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Ender Rodríguez:
“Todo se fusiona mágicamente”

viernes 31 de enero de 2025
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Ender Rodríguez
Ender Rodríguez: “Estar en búsqueda inagotable ‘como método’ es ya celebrarse en el sendero que se logra y se va logrando”. 📷 Joshua Rodríguez

Dije: ahora voy a leer a Ender Rodríguez. Aunque de repente me comentan: “Él es artista plástico”. Y si tuviera oportunidad de ir a conocer sus obras me dirían: “Él escribe, eso es lo que hace”. Le tengo aprecio digital, admiración virtual, memoria de Internet, pero no lo conozco. Le envié preguntas para una entrevista y las respondió. Al leerlas he estado a punto de decirle: “Ender: eres un artista incomprendido y eso es altamente alentador en este nuevo e intratable siglo”.

He visto algunas de sus obras, sus collages, sus poemas imbricados en collages, y he leído unos cuantos de sus poemas solitarios y contundentes. Qué alegría encontrar a un poeta. No sé nada de su existencia, pero es un creador que ha hecho el esfuerzo de ascender hasta un lugar donde no es posible despreciar el resultado, la agonía, el acezante sonido de la bella muerte: la poesía luchando en su crisálida.

Estadísticamente, la mayoría de los escritores del planeta no son leídos. Pero el problema es que la ausencia de lectores es una peste incurable. Esa peste es como la gripe: muta y sigue. Leer es como algo que no tiene sentido para una multitud que crece y crece y no deja de crecer y se riega por el planeta y hace de todo menos leer.

Y si el autor es venezolano ni siquiera sus paisanos sienten la más mínima curiosidad por conocer lo que hace. No es relevante. No parece conducir hacia el dinero, la felicidad, el divertimiento. No es comida para vender.

Si eres un escritor venezolano es probable que no te lean tus compatriotas por un extraño prejuicio, como si los venezolanos estuviesen impedidos de escribir medianamente bien.

Y si eres artista plástico, conceptual, amplificador de gestos en equis performance experimental, es como si no hubiese una obra verdadera y auténtica enfrente. Nadie se acerca lo suficiente para ver la obra en sí. No podrás tener las dos satisfacciones iniciales: que haya espectadores conmovidos y que alguien te compre una pieza para ir al mercado y convertir la inspiración en unas cuantas sopas.

Bien por Ender. Soy su lector y me acerqué lo más posible a sus anhelos. Una de sus motivaciones como artista visual le vino, por supuesto, de un avanzado como Joseph Beuys. Lo que decía Joseph Beuys con su sabiduría de vanguardia también alcanzó a Ender Rodríguez cuando era un joven que se iniciaba en sus pasiones de creador:

El arte no significa sólo la destreza especial de una mano habilidosa (...); muy al contrario, significa que todo ser humano tiene en su propia mano la posibilidad de hacerse a sí mismo lo que quiere ser (...). Cada uno debe lanzar una mirada a su propio interior, cada uno tiene que mover realmente en sí, como lenguaje, lo que desarrolla el sentir y el pensar, hacer que el pensar influya sobre la voluntad y la voluntad sobre el lenguaje.

Creo que como poeta podría ser definido por la avalancha de luces que lanzó un día Octavio Paz:

La poesía es experiencia, sentimiento, emoción, intuición, pensamiento no dirigido. Hija del azar; fruto del cálculo. Arte de hablar en una forma superior; lenguaje primitivo. Obediencia a las reglas; creación de otras. Imitación de los antiguos, copia de lo real, copia de una copia de la idea. Locura, éxtasis, logos. Regreso a la infancia, coito, nostalgia del paraíso, del infierno, del limbo.

Como no soy crítico literario ni de arte, acudo a ciertas citas. No es flojera intelectual. Es aprovechamiento literario. Aunque podría, con sinceridad de lector y espectador suyo, decir que la poesía de Ender es una esencia que recorre todo lo que hace y en líneas generales tiene el impulso de la corazonada surrealista, el encanto del realismo mágico y la disposición a aceptar la vida como venga. Es un artista íntegro. Quien ama tanto el arte no necesita pedir perdón. Ni solicitar misericordia. Todo lo contrario.

Muestro ahora un poema de Ender, para quienes deseen encaminarse en su lectura:

¿Cuántas rocas hay dentro de los tigres?
¿Cuántos tigres viven en la vía láctea?
¿Cuántos vías lácteas habitan los dedos?
¿Cuándos dedos habitan mis ojos?
¿Cuántos ojos habitan los tigres?
¿Cuántos tigres no me habitan?
¿Cuántas rocas rugen en mí sin saberlo?

 

“Batir muchos asuntos y echarlos en una licuadora”

Buscando tu voz en lo experimental, ¿has logrado la poesía que deseabas?

Celebro como Whitman esa llamarada festiva de hojarascas de la vida de la que hablas sobre lograr lo deseado. Me canto celebrado como un idiota que ríe. A los veinticuatro años, si mal no recuerdo, casi gano un gran premio estatal de poesía, pero ¡wow!, menos mal que perdí. Fue la mejor perdida. Perder es ganar, muchas veces. Ese poemario, aunque tenía algunas metáforas medio interesantes para ese momento, realmente tenía exagerado “lugar común”, repetición por aburrimiento y cursilería.

Por eso, mi amigo, declaro que estar en búsqueda inagotable “como método” es ya celebrarse en el sendero que se logra y se va logrando. Caer y levantarse con las rodillas peladas de sangre está bien por momentos, muy bien. Ese es el sueño sudoroso en la ruta. Pero dejar de buscar, y no volver a buscarse en ese “Todo”, sería morirse, enterrarse con pala y guantes.

Uno va encontrando, de a trozos y manjares, la propia voz en lo experimental, porque decidí nunca dejar el experimento como remo en río; y así disfruto su saboreo infinito. Es decir, sí he ido logrando lo que deseaba, pero lo he trabajado mucho, me gusta rumiarlo, es algo donde inicio cada reinicio, y el formateo cuando toca. En mi caso, la poesía es multiversa, totalizadora, ecléctica e híbrida, mi poesía es desde la imagen escrita, pero también la dibujística o la manchada de pintura, óleo o tierra o desde el video, la performance de todo el cuerpo deslumbrado, las pedagogías y el activismo social horizontal que milito desde el año 89, los ensayos crítico-reflexivos, en fin, el “Todo”. Para mí todo eso que parece mezclar muchos asuntos diversos y echarlos a batir en una licuadora, eso es para mí la poesía lograda, y eso sí con lo sagrado en completitud, electrizando el encendido del motor. Por ahí va mi poema en mi voz (la cual, se curte y mezcla con la voz de la otredad, todo contexto social, natural, sideral e incluyendo marcianos e “imaginarios amigotes”).

 

¿Qué te ha costado más? ¿Qué ha sido más difícil en esa búsqueda?

Me ha costado más durante años tratar de superar las heridas y agujeros del alma de una parte violenta de mi infancia, problemas socioeconómicos también, más el propio ego cuando se pone reyezuelo y obstinado. Así sí que cuesta escribir algo, verse en la nada. Sumado a otras, esas cosas duras sufridas han sido muy fuertes, pero cuando pasas los cincuenta años madurando mejor el asunto, y le sumas la depresión más extrema en un momento dado de tu vida, o ver a tu propio hijo morir hace trece años y se salvó luego, o sentir el látigo de tus mejores amigos sepultados día tras día, etc.; eso es rudo. Pero fíjate, luego fui descubriendo algo vital. Escribir sobre eso que te golpea y agujera libera, te va haciendo renacer, aunque con estructura literaria avanzada; ese es el gran logro y la catarsis del formateo. Allí es donde lo celebro, incluso la herida. De las heridas ya curadas viene el verbo y se lanza a danzar y danzar su chachachá.

 

“Sumergirse y luego trascender”

¿Crees que has exagerado o que te has limitado? ¿Crees que has logrado algo trascendente en tu escritura?

Creo que sí he hecho ciertos logros, creo que posiblemente va surgiendo el montículo soñado, o sea desde el barro hermoso y pestilente, a veces del lodo, desde ese “estar debajo”, es que ves y gozas oler las flores que abundan con su polen.

Sumergirse y luego trascender te asoma al “pez dorado” de David Lynch, al escape de la asfixiante realidad de Bradbury. Luego uno levita y se eleva anárquico evitando que te roben el “fuego interno”, la llamarada. No digo que todo lo que he publicado, tanto como físico como en libros digitales, revistas online y etc., no digo tampoco que los videopoemas y la poética visual, los GIF, la “memepoesía” y demás, sean espectaculares ni nada; no sé, dejo el análisis crítico a la caminante historia y sus buscadores atentos. De todos modos, si te echan al fuego y despotrican, hay que decir lo siguiente: “También la ceniza es tesoro, y la chispa. Nada como la chispa de luces de centella. Que explote y que no deje de incendiarlo todo”. Uno de mis poemas dice: “Detrás de mis poemas viene la lluvia incendiándose... La eternidad podrá apalearme, eso es seguro, pero la nada no”.

Obra de Ender Rodríguez

Escribir, en el fondo de todo, ¿es encontrarte con algún suceso del pasado que te reveló el deseo de escribir, de ser quien ahora eres?

Sí, de hecho, papá escribía “demasiadamente”, como dirían los mal hablados personajes, los tan absurdos por hermosos. Cuando yo tenía como seis años, a papá se le desdobló la mente. No sé, no fue su culpa, se salió de su sitio. No contaré episodios ni otros asuntos graves, sólo diré que papá escribía como si no hubiese un mañana. Siempre pensé que escribir era algo extraño por atrapar. Sería ¡jurungar al mago del libro! Una parte de mí deseaba echarle mano al tipo de la magia que quizás habitaba el libro. ¿Una máquina del tiempo para escapar? No lo sé, pero algo así pensaba. Sin temor a equivocarme, lo celebro hoy día. Le debo mucho a papá. Aunque nunca publicó un libro ni nada, sí publicó en mí sus atrapadas y sus búsquedas. Amo eso y punto. Agradezco también a mi familia inmediata, a Zuhe, Joshua y Yany, por su paciencia conmigo.

 

¿Qué determinó en tu infancia el camino que seguirías?

Las anécdotas de papá que te conté antes, más mis catarsis de niño, mis sueños luminosos y los macabros o angustiosos, mis cosas medio autistas a veces; todo ello me hizo refugiarme en el dibujo y en la incógnita por la palabra-imagen, hasta cuando por fin llegó como escritura, pero de a poco, de a sorbo. Declaro que también dibujar era, para mí, escribirlo todo y relatar lo que vivía. Explosionaba e implosionaba en ello. Esa explosión fue el camino a seguir. Decía el gran artista Roberto González más o menos: “Si sabes firmar sabes dibujar; si estoy en China y no sé su idioma, dibujo un pan y hago un mimo para que me den pan y ya”. Y yo afirmaría: “Si sabes garabatear, sabes poetizar, hasta lo salvaje es poesía, todo lo es, o que te hayan amado o coñaceado, es lo mismo, son poesías con mayúscula y en plural. Lo feo es más bonito que lo bonito, y la palabra bonito es fea de hecho; todo trata sobre la lírica de la vida”.

 

¿Cuál es tu sueño más preciado en este tiempo?

Siendo muy sincero, sueño que algo, sólo algo, así sea diminuto, de todo lo que he hecho, sirva para salvarle algún día la vida a alguien, o sirva para evitar que un talento se despelleje en el descuido de no saberse que es parte del “Todo” y es “Todo” por sí mismo. Me encantaría que algo de lo tanto que he hecho sea medio útil, guíe o sea luminoso, de repente valioso y apropiado por continuación evolutiva para generar un algo también valedero. Ahora bien, todo lo que sea premios, platillos y honores, realmente me vale madres y padres no paridos; disculpa lo vulgar. Pero es poesía también, digo yo. Porque hasta lo vulgar funciona, si lo sabes bordar al paisaje verbal, el literario inagotable, aunque hay que trabajarlo construyéndolo. Tengo un ensayo reflexivo que se llama El Todo es el uno y al revés. Se habla de parte de eso.

