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Pensar el arte hoy

lunes 18 de marzo de 2024
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Jacques Lacan
A través de las “tres estéticas” de Jacques Lacan (1901-1981) podemos comprender las tendencias del arte contemporáneo. Fausto Giaccone • 1974

¿Cómo abordar el arte en lo que va del siglo XXI? Si nos desprendemos de los conceptos tradicionales de las historias del arte y de la crítica especializada para vincularlo con la época, los modos abarcarían no sólo una localización epistemológica. Por “localización epistemológica” podríamos entender aquí el anclaje del artista, del músico, del narrador o del poeta en los territorios simbólicos donde se desarrolla y piensa la obra. Todas las formas del arte se deben a los estilos de sus creadores. La creación en sí misma es una cuestión poco fácil de develar a menos que estemos dispuestos a superar alguna pereza hermenéutica: la significación, por de pronto, pertenece al autor y al receptor de la obra, sea éste usuario lego, semiólogo o especialista. La historia ha ido sumando capas interpretativas del arte y nosotros las fuimos incorporando a nuestra cultura inconsciente o conscientemente. Según Hans-Robert Jauss, “comprender es apropiarse activamente de una obra por medio de las apropiaciones anteriores que constituyen la historia de su recepción”.

Los criterios vigentes hasta hace poco sobre el arte contemporáneo decían que el contenido es la forma y viceversa (coherencia visual, texto armónico, cohesión en el significante dan por resultado una unidad). Todas las artes aspiraban a ser, así, pura-forma. Con el advenimiento de las nuevas tecnologías durante el posmodernismo, el espectador comenzó a gozar de la interrogación que la obra provocaba a través de su texto. Abstracto, desplazado o incluso intencionalmente precario, éste provocó miradas escópicas. Los excesos de estilo, algunos debilitamientos y las extralimitaciones de las obras pusieron al lector, al oyente o al espectador en una posición de desafiante incertidumbre y desasosiego que lo atraía como a un voyeur. Íconos como Duchamp, Ferrari; las obras dodecafónicas influidas por el atonalismo libre; los mestizajes de género en cuento y novela o el surrealismo en poesía, todos son técnicas y estilos que fuimos naturalizando durante el transcurso del siglo, tan sólo por disfrutar de la lectura de un libro, de una provocadora instalación u oír nuevos acordes y despiadadas letras de rock, del nuevo pop, de una ópera moderna.

En un sentido muy diferente al de Jauss, Lacan se ocupó de la estética/ética (psicoanalítica) y de la del arte. Configuró, en sus Seminarios VII y XI, lo que llamaríamos “las tres estéticas”. A saber: la estética del vacío; la anamórfica y la estética de la letra. ¿Por qué me refiero (sucintamente) a ello? Porque también el sujeto ha cambiado brutalmente desde que Aristóteles estudió el fenómeno de la creación, aunque mantenga similares estructura psíquica, mecanismos de defensa y pulsión. Y este sujeto, artista o usuario de la obra, hubo de adoptar nuevas y distintas actitudes frente al texto artístico que no se agotan, a mi juicio, en hermenéuticas tradicionales. Veamos.

Más cerca del goce que del deseo, estos tiempos compelen al sujeto a hacer y reaccionar o reaccionar haciendo.

