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Fénix de madrugada (dos preguntas)

Carlos Briones

    (Nota del editor: Este texto fue leído en un homenaje que le hizo la Municipalidad de Macul a Miguel Arteche con motivo de su septuagésimo aniversario. Hubo tres oradores. El profesor Ernesto Livacic; Carlos Briones, miembro del Taller Macul, y el alcalde Ernesto Puyol, que cerró el acto con la entrega de un galardón para el homenajeado).

Ave Fénix Fénix de madrugada, uno de los libros de Miguel Arteche, nos plantea desde el comienzo una inquietud esencial.

(Más allá del año en que fue publicado —1994— y de la época en que pudo haber sido escrito o vivido).

+Por qué Fénix? y, +por qué de madrugada?

Una sola palabra, Fénix, nos ha impulsado a un viaje por la antigüedad. Un breve resumen de las impresiones de ese viaje es lo que quiero compartir con ustedes esta noche.

(Les recuerdo que las frases, los versos, los libros, se escriben con palabras. No bastan las buenas ideas, ni los ardientes sentimientos).

La ciencia, desde siempre, ha insistido en aclarar el enigma de la vida humana. Por una parte, intentó crear vida por medios artificiales, por otra, con incontenible "hybris" (ímpetu), procuró convertir la muerte misma en fuente de vida; proceso que recibió el nombre de Palingénesis.

Con el fin de comprenderlo, espíritus inquietos se familiarizaron con los detalles del renacimiento del Fénix.

Simbólicamente, el Fénix representaba en el mundo antiguo la inmortalidad, la eternidad. Los emperadores de Bizancio lo utilizaron, en ese sentido, como elemento decorativo de sus monedas y medallas. Durante siglos los gobernantes europeos imprimieron en sus monedas el ave inmortal, y la convirtieron en representación de los ideales de pureza, perfección y virtud.

En 1665, la reina Cristina de Suecia ordenó fundir sus medallas con la imagen del Fénix, con una palabra, escrita en caracteres griegos, y de perfecto sonido griego: Makellos. Pero ocurre que esta misteriosa palabra no pudo ser hallada en ningún diccionario de griego. Los filólogos cavilaron e investigaron, pero sin el menor éxito. La reina esperó cierto tiempo, y luego, reveló el misterio: no se trataba de una palabra griega, sino alemana. Makellos significa simplemente "inmaculado". (Sin mácula, sin mancha, así como quisiéramos los textos de nuestra justicia o de nuestro Parlamento).

Todas las descripciones del Fénix coinciden en que es un hermoso pájaro. Su forma es parecida a la del ave del Paraíso, pero de proporciones considerablemente mayores, como las de un águila bien desarrollada. Tiene la cabeza y el cuello dorados, y el plumaje del pecho es azul brillante, el cuerpo está cubierto de plumas rojas, amarillas y verdes, y la larga cola recorre toda la gama de la ilusión óptica: desde el anaranjado claro hasta el púrpura.

Herodoto lo dice así: Si su tamaño es tal como la describen, su mole y su figura son muy parecidas a las del águila.

El acuerdo universal sobre la descripción del Fénix es tanto más notable puesto que nadie lo ha visto —nunca— con sus propios ojos. Sin duda, alguien, al principio de la leyenda, imaginó el aspecto probable del inmortal pájaro. Su descripción ha pasado de un libro a otro, más o menos como un pájaro que salta de rama en rama.

El lugar donde ocurre el renacimiento ha sido siempre Egipto, en el templo del dios Sol, en Heliópolis. En efigies monumentales, en pirámides de piedra y en momias, los egipcios buscaron la eternidad; es razonable que en su país haya surgido el mito de un pájaro inmortal y periódico, si bien la elaboración posterior es de griegos y de romanos.

Textos sabios de hombres sabios nos dicen que cuando el pájaro siente que ha llegado el momento, se acerca desde el Este con un ruidoso batir de alas, amontona perfumadas hierbas secas sobre el altar del dios Sol, y se acuesta en el nido así formado. Los rayos del sol, reflejados en el brillante plumaje, incendian el nido, y el Fénix arde y se convierte en cenizas. Al día siguiente, de las cenizas emerge un gusanito que comienza a crecer, echa plumas, y a los pocos días el nuevo pájaro, completo, perfecto en todos sus detalles, emprende el vuelo, y comienza una nueva etapa de su vida.

+Será el Fénix, nuestro Fénix, una metáfora de la poesía, del quehacer poético, del esfuerzo, del rigor poético? Esa placentera tarea, de dilucidarlo, les pertenece a ustedes, y a todos los atentos lectores de la poesía de Miguel Arteche.

Muchos autores han estimado que los ciclos vitales del Fénix duraban de 500 a 540 años. Las fuentes egipcias que he consultado son más precisas: de acuerdo con ellas, el Fénix, para cumplir con su destino, llega cada 652 años al templo del dios Sol. Se afirma que fue visto durante el reinado del faraón Sesostris, en el 2555 antes de Cristo; luego, durante el reinado de Amós, en 1904, también antes de Cristo, y así sucesivamente.

