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José Enrique Laboy Gómez:
“Imparto clases desde una visión inclusiva, liberadora y decolonial”

domingo 28 de septiembre de 2025
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José Enrique Laboy Gómez
Laboy Gómez: “Para una mejor comprensión del siglo XX, es vital que se tomen en consideración asuntos de naturaleza histórico-religiosa”.

José Enrique Laboy Gómez, originario de Villalba, ejerce como maestro de historia en su localidad y también ha impartido clases a tiempo parcial en la Universidad Interamericana de Ponce. Cuenta con una maestría en Historia de Puerto Rico y el Caribe, así como un doctorado en Filosofía y Letras, ambos obtenidos en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Fue, junto a otros profesores, uno de los fundadores de la Asociación de Estudiantes Graduados de dicho centro. Desde 1999 ha estado realizando misiones con su familia en varios países de América Latina, tales como Paraguay, Argentina, Costa Rica y República Dominicana, donde ha llevado a cabo una labor de pastoral de liberación con un enfoque modesto. Él ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

Hace algún tiempo publicó usted Quique Ayoroa Santaliz: patriota, quijote y amigo (2019). ¿De qué trata este ensayo de investigación y cómo recorre usted entre la historia y la historia de vida del biografiado? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?

Me acerqué a José Enrique Ayoroa Santaliz con el objetivo de investigar su vida en aras de plasmar las acciones políticas, sociales y culturales que había encaminado y protagonizado a lo largo de varias décadas. La idea era estudiar su trabajo patriótico y de liberación nacional sobre la base de los proyectos que dirigió durante los 60, 70, 80 y 90. Quería conocer de mi primera mano cómo Quique, como cariñosamente se le conoce, hilvanó un discurso puertorriqueñista y anticolonial por medio del deporte, la música, la poesía, el cine, los proyectos de autogestión económica y algunas efemérides de raigambre política.

“Quique Ayoroa Santaliz: patriota, quijote y amigo”, de José Enrique Laboy Gómez
Quique Ayoroa Santaliz: patriota, quijote y amigo, de José Enrique Laboy Gómez (Mariana Editores, 2019). Disponible en la web de Libros787

La intención era recoger aquellos momentos en los que una figura establecida en el área sur de la isla, Ponce, construía espacios de memoria como vehículos de resistencia, activismo y afirmación nacional. El trabajo de Ayoroa Santaliz cimentó parte de la memoria del movimiento independentista puertorriqueño. Por tanto, entendí como historiador que, en un país como Puerto Rico, se necesitaban relatos históricos a través de los cuales se pudiera fortalecer la historia de Puerto Rico desde espacios de la periferia no metropolitana en los que se derivan otras miradas y perspectivas.

De forma que mi empeño era demostrar la vocación libertaria de este puertorriqueño a la luz de su labor desde la ciudad de Ponce sobre la base de la microhistoria, la historia oral, la documentación epistolar, las fotos y otros materiales inéditos. En consecuencia, el fin era aspirar a fortalecer el análisis y la comprensión de los personajes y los procesos políticos que, de una manera u otra, afectaron el curso de la historia de Puerto Rico.

El objetivo también era abordar algunos filos sobre el trabajo de liberación de Ayoroa Santaliz y aportar a la historiografía política acerca de la descolonización de Puerto Rico, por lo que era imprescindible manejar el tema del siglo XX, particularmente atender las dinámicas de lucha anticolonial que se vivieron a lo largo de este período. De hecho, los estudios y la historiografía puertorriqueña necesitan más estudios sobre este período debido a su importancia para el debate y el entendimiento histórico de la sociedad puertorriqueña.

De igual forma, el libro buscaba reconocer el aporte del licenciado José Enrique Ayoroa Santaliz —y del resto de la gente que conformó el dispositivo de lucha y resistencia— y cómo éste ayudó a forjar una dinámica de trabajo fresco a favor de un proyecto de reconstrucción nacional, lo que sin duda contribuye al desarrollo de los estudios ligados a la historia del independentismo en Puerto Rico. El discurso y la praxis que el abogado llevó a cabo también puede servir para comprender cómo una dinámica de trabajo cooperativo, de lenguaje inclusivo, de mecanismos de alianzas y de una estructura de apertura, pueden potenciar un proyecto político de liberación nacional.

