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Sherlock Holmes en Whitechapel:
la transposición alemana de Jack el Destripador

lunes 12 de octubre de 2026
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Arthur Conan Doyle
Conan Doyle construyó un personaje tan poderoso que pronto se convirtió en un fenómeno editorial transnacional mediante relatos ajenos a su control directo. 📷 Retrato al óleo de Arthur Conan Doyle (1927) por Henry L. Gates

1. Introducción

Sherlock Holmes y Jack el Destripador son figuras que parecen estar predestinadas para encontrarse. Los dos quedaron unidos al Londres victoriano, a sus calles oscuras, a Scotland Yard y a una imaginación moderna del crimen que continúa produciendo novelas, películas, series y videojuegos. Pero hay una diferencia fundamental entre ellos. Holmes representa al detective capaz de convertir los rastros más insignificantes en una explicación racional;1 Jack el Destripador permanece, por el contrario, como uno de los criminales más famosos cuya identidad nunca llegó a establecerse de manera concluyente. Enfrentarlos supone poner frente a frente al gran descifrador de enigmas y a uno de los mayores enigmas de la historia criminal.

Al respecto, debe recordarse que Sherlock Holmes había hecho su aparición pública en Estudio en escarlata, publicado en 1887, apenas un año antes de los asesinatos de Whitechapel, que comenzaron a producirse en 1888. Pero la proximidad no es sólo editorial. Dentro de la ficción de Conan Doyle, Holmes también se encontraba activo en Londres durante ese mismo año: Escándalo en Bohemia, por ejemplo, fecha expresamente el comienzo de su aventura el 20 de marzo de 1888 (Relatos I, p. 6),2 y otros casos han sido situados a lo largo de ese año a partir de las indicaciones temporales del canon y de las posteriores reconstrucciones cronológicas.

Cinco asesinatos cometidos en Whitechapel entre el 31 de agosto y el 9 de noviembre de 1888 quedaron posteriormente asociados de manera más estrecha con Jack el Destripador.3 Aunque no existe acuerdo absoluto sobre el número de víctimas, otros homicidios cometidos antes y después de esas fechas también fueron relacionados con él, pero con un grado mucho menor de consenso.

El 16 de mayo de 1907, unos diecinueve años después de que comenzaran a cometerse esos asesinatos, el número 18 de la serie alemana Aus den Geheimakten des Welt-Detektivs publicó Cómo fue capturado Jack el Destripador,4 que podría ser considerado como el primer relato que enfrenta explícitamente a Sherlock Holmes con el asesino del East End londinense. La proximidad temporal resulta significativa. Los crímenes de Whitechapel pertenecían todavía a un pasado relativamente cercano y Conan Doyle continuaba escribiendo nuevas aventuras de Holmes. El relato alemán no reunía, por tanto, retrospectivamente, a dos figuras de una época ya cerrada, sino que enfrentaba a un personaje literariamente vigente con uno de los grandes criminales no identificados de su tiempo.

El encuentro planteaba, sin embargo, una dificultad narrativa evidente. Un Sherlock Holmes incapaz de descubrir la identidad del Destripador habría puesto en cuestión la excepcional competencia que caracteriza al personaje, pero identificarlo, capturarlo y entregarlo públicamente a la justicia habría contradicho uno de los datos fundamentales del caso histórico: Jack el Destripador nunca fue identificado de manera concluyente. Kurt Matull y Matthias Blank debían conseguir, por tanto, que Holmes resolviera el enigma sin contradecir lo que sus lectores sabían del caso: que la identidad del Destripador nunca había llegado a hacerse pública. La solución que encontraron, basada en separar aquello que Holmes consigue descubrir de aquello que finalmente llega a conocimiento público, constituye uno de los aspectos más interesantes de su trabajo.

El relato no construye su trama sobre una representación enteramente imaginaria de Whitechapel. Por el contrario, Matull y Blank incorporan numerosos elementos procedentes de los acontecimientos de 1888 y los combinan con materiales propios de la ficción holmesiana. Esa superposición entre historia y literatura permite que el encuentro entre Holmes y Jack el Destripador se presente no como una simple fantasía retrospectiva, sino como una posible prolongación de la cronología ficcional de Holmes dentro de la historia criminal de Londres.

Para comprender ese cruce, conviene establecer primero dónde puede situarse a Sherlock Holmes durante 1888 y recordar algunos aspectos centrales de los crímenes de Whitechapel, antes de observar cómo Matull y Blank combinaron ambos materiales y consiguieron que el detective más famoso de la ficción resolviera, al menos sobre el papel, uno de los casos criminales más célebres de su tiempo, y le diera, desde la ficción, un desenlace que la historia no había proporcionado.

 

Sherlock Holmes y John H. Watson
Según el canon, Holmes se mantuvo en continua actividad durante los meses en que se produjeron los crímenes de Whitechapel, pero no de manera incompatible con una investigación de esos hechos, lo cual fue aprovechado por los autores alemanes. 📷 Ilustración de Sidney Paget para “La cara amarilla” (1893) en The Strand Magazine

2. Sherlock Holmes y los crímenes de Whitechapel en 1888

La cronología de Sherlock Holmes presenta dificultades conocidas. Conan Doyle ofrece fechas precisas en algunos relatos, indicaciones aproximadas en otros y, en ciertos casos, datos difíciles de conciliar entre sí. A ello se añade un número considerable de investigaciones mencionadas por Holmes o Watson que nunca llegaron a ser narradas. Por esta razón, conviene distinguir entre las fechas expresamente indicadas en el canon y las reconstrucciones propuestas posteriormente por los cronologistas holmesianos.

La denominación “crímenes de Whitechapel” abarca un conjunto más amplio que los cinco asesinatos habitualmente asociados con Jack el Destripador. El expediente policial de la Metropolitan Police reúne bajo ese nombre los homicidios cometidos en el East End entre la muerte de Emma Elizabeth Smith, en abril de 1888, y la de Frances Coles, en febrero de 1891; dentro de esa serie, Mary Ann Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride, Catherine Eddowes y Mary Jane Kelly fueron posteriormente consideradas las víctimas más probablemente vinculadas con un mismo asesino. La atribución nunca fue unánime, ni siquiera entre los investigadores contemporáneos, y casos anteriores como los de Smith y Martha Tabram también fueron relacionados con aquella sucesión de asesinatos. Los hechos se concentraron principalmente en Whitechapel y Spitalfields, sectores del East End marcados por la pobreza, el hacinamiento y una elevada movilidad de población, sometiendo a una fuerte presión a la división H de la policía londinense. La investigación alcanzó además a la City of London Police cuando Catherine Eddowes fue asesinada en Mitre Square, dentro de su jurisdicción. A la investigación policial se sumó una intensa cobertura periodística que contribuyó a transformar una serie de asesinatos locales en un acontecimiento de alcance nacional y a consolidar la figura de “Jack el Destripador”. Begg y Bennett (2013) recuerdan que el propio expediente policial comprende una serie más amplia que las llamadas cinco víctimas canónicas y que la atribución de todos esos crímenes a una misma persona fue discutida desde la época.

William S. Baring-Gould (1962; edición en español, 1999) elaboró una de las cronologías más extensas de la actividad de Sherlock Holmes y, al reconstruir el año 1888, intercaló los casos del detective con algunos de los crímenes cometidos en Whitechapel. El resultado permite advertir que ambas secuencias no sólo coinciden en el mismo año, sino que se desarrollan de manera materialmente compatible. Para comenzar, en los días 7 y 8 de enero podemos situar El valle del terror, precedido por dos investigaciones en las que Holmes había colaborado con el inspector MacDonald (Novelas, pp. 643 y 644).

El 3 de abril de ese año se registra la agresión mortal contra Emma Elizabeth Smith frente al número 10 de Brick Lane5 y, apenas cuatro días después, el 7 de abril, se sitúa la acción de Holmes en La cara amarilla. Entre finales de abril y comienzos de mayo se desarrolló el asunto de los camafeos del Vaticano, uno de los casos mencionados, pero no narrados por Watson (Novelas, p. 409).

La superposición continúa durante el segundo semestre de 1888. Martha Tabram fue asesinada el 7 de agosto en el rellano del primer piso de George Yard Buildings y también fue vinculada con la serie. El 31 del mismo mes murió Mary Ann Nichols frente al 8-9 de Buck’s Row; su asesinato suele considerarse el primero de los cinco más estrechamente asociados con Jack el Destripador.

Antes de septiembre, Baring-Gould sitúa varias investigaciones de Holmes cuya duración y localización exactas desconocemos: la complicación doméstica de la señora Cecil Forrester (Novelas, p. 227), el caso de la mujer más atractiva que Holmes declara haber conocido y que había envenenado a tres niños para robarles el dinero del seguro (Novelas, p. 235), el de la joya de Bishopsgate (Novelas, p. 279) y el pequeño caso de Wilson (Novelas, p. 444). Ninguno de estos casos obliga, sin embargo, a situar a Holmes fuera de Londres, ni permite reconstruir una ocupación continua que excluyera una eventual investigación de los hechos de Whitechapel.

Durante septiembre, las dos cronologías se entrelazan de un modo aún más estrecho. Baring-Gould ubica el caso de Manor House (Relatos I, p. 643) entre el 3 y el 8 de septiembre, y ese último día fue asesinada Annie Chapman en el patio trasero del 29 de Hanbury Street. Entre el 10 y el 15 sitúa el caso del testamento francés (Novelas, p. 219); el 12, El intérprete griego, y entre el 18 y el 21, El signo de los cuatro. Cuatro días después, el 25 de septiembre, comienza El sabueso de los Baskerville.

Este último caso resulta relevante para establecer el posible paradero de Holmes a finales de septiembre. La investigación comienza en Londres con la llegada del doctor Mortimer y sir Henry Baskerville. Holmes decide que Watson acompañe a sir Henry a Devonshire, mientras él permanece aparentemente en Londres, ocupado además en un asunto de chantaje. Baring-Gould fecha esta primera fase entre el 25 y el 29 de septiembre. Holmes afirma, entonces, que no puede abandonar Londres, y dispone que Watson viaje con sir Henry.

Durante la madrugada del 30 de septiembre fueron asesinadas Elizabeth Stride, en Berner Street, y Catherine Eddowes, en Mitre Square. Baring-Gould coloca ambos crímenes dentro del período correspondiente a El sabueso de los Baskerville. En su reconstrucción de la novela, el capítulo que comienza ese mismo domingo 30 presenta a Watson informando desde Devonshire a Holmes, que podría encontrarse todavía en Londres.6

El asesinato de Mary Jane Kelly, el 9 de noviembre, en el 13 Miller’s Court, Dorset Street, se produce después de la conclusión del caso Baskerville según esta cronología. Entre el 20 de octubre y finales de noviembre, Urceloy (2009) coloca otros dos asuntos apenas mencionados en el canon: el escándalo de naipes del Nonpareil Club y el caso de Mme. Montpensier falsamente acusada de la muerte de su hijastra (Novelas, p. 601).

La cronología de 1888 muestra, por tanto, una actividad continuada de Holmes durante los meses en que se produjeron los crímenes de Whitechapel, pero no establece una secuencia cerrada que resulte incompatible con una investigación de esos hechos. Los casos narrados fijan algunos momentos concretos; los casos sólo mencionados amplían su actividad sin precisar siempre fechas, duración o desplazamientos. Tampoco era necesario que Holmes se encontrara en Londres en la fecha exacta de cada asesinato: una investigación podía iniciarse después de producido el crimen, continuar entre un asesinato y otro o desarrollarse a partir de los indicios reunidos por la policía, y muchas veces así sucedía en el canon. La transposición alemana de 1907 podía, en consecuencia, atribuirle a Sherlock Holmes una investigación de los crímenes de Whitechapel sin alterar de manera sustancial la cronología conocida del personaje.