 

¿Cómo te ha ayudado en tu vida de creador la otra parte de tu quehacer, las artes visuales o artes plásticas?

“El Todo es lo uno y viceversa”. “El Todo y Yo somos uno”; o sea, en “mi Yo” vive ese “Todo” igualmente, así como las artes de las que hablas. Así sea entropía del caos y renacer, o terremotos mentales divertidos, es arte pululando, evolucionando a lo Darwin, digamos. Todas las artes como en una licuadora se van engranando; es decir, desde una visión holística o multiversa (como pregona el gran Edgar Morin en su teoría de multiversidad), así lo voy articulando, bordándolo. Eso es lo que me ha ayudado en la vida. “Pillar” o descubrir que todo se fusiona mágicamente, las artes sonoras, audiovisuales, plásticas, literarias, pero ¡ojo! También el arte de hacer y crear enriquecido por las narrativas del contexto social, o sea “del otro”, del tipo humilde del mercado popular de verduras o de la anciana analfabeta esperando el autobús en una acera mientras llueve y te mira de frente, todo es construcción que nutre. El filósofo alemán Joseph Beuys hablaba de que los seres humanos todos son, de algún modo, “artistas de la vida”. Todo ese arte lo hago “tejedura” más las narrativas de mi propia vida. Al todo le debo mis creaciones, incluyendo al perrito que me mordió a los diez años y cuando caí en un pozo gigante de aguas negras a los trece y casi muero. Puedo poetizar en esa “juntura de posibilidades” y desde cualquier medio como poema o videoperformance sobre el “Todo”, sobre el hastío ante el tecnopoder que destruye al planeta, o sobre algo divertido del vivir, o sobre lo que sea, extraterrestres, existencialismo, humor, sátira ante el mal gobierno, “la Nada”, el dolor abdominal en los mutantes sexuales, etc. Las supuestas o mal llamadas “No-artes” funcionan como “otro arte” valiosísimo en mi superlicuadora.

 

¿Cuál de las dos expresiones es tu gran pasión?

Como dije antes, “Todas son una”, y “el Uno” incluye “ese Todo”.

 

¿Hacia dónde conduces tu escritura? ¿Se enriquece tu poesía con el arte del creador plástico o se enriquece el artista plástico con la poesía?

Nos enriquecemos todos “mis Yo”, y todos los “otros del contexto”, y cuando puedo aporto “al Otro” hermano. “La sagrada otredad” hay que cuidarla, colocarle dignamente donde va porque lo merece. Todo conduce sin frenos o con ellos, como el riesgo inimaginable o sublime de vivir, sea que un rayo te parta en dos, mañana por la mañana, o que lo sagrado te renazca diariamente con su hermosura de luces. No conduzco del Todo este transporte; sin embargo, a veces comparto manejo en este bus del vivir, caigo en huecos y me levanto para hacer metáforas, permito que las onomatopeyas me bailen un son, juego al hiato, destruyo y reconstruyo vocales en zigzag a mi gusto, la pausa “lo empausa” a uno por tanta crisis, seduzco yo mismo a la rima y “me enrimo” de vez en vez. En fin, conduzco y me dejo conducir por la vida misma que es la gran artista, uno apenas es “un hacedor de haceres”, así me defino. Aunque me descalabre en algún recodo del sendero la vida, sigo montado en ese bus. Decía el Siddhartha de Hermann Hesse: “...Hacia dónde me llevará aún mi camino? Es un camino absurdo, que avanza dibujando curvas, tal vez en círculo. Que avance como quiera. Yo lo seguiré...”.

Para terminar la entrevista pongo otro poema de Ender, como para decir: hasta la próxima:

Parte el lápiz y escribe
pártete la madre y escribe
pártete el alma y sigue
escribiendo
si no lo logras
mejor devuélvete al parto inicial
y no vuelvas

Obra de Ender Rodríguez

José Pulido
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