Durante décadas, el discurso dominante en torno a la realización personal ha orbitado alrededor de una idea casi sagrada: la necesidad de tener un propósito. Encontrarlo, perseguirlo y defenderlo se ha convertido en un imperativo cultural presente en la educación, la espiritualidad, el desarrollo personal e incluso la publicidad. Pero ¿qué ocurre cuando esa búsqueda no produce paz, sino angustia? ¿Y si el mandato de tener una razón trascendente para existir es, en algunos casos, más una carga que una brújula? Frente a este dilema se alza Vivir sin Propósito, un ensayo que no ofrece respuestas definitivas, sino la propuesta de que nos hagamos preguntas honestas y descubramos caminos alternativos.
Publicado en un momento histórico marcado por el agotamiento de los grandes relatos y la sobreexigencia individual, el libro del venezolano Malavé propone una reflexión íntima, lúcida y culturalmente densa sobre la posibilidad de habitar el mundo sin un eje vital único. A través de capítulos conceptuales, referencias cinematográficas y experiencias personales, Vivir sin Propósito es un intento franco, y sin cinismo, de desmontar con delicadeza las nociones heredadas sobre el sentido de la vida. El resultado es un texto tan riguroso como cercano, que se rehúsa a simplificar la complejidad de lo humano.
Conversamos con Malavé sobre las ideas que dieron origen a este proyecto, las decisiones formales que configuran su estructura y los aspectos personales que atraviesan sus páginas. Lejos de presentarse como un experto o un guía, el autor se define como alguien que escribe para pensar en voz alta, compartiendo sus incertidumbres y contradicciones. Esta entrevista busca ampliar ese diálogo, explorando tanto la construcción del libro como la experiencia vital que lo sustenta.

Vivir sin Propósito, una propuesta reflexiva
Me parece que tu libro tiene un germen polémico y es su abierta contradicción a la idea de que la vida debe tener un sentido y hacia ese sentido es que debemos encaminarnos. Entonces empecemos conversando sobre tu tesis central. ¿Cuál es la propuesta que has concentrado en las páginas de Vivir sin Propósito? ¿Qué encontrará el lector aquí?
La palabra Propósito es tan sagrada para nuestra cultura occidental que, en lo cotidiano, los simples mortales como nosotros podemos llegar a sentir que su existencia es tan necesaria como el acto de respirar.
Sin darnos cuenta, el Propósito nos permea desde la infancia por medio de tantas historias con las que nos relacionamos constantemente. Está tan presente en todo lo que somos que la consideramos incuestionable, cercana, precisa, evidente, pero, ¿realmente es así?
En alguna época de mi vida sufrí mucho por no tener un Propósito y por sentir que me encontraba en una situación de déficit o discapacidad. De algún modo, después de muchos años, logré establecer una relación distinta con ese concepto al punto que sentí que me quité un peso de encima. Lo que el lector encontrará en Vivir sin Propósito es una propuesta reflexiva con muchas preguntas y pistas que invitan a explorar este concepto desde otros ángulos y, ¿por qué no?, resignificarlo. Y lo interesante es que esa resignificación nos puede mostrar otras posibilidades más acordes con lo que somos y queremos.
En el libro cuentas varias experiencias personales que te permiten hablar de tu propuesta con propiedad. ¿En qué momento sentiste que debías desafiar ese mandato de la búsqueda de sentido? ¿Hubo una experiencia específica que te revelara el costo emocional o existencial de vivir bajo la exigencia de “tener un propósito”?
Es difícil precisar ese momento, pero sí sé que involucrarme con diversas experiencias de desarrollo personal me ayudó a ampliar mi mirada sobre varios temas de la vida. Una de esas experiencias fue la práctica disciplinada de la meditación, por medio de la cual pude darme cuenta de que mis “verdades” o “realidades”, realmente eran fantasías, prejuicios o posturas. Esto no significa que a todos nos sirva la práctica de la meditación, cada quien debe encontrar su camino.
En algún momento también pude descubrir que a veces ayuda más cambiar la pregunta que encontrar la respuesta. Por eso en vez de preguntarme cuál es mi Propósito, me pregunté cómo puedo sentirme bien aunque nunca llegue a tener un Propósito, o qué sucede si modifico mi definición de Propósito a algo más terrenal. O qué podría ocurrir si un Propósito no es tan positivo y tiene peligros que no nos han mostrado.
Leyendo Vivir sin Propósito se percibe el deseo constante de aliviar la tensión que puede producir en el individuo la búsqueda de sentido. Esto evidentemente implica proporcionar ciertos lineamientos, dirigir al lector a un concepto o un conglomerado de conceptos. Me gustaría que me hablaras de cómo fue el proceso de darle forma a este planteamiento sin plegarte a las fórmulas de la autoayuda ni al tono clínico de la psicología.
Debo confesar que escribir el libro fue un proceso complejo, y más de una vez estuve a punto de abandonarlo. Fue duro confrontarme con mis contradicciones internas, ya que el Propósito es un concepto que está profundamente internalizado en nuestro marco de creencias. Sólo pude avanzar cuando acepté dialogar con esas contradicciones y mostrarlas sin vergüenza.
