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A las 12:30 de la madrugada del 28 de octubre murió, a los 96 años, el poeta Rafael Alberti, el último representante de la Generación del 27, en su casa de la urbanización Las Viñas, en el poblado de El Puerto de Santa María, en Cádiz. Alberti sufrió un paro cardiorrespiratorio poco después de la medianoche, pese a que durante el día había podido levantarse y caminar por su habitación. El alcalde de El Puerto, Hernán Díaz Cortés, informó a la prensa que la salud del poeta empeoró poco después de acostarse. "Sufrió un empeoramiento sobre las 11:30 de la noche. Posteriormente dejó de respirar. Ha sido una muerte rápida y plácida, que no ha sentido. Ha muerto por su propia edad, sin darse cuenta". Alberti era alcalde perpetuo de El Puerto, y un busto suyo será asentado en el salón de plenos del ayuntamiento.
Dos banderas republicanas y una del Partido Comunista custodiaban la entrada del Monasterio de La Victoria, donde se realizó un homenaje popular en el que participaron ciudadanos de todos los estratos y edades, y varios jóvenes estudiantes leyeron poemas de Alberti. En medio de las coronas provenientes del Instituto Cervantes, la Sociedad General de Autores, instituciones políticas y culturales, los cantores Ana Belén y Víctor Manuel, y de su agente literaria, Carmen Balcells, jóvenes de las escuelas de España dejaron sus propios poemas en homenaje a Alberti. Aunque, quizás, el mejor homenaje lo rindieron sus lectores: en el transcurso del día agotaron todos los ejemplares de sus libros en las librerías de El Puerto. También se hicieron presentes David y Marta, hijos del poeta, y Aitana, su primera hija, quien reside en Cuba desde hace casi treinta años. Su llegada se dio en medio del más profundo dolor. "Me encuentro muy mal, muy mal...", dijo la mujer de casi 60 años. Ya más reposada, durante los homenajes: "Él está en todos nosotros, en nuestro corazón. Vivirá para siempre en la eternidad". Aitana conoció la noticia durante una cena con varios amigos en casa de Ion de la Riva, director del Centro Cultural Español en La Habana. Las condolencias llegaron de todo el orbe. Un impersonal telegrama de los reyes de España calificaba a Alberti de "insigne poeta que a lo largo de su extensa vida ha desgranado una obra llena de inspiración". Víctor García de la Concha, director de la Real Academia de la Lengua, dijo que el mar le había regalado a Alberti "libertad, claridad y optimismo vital". El presidente de Andalucía, Manuel Chaves, se refirió al poeta como "un ejemplo de compromiso ideológico, creativo y estético. Un andaluz excepcional, gran testigo poético del siglo XX en Andalucía, desde donde se proyectó hacia el mundo". Para José María Aznar, el presidente del gobierno español, Alberti era "el poeta que hablaba en sus versos del valor creador de la libertad". Sus colegas, los poetas, también manifestaron su conmoción por la muerte de Alberti. Mario Benedetti dijo de él que "tuvo hasta el final una memoria descomunal, sobre todo con respecto a los clásicos. De pronto se ponía a recitar un poema de Góngora o de Quevedo, era increíble porque no le fallaba una sílaba". El poeta granadino Rafael Guillén consideró que la literatura española había perdido a su último gran poeta, "un andaluz cordialísimo y un excelente escritor. Su poesía se caracterizó por la preocupación de las formas y el dominio de la expresión, era un maestro". El poeta Marcos Ana vaticinó: "Será eternamente conocido, él ha conquistado la gloria en el sentimiento y el corazón no sólo de nosotros, que le hemos conocido, sino de las próximas generaciones".
Rafael Alberti había nacido en El Puerto el 16 de diciembre de 1902 y tuvo una infancia feliz al lado del mar, donde estudió con los jesuitas. A sus quince años se va a Madrid con su familia. En la capital española se encontrará con la pintura hasta que, alrededor de un lustro más tarde, se enfrentan dentro de sí el pintor y el poeta. Temprano, en 1925, le llega el máximo reconocimiento de las letras españolas, el Premio Nacional de Literatura, por Marinero en tierra, según decisión de Ramón Menéndez Pidal, Antonio Machado, Carlos Arniches, Gabriel Miró y José Moreno Villa, el jurado de aquel año. Por esta época conoce a Machado y a Juan Ramón Jiménez, quien le había escrito una carta para expresarle su emoción por los poemas del libro. En 1927, Alberti y Gerardo Diego organizan las celebraciones del tricentenario de la muerte de Góngora, en Sevilla. Coincidirán allí los grandes nombres de la poesía española: José Bergamín, Federico García Lorca, Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Mauricio Bacarisse y Juan Chabás. Dos años después Alberti reafirma su condición de poeta innovador al publicar Sobre los ángeles, que se sitúa en el momento histórico de la Residencia en la tierra de Neruda. El poeta español Luis Felipe Vivanco asegura que Alberti venía de un desengaño sentimental y había perdido definitivamente la fe en Dios, por lo que quería crear algo nuevo. Empieza a involucrarse con la poesía social en 1930, con Elegía cívica, y escribe dos farsas, hoy perdidas: Lepe, Lepijo y su hijo y El hijo de la gran puta. Es el año en que se casa con María Teresa León, quien le acompañará en sus aventuras por el mundo. Por esta época se hace amigo de don Miguel de Unamuno e inicia su carrera de trotamundos con un viaje a París y otro, en 1932, a la Unión Soviética, donde conoce a Boris Pasternak, Mijaíl Cholojov, Louis Aragon y Elsa Triolet. Funda en 1933 la revista y la editorial Octubre, en la que se expresará el pensamiento de los escritores y artistas revolucionarios de la época. Al año siguiente, durante el Congreso de Escritores Soviéticos realizado en Moscú, tiene la oportunidad de explicar los lineamientos políticos de Octubre y conoce a Maxim Gorki, Sergei Eisenstein, Sergei Prokofieff y André Malraux, entre otros. Durante este viaje estalla una rebelión minera en Asturias. Numerosas personas son hechas prisioneras y Alberti se ve impedido de regresar a su país. Inicia entonces un viaje por diversos países de América, recogiendo fondos en Nueva York, La Habana y Ciudad de México para ayudar a sus compatriotas presos. El 18 de julio de 1936, cuando se inicia la Guerra Civil, está en Ibiza. Con su mujer debe esconderse en unas cuevas de la isla para burlar a los guardias durante varios días. Cuando la isla —"un trozo de tierra rodeado de agua y de guardias civiles"— es tomada por las fuerzas republicanas, regresa a la península y asume la Secretaría de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, a cuyo periódico, El Mono Azul, se dedica casi por entero. En esta época la actividad de Alberti como dramaturgo es febril. En octubre del mismo año de 1937 estrena en el Teatro Español su obra Los salvadores de España. Un año y dos meses después se presenta en el Teatro de Arte y Propaganda su "actualización" de la Numancia de Cervantes y en 1938 publica la obra Radio Sevilla en un libro colectivo de dramaturgos españoles, estrenando en noviembre su Cantata de los héroes y la fraternidad de los pueblos.
Al iniciarse la segunda guerra mundial la pareja se marcha a Buenos Aires, donde nace, en 1941, su hija Aitana. En Argentina dictará charlas, participará en recitales y continuará produciendo teatro, poesía y hasta pintura. Al año siguente publica De un momento a otro: drama de una familia española, obra de claro contenido autobiográfico, la Cantata de los héroes y la fraternidad de los pueblos, Vida bilingüe de un refugiado español en Francia y el libro primero de La arboleda perdida, sus memorias. La activa participación de Alberti en el quehacer cultural argentino continuará hasta 1963, cuando la situación política del país lo obliga a mudarse a Roma, ciudad a la que llega el 28 de mayo. Había ido a China en 1947 y presentado su primera exposición lírico-gráfica, en Montevideo; en 1950 había estado en Europa —Polonia, la Unión Soviética. En 1959, a los 57 años, publica los dos libros de La arboleda perdida. En Italia se hace amigo de Giuseppe Ungaretti, Pier Paolo Passolini, Vittorio Gassman y otras grandes figuras de la cultura de ese país. En 1965 recibe el premio Lenin de la Paz. España recibirá, primero, los originales del libro Abierto a todas horas, primero publicado en su país después de la guerra, y luego, al poeta, quien llega en 1977 después de casi cuatro décadas de exilio. "Me fui con el puño cerrado y vuelvo con la mano abierta, como símbolo de paz y fraternidad entre todos los españoles", dirá a su llegada. En 1972 se publica el primero de los cuatro volúmenes de sus obras completas, que contiene la poesía entre 1924 y 1967. Es nombrado diputado por Cádiz después de una campaña electoral cuyos discursos son pronunciados en verso. Alberti será, así, uno de los miembros del primer parlamento democrático en España después de 1936; sin embargo, en septiembre cede su puesto a otro candidato comunista, al considerar que los intereses de la región debían ser defendidos por un hombre más claro en cuanto a la situación económica.
En estos días no ha faltado quien califique a Alberti del último gran poeta de España. Su muerte deja, sin lugar a dudas, un vacío inabarcable en la literatura universal, en la que representó la tierna unión entre la poesía de lo hermoso y la poesía de lo social.
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