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La libertad del peor En el filme El pueblo contra Larry Flint, el personaje interpretado por el casi siempre magistral Woody Harrelson explica los motivos de su furia antisistema. Cuando un periodista le pregunta por qué considera que su lucha por mantener incensurable su revista Hustler está ligada íntimamente a la libertad de expresión, Flint —en la retorcida boca de Harrelson— le responde que, si a él le dejan publicar lo que quiera, el derecho a la libre expresión está garantizado, "pues soy el peor". Como saben los lectores venezolanos, y quizás los más atentos lectores foráneos, los meses finales de este siglo están marcados en nuestro país por la redacción de una nueva Carta Magna. El establecimiento de una Asamblea Nacional Constituyente en Venezuela es, quizás, el postrer intento de nuestra debilitada democracia por mantenerse con vida en un sistema en el que las libertades gocen del respeto absoluto de las autoridades y, por supuesto, de los ciudadanos; en contraste con los años precedentes, en los que la paulatina corrupción del ejercicio del poder ha frenado la evolución de nuestra sociedad en más de un sentido. Obviamente, un proceso de esta naturaleza es un terreno minado de polémicas, lo cual evidencia el deseo de los venezolanos por disfrutar de un Estado saludable que garantice esa evolución. Uno de los artículos, ya aprobado en primera instancia —pues en este mes de noviembre se realizará una segunda discusión—, predica que el Estado deberá velar por que el ciudadano reciba una información veraz. A grosso modo, podría entenderse esto como una sana aspiración de todo ser humano. Sin embargo, pensamos que el establecimiento, en la Constitución Nacional, de una norma como esta, deja las puertas abiertas para que individualidades de aviesas intenciones construyan barreras a la libertad de expresión. No hay una manera de medir quién de nosotros es el peor comunicador; luego, debemos garantizar los derechos del peor comunicador para que los del mejor no corran el riesgo de ser vulnerados. Por supuesto, tales pretensiones de un sector de la ANC se han encontrado con duras críticas, inclusive en factores ligados a la tendencia del presidente Chávez. La legendaria periodista Ángela Zago, guerrillera en los 60 y cronista voluntaria de la llamada revolución pacífica que Chávez ha impulsado en este convulso fin de milenio —y a la sazón miembro de la ANC—, ha sugerido que haría campaña en contra de la aprobación de la nueva Constitución de Venezuela si el artículo en cuestión permanece inalterado. Desde el pequeño rincón que ocupa nuestra publicación en el espectro comunicacional venezolano e internacional, sentamos nuestra posición: nunca hay demasiada libertad. La libertad de expresión es uno de los bienes más caros de nuestros sistemas políticos, y cualquier atadura es de alguna manera un muro de contención para todos los demás derechos.
Jorge Gómez Jiménez Letralia, Tierra de Letras, es una producción de JGJ Binaria. Todos los derechos reservados. ©1996, 1998. Cagua, estado Aragua, Venezuela
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