Por otra parte, sin demeritar lo que nos ofrecen las disciplinas científicas o académicas, siento que las historias cotidianas a las cuales estamos expuestos constantemente por diversos medios nos ofrecen mucha información sobre las creencias que damos por ciertas o no, y que si nos atrevemos a revisarlas con mayor detenimiento podemos lograr que el acto reflexivo sea menos rígido y más cercano con nuestra propia experiencia cotidiana.
Malavé y la urgencia de escribir
Luego de exponer tu propuesta incluyes un apartado de epílogos e influencias que le permiten al lector, en mi opinión, asomarse a un vasto territorio de la cultura relacionado con el tema. ¿Puedes hablarnos de esto? ¿Qué provecho esperas que extraiga el lector de estos apartado?
Escribir un libro implica filtrar, es decir, hay que decidir qué se va a publicar y qué no. Si no, el proceso puede ser interminable o podría resultar en un texto demasiado extenso. Por ese motivo, hay ideas que no expuse, preguntas que no intenté contestar y muchas experiencias que no mencioné. Fue difícil, pero tuve que tomar decisiones sobre cuáles eran las ideas más atractivas para invitar al lector a que me acompañara en esta exploración y resignificación.
Todas las influencias que menciono en el texto son ventanas para que cada lector elija cuál desea cruzar y pueda profundizar un poco más, incluso mientras se disfruta de un anime, una película o una canción. Temas como el Propósito existencial no tienen que ser de eruditos, investigadores o motivadores. Todos podemos apropiarnos del concepto si nos arriesgamos a prestar más atención a lo que sucede en nuestro entorno y dialogamos sobre ello desde una postura más reflexiva y menos conformista.
En un pasaje del epílogo te preguntas si acaso ya habías estado escribiendo este libro desde hacía años. Esa intuición —de que una obra se viene gestando mucho antes de tener forma— resulta especialmente interesante en un ensayo que cuestiona las nociones de línea recta y propósito. ¿Cómo descubriste que todas esas notas dispersas, lecturas, experiencias y observaciones podían confluir en un libro?
No fue un descubrimiento, fue una urgencia. Yo no escribo por vocación, placer, dinero o reconocimiento. Las pocas veces que escribo lo hago porque hay “algo” dentro de mí que me exige emerger.
La escritura es mi único medio genuino de lograr esa liberación. Por eso, cuando termino de escribir siento alivio, y si además soy útil, siento gozo.
“Este libro es un acto simbólico de liberación”
Más allá de las ideas expuestas, el libro parece también una especie de autorretrato emocional. Compartes episodios íntimos, miedos, preguntas sin resolver. ¿Cómo fue para ti decidir qué contar y qué no? ¿Te impusiste límites a la hora de exponer tu historia?
Sí, hay muchas experiencias que no conté, pero no por autocensura, sino porque era importante que la lectura de un tema que puede ser muy complejo, fuese accesible y cercana. Por otra parte, poner límites no es algo necesariamente negativo, ya que esos “vacíos” pueden ser terreno fértil para estimular la curiosidad, la reflexión y el diálogo.
En tu biografía mencionas que no te consideras un escritor profesional, y sin embargo, este ensayo tiene una estructura sólida, una voz definida y una propuesta clara. ¿Qué significa para ti haber escrito este libro? ¿Cómo lo ubicas dentro de tu camino personal, más allá de las etiquetas?
Este libro es un acto simbólico de liberación, una marca que indica el fin de una etapa y el inicio de otra, no como algo rígido, sino como un signo de que algo se integró y se transformó. Si además los lectores encuentran utilidad y belleza en sus páginas, la satisfacción es plena.
En lo que respecta a mi camino, no sé qué tanto seguiré escribiendo. Aunque a veces, de manera inesperada, aparece ese algo que demanda emerger.
Tienes un libro anterior, publicado en 2023 y titulado Gánale al Depredador, en el que difundes estrategias para afrontar situaciones de violencia en el lugar de trabajo y en otros ámbitos de la vida. Un tema de importancia capital en estos tiempos que vivimos. ¿Puedes hablarnos de cuáles son tus planes? ¿Tendrás en mente algún libro futuro sobre otro tema de impacto?
Ese libro también nació de una demanda interna de expresar un enfoque diferente sobre ese tema y que resultara útil en escenarios adversos en los cuales la víctima no cuenta con ningún apoyo. Es un libro sencillo, práctico y muy fácil de leer.
Con relación a la escritura, no hay un plan, pero sí semillas que se van gestando hasta que de repente alguna cobra fuerza. Muchas veces ayuda que alguna amistad te acompañe en esa gestación.
La vida es un misterio, no me gusta escribir, y aquí estoy en una entrevista sobre un libro que publiqué. Entonces, ¿qué podría decir con certeza sobre mi futuro? Las posibilidades quedan abiertas.
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