 

3. Las transposiciones alemanas de Sherlock Holmes

La aparición de Sherlock Holmes en la literatura popular alemana debe situarse dentro de la expansión que experimentó el Heftroman a comienzos del siglo XX. A partir de 1905, el éxito de colecciones protagonizadas por personajes como Buffalo Bill y Nick Carter mostró la existencia de un amplio mercado para publicaciones económicas que ofrecían, en cada entrega, una aventura completa protagonizada por un personaje recurrente. En enero de 1907, la Editorial de Literatura Popular y Arte7 de Berlín aplicó ese modelo a Sherlock Holmes y comenzó a publicar la serie El detective Sherlock Holmes y sus aventuras mundialmente famosas.8 Cada semana aparecía una nueva historia en un fascículo de gran formato vendido por veinte pfennigs.

“El detective Sherlock Holmes y sus aventuras mundialmente famosas” (1907), de la Editorial de Literatura Popular y Arte de Berlín
El detective Sherlock Holmes y sus aventuras mundialmente famosas (1907), de la Editorial de Literatura Popular y Arte de Berlín.

Este tipo de relato corresponde además a un momento en que el policial todavía no había quedado sometido a las reglas más estrictas que impondría posteriormente la novela-problema. Setton señala que, hasta comienzos de la década de 1910, “el género policial se había caracterizado por un formato menos rígido” y convivía con tradiciones muy diversas, entre ellas las de Schiller, E. T. A. Hoffmann, Conan Doyle y los folletines de Nick Carter (2012, pp. 74-75). Esa limitada rigidez del género ayuda a comprender una serie que toma a Sherlock Holmes como protagonista, pero lo incorpora a relatos en los que la investigación convive con la aventura, el melodrama y la acción física.

Los relatos publicados en Alemania no eran traducciones de los de Conan Doyle, sino nuevas historias que utilizaban a Sherlock Holmes y algunos elementos reconocibles de su universo ficcional. La serie se atribuye actualmente a Kurt Matull y Matthias Blank, quien utilizó el seudónimo Theo von Blankensee. El nuevo Holmes conservaba su profesión de detective consultor, su residencia en Baker Street y algunos de los procedimientos y rasgos que permitían reconocerlo, pero los autores modificaron libremente el modelo. Entre esos cambios destaca la incorporación del joven Harry Taxon como ayudante del detective, personaje que ocupó en buena parte de la serie una función próxima a la de Watson, aunque sin reproducir exactamente su papel dentro del canon. La propia colección se presentaba como si Taxon publicara los casos extraídos de los archivos secretos de Holmes.

La utilización del nombre del detective inglés no tardó en ocasionar problemas. Robert Lutz, editor de las obras de Conan Doyle en Alemania y titular de los derechos de publicación en ese país, emprendió acciones contra la Editorial de Literatura Popular y Arte. El conflicto terminó mediante un acuerdo extrajudicial que obligó a la editorial a pagar una compensación y, desde el número 11, a retirar el nombre de Sherlock Holmes del título general de la colección. La serie pasó entonces a denominarse De los archivos secretos del detective mundial.9 El cambio afectó al encabezamiento, pero no a los relatos: dentro de ellos el protagonista continuó llamándose Sherlock Holmes y la presentación gráfica mantuvo la identificación del “detective mundial” con el personaje de Conan Doyle.

La modificación del título no detuvo la colección. La serie alcanzó 230 entregas10 y permaneció en circulación hasta 1911. Este dato permite medir el alcance de una apropiación de Holmes que no se limitó a una imitación aislada, sino que dio lugar a una extensa producción narrativa paralela y seriada. Las historias alemanas tomaban un personaje ya conocido internacionalmente y lo colocaban frente a nuevos criminales, escenarios y situaciones que no procedían del canon de Conan Doyle.

