Saltar al contenido

Película peruana cuestiona racismo y exclusión en Perú

viernes 23 de enero de 2026
¡Comparte esto en tus redes sociales!
Javier Corcuera
La visión de Javier Corcuera sobre la memoria, a través de hechos y personajes históricos y desde una perspectiva contemporánea, le ha permitido asumir una posición que cuestiona el sistema sin necesidad de adoptar una posición política partidaria o extrema.

Una balsa solitaria en medio de un lago inmenso, una wifala flameando entre la multitud, el agudo sonido de un charango lejano, un arpista que no puede levantar la cabeza por el peso de su llanto, el estruendo de los disparos, las balas bajan del cielo, desde helicópteros, jóvenes caen en el asfalto, una niña baila, inocente, sonriente, es el rostro de la esperanza. Son las imágenes del dolor y la frustración. Los espectadores tragan saliva y disimulan sus lágrimas llenando su boca de popcorn, palomitas de maíz, gaseosas. Lo que se sabía por los noticieros televisivos, las transmisiones por las redes sociales, ahora se puede ver en pantalla gigante, en los cines comerciales. El documental Uyariy (escucha, en quechua) fluye como un río violento, sin pausa.

Una película cargada de realidad y emociones, la de Javier Corcuera ha sido también víctima del sistema. Anunciada por los medios de comunicación, las cadenas que administran las salas de cine en los centros comerciales del país la suspendieron justo el día de su estreno. Sin embargo, la presión de espectadores y colectivos culturales obligó a reabrir las salas, programar funciones y mantenerla en cartelera. A sólo tres años de los sucesos sangrientos que se desencadenaron al asumir la presidencia de la república Dina Boluarte, las heridas están frescas en la memoria de varias zonas del Perú, especialmente en la ciudad sureña de Juliaca, donde murieron dieciocho personas.

El documental recoge los testimonios de los familiares de las víctimas del aquel fatídico 9 de enero de 2023, de los jóvenes que integraron colectivos de apoyo médico en las marchas, periodistas que cubrieron la información, pero cuyas imágenes nunca se difundieron, así como las manifestaciones populares al cumplirse el primer año de los hechos. Hay un hilo conductor en la voz de un sacerdote que intenta ser neutral, pero no hay forma de no tomar partido por las víctimas y, por supuesto, cuestionar el papel del gobierno, de un Estado que por siglos ha sido indiferente hacia sí mismo.

“Uyariy”, de Javier Corcuera
La película Uyariy fue censurada por las salas, pero la presión de espectadores y colectivos culturales obligó a reabrirlas, programar funciones y mantenerla en cartelera.

Para demostrarlo, como una manera de ilustrar al público, se retoma una experiencia de hace un siglo, cuando las comunidades de Huancané, zona cercana a Juliaca, en Puno, protagonizaron un levantamiento popular para exigir el cumplimiento de los derechos a una educación universal de calidad, a atención de salud, respeto a la propiedad de sus tierras, pero como respuesta recibieron balas y fusilamiento. Esas heridas siguen abiertas, y la lucha por mantener la memoria viva se hace perpetua. Está claro que el documental de Corcuera se suma a ese objetivo.

Una vez más, el arte, como la literatura o el cine, la música o la pintura, el teatro o la artesanía, se convierte en una manera de cuestionar a la sociedad, que en su devenir va asimilando y borrando los hechos según sus intereses. Se ha advertido muchas veces sobre el carácter racista y excluyente de los grupos de poder y gobierno en la estructura del Estado peruano, esta condición histórica se hace más dramática en situaciones donde el contexto político vuelve a enfrentar a los ciudadanos. La respuesta de estudiantes, trabajadores, campesinos, ante los excesos o inacción del gobierno, no es escuchada. Y ese es, precisamente, el mensaje de esta película.

Uyariy significa “escucha”, en quechua, el idioma inca que junto al aimara ha resistido a los intentos de desaparecerlo durante la invasión, conquista, colonia y república por quienes detentaron el poder, y hoy más de medio millón de personas lo hablan en el territorio peruano. Es significativo el título porque el mensaje no está dirigido a esa población en particular, ni al ciudadano en general, sino al propio Estado, a quienes están en el poder y no han hecho nada para investigar y sancionar el uso excesivo de la violencia por parte de la policía ni asistir a los sobrevivientes —el testimonio de un niño postrado en cama por una bala perdida y con miedo a volver a salir a la calle, es desgarrador—, menos generar un proceso que escuche el clamor de los familiares, y se resume en su pedido de justicia.

La película es un producto logrado. La visión de Javier Corcuera sobre la memoria a través de hechos y personajes históricos, desde una perspectiva contemporánea, como los documentales Kachkaniraqmi (Sigo siendo) sobre la resistencia cultural a través de la música en homenaje a José María Arguedas, o El viaje de Javier Heraud, que recrea el tránsito final del poeta asesinado a los veintiún años, le ha permitido asumir una posición que cuestiona el sistema, sin necesidad de adoptar una posición política partidaria o extrema. En este sentido, el aporte de la soprano Edith Ramos y el músico Zamy Juárez, para dirigir la banda sonora, y el de Mariano Agudo para una extraordinaria fotografía, han sido fundamentales para lograr un lenguaje conmovedor que conecta rápidamente con el público para establecer un diálogo con mucha sensibilidad.

Es inevitable la reacción del espectador, que finalmente ha llenado a tope las salas de proyección, al culminar la película. Mientras algunos terminan de limpiarse las lágrimas y respirar con más calma, otros sueltan consignas contra el gobierno, la policía, o reivindican antiguas frases sobre la tan postergada justicia. La película inyecta en el público el mensaje que debe direccionarse a los grupos de poder y al propio gobierno, que, en la coyuntura política peruana, en un año electoral, es importante tomar en cuenta para tomar mejores decisiones.

“Uyariy”, de Javier Corcuera
Uyariy significa “escucha”, en quechua, el idioma inca que junto al aimara ha resistido a los intentos de desaparecerlo durante la invasión, conquista, colonia y república por quienes detentaron el poder.
Alfredo Herrera Flores

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio