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Poemas
Caridad Blanco de la Cruz
Cartomancia
Voy a poner mi vida sobre la mesa
en una balanza pesaré cada segundo
miraré con ternura sus ojos todavía
conservaré su gesto en mi memoria
Cuando ella crezca me tomará las manos
a pasear llevará las tardes niñas
prendidas al cuchillo que puse
donde muerde la fuerza de mi ira
Cuando suceda, en fin, cuando pálido
quede el rumor de las cosas aprendidas
y mis brazos quieran estrecharme en el pasado
voy a encontrar mi vida en esa mesa
en la que alguna vez jugamos a las cartas
sólo un instante, apenas un segundo antes
de toda la eternidad en estampida
tras la puerta elegida del destino.
Toccata y fuga
Alguien al parecer se esconde
también en sus ojos
Una pequeña boca susurra
Llueven días, llueve...
El tiempo, ese infiel
devora en una esquina estos versos
y las flores son
polvo y ceniza entre sus dedos
La gente corre, corre
¿A dónde van?
La tibia lengua del tiempo
penetra mi boca
besada en medio de la calle
No consigo despegar los párpados
A tientas corremos juntos
me desviste al paso de su lengua
Un rastro húmedo cubre mis senos
multiplico círculos en la profundidad
remota de mi ombligo
Puede ser noche de luna llena
un día cualquiera lunes o domingo
El tiempo
quita el rostro niño
las manos adolescentes
lleva mi sexo a su boca
Paso
y me disuelvo en la nada.
Paisaje
Cuando veo las naves partir
me duelen sus huellas de agua
todo el universo prendido a sus banderitas
que se tragará el horizonte
Parada en la orilla
clavada
por el asidero de dudas
que cubren mis pies como la arena húmeda
no tengo lágrimas
para nombrar lo que rompe adentro
abismo en el que no distingo
ese algo mío que se va con ellas
esa vibración perdida para siempre
ese nunca más que comienza a ser posible.
Reino
Vivo en una burbuja de cristal
donde noblemente balanceo mis días
aquí la miel me llega hasta los labios
bandadas de nubes merodean mis pasos
no me alcanzan la ira, el odio, el desamor
como la tos, se me pasan los recuerdos
Sé que afuera está lloviendo
el miedo algunas veces sobresalta
tiene un precio ejercer su dominio
Tiembla la burbuja y va a romperse
instante prefijado, puedo verte.
Autorretrato
Mis palabras son como las estrellas,
nunca se extinguen.
Gran Jefe Seattle.
Conformo a besos mis contornos
perfilándome en acto de sacramento
El pelo abandona su negrura
la frente profundiza las líneas
desde donde las frases emergen
los ojos
conocedores de la tristeza
se hermana con la boca sonreidora
Ha guardado las alas el pecho
preservándolas de intrusos
y el cuerpo pretexta
para no desvanecer
dibujarse
a golpe de poesía
Cada palabra es mi manifiesto
el tiempo en que preciso
sin perder la bondad
oírme y que me escuchen
en la posmodernidad
que asfixia la otredad
con la que intento pintar
mi retrato
antes de que la oscuridad
se me eche encima