
Una de las sempiternas tejedoras por excelencia pertenece a la literatura. En ese gesto de tejer y destejer hay un sutil gesto de ingenio, rebeldía y tiempo; ese tiempo a su vez tejido de amor y de la espera. De igual modo hay otra tejedora que es una leyenda y pertenece a los wayúu, pueblo indígena (u originario) residente en esa inhóspita península de la Guajira, entre el norte de Colombia y el noroeste del estado Zulia. Sus características más resaltantes son su organización social matrilineal (linaje materno), su lengua wayuunaiki y una exquisita tradición textil. Cuenta la leyenda que la araña, Wale’kerü, enseñó a tejer al pueblo wayúu. La historia relata cuando Irunuu, un joven cazador, rescata a una niña huérfana y la deja al cuidado de sus hermanas. Éstas, sin embargo, la maltratan y la obligan a dormir a la intemperie. En secreto y durante la noche, la niña se transforma en una hermosa doncella que genera hilos de colores por la boca para tejer piezas extraordinarias. Aunque las hermanas se adjudican el mérito de los tejidos, Irunuu descubre la verdad: presencia la transformación fantástica de la joven y observa cómo sus envidiosas hermanas se convierten en murciélagos como castigo a su crueldad. Luego de revelado el misterio, la joven decide quedarse con el cazador para enseñarles el arte del tejido a los wayúu, con la única condición de que él mantenga su secreto. No obstante, Irunuu es engañado por espíritus malignos y rompe su promesa, provocando que la doncella se transforme definitivamente en la araña Wale’kerü y desaparezca en el bosque. A pesar de la pérdida, el cazador conserva las piezas tejidas para que las futuras generaciones de su pueblo puedan aprender y preservar esta técnica de tejido como parte esencial de su identidad cultural.
El arte desde las vanguardias ha experimentado con nuevos materiales y distintos soportes para seguir expresando las contradicciones de un mundo apremiante, en el que muchos prejuicios continúan maquillándose a conveniencia para que los administradores del poder prosigan traficando con las sombras.
El trabajo de muchos artistas ha incorporado hilos, tejidos, fibras y telas para continuar tejiendo ingenio, rebeldía y tiempo y así hacer frente a los prejuicios y a las tentaciones totalitarias ejercidas contra los más vulnerables y contra todos aquellos que traten de afirmarse desde la diferencia en una sociedad que busca lo homogéneo, y que todo encaje sin ruido en esos parámetros de una supuesta “normalidad”.
El trabajo artístico de Gina Bianchi utiliza como una manera de contar, como un sueño que entreteje con los hilos de la imaginación y la memoria la historia (los mitos) de nuestros días.
Formada como arquitecta, fue encontrado en la pintura y el dibujo un mundo repleto de posibilidades estéticas. Bianchi, aguijoneada por la inquietud, ha explorado una variada gama de técnicas, desde la pintura al óleo pasando por el papel maché y los textiles, en los cuales ha encontrado su voz (ars poetica) particular.
Gina Bianchi, durante los últimos tres años, se ha centrado en los textiles y en la creación de obras que entretejen hilos y telas e incorporan esa simetría mítica que se descubre en un tejido cargado de memoria y crítica.
El trabajo de Bianchi no es nada convencional, y un ejemplo podrían ser sus 33 monjas textiles, hechas con tablas de planchar. Cada obra ofrecía al público una narrativa particular, y así estaban esas obras: “Homenaje a Nikky”, creada tras la muerte de Niki de Saint Phalle; “Intifada”, inspirada en acontecimientos de Oriente Medio, o esa creada de la intimidad titulada “Mi madre”.
Uno de los trabajos artísticos más representativos de Bianchi podría ser ese que tomó como base de inspiración el trabajo tradicional de las mujeres kunas.
Los gunas (o kunas) son un pueblo indígena ubicado en Panamá y Colombia, conocido por su fuerte identidad cultural y la confección de la “mola”. La mola es un arte de tejido tradicional de profuso colorido y con una ornamentación llamativa de animales, figuras geométricas, aves. En ocasiones las blusas cuentan alguna historia, un sueño, un incidente. Tuvo su origen en la pintura corporal. Mola (apócope de mor; plural mola-kana) es el nombre que proporcionan los kuna a cualquier prenda de tela y de igual modo les sirve para nombrar, desde lo metafórico, cualquier material que cubra, como el ramaje de un árbol, el plumaje de un pájaro, la piel, etc. Son hechas de varias capas de telas de diferentes colores tratadas mediante una técnica llamada aplique inverso, una técnica escrupulosa que recuerda el cincelado o la incrustación.
A Bianchi le interesan esos materiales cotidianos, o como lo expresa ella misma: “Volver al arte desde un mundo de ‘pequeños gestos’ y ‘pequeños materiales’ básicos. Redescubrir un lenguaje personal y textil, al igual que el pueblo dogón, que asocia el habla con los textiles. En la lengua dogón, ‘estar desnudo’ o ‘ser mudo’ se expresan de la misma manera”. Los textiles de Bianchi buscan hablar, expresarse y nombrar el mundo desde lo libre, desde esos hilos que se van entrecruzando hasta contar/descubrir al espectador un cuento colorido y pleno de contrastes. Los textiles son formas de dar voz, sonido y furia a todo ese silencio que abruma y desdibuja a muchas mujeres. Además, le permiten a Bianchi redescubrir la esencia de lo femenino, o como ella lo expresa: “Redescubrir y redibujar la quintaesencia de la feminidad, e incluso la ‘feminidad’, en los textiles. Un material humilde y utilitario, los textiles lo invaden todo, lo habitan todo. Fregona, prenda, sudario, lencería erótica o bandera... y no olvidemos el infame shadri afgano. Y las mujeres a menudo son las abanderadas, las usuarias y las creadoras a la vez”.
Otra faceta a destacar de Gina Bianchi es su trabajo de escritora para café-teatro, además de actuar. O como la misma Bianchi lo ha dicho: “Para mí, ambos enfoques, teatral y visual, van de la mano. Siempre es la búsqueda, la exploración de la feminidad, lo que guía estos dos enfoques”.
Ese de la feminidad es el eje central de la propuesta estética de Bianchi, pero una feminidad expuesta no en su victimización, sino desde lo afirmativo y lo crítico. Lo femenino como una respuesta ingeniosa y estética contra esos desafueros que se siguen llevando a cabo, de manera velada, contra la mujer. Bianchi lo ha dicho mejor: “Quiero encontrarme con la mujer tradicional, atrapada, amurallada en su mundo de oscuras tareas domésticas, que escapa buscando la locura, subvirtiendo los materiales y herramientas que constituyen su entorno habitual”.
Bianchi hace un viaje exploratorio por los textiles con su trabajo, o como ella lo indica: “Una exploración textil cuyas herramientas serían la trama, el bordado, el desgarro, la costura. Bordado, costura, destrucción, transformaciones... Los textiles se convierten en una metáfora que nos permite captar el reflejo de la creación, su pasado y su génesis”.
En los textiles de Bianchi hay una poética, una metáfora de lo femenino como afirmación y respuesta, pero también como un grito que se entreteje con los colores perdurables de la justicia, el amor y ese amasijo de tiempo que algunos llaman espera. La araña Wale’kerü vuelve del bosque para afirmarse tejiendo con los hilos la belleza de su feminidad crítica.
Gina Bianchi
Vivo y trabajo en Aveyran, en la región francesa de Alta Saboya. Me formé como arquitecto (DPLG, 1984, Nancy). Trabajé durante muchos años en México y Bolivia, y realicé numerosos viajes allí entre 1983 y 1995. Siempre he dibujado. Empecé a pintar sobre lienzo en 1982. Después exploré diversas técnicas, desde el óleo hasta el papel maché, y finalmente el textil, un material que actualmente me parece el más adecuado para mi exploración artística. Desde 1999, he estado creando “obras textiles” con telas, bordados y diversos añadidos como pelusas o etiquetas de identificación... Recojo todo tipo de residuos textiles, desde botones viejos y retales de tela hasta ropa desgastada y redes de cebolla. También desarrollo una práctica teatral que va de la mano con mi arte visual: es siempre la búsqueda, la exploración de la feminidad, la identidad y la alteridad lo que guía estos dos enfoques.
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