En la primera estética a que refiere Lacan, el vacío organiza y llega a actuar sobre el cuerpo del usuario o artista realizando una suerte de “pasaje-pase” de lo no dicho o desgarrado… Lo que va incluso más allá de las defensas del autor o usuario frente a lo real: la belleza se manifiesta por “re-presentación” de lo real, u oposición a ello —“feísmos”, “surrealismos”, etc.—, cumpliendo siempre una función ordenadora. Hoy, sin embargo, el sujeto se encuentra desbordado, no sufre el vacío (articulado a la falta) de que da cuenta el cine francés de los sesenta del siglo anterior o que se encuentra en los textos y guiones de Marguerite Duras, en las novelas de Manuel Puig y en el cine de Ingmar Bergman… Más cerca del goce que del deseo, estos tiempos compelen al sujeto a hacer y reaccionar o reaccionar haciendo. Asimismo, se confunde obligación con derecho, aun cuando podríamos decir que la consciencia kantiana se ha reducido ya a los ámbitos forense, religioso, eclesiástico… El derecho a la salud, verbigracia, al ser percibido como una prestación obligatoria, nos empuja a hipocondrías, obsesiones radiográficas, exámenes innecesarios y constantes. Y las adicciones, los ritos, las inscripciones en el cuerpo; las banalizaciones del discurso y la palabra, hecha metonimia vulgar en las redes más agresivas, contribuyeron a que el sujeto imite, repita; agreda, rechace o acepte casi en automático. La descarga en la literatura catártica guarda sus reglas, no cualquier descarga es arte. Quizá el pintor descarga con el cuerpo sin mediar con la razón como ocurre con el músico o el escritor. Descarga/sublimación… Pero aunque el Grito de Edvard Munch siga cosechando aplausos en quienes gustamos de la plástica, no estaría mal recordar que Munch pertenece al siglo XIX y la obra es escandinava. El vacío vinculado al horror de lo real, sublimado por el pintor noruego, hoy expresa simbólicamente lo que vivimos de cuerpo entero porque el grito, en el orden de la conducta, pasa a ser un pasaje-al-acto, una actitud disruptiva y dolosa, en tanto donde no hubo escucha y quizá, tampoco palabra, los hechos son los únicos protagonistas. Silencios, deseo y vacío modernos versus ruidos, goce e impericia “posmos”…

La segunda estética de Lacan se relaciona con la obra misma: hay un disfrute de la mirada que, pacífica y lentamente, se deja atraer por la lectura, el oído, la visión del texto: el usuario se siente representado ya que no puede hacerlo por sí y respecto de sí mismo… Él se antepone a la estética. Como si dijera “cuánto amo, cuánto…”, no amando con pasión en su vida doméstica a los suyos pero involucrado en el relato, merced al que ese amor se le transforma en amor —objeto/pulsión. Fundada en lo opuesto a la tradicional belleza de Dionisio, esta estética anamórfica se atreve incluso a lo que aún “no puede” ser dicho. Sin embargo, ahora que en nuestra época prácticamente “todo es dicho”, cualquier estética se expresa en su factualidad extrema: el cine de terror; los documentales sobre toda clase de ilícitos en el internet negro (dark web, deep web), las snuff movies; la narrativa que describe minuciosamente hechos aberrantes, etcétera.

Hay repetición en tanto el exceso de lo real vigente, puesto de manifiesto en la letra, conlleva al artista y su obra a una reducción del significante.

Por último, la tercera estética de Lacan refiere a la letra. Hay repetición (en la obra, no se refiere aquí el psicoanalista al síntoma freudiano) en tanto el exceso de lo real vigente, puesto de manifiesto en la letra, conlleva al artista y su obra a una reducción del significante, es decir, a revertir una innecesaria amplificación pues el usuario comprende aceptando el código de lo “resumido”. Joyce “reduce” en hipérbole: paradójicamente, amplifica el sentido literario en múltiples direcciones posibles, acentuando al máximo la reversa. Otro ejemplo, el haikú japonés, bastante occidentalizado, que constituye un modelo de significante reducido al contraer concentrando la expresión mediante una métrica y paradigmas convencionales.

Cada artista, músico, escritor, poeta posee y ejerce su propia ecuación. Hoy convive la poesía de versos libres con la que respeta la métrica; la que relata con la que sintetiza como el haikú; la poesía con la filosofía poética. Y sobreviven los mestizajes musicales, las elaboraciones tecnológicas, el llamado “bioarte”, y los microrrelatos y cuentos brevísimos nos hablan de entrecruzamientos según diversas escuelas y estilos. Es que donde haya algún vacío o aturdan los excesos, la música, la literatura y el arte reorganizarán al sujeto. No lo salvará ni curará de nada; sólo (y nada menos) le permitirá significar el mundo fuera de la legalidad rutinaria propia de esas vidas constituidas por una sucesión de inacabados malentendidos, frustraciones y felicidades banales y efímeras. Después de todo, ¿no se trata el arte de un devenir simbólico singular (re-presentación finita del universo) que nos alza, dignos, frente la muerte?

 

Bibliografía consultada

  • Lacan, Jacques. Lituraterra, Roma: Astrolabio, 1996.
    . Seminarios VII y XI, Buenos Aires: Paidós, 1992 y 1993.
  • Recalcati, Massimo. Las tres estéticas de Lacan, Buenos Aires: Ediciones del Cifrado, 2006.
  • Zavala, Iris M. Leer el Quijote. Siete tesis sobre ética y literatura. Barcelona: Anthropos, 2005.
Paula Winkler
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