permite hacer de ese poema uno tan interesante para leer con el foco dictatorial en mente.

Eso, hasta “Ronda”, en la sección “Muros” del poemario. Aquí tenemos que identidad, femineidad y corporeidad se despliegan al mismo tiempo en una creación mucho más específica:

Ahora comprendo mi piel y mis huesos
El tañido funerario de todas mis canciones
El blanco color opaco de mi espejo
La oquedad de mis sienes
Yo soy la madre…….vengo desde la altura
He perdido a mi hijo
Y soy su tumba (36).

Este poema da cuenta de una configuración del sujeto-mujer desde la piel y los huesos, como dando a entender que antes de todo se es humano. La corporalidad de este individuo es importante porque luego se transforma en Madre, la figura femenina por excelencia que, aunque hoy en día puedan ser visiones que no están para nada enlazadas, sí respondía a un tipo de mujer “desarrollada” en la época. Esto se ve truncado inmediatamente en el verso siguiente, donde nos habla de que ha perdido a su hijo y es su tumba. El juego con lo tabú en este poema es mucho más claro; se habla de la madre y de la muerte como ideas que van de la mano. Muy contrario a la creencia popular de la madre y la vida. Con el peso del contexto de la época, no resulta difícil comprenderlo como un poema que pone en tensión lo políticamente correcto y la posición de la mujer.

Brito no pretende alejar a la mujer de la cotidianidad. Sus poemas no son trabajos aislados que se crean meramente para la satisfacción intelectual.

“Proposiciones”, por ejemplo, da inicio con una frase de la cual podemos desprender un significado claro: entender el sexo femenino biológico como un peso. “Huir del útero y sus multiplicaciones” (35) evoca un rechazo a esta condición de mujer, pero finaliza con “También sabe alzarse y reclamarme la vida” (35), lo que nos permite inferir que existen ansias de rebelión por parte de las mujeres a las que Eugenia Brito perfila.

En “Sabias palomas” nos podemos percatar de una especie de crítica a la panorámica de la época: “Continuas iluminaciones borran la ciudad / bajo el peso de su corona caen siempre los héroes” (47); se comienza así a entramar un poema que tiene reminiscencias políticas. Los héroes deberían entenderse como aquellos que están en el poder, cuyo mandato se va extinguiendo. “El tiempo destruye esa ceguera y su ciudadanía / Por ahora sólo las palomas”. La mención de las palomas en el verso le da un tono realista al tema de la ciudad. Es evidente así que Brito no pretende alejar a la mujer de la cotidianidad. Sus poemas no son trabajos aislados que se crean meramente para la satisfacción intelectual sino que crean construcciones nuevas de mujeres, muchas veces mutiladas, pero capaces de seguir luchando, mujeres que se encuentran rotas pero tienen una voz potente y un nuevo filtro para mirar la realidad. Es sumamente interesante cómo Brito no crea mujeres masculinizadas para reflejar esa lucha sino que se hace cargo de reflejar que en la vulnerabilidad se puede tener fortaleza.

 

Referencias bibliográficas

  • Brito, Eugenia. Vía pública. Editorial Universitaria, 1984.
  • Kirkwood, Julieta. “Política del feminismo en Chile”, 1983.
  • Kirkwood, Julieta. El feminismo como negación del autoritarismo. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, 1983.
  • Nómez, Naín. “Transformaciones de la poesía chilena entre 1973 y 1988”. Estudios Filológicos 42 (2007): 141-154.
  • Palestro, Sandra. Mujeres en movimiento, 1973-1989. Disponible en Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile. Accedido el 8 de noviembre de 2017.
Alfredo Fredericksen Neira
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