Podríamos suponer, siguiendo a Plinio, que el gusano fue una simple matáfora, que surgió del polvo de viejos libros, y que se transformó en deslumbrante pájaro en la imaginación de poetas y creadores de mitos. Es decir, personas como todos nosotros.

Por otra parte, debo informar que no todos los hombres cultos creían en la tradición del Fénix. Hubo escépticos que hallaron argumentos de peso para oponerse a la existencia del inmortal pájaro. Apelaron a las Escrituras. De acuerdo a la Biblia, Noé embarcó en el Arca un macho y una hembra de cada especie, por consiguiente, los animales que sobrevivieron al diluvio sólo pudieron reproducirse de acuerdo a las leyes de la naturaleza. Y esta premisa se oponía absolutamente a cualquier mito alusivo a un pájaro que renacía de sus propias cenizas, pasando por un estado intermedio de gusano.

Personalmente, sólo puedo informar, que si alguien, alguna vez, mira desde cierta altura en dirección a las pirámides de Egipto, y contempla la puesta de sol en el desierto, con sus ardientes colores, comprenderá fácilmente el mito del Fénix. Este espectáculo cotidiano es uno de los más prodigiosos fuegos artificiales ideados por la naturaleza. Pareciera que el sol poniente incendia el desierto, y que las llamas alcanzan el cielo. Entonces se acepta que los antiguos interpretaran este espectáculo celestial afirmando que el sol se quemaba en su propio fuego, para renacer al día siguiente.

Los seres imaginarios, está demostrado, son necesarios. Borges, Jorge Luis Borges, en un libro de título similar, respecto del ave Fénix señala: "Unos quinientos años después de Herodoto, Tácito y Plinio retomaron la prodigiosa historia. Tácito observó que toda antigüedad es oscura, pero que una tradición ha fijado el plazo de la vida del Fénix en 1.461 años. Plinio también investigó la cronología del Fénix; y registró que, según Manilio, el Fénix vive un año platónico, o un año magno. Año platónico es el tiempo que requieren el sol, la luna y los cinco planetas para volver a su posición inicial; Tácito, en el Diálogo de los oradores, lo hace abarcar 12.994 años comunes. Los antiguos creyeron que, cumplido ese enorme ciclo astronómico, la historia universal se repetiría en todos sus detalles, por repetirse los influjos de los planetas; el Fénix, entonces, vendría a ser un espejo o una imagen del Universo. Para mayor analogía, los estoicos enseñaron que el universo muere en el fuego y que el proceso no tendrá fin y no tuvo principio".

Los años simplificaron el mecanismo de la generación del Fénix. Herodoto menciona un huevo, Plinio un gusano. Claudiano, a fines del siglo IV, ya versificaba un pájaro inmortal que resurge de sus cenizas, un heredero de sí mismo y un testigo de las edades. (En mitos o en personas reales, esta responsabilidad puede ser agobiante. Al estratega y al legislador, la eternidad le exige perfección en su materia; al poeta, además, le exige belleza, y que le transmita divinidad y sentimiento humano).

A los autores ya enumerados cabe agregar a Ovidio, Dante, Shakespeare, Pellicer, Quevedo, Milton y a Lactancio, al que se le atribuye el poema latino De ave Phoenice.

(No hemos agregado a esta lista el nombre de Miguel Arteche. Eso no lo hará nuestra pasión ni nuestro entusiasmo. Lo hará el tiempo. El tiempo juzgará su poesía, su palabra, y si fue digno o no de los momentos que le tocó vivir).

Tertuliano, San Ambrosio y Cirilo de Jerusalén han alegado el Fénix como prueba de la resurrección de la carne. Plinio se burlaba de los terapeutas que prescribían remedios extraídos del nido y de las cenizas del Fénix.

(He mencionado todos estos nombres, así, al pasar, porque estoy cierto que son familiares para ustedes. En el taller no somos irreverentes con nuestros legisladores o nuestros hombres de bien. Somos esencialmente irreverentes.)

Señoras y señores, he intentado una documentación que nos permitiese comprender. Siguiendo siempre esa aspiración de Borges que dice: "Oh dicha de comprender, más alta y más importante que la de imaginar o la de crear". Pero, observo que todavía nos falta bastante. Espero que para una próxima oportunidad, feliz como ésta, pueda ofrecerles algo más avanzado en esta materia.

Finalmente: +Por qué de madrugada? Nada me costaría compartir esa universal sentencia que dice "la madrugada es un tiempo fundacional". Pareciera una razón evidente. Sólo que en Miguel Arteche, en la poesía de Miguel Arteche, en su rigor poético, como en toda poesía verdadera, no hay nada evidente.

Macul, 1996


       

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