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El 30 de septiembre —adelantada la fecha respecto a años anteriores—, la Academia Sueca de Letras anunció la concesión del premio Nobel de Literatura 1999 al escritor alemán Günter Grass, el décimo primer autor de ese país en recibirlo. La buena nueva fue comunicada al mundo por el nuevo secretario permanente del cuerpo, Horace Engdahl, quien destacó, al leer la justificación del premio, la descripción que Grass ha hecho del "rostro olvidado de la historia" a través de "fábulas vivaces", diseminadas en toda su obra. La academia enfatizó la importancia de El tambor de hojalata —la novela que convirtiera a Grass en 1959 en uno de los actores más singulares de la escena literaria contemporánea— como la regeneración de la literatura alemana "después de decenios de devastación lingüistica y moral". Han pasado cuarenta años desde la aparición de la obra: la mitad de ese tiempo ha sido Grass un invitado permanente en la lista anual de favoritos. Después de esperar dos décadas por el más codiciado premio literario del mundo, el alemán Grass ya no se emocionaba demasiado cuando se le nombraba entre los posibles ganadores. Según Ute, su segunda y actual esposa, la pareja ya se había olvidado de la posibilidad de obtener el galardón. Sin embargo, en los últimos años el prestigio de Grass —afianzado en la actualidad como uno de los más importantes escritores y pensadores políticos de Alemania— creció aceleradamente: este año, también, el escritor recibirá el premio Príncipe de Asturias, en una ceremonia que presidirá el 22 de octubre Felipe de Borbón. Según la Academia Sueca, Grass ha emprendido una revisión histórica de su época "recordando a los ignorados y olvidados: las víctimas, los perdedores y las mentiras que la gente desea olvidar porque una vez creyó en ellas". Engdahl calificó a Grass de "predecesor admirado" de autores de la talla de García Márquez, Rushdie, Gordimer, Lobo Antunes y Kenzaburo Oe. El tambor de hojalata es la primera novela de Günter Grass. Fue llevada al cine por su compatriota Volker Schloendorff y, junto con El ratón y el gato y Años de perro, es parte de una trilogía dedicada a Danzig, la ciudad donde el escritor naciera en 1927, en el seno de una familia de ascendencia alemana y polaca.
Fiel a sus prédicas, Grass informó que hará aportes sustanciales, tomadas del monto del premio —cerca de un millón de dólares— a las asociaciones de cíngaros y gitanos, comunidades por las que se siente preocupado. Criticó el desarrollo tecnológico descontrolado, que ha terminado por dañar el planeta. "¿Quién puede negar que el medio ambiente está destruido?", dijo Grass ante la prensa, al tiempo que criticó la gestión de Helmut Kohl —cuyo gobierno, afirma, dejó una deuda de más de 10.000 millones de marcos—, a la energía atómica y a la industria de su país. Tiene Grass suficiente experiencia y autoridad para hablar de los temas que le han conferido su aura polémica. A mediados de los 40 había caído prisionero de las tropas americanas durante la segunda guerra mundial, conflicto cuyo término apreció desde su cautiverio. Luego fue agricultor y minero y más tarde viajó a Düsseldorf y a Berlín para estudiar arte. Grass fue escultor, obrero gráfico y escritor en París y en Berlín, y en los años sesenta se involucró en la política al lado del socialdemócrata Willy Brandt. A principios de los 90 demostró su desengaño político al separarse del Partido Socialdemócrata Alemán, aunque una campaña personalísima desde el año pasado indica una reconciliación con Gerhard Shröder, actual canciller alemán, quien calificó de estupenda la concesión del premio a su compatriota. Grass acaba de publicar un nuevo libro, Mi siglo, en el que lanza una nueva revisión de la historia desde el punto de vista de un alemán que lo ha visto todo en los últimos setenta años. El libro es ilustrado por él mismo y Alfaguara lanzará una edición en castellano el 13 de octubre. El diario El País, de España, publicó el viernes 1 un extracto, que reproducimos aquí para nuestros lectores. Las reacciones del mundo literario no se hicieron esperar. Fernando Rodríguez Lafuente, director del Instituto Cervantes, declaró a la prensa que la obra de Grass es el eje central de la literatura contemporánea. La Fundación Príncipe de Asturias dijo sentirse orgullosa por haberse adelantado al Nobel. Para Juan Goytisolo, Grass recibe un premio "justo y merecido" por su "influencia artística y moral sobre el resto de Europa", que le ha alejado de la tentación de caer "en el afán de vender o de venderse", siendo así "el mejor Nobel que se ha dado en los últimos veinte años". Para la escritora polaca Wislawa Szymborska, premio Nobel 1996, Grass se merecía el galardón desde hacía mucho tiempo. Para el alemán Martin Walser, "aunque sólo hubiera escrito El tambor de hojalata, se lo merecía de verdad". El escritor portugués José Saramago, el anterior ganador del premio, indicó que "lo tenía más que merecido", y que por la magnitud de su obra "podía haberlo recibido antes". En noviembre del año pasado, en un seminario en Lisboa, Saramago había afirmado que su escritor preferido para el premio Nobel de Literatura era, justamente, Günter Grass. El escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, premio Cervantes 1997, no fue tan condescendiente con Grass, de quien aseguró no haber leído más que "sus declaraciones extemporáneas", y dejó colar una suspicacia: "Espero que no le hayan dado el premio por sus ideas políticas".
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