El acercamiento del licenciado Ayoroa Santaliz a la figura de Pedro Albizu Campos fue la puesta en marcha de un proyecto político de alcance nacional. De manera que Quique ocupó un puesto de notable valía entre los propulsores del pensamiento albizuista en medio de la periferia ponceña. Asimismo, en el libro se expuso cómo Ponce —y su gente— se situó como centro de operación, lugar de encuentro y reflexión, espacio de organización y activismo en pro de estas iniciativas afines con la preservación de la historia y la cultural, lo que igualmente presenta una contribución a las corrientes de pensamiento de afirmación nacional desde la historia de los pueblos.

 

¿Qué relación tiene Quique Ayoroa Santaliz: patriota, quijote y amigo, con su trabajo creativo-investigativo anterior y hoy?

Durante los 70 y 80, cuando florecía el fondismo puertorriqueño, el licenciado José Enrique Ayoroa Santaliz fue el narrador más importante de las carreras pedestres de resistencia en la isla. Combinaba su poesía y música con las descripciones geográficas que observaba en el trayecto del maratón. Conocía profundamente las características de los atletas y se compenetraba en su historia personal, sus sentimientos y dolores. Entendía cada detalle del atletismo y profundizaba en torno a las estadísticas y pormenores de la contienda deportiva. Así que Ayoroa Santaliz se convirtió en la voz narrativa principal de los maratones en Puerto Rico a lo largo de esas décadas.

Mi padre, Jaime Laboy Torres, fundó junto a un grupo de amigos el Maratón de Puerto Rico en Villalba en 1968. De ahí surgió la amistad entre ambos, cuando Quique comenzó a narrar el maratón de Villalba. No tan sólo se inició una hermandad entre ambos, sino que también brotó una relación especial entre muchos hombres y mujeres de Villalba y el licenciado arraigado en la ciudad de Ponce, José Enrique Ayoroa Santaliz.

Luego de los años me convertí en uno de los tantos ahijados de Quique, por lo que la relación de compañerismo acrecentó con el pasar de los años. Mientras crecía seguí los pasos de Quique en cuanto a las presentaciones e investigaciones que llevaba a cabo como cronista. Percibí en su mirada narrativa el deseo de plasmar aquellos instantes en los que figuras del quehacer social y cultural del país se destacaban en sus distintos pueblos. También noté su plan de convertir las efemérides patrióticas en espacios de revitalización de la memoria histórica del independentismo boricua.

Probablemente, la idea de escribir una biografía en torno a él fue producto del deseo de hacerle justicia, ya que éste se había dedicado a subrayar las bondades y atributos de muchas personas en la isla. Entonces, había llegado el momento de hacerle lo que él había hecho con otros. A partir de esa biografía nació mi interés por seguir indagando en la vida de hombres y mujeres del país olvidados por la historia tradicional. De ahí el libro sobre la vida del deportista sangermeño Armandito Torres Ortiz y de las investigaciones que realizo acerca de los religiosos y religiosas rebeldes en Puerto Rico.

 

Si compara su crecimiento y madurez como persona, investigador y escritor, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-investigativo inicial con el de hoy?

En términos generales, con el paso del tiempo, he podido descubrir mis debilidades y he tratado de superarlas a la hora de iniciar un nuevo proyecto. Mi primer libro, Los católicos rebeldes en Puerto Rico durante la Guerra Fría (2015), constituye la tesis doctoral que defendí en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Si te fijas, es una temática relacionada con lo religioso-político y ésta se desarrolla entre los 60 y 70. Considero que este trabajo rompe con el esquema acostumbrado, ya que rescata a los personajes que se enfrentaron a la Iglesia institucional. Después, en un intento de abordar el contexto mundial de esa época, escribí mi segundo libro, que se titula Revolución y liberación mundial durante la Guerra Fría (2017). Éste constituye un ejercicio por medio del cual se analizan diversas miradas en torno a los temas estudiados. De forma que parte de mi evolución ha sido, en este caso, ampliar el contexto histórico para poder darles ciertas herramientas a los lectores.

El tercer libro fue entonces el de Quique Ayoroa Santaliz: patriota, quijote y amigo (2019), siendo mi primera biografía y donde relato la trayectoria de este personaje aún vivo con detalles específicos sobre su formación, y en los que incluyo pormenores acerca de su vida familiar. En aras de ampliar el trabajo cristiano de liberación publiqué mi cuarto libro, Rebeldes y perseguidos: cristianos y cristianas en Puerto Rico y su lucha por la liberación, el ecumenismo, la justicia y la paz (2022). Aquí era necesario demostrar que la teología de la liberación no había desaparecido en Puerto Rico a partir de los 80, cuando se acrecentó la persecución hacia los teólogos, sacerdotes, reverendos, monjas y laicos de la liberación.

