
La literatura tacneña tiene una larga tradición que, a través de la poesía, especialmente, ha aportado notablemente a configurar el panorama literario nacional. A pesar de ello, de los notables poetas cuyos nombres podemos recordar, y seguir releyendo, el centralismo limeño y la posición geográfica extrema y fronteriza de Tacna, parecen invisibilizar a algunos autores que publican y animan una activa vida cultural en la ciudad heroica.
Al mismo tiempo, esa misma posición le ha dado una gran ventaja, pues su cercana relación con Chile, Bolivia y Argentina, además de las principales ciudades del sur del Perú, ha permitido un fluido intercambio cultural, en el que se desenvuelven con notable calidad los escritores tacneños. La dinámica industrial del libro no es ajena a este proceso, pues casas editoriales de esta región impulsan la creación y publicación de autores locales, logrando, incluso, extender su espacio de difusión a los países vecinos.
Es en este ambiente en que alcanzo a acceder a la obra de unos los poetas más interesantes de las nuevas generaciones que producen su poesía desde la frontera. El libro La máquina y una cabeza voladora (Cuadernos del Sur, 2023) de Mario Carazas Conde, llama rápidamente la atención por el lenguaje desenfadado y fresco con el que el autor asume los temas que le afectan. Sarcasmo, desenvoltura y hasta cierto desparpajo hay en esta poesía que hace recordar algunos de los poemas que caracterizaron la poesía de los años setenta, en Lima, y de los primeros años de los ochenta.

La máquina y una cabeza voladora
Mario Carazas Conde
Poesía
Cuadernos del Sur
Tacna (Perú), 2023
ISBN: 978-612-48505-3-0
79 páginas
La soltura con que Carazas (Tacna, 1975) asume su lenguaje no deja de lado la manera contemporánea con la que nos comunicamos gracias, o desgraciadamente, a raíz de la influencia de la tecnología de los medios de comunicación: “Tu poema no tiene barbita / no es un hit de Aguamarina. / Tu poema es una cerveza caliente / es cero likes...”. En los últimos años hay muchos ejemplos del uso de este lenguaje, es natural tanto en la vida cotidiana como en la expresión artística, incluso en la académica; aun así es novedoso, en vista de que la expresión poética está asumiendo poco a poco estas formas.
Otro ejemplo: “Cristo ríe de las últimas barbaridades que he escrito / ‘¡Buen intento, chaval!’, ahora Cristo es español, / y ahora mismo te está mirando. / Tú no tienes colecciones de Playboy ni Penthouse / pero Yisus se las sabe todas y más hábil que raudo / revisó ya tu impecable historial de internet / las páginas y el sudor que descargas / y ya no eres más su elegido...”. Esta manera de abordar el poema, o los temas que lo inquietan, le ha permitido a Carazas ser incluso más directo para expresarse, retratarse o ilustrar su entorno.
Sin embargo, el poeta no es ajeno a la crítica social. Asumiendo la ironía, como un arma disimulada, logra ser directo, asestando el golpe con precisión. El poema “País de las maravillas” es un ejemplo interesante: “Aquí todo funciona de maravilla / el corte de luz, el corte de agua, el atraco, / el pez chico, el pez grande, / el cogotero, el cuello blanco. // En mi país todo se desploma a la hora, / las promesas, los puentes y el salario. / En mi país como ranas cada cinco años / saltamos de una injusticia a otra”.
Otra característica de la poesía reunida en el último libro de Mario Carazas es el lenguaje coloquial con el que se desenvuelve, con una libertad que demuestra la seguridad con la que asume su reflexión. Cito un último ejemplo, esta vez relacionado con la literatura clásica contemporánea y la modernidad que, como el lenguaje, va degradando al hombre a través de otras modas, como la apariencia física, u otros males sociales como la falta de trabajo, la violencia o la corrupción institucionalizada.
El poema que da título al libro hace referencia a la también desenfadada época beatnik, y empieza así: “He visto a las mejores mentes de mi generación / quemarse en los gimnasios / endurecer los glúteos y trapecios, / los he visto rodar...”. El poeta desencadena, con la velocidad con que se mueve todo a su alrededor, su fastidio y pesimismo, no ve en su entorno alguna señal de evolución y, para no parecer resignado, enfrenta el tedio y la desesperanza.
Carazas refleja al hombre contemporáneo tratando de sobrevivir en el laberinto urbano, y así como enfrenta la realidad que lo agobia, enfrenta su propio mundo, su historia personal, y en ese mundo particular cuestiona el arte, el poder, la religión, y busca respuestas en la soledad, la violencia, la informalidad y el aturdimiento con que los hombres se contagian e intentan sobrevivir.
Podría decirse, también, que el poeta expone su ciudad, Tacna, ubicada en el extremo sur del Perú, que lo absorbe, con su incontrolable crecimiento urbano, pero podría ser cualquier ciudad latinoamericana. Más bien Carazas expone el drama contemporáneo del hombre de sentirse solo en medio de la multitud, inútil ante la maquinaria de la modernidad, aferrándose a la poesía, al arte, a él mismo.
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