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Una particular crónica del Covid-19
(a propósito de la exposición fotográfica Crónicas de la incertidumbre, de Yuri Valecillo)

domingo 5 de mayo de 2024
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Yuri Valecillo
La exposición Crónicas de la incertidumbre, del fotógrafo venezolano Yuri Valecillo y que se exhibe desde el 20 de abril de 2024 en la SAQ Gallery, en Ciudad de México, busca ser algo así como una crónica del día a día de la pandemia del Covid-19. Pascual Borzelli Iglesias

El World Press Photo del año 2024 ha seleccionado la foto hecha por el fotoperiodista palestino Mohammed Salem. En la fotografía una mujer abraza a una niña que acaba de fallecer en la Franja de Gaza. No se muestra ni el rostro de la mujer ni el de la niña. La mujer, cuyo rostro el espectador no puede ver, ya que está oculto por su brazo, viste un atuendo largo de color azul y un velo marrón que le cubre el cabello, mientras el cuerpo y la cabeza de la niña que la mujer rodea con un abrazo, están envueltos en una tela blanca, señal dolorosa de que ya no está con vida. La foto me recuerda un verso del poema “San Martino de Carso”, de Giuseppe Ungaretti: “Mi corazón es el país más devastado”. Ambos condensan una crónica de ese horror doloroso que desata toda guerra.

Susan Sontag escribió: “Todas las fotografías son memento mori. Hacer una fotografía es participar de la mortalidad, vulnerabilidad, mutabilidad de otra persona o cosa. Precisamente porque seccionan un momento y lo congelan, todas las fotografías atestiguan la despiadada disolución del tiempo”. Pero es también una forma de capturar un instante que se volverá historia; es como una crónica del tiempo que discurre inexorable con su gloriosa (o terrible) carga de acontecimientos.

Esta exposición de Yuri Valecillo, Crónicas de la incertidumbre (que se exhibe en la SAQ Gallery, dirigida por Sebastián Monjarás y ubicada en Santa María La Ribera, en Ciudad de México), busca ser algo así como una crónica del día a día de la pandemia del Covid-19. No son fotos que retratan el doloroso espanto de la pandemia; mucho menos el horror vacui del encierro y la soledad por cuarentena. Las fotografías van al encuentro del individuo común quien, a pesar de todas las contingencias que la pandemia impone, sale a la calle a buscar el sustento, ensayando así una doble supervivencia. Todo desde esa perspectiva de la incertidumbre y ganándole otro día al contagio o a la muerte.

Yuri sale a la calle y va registrando con su cámara la realidad cernida por la pandemia y los actores (o actrices) principales de sus fotografías son músicos callejeros, vendedores ambulantes, caleteros, dueños de pequeños negocios, limpiabotas, estudiantes en protesta, etc. En suma, gente que necesita trabajar, dándoles la espalda a la ciudad desolada y a los titulares de los periódicos reportando los contagios o los decesos a causa de la pandemia.

Luego de un tiempo, y disipada la niebla desquiciada de la pandemia, el fotógrafo tropezó con un dilema. ¿Cómo presentarlas para una exposición? Yuri estuvo cavilando por meses hasta que encontró la solución. Algunas fotos irían acompañadas por la primera plana de algún periódico, detallando el macabro balance de la pandemia.

Como fotógrafo Yuri intenta ir en sentido contrario. Detesta que lo incluyan en ese bando de los artistas de la fotografía. No por falsa modestia, sino que está como más a sus aires en esa trinchera de los fotoperiodistas. No sin gran acierto Roland Barthes escribió:

La sociedad se empeña en hacer sentar cabeza a la fotografía, en templar la demencia que amenaza sin cesar con estallar en el rostro de quien la mira. Para ello tiene a su disposición dos medios. El primero consiste en hacer de la fotografía un arte, pues ningún arte es demente. De ahí la insistencia del fotógrafo en rivalizar con el artista, sometiéndose a la retórica del cuadro y a su modo sublimado de exposición. La fotografía puede ser efectivamente un arte: cuando no hay en ella ya demencia alguna, cuando su noema es olvidado y por consiguiente su esencia no actúa más sobre mí (...). El otro medio para hacer sentar cabeza a la fotografía consiste en generalizarla, en gregarizarla, en trivializarla hasta el punto de que no haya frente a ella otra imagen con relación a la cual pueda acentuar su excepcionalidad, su escándalo, su demencia.

Yuri busca en sus fotos que la demencia siga fraguando su decidida conmoción y avive alguna chispa en el espectador.

Hoy, con todos esos adminículos tecnológicos, cualquiera puede hacer fotos y, como asevera Susan Sontag, se ha transformado en una diversión tan rutinaria como el sexo o el baile. Pero la foto que se detiene con paciencia y pasión en lo cotidiano, buscando esa estética del asombro, de lo mágico a pesar de su crudeza, es una opción que es cultivada por una minoría de fotógrafos que todavía piensan que la demencia sigue intacta, acechante, y se puede encuadrar en un instante.

Esta exposición de Yuri, Crónicas de la incertidumbre, condensa un poco su estilo; esa manera de interrogar a la realidad, de buscarle una estética sin afeites ni maquillaje. Durante la pandemia todo fue jugar en esa ruleta de lo incierto. Sobrevivir y no dejarse doblegar por todos los apremios que conlleva la cuarentena es una experiencia poco agradable. Creo que en el fondo estas fotos de Yuri son una crónica particular/visual de la pandemia. No hay patetismo y sí hay sólo gente expuesta en su lucha silenciosa contra la pandemia. En las fotos la heroicidad está como velada, pero está allí como latido, como disposición a resistir, a sobreponerse al horror y valorar la vida como un don preciado que bien vale muchos y nuevos amaneceres.

Carlos Yusti
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