Ese proceso modificó también algunos rasgos del detective y de su universo narrativo. En estas transposiciones, Holmes aparece con mayor frecuencia envuelto en persecuciones, combates, disfraces, desplazamientos y situaciones de peligro que ocupan un espacio más amplio que en el canon doyleano. También cambia la figura de su acompañante: Watson es sustituido por Harry Taxon, un ayudante más joven y más implicado en escenas de acción. La pesquisa deductiva no desaparece, pero cede el centro del relato a procedimientos propios de la aventura y de la literatura popular seriada. Más que medir estas historias únicamente por su mayor o menor fidelidad a Conan Doyle, interesa observar cómo adaptan al personaje a un nuevo régimen narrativo y amplían su campo de acción más allá de las historias escritas por su creador originario.

“Memorias íntimas del Rey de los Detectives” (1909), de F. Granada y Cía.
Memorias íntimas del Rey de los Detectives (1909), de F. Granada y Cía.

Dentro de esta serie apareció Cómo atraparon a Jack el Destripador.11 El relato ocupa el número 18 de Aus den Geheimakten des Welt-Detektivs y conserva de manera expresa a Sherlock Holmes como protagonista. A diferencia de muchas aventuras de la colección, esta enfrenta a Holmes con una figura procedente de la historia criminal de la época. Los autores introducen al detective en una serie de acontecimientos históricos conocidos por sus lectores y le atribuyen la resolución de un caso cuya autoría seguía sin haber sido establecida públicamente. El problema ya no consistía sólo en construir una nueva aventura de Sherlock Holmes, sino en hacer compatible esa aventura con lo que se sabía de los asesinatos de Whitechapel.

La circulación internacional de estas aventuras comenzó muy pronto. Hubo versiones francesas, polacas y de otros países europeos, y la colección llegó también al ámbito español. En Barcelona, F. Granada y Cía. comenzó a publicar en 1909 las Memorias íntimas del Rey de los Detectives.12 En el número 5 de esa colección, que apareció el 10 de diciembre de 1909, figuró, precisamente, Jack, el Destripador, versión de Wie Jack, der Aufschlitzer, gefasst wurde.13 La rapidez de esta circulación muestra que las aventuras de Matull y Blank formaban parte de un fenómeno editorial transnacional que expandía a Sherlock Holmes mediante relatos ajenos al control directo de Conan Doyle.

 

4. Sherlock Holmes y Jack el Destripador transpuestos en Alemania

El relato de Matull y Blank construye el enfrentamiento entre Sherlock Holmes y Jack el Destripador mediante una combinación de elementos procedentes del canon holmesiano y de los crímenes de Whitechapel. Esa doble referencia permite insertar la aventura en la trayectoria conocida del detective y, al mismo tiempo, vincularla con personajes, lugares, datos e hipótesis asociados con los acontecimientos de 1888.

En algunos casos conserva datos comprobables; en otros convierte en hechos ciertas hipótesis que habían circulado durante la investigación o en la prensa, y en otros modifica abiertamente la historia para hacer posible la intervención de Holmes.

“Wie Jack, der Aufschlitzer, gefasst wurde”, Nº 18 de la serie “Aus den Geheimakten des Welt-Detektivs” (“De los archivos secretos del detective mundial”)
Wie Jack, der Aufschlitzer, gefasst wurde, Nº 18 de la serie Aus den Geheimakten des Welt-Detektivs (De los archivos secretos del detective mundial).

La vinculación con el canon aparece desde el regreso del detective a Londres. La narración señala que Holmes acaba de volver después de permanecer aproximadamente tres meses en el extranjero y de salir airoso de un asunto en Italia. La referencia puede relacionarse sin duda con el caso de los camafeos del Vaticano, al que ya se hizo referencia. El canon no narra aquella investigación ni afirma que Holmes viajara a Italia, pero recuerda expresamente su intervención en el asunto y el servicio prestado al Papa. El relato alemán desarrolla, por tanto, una aventura que Conan Doyle había dejado fuera de la narración y convierte la referencia al Vaticano en una estancia italiana. La duración de tres meses en el extranjero tampoco procede del canon.

Cabe resaltar que el regreso de Holmes no inaugura su conocimiento de los asesinatos. El detective manifiesta expresamente que conoce el caso de Jack el Destripador. De este modo, los autores no presentan los crímenes como un episodio desconocido que irrumpe de pronto en su biografía, sino como un asunto público del que Holmes ya había tenido noticia. Esta solución facilita además la compatibilidad cronológica examinada en el capítulo anterior: Holmes no necesitaba haber presenciado los asesinatos ni encontrarse en la ciudad la noche de cada uno de ellos para iniciar posteriormente una investigación.

El vínculo con los acontecimientos históricos se refuerza con la incorporación de Warren. A diferencia de otros policías del relato, no se trata de la recreación de un personaje de Conan Doyle, sino de una figura histórica introducida con su propio nombre. Charles Warren había asumido la jefatura de la Metropolitan Police en 1886 y se encontraba al frente de ella durante los asesinatos de Whitechapel. Presentó su renuncia el 8 de noviembre de 1888 y ésta fue aceptada el día 10, aunque su relevo no se produjo inmediatamente. De hecho, el 26 de noviembre, el Gobierno informó al Parlamento de que Warren todavía no había sido relevado de sus responsabilidades. Su presencia en la ficción durante los acontecimientos de noviembre no constituye, por tanto, un anacronismo.

Junto a Warren aparece Murphy, un policía ficticio cuya torpeza reproduce una función conocida por los lectores de las aventuras de Holmes. En su relación con el detective, ocupa un lugar próximo al de Lestrade y otros representantes de Scotland Yard: la autoridad policial dispone de los medios institucionales de la investigación, pero necesita la capacidad interpretativa superior de Holmes. Matull y Blank combinan así dos niveles distintos de referencia. Warren proporciona un punto de contacto directo con la investigación histórica, mientras Murphy restablece una relación característica del universo holmesiano.

El espacio cumple una función semejante. La narración menciona expresamente Whitechapel, Gloucester Street y otras calles y sectores de Londres vinculados con el recorrido de los personajes. También aparece el Theatre Royal de Drury Lane, una institución real que funcionaba durante aquellos años y cuya sede actual, inaugurada en 1812, estaba plenamente activa en la década de 1880. Por otra parte, la referencia a que Londres contaba con unos cinco millones de habitantes tampoco resultaba desproporcionada, pues constituía una aproximación verosímil a la magnitud de la metrópoli.

Matull y Blank incorporan asimismo circunstancias relacionadas con la forma en que se habían producido los asesinatos. Las víctimas eran halladas muertas sin que apareciera un testigo directo del momento del ataque. La rapidez y el silencio con que actuaba el agresor formaron parte del desconcierto que provocaron los crímenes. En el caso de Mary Ann Nichols, por ejemplo, personas que se encontraban o trabajaban muy cerca del lugar declararon no haber escuchado gritos, mientras el estado del cadáver indicaba que la muerte se había producido poco antes de su descubrimiento. El relato recoge esa ausencia de testigos y la convierte en una característica constante del procedimiento del asesino.

Algo semejante ocurre con el arma. La ficción sostiene que el criminal utiliza siempre el mismo cuchillo. Las pericias médicas contemporáneas a los hechos permitían establecer semejanzas entre las armas empleadas, pero no demostrar que se tratara materialmente del mismo instrumento. En la autopsia de Nichols, el doctor Rees Ralph Llewellyn declaró que todas las heridas de la víctima habían sido producidas por la misma arma, que describió como un cuchillo de hoja larga y moderadamente afilada. En los casos de Nichols y Chapman, la prensa destacó además la semejanza entre los objetos que podían haber provocado las lesiones. Matull y Blank convierten esa semejanza en la certeza de que el asesino utilizaba el mismo cuchillo.

La profesión atribuida al asesino retoma algunas de las conjeturas formuladas durante las investigaciones de 1888. El relato considera la posibilidad de que se trate de un médico, un carnicero o un dependiente, y finalmente identifica al Destripador con el doctor Fitzgerald. Estas posibilidades guardaban relación con el debate suscitado por las mutilaciones. Durante la investigación de Annie Chapman, se preguntó expresamente al doctor George Bagster Phillips si el arma podía corresponder a un instrumento utilizado por un médico o por un matarife, y el médico consideró que las lesiones revelaban algún grado de conocimiento anatómico. La ficción toma, por tanto, una de las principales líneas de especulación de 1888, y la convierte en la solución del caso.

Sin embargo, no todos los datos presentados como reales tienen el mismo fundamento histórico. Por ejemplo, el relato afirma que las prostitutas de Londres habían sido provistas de silbatos para pedir ayuda ante un posible ataque, pero no hay constancia de que esta medida se adoptara de manera general. Si bien los silbatos formaban parte del equipamiento policial y del que usaban las patrullas de vigilancia, la posibilidad de dotar de ellos a las mujeres expuestas a los ataques fue sólo una propuesta planteada públicamente en la prensa. Efectivamente, el Pall Mall Gazette del 10 de septiembre de 1888 recogió una propuesta según la cual las mujeres amenazadas debían desplazarse acompañadas y contar con “whistles and a signalling system”.14 El relato transforma así una propuesta aparecida durante la crisis de Whitechapel en una medida que presenta como efectivamente aplicada. Este procedimiento narrativo es de interés porque la verosimilitud no depende únicamente de reproducir hechos consumados, sino que también puede construirse a partir de proyectos, rumores y soluciones discutidas públicamente en 1888.

Mucho más abierta es la alteración del número de víctimas. Matull y Blank llegan a hablar del crimen número treinta y ocho. La cifra se aleja tanto de los cinco asesinatos que posteriormente quedaron más estrechamente vinculados con Jack el Destripador como del conjunto más amplio incluido en el expediente de los crímenes de Whitechapel. Aquí la ficción abandona cualquier pretensión de correspondencia numérica con la investigación histórica y amplifica la serie de asesinatos. La exageración aumenta la dimensión del enemigo al que se enfrenta Holmes y acerca el relato a los procedimientos de la literatura popular seriada examinados en el capítulo anterior.

La construcción del Londres criminal combina asimismo esas referencias históricas con motivos del propio canon. Entre los escenarios aparece un fumadero de opio, espacio inmediatamente reconocible para quien hubiese tenido acceso a las aventuras de Holmes. Conan Doyle ya había utilizado ese ambiente en El hombre del labio retorcido, donde Watson encuentra al detective disfrazado en un fumadero mientras desarrolla una investigación. Matull y Blank no necesitan, por tanto, inventar un nuevo submundo londinense para su detective: trasladan el relato del Destripador a un escenario que el canon ya había incorporado a la geografía criminal de Holmes.

También el disfraz desempeña un papel decisivo. Holmes recurre en ocasiones a este procedimiento en los relatos de Conan Doyle, y Matull y Blank lo convierten en el instrumento que permite enfrentarlo directamente con el asesino. El detective se disfraza de mujer y se presenta como la esposa del hombre al que pretende atraer, convirtiéndose así en una posible víctima del Destripador. La elección no sólo pertenece al repertorio holmesiano, ya que durante la alarma de Whitechapel llegó a proponerse el uso de hombres disfrazados de mujeres como señuelos, y la prensa registró incluso experiencias particulares de ese tipo.

El relato presenta al doctor Fitzgerald como un médico de enorme prestigio que había atendido incluso a miembros de la familia real. Su posición social permite explicar el secreto que rodeará a la captura cuando se descubra su responsabilidad en los crímenes. Fitzgerald ataca a Holmes, todavía disfrazado de mujer, y durante el enfrentamiento se identifica como el Destripador. La pesquisa deja entonces paso al combate físico. Holmes consigue reducirlo y lo conduce a la comisaría.

El desenlace resuelve el problema que el encuentro entre ambos personajes planteaba desde el comienzo. Holmes descubre quién es Jack el Destripador, lo derrota y lo entrega a la policía, pero la historia conocida por los lectores permanece aparentemente intacta. Por acuerdo entre Holmes, Warren y Murphy, la identidad de Fitzgerald no se divulga. Su relación profesional con miembros de la casa real convierte la revelación pública en un posible escándalo y proporciona dentro de la ficción una razón para mantener el secreto. Fitzgerald es trasladado esa misma noche a un asilo para enfermos mentales y muere un mes después durante graves crisis de epilepsia. De este modo, según las palabras finales del relato, nadie conoce la identidad del criminal, pero el “terrible azote” desaparece de las calles de Londres.

El procedimiento permite conciliar el éxito de Holmes con el dato histórico de que la identidad del Destripador nunca llegó a hacerse pública. Dentro de la diégesis, el caso queda resuelto; fuera del reducido círculo formado por Holmes y la policía, la verdad permanece oculta.

La verosimilitud de Cómo fue capturado Jack el Destripador descansa precisamente en esa combinación. La presencia de Warren, la geografía londinense, los datos demográficos, las características de las heridas, las hipótesis sobre la profesión del asesino y algunas propuestas difundidas durante la investigación vinculan el relato con 1888. El regreso de Italia, los camafeos del Vaticano, el fumadero de opio y el uso del disfraz lo enlazan con la biografía y los procedimientos de Sherlock Holmes. Sobre esa base, Matull y Blank introducen sus modificaciones: multiplican las víctimas, convierten conjeturas en hechos y crean la figura del doctor Fitzgerald.

 

Bibliografía

  • Baring-Gould, William S. (1999), Sherlock Holmes de Baker Street. Madrid: Valdemar.
  • Begg, Paul, y John Bennett (2013). Jack the Ripper: The Forgotten Victims. Yale University Press: New Haven.
  • Conan Doyle, Arthur (2009). Sherlock Holmes anotado. Cuatro tomos, edición y notas de Leslie S. Klinger, introducción de John Le Carré. Akal: Madrid.
    — (2009). Todo Sherlock Holmes. Introducción y notas: Jesús Urceloy. Cátedra: Madrid.
  • Setton, Román (2012). Los orígenes de la narrativa policial en la Argentina: recepción y transformación de modelos genéricos alemanes, franceses e ingleses. Ediciones de Iberoamericana: Madrid.
Omar Sar Suárez

Notas

  1. Sobre el razonamiento retrospectivo de Sherlock Holmes puede verse nuestro trabajo publicado previamente en Letralia.
  2. Todas las referencias a las páginas de obras pertenecientes al canon se refieren a Sherlock Holmes anotado. Cuatro tomos, edición y notas de Leslie S. Klinger, introducción de John Le Carré. Akal: Madrid, 2009.
  3. Nos referimos a los casos de Mary Ann Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride, Catherine Eddowes y Mary Jane Kelly.
  4. El título original fue Wie Jack, der Aufschlitzer, gefasst wurde.
  5. Mapa negro 1888: Whitechapel, otoño del terror; escenas del crimen, víctimas y sospechosos. Un proyecto de Aventuras Literarias; Segovia (España), 2020.
  6. La ubicación exige una reserva. Más adelante se descubre que Holmes también había viajado a Devonshire y había ocultado su presencia tanto a Watson como a sus adversarios. Conan Doyle no fija con precisión el día de ese desplazamiento. No puede afirmarse, por ello, que el canon demuestre que Holmes se encontraba en Londres durante toda la jornada del 30 de septiembre. Sí puede sostenerse que nada obliga a situarlo ya en Devonshire durante la madrugada en que murieron Stride y Eddowes y que Baring-Gould, en su reconstrucción, lo mantiene todavía en Londres en esa fecha.
  7. Verlagshaus für Volksliteratur und Kunst.
  8. Detectiv Sherlock Holmes und seine weltberühmten Abenteuer.
  9. Aus den Geheimakten des Welt-Detektivs.
  10. Todos los títulos y algunas carátulas se encuentran disponibles en The Arthur Conan Doyle Encyclopedia.
  11. Wie Jack, der Aufschlitzer, gefasst wurde.
  12. Títulos y carátulas disponibles en The Arthur Conan Doyle Encyclopedia.
  13. De hecho el diseño de la carátula era el mismo, sólo que con los textos traducidos.
  14. Texto disponible en Casebook: Press Reports.
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