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La poesía peruana mira al sur
(sobre el libro Cartografía de la poesía sur andina de los ochentas, de Guissela Gonzales Fernández)

martes 21 de octubre de 2025
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Guissela Gonzales Fernández
El estudio de Gonzales Fernández contiene un detallado análisis de la poesía de varios poetas nacidos y afincados en Puno, Cusco y Arequipa, principalmente.

Por varios años, Guissela Gonzales Fernández, profesora de literatura de la Universidad Mayor de San Marcos, ha estudiado la poesía peruana producida en el ámbito geográfico del sur andino durante las dos últimas décadas del siglo XX. No ha sido casual ni antojadiza la decisión de enfocarse en ese espacio y en ese período temporal, pues hay muchas razones por las que es necesario ubicarse allí para entender también la realidad del Perú, tantas como las hay para justificar o explicar su invisibilidad. Esta doble percepción se puede ampliar, sin muchos cambios y sólo con algunos matices conceptuales, y aplicar a casi toda nuestra historia, especialmente desde la presencia violenta de los exploradores españoles en el territorio suramericano. La idea de que la cultura andina, el primer ingrediente de lo que ahora se llama Perú, o cultura peruana, nace precisamente en territorio sur andino, es suficiente razón para no dejar de verla con mirada crítica, analítica y prospectiva.

El sur, desde cualquier punto de vista considerado como “debajo de” por razones cartográficas, tiene, por supuesto, sus propias dinámicas de desenvolvimiento. La percepción relativa de las posiciones y las abstracciones que dominan nuestra cultura nos permiten decir, por ejemplo, que el sur peruano está al norte de Chile. Pero, al interior de nuestros límites, otras connotaciones surgen respecto a cómo nos interrelacionamos entre nosotros, donde la identidad territorial o cultural nos vuelven a poner pruebas para definirnos, o definir al otro. Por extensión, con criterios políticos no siempre adecuadamente aplicados a determinadas realidades, se ha dicho que el norte era superior al sur, o que del norte venía lo bueno y útil y del sur lo malo o dañino. Esa ya era una manera de dividirnos. Guissela Gonzales Fernández, en su estudio, cita incluso el informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (2003), un valioso documento en el que se refleja con profundo patetismo la actitud de los peruanos respecto a lo que consideran el “otro”, una de las razones por las que hemos derivado en situaciones violentas.

La coincidencia del espacio temporal del estudio de Gonzales Fernández y el período que investiga la violencia generada en el Perú, es el mismo (1980-2000).

Pero este es sólo el punto de partida del análisis que hace la autora en su libro Cartografía de la poesía sur andina de los ochentas, entre el canon y la disensión (2025). Si bien es cierto que la poesía, la literatura y el arte en general, son universales, se hace necesario poner límites para su estudio y análisis. En este caso, está claro el ámbito de estudio que se ha escogido para repasar parte de la poesía peruana, que abarca un amplio espectro de nombres, publicaciones, grupos literarios, propuestas estéticas y discursos políticos. Se podría decir que ese cuerpo poético es fragmentario, y al mismo tiempo unitario, que la diversidad es nuestra mayor fortaleza y al mismo tiempo nuestra mayor debilidad. Sin embargo, la coincidencia del espacio temporal del estudio de Gonzales Fernández y el período que investiga la violencia generada en el Perú, es el mismo (1980-2000), y una de las conclusiones en ambos casos es que la sociedad peruana vive, aún, con una mitad dándole la espalda a la otra.

“Cartografía de la poesía sur andina de los ochentas”, de Guissela Gonzales Fernández
Cartografía de la poesía sur andina de los ochentas, de Guissela Gonzales Fernández (Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar, 2025). Disponible en la web de la editorial

Cartografía de la poesía sur andina de los ochentas:
entre el canon y la disensión

Guissela Gonzales Fernández
Ensayo
Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar
Lima (Perú), 2025
ISBN: 978-612-49988-0-5
356 páginas

En el ámbito literario, luego de hacer un apretado pero coherente repaso histórico al proceso de la literatura peruana, desde Garcilaso hasta nuestros días, Guissela Gonzales Fernández se detiene en el tránsito de los años setenta al ochenta, etapa en que se configura lo que se dio en llamar generación del ochenta. Desde Lima, desde donde se ejerce un centralismo que abarca casi todas las consideraciones sociales, se ordenaba y renovaba el canon literario señalando una serie de nombres de poetas jóvenes, radicados en Lima, que conformaría la nueva generación del ochenta. Salvo algunas menciones, esa nueva hornada se concentraba en el ámbito y en los poetas de Lima. Ya en 1990, Rolando Luque es quien asume un primer estudio para definir la generación del ochenta en y desde Arequipa (1990), mientras que en otras ciudades importantes, como Puno y Cusco, este proceso demora un poco más.

Guissela Gonzales Fernández ha reunido libros, revistas, suplementos, notas periodísticas, estudios y testimonios sobre la poesía producida en aquella etapa; ha organizado encuentros, recitales y conversatorios con los poetas más notables de esa generación; ha repasado y analizado la producción literaria para, con todo ello, proponer la tesis de que la poesía sur andina peruana era una de las de más alta calidad en una de las etapas más difíciles de la historia política y cultural contemporánea. Ya se veía que la poesía sur peruana asumía una renovada presencia en el ámbito de la literatura peruana, luego de que en los años veinte se formaran en las tres principales ciudades del sur andino grupos literarios que habrían de aportar con obras y nombres al contexto nacional: Aquelarre, en Arequipa; Orkopata, en Puno, y en Cusco un movimiento renovador ligado a la intelectualidad universitaria.

El estudio de Gonzales Fernández contiene un detallado análisis de la poesía de varios poetas nacidos y afincados en Puno, Cusco y Arequipa, principalmente, pues algunos de ellos radican en Lima, Tacna o en el extranjero. Lamentablemente, otros fallecieron precisamente mientras se realizaba la investigación, como Luzardo Medina Egoavil y Pacha J. Willka. Hay entre ellos, según la investigadora, temas comunes en su poesía, como el mito y la memoria, migraciones y exilios, ritos andinos y miradas particulares sobre el mar, los Andes, la muerte o la identidad. Es interesante la manera como la investigación va recorriendo de manera transversal estos temas en la obra de quince poetas, lo que no se asume como coincidencia, sino como ejes temáticos que, más bien, van a dar como resultado un nuevo esquema poético propuesto desde el sur peruano.

Mientras que en Lima, referente inevitable, la temática poética no se desprendía de la influencia del grupo Hora Zero, se hacía urbana y desordenada, o recibía la influencia de poetas que recorrían el continente, la poesía sur peruana maduraba y se extendía sin renunciar a su identidad andina, sin buscar ser una unidad, enriqueciéndose precisamente con sus particularidades. Poetas tan dispares como Boris Espezúa, José Gabriel Valdivia o Yván Yauri, o con experiencias tan extremas como Juan Mescco, Lolo Palza, Porfirio Mamani o Alfredo Herrera, o con propuestas estéticas tan diferentes como Oswaldo Chanove, Alonso Ruiz Rosas, Nilton del Carpio o Luzgardo Medina, han enriquecido un conjunto en el que autores como Odi Gonzales, Esther Villafuerte, Luz Vilca, Rosa Elena Maldonado o Pacha J. Willka conformaron una generación que cambiaría la visión peruana respecto a lo que hasta entonces, y con clara influencia limeña, se consideraba la generación peruana de los ochenta.

La propuesta de Guissela Gonzales Fernández obliga a voltear la mirada hacia el sur del Perú, desde donde se podría reconfigurar el canon literario peruano. Señala que hay una limitada comprensión de lo poético nacional a raíz de circunstancias históricas que han derivado en actitudes racistas y centralistas y, en consecuencia, relaciones tensas entre Lima y otras regiones del Perú. La literatura se abre camino en estas y otras circunstancias y continúa su rumbo. Mirar el sur es descubrir un nuevo norte. No se trata de una reivindicación poética, política o cultural sino, más bien, de la consolidación de una posición poética, de la afirmación de una propuesta estética que asume distintas formas de ver una misma realidad. Por supuesto, esa manera de ver la realidad de fin de siglo de un país siempre en llamas, es también la continuidad de una experiencia artística, diversa, contemporánea y renovadora.

Alfredo Herrera Flores

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