Concursos literarios
Eventos
Documentos recomendados
Cartelera
Foro de escritores
Ediciones anteriores
Firmas
Postales electr¾nicas
Cómo publicar en Letralia
Letralia por correo electrónico
Preguntas frecuentes
Cómo contactar con nosotros
Envíenos su opinión
Intercambio de banners


Página principal

Editorial
Ocho millones. "Problemas presupuestarios" obligan el cierre de 18 bibliotecas en Venezuela.

Noticias
Las 11 apuestas de Monte Ávila. La editorial del Estado venezolano publicará once libros de autores inéditos.
Vargas Llosa reeditado. Alfaguara volvió a publicar dos novelas del autor peruano y agregó una antología de cuentos.
Murió Maria Àngels Anglada. La autora de El violín de Auschwitz murió a los 69 años a causa del cáncer.
Hierro recibe el Cervantes Para el poeta español, "el Quijote se ha fundido con la humanidad".
Música para Casa. Casa de las Américas celebró su 40º aniversario con un concierto de altura.
Saludo a la bandera. Juan Loyola, el artista venezolano que utilizaba el tricolor nacional para expresarse, dio su último performance.

Paso de río
Brevísimos y rápidos del río que atraviesa la Tierra de Letras.

Literatura en Internet
Deabruak. Lea un libro y pague después: la primera editorial shareware de habla hispana.

Artículos y reportajes
La pluma rebelde de Espejo. El escritor ecuatoriano Michael Vicuña Botto esboza una semblanza sobre Luis Espejo.
Vivimos tiempos de cambio. Desde España, Manuel Sueiro Santamaría invoca la necesidad de adelantarnos al tiempo.
La gaya ciencia. El académico puertorriqueño José Luis Vega recuerda que la escritura, si no es respiración, es basura.

Sala de ensayo
The Mixquiahuala Letters. La española Natalia Menéndez Rodríguez expone, mediante el análisis de esta novela chicana, diversos aspectos de la literatura femenina.

Letras de la
Tierra de Letras

¿Qué recuerdas? (entre memorias).
Daniel Murillo Licea.
Dos relatos.
Jorge L. de la Paz.
Perdónalos.
Ivanóskar Silén-Acevedo.
Un bosque instantáneo para John Miranda.
Rodolfo García Quiroga.
La parca, enfrente (extractos).
Luisa Futoransky.
Interno 56.
Gustavo Raimondo.
Suspiros del ornitorrinco dormido.
Luis Vásquez Coronel.
El reverso de Edipo.
Rafael Grillo Hernández.
Antología de las fases de la luna.
Marc Sil.
Una mirada en el espejo.
José Miguel Pallarés.

El buzón de la
Tierra de Letras


Una producción de JGJ Binaria
Cagua, estado Aragua, Venezuela
info@letralia.com
Resolución óptima: 800x600
Todos los derechos reservados. ®1996, 1999

Letralia, Tierra de Letras Edición Nº 69
3 de mayo
de 1999
Cagua, Venezuela

Editorial Letralia
Itinerario
Cómo se aprende a escribir
info@letralia.com
La revista de los escritores hispanoamericanos en Internet
Letras de la Tierra de Letras

Comparte este contenido con tus amigos
Dos relatos

Jorge L. de la Paz


Encuentros

No es fácil de entender; lo sé. Miro allí donde está esa que no es ella, tras los arbustos y flores que Tata sembró con sus manos de puros milagros, desde ayer, desde siempre. Yo aquí, aunque sabe que no es aquél, sino otro que no quiero ser. Me incita su risa pícara, bordada de luz infantil. Mira como solo ella es capaz; diciendo con sus verdes pupilas lo que no saben sus labios y pide su piel sedienta bañada en rocío de pubertad.

Es otro fin de semana más, respirando el aire oxigenado sin trazas de smog urbano, recorriendo con alas de sueños el onírico mundo legado a nosotros. No, no es fácil de entender, lo sé. Por eso guardo en el silencio estas citas furtivas robadas al espacio, escabullidas del almanaque.

Tata me llama a tomar su café, ese aguado y rebosado de cariño. Esta Tata siempre igual, contando algo nuevo, modificando a su antojo los cuentos de ayer e hilvanando los de hoy. Siempre igual, quejándose de alguien, ora de mi tío Raúl, ora de Lucrecia la vecina; siempre igual, dándose en cada hijo hasta quedar en los bisnietos. Va y viene hasta decirme susurrando en mis oídos lo que no quiere que mi hermano se entere, pero que sabe le diré. Así, siempre igual. Esa mi viejita surcada de arrugas, que no sabe decirme nieto, sino mi'jo.

Se va el domingo. Me despido en secreto buscándola entre los arbustos. Aparento estar distraído descubriendo las nuevas rosas que la vieja sembró en la primavera. Sé de todas sus tretas y maldades para sorprenderme en este mar de perfume abigarrado y colores encantados. Aparece tras de mí, siento su aura recorrer la mía. Repite su risa; me envuelve en ella. Ahora, corre al lecho donde los niños llegan a hombres tras una brisa de vida. Se yergue cual Afrodita nupcial, pisa la hierba seca, anda lenta y su desnudez vuelve a desflorar mi inocencia. El sexo palpita y el olor de las flores del Mar Pacífico tiñe las ansias de amarla sin conjugar el verbo en pretérito.

Tata me encuentra y, sin más, cómplice de la aventura, desliza palabras que conozco como un verso:

—Todavía parece mentira que el fuego se las haya llevado. ¡Eran tan buenas vecinas! ¿Te acuerdas cómo te mimaba Laura? Hijo, hay cosas que pasan y no se pueden evitar... Es el destino...

Beso a mi vieja para terminar la visita usual, parecida a tantas otras y distinta a la vez.

—Bueno, voy caminando...

—¿Cuándo vienes otra vez, mi'jo?

—El fin de semana, vieja, sin falta te doy una vuelta.

A la cita no faltaré. Es difícil de entender, pero ni aún las canas ni mi hija quinceañera logran deshechizar este tiempo apresado entre esos arbustos y flores, donde soy ese que quiero ser y Laura la musa que supo amar a un niño.

No, no lo digan. Yo sé que es difícil de entender.

    Cuba, 1991.


Flores

Elsa las mira de nuevo. Son tan hermosas —murmura mientras las palpa suavemente—, nadie más que él las merece. Ha esperado este día por años. La noche anterior fue un gran fastidio. Solo ha fingido dormir en espera del nuevo día. Nunca antes añoró un amanecer con tanta vehemencia. Ahora, el reloj sobre la pared indica que sólo faltan unas pocas horas para que el sueño de niña se haga realidad. Espera, cuenta los minutos como una novia presta a ir al altar.

No le ha importado el precio, ni siquiera cuánto tuvo que caminar para obtenerlas. Otra persona le hubiese dado algunas artificiales, pero para él deben ser tan frescas y naturales como el agua de un arroyo virgen; puras e inmaculadas como la Caridad del Cobre; perfumadas como el aroma del mar en primavera. Al mediodía, las rocía de nuevo por vigésima vez desde la salida del sol. Acerca su rostro, cierra los ojos, aspira el perfume que exhalan tratando de preservar la esencia dentro de su ser. Si algún transeúnte ocasional mirara tras la ventana, pensaría que el alcohol domina sus sentidos. Tal es el estado de éxtasis que genera en su entorno. Pero no, Elsa es sólo una mujer enamorada. Y no de cualquier hombre. Ella está enamorada de él, el único, el genial, el que ha encumbrado un lugar más allá del alcance humano.

Dos horas antes comienza a maquillarse. No quiere que nadie ocupe su lugar. Va cubriendo sus prematuras arrugas, tomando especial cuidado en disimular las patas de gallina que le roban encanto a sus treinta años. Por último, con habilidad de profesional, pinta sus labios de un rosa mate. El espejo refleja una imagen que le deja complacida. Es la perfecta novia llena de ansias y rubor, de mejillas sonrojadas y palpitante corazón. Ya está lista. Sólo queda ir en su búsqueda.

Desde su puesto escucha el abigarrado murmullo de la muchedumbre. Hay muchas personas a su alrededor, pero de todos ella es la escogida. Los observa y sonríe con la malicia de una chicuela picarona. Lo conoce desde hace mucho. Era muy joven, casi una infante. Su padre la solía llevar a la plaza donde todos admiraban su elocuencia, el juego magistral de palabras con las que vibraba su audiencia en un delirio de exclamaciones y aplausos. Desde el primer instante quedó prendada cual hechizo de un maléfico brujo vudú; embrujada por su elegante porte rematado en completo uniforme verde olivo; de su barba, su negra barba y su estatura colosal por encima de todos; de su voz fuerte y convincente. No, no podría existir otro hombre como este dios griego nacido por ventura en el Caribe. Desde entonces, sólo él moró en su pecho, y en cada rincón de su existencia. Las paredes de su habitación no llevaban afiches de los Mustangs o Elvis como los de sus compañeras de clase, sino de su ídolo. Debajo de su almohada, su foto la acompañaba en sus viajes por el mundo de Alicia. Antes de dormir, religiosamente besaba su imagen y con la yema de sus dedos lo acariciaba como si arrullara a un bebé.

Siempre solícita a cada uno de sus pedidos, orgullosa de cumplir las tareas de primera prioridad. Nunca dudó. Con voluntad férrea cumplió cada una de ellas. Tanto como su padre, que un día no regresó de un país lejano; o de su madre que sirvió de cobayo para uno de sus experimentos médicos. ¿Qué menos podía ella hacer?

Y ahora, por fin, la ocasión anhelada por tanto tiempo.

"¡Ya viene, ya viene, ya está aquí!", repiten a su alrededor con entusiasmo febril. Ella también puede distinguirlo. A unos escasos metros de distancia, la gallarda figura se yergue sobre el jeep militar. Con la mano derecha hace el saludo militar, mientras la diestra se agita a ambos lados diciendo adiós. La multitud vocifera su nombre una y otra vez. Todos parecen estar poseídos por un magnetismo delirante.

"Ahora es mi oportunidad", se dice a sí misma cuando el jeep ya casi alcanza su codiciado puesto. Toma el ramillete, y, sin pensarlo más, se arroja hacia él. Una cadena humana le cierra el paso. Con agilidad felina rompe el cerco. Ya está a punto de entregar su más preciada prueba de amor, cuando el estruendo de varios disparos llega de distintas direcciones. Elsa clava sus ojos en él mientras sus piernas se doblegan tomadas por la muerte. El eco de los disparos resuena en el aire, los pétalos se mezclan con la sangre vertida sobre la acera y sus labios pierden el color rosa mate de hace sólo unos segundos.

La TV y la radio oficial repiten una y otra vez las últimas noticias:

"Una agente del enemigo, una traidora vil, trató de asesinar a nuestro Gran Líder esta tarde. Gracias al apoyo decidido del pueblo, fue fulminada en el momento, abortando los planes del imperialismo una vez más".

"¡Viva nuestro máximo líder!".

"¡Socialismo o muerte!".

    Portland, Oregon, julio de 1995.


       

Indice de esta edición

Letralia, Tierra de Letras, es una producción de JGJ Binaria.
Todos los derechos reservados. ©1996, 1998. Cagua, estado Aragua, Venezuela
Página anterior Próxima página Página principal de Letralia Nuestra dirección de correo electrónico Portada de esta edición Editorial Noticias culturales del ámbito hispanoamericano Literatura en Internet Artículos y reportajes Letras de la Tierra de Letras, nuestra sección de creación El buzón de la Tierra de Letras