En este libro se pudo trabajar con sectores católicos y protestantes que se hicieron eco de la teología de la liberación a partir de los 80, siendo el punto de inflexión el asesinato del obispo Óscar Arnulfo Romero en 1980. Pienso que la importancia de este libro ha sido visibilizar a numerosos sectores de las iglesias en Puerto Rico que han acuñado un verbo evangélico a tono con las causas de los oprimidos desde los ochenta hasta el Grito de Vieques. Otra aportación de este trabajo es que se incluyó la aportación sociopolítica de los laicos y, sobre todo, de las mujeres católicas y protestantes a lo largo de esas décadas.

Armandito: conciencia del deporte nacional (2025) es mi más reciente trabajo y es la segunda biografía de una figura también viva y ubicada fuera del contorno metropolitano. Pero en esta ocasión presento el trasfondo histórico de cada etapa en la que se destacó el baloncelista, dirigente y apoderado, Armandito Torres Ortiz. Y, además, procuré analizar el contexto pueblerino mediante el cual se forjó el sujeto investigado. En definitiva, pienso que en mi desarrollo he mejorado en la narración de los sucesos, en la técnica de investigación, en la metodología y el aparato teórico, y he ampliado el perfil de la investigación, lo que ha permitido, pienso yo, una mayor comprensión de los trabajos.

 

¿Cómo visualiza su trabajo creativo-investigativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera?

Los aspectos relacionados con la historia de los procesos religiosos de la liberación han sido poco estudiados en Puerto Rico. De hecho, la literatura latinoamericana que trabaja con estos aspectos tampoco aborda la situación de Puerto Rico respecto a la dinámica de los religiosos y religiosas que practicaron la opción preferencial por los pobres. Muchos de nuestros libros de historia no manejan dicha temática ni tan siquiera la consideran en sus miramientos generales.

No obstante, para una mejor comprensión del siglo XX, es vital que se tomen en consideración asuntos de naturaleza histórico-religiosa, pues a través de ellos se fortalece la disciplina de la historia y se conocen aún más los eventos que transformaron el país. La llamada Nueva Historia en Puerto Rico —descrita por Peter Burke como una acción deliberada contra el paradigma tradicional que sólo destacaba las hazañas de los “grandes hombres”— no se interesó por la historia religiosa. Pese a que los filos de esa Nueva Historia iban dirigidos a una ruptura con lo ya establecido, un rechazo a la vieja historia y un reconocimiento a la historia desde abajo, en sus propósitos no estaba reconocer el fenómeno cristiano de liberación, cuyas aristas implicaban también una negación al orden establecido.

Algunos historiadores tradicionales concentran sus historias en los relatos económicos y político-partidistas y dejan fuera sectores sociales que pueden contribuir al entendimiento de los sucesos históricos. Por tanto, me ubico en la corriente de investigadores que hacen posible la creación de contenido religioso en vías de formular interpretaciones de la realidad puertorriqueña desde la visión de los religiosos y religiosas progresistas en Puerto Rico. Al mismo tiempo, pienso que la nueva lucha por la independencia y el socialismo debe contar con el trabajo asiduo de los católicos y protestantes rebeldes.

Sean relatos con alta intersubjetividad, narrativas cargadas, discursos “sesgados”, interpretaciones o visiones estereotipadas del autor, las historias religiosas de la liberación pastoral y teológica siguen siendo representaciones a través de las cuales se forjan construcciones históricas que pudieran ayudar a nuestro pueblo en su lucha a favor de un modelo eclesial sociopolítico alternativo, fundamentándose en iniciativas tales como las comunidades de base, la democratización y apertura de los procesos dentro de las parroquias, la inserción definitiva en las comunidades pobres de Puerto Rico, el deseo de puertorriqueñizar a la Iglesia y la identificación con las luchas sindicales, descolonizadoras, estudiantiles, comunitarias y ambientales.

 

Sé que es usted de Villalba, Puerto Rico. ¿Se considera un autor puertorriqueño o no? O, más bien, un autor de historia, sea ésta puertorriqueña o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

Soy un maestro (hace veinticinco años) que imparte clases en la escuela pública del archipiélago desde una visión inclusiva, liberadora y decolonial. Ese ambiente me ha ayudado en la conformación de un discurso de apertura, humanista y abierto a las opiniones de los jóvenes. Asimismo, combino ese trabajo, el cual considero vital, con clases que ofrezco generalmente en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Ponce, y otras instituciones del país. Recientemente, ofrecí un curso en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe que se tituló “Desde la Guerra Fría hasta Vieques: la historia de una Iglesia en rebelión”, a través del cual se le pudo transmitir a un grupo de estudiantes la historia que he venido desarrollando durante los últimos veinte años.

El oficio que humildemente ofrezco parte de la visión de un villalbeño, puertorriqueño, caribeño y latinoamericano que busca interpretar renglones de nuestra historia poco interpretados por la historiografía puertorriqueña. Por otro lado, soy parte de una generación de historiadores producto del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, cuyo esfuerzo institucional ha sido despertar el interés en los estudios puertorriqueños, con el objetivo de rescatar la memoria del pueblo puertorriqueño.

Por cierto, en el Centro de Estudios Avanzados me topé con grandes profesoras y profesores, y con estudiantes de todo el país, por lo que pude beber de numerosas corrientes historiográficas, ingredientes políticos, recursos filosóficos, experiencias profesionales y perspectivas de todo tipo que ayudaron en mi formación. Así, el discurso narrativo-histórico que realizo se ha alimentado de los preceptos, predicamentos y experiencias que he vivido en esos escenarios.

 

¿Cómo integra su identidad étnica y de género y su ideología política con o en su trabajo creativo-investigativo?

Afirma en su más reciente libro el doctor Samuel Silva Gotay que Cristianos por el Socialismo trae a la mesa dos elementos fundamentales: número uno, una utopía revolucionaria expresada en el humanismo del Reino de Dios, que surge del interior de la fe misma y que constituye una fuerza movilizadora para la liberación. Número dos, una ideología histórica en la cual se expresa este humanismo que extrae de las ideologías socialistas, pero que otorga un lugar central a Dios por entender que no es contradictorio a la afirmación de ese humanismo, sino que constituye fuente y fundamento para esta afirmación.

En el marco de la teología de la liberación nació Cristianos por el Socialismo, cuyo propósito era impulsar un tipo de socialismo con rostro humano. Bajo esas coordenadas entiendo que existe la posibilidad de un mundo diferente, justo y solidario. Al igual que otros, considero que la experiencia de Cristianos por el Socialismo fue una opción válida y todavía lo es en medio de un mundo tan desigual y caótico para los empobrecidos y descartados del mundo. Naturalmente, no es una vía que debe defenderse desde los presupuestos de los 70, sino a partir de las nuevas realidades, necesidades y corrientes de liberación que existen en todo el mundo.

 

¿Cómo se integra su trabajo creativo-investigativo a su experiencia de vida? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor hoy?

La mayor influencia que he tenido como historiador de la Iglesia provino de la experiencia en las distintas pastorales de la liberación misioneras en las que he participado en América Latina y el Caribe. De conformidad con la vivencia en el terreno de la misión pude calibrar la vorágine de acciones que ejecutaron hombres y mujeres a favor de la Iglesia abierta, sencilla y pobre. En República Dominicana, Costa Rica, Paraguay y Argentina noté cómo religiosas, religiosos, sacerdotes, reverendos, pastoras y laicos dinamizaron un evangelio dirigido a erradicar las grandes desigualdades y a construir un plan pastoral conforme a los signos de los tiempos.

En todos esos lugares aprendí de los procesos de inculturación, cuya esencia era clave para insertarme de manera adecuada dentro de su cultura, adaptándome a sus creencias y valores sociales, políticos y religiosos. Además, en cada una de las misiones practiqué el método de “ver, juzgar y actuar”, por medio del cual se parte de la realidad y se convierte en punto de arranque para pasar a la reflexión y de ahí elaborar los métodos, la praxis y las orientaciones de la acción pastoral que se ameritan en cada una de las comunidades.

A partir de entonces comencé a observar los procesos religiosos de otra manera, lo que me llevó a estudiarlos desde las vertientes de Puerto Rico. A continuación, algunas de las preguntas que me hice: ¿Existen suficientes estudios sobre el tema de la teología de la liberación en Puerto Rico? ¿Se ha hecho un examen dentro de los libros de historia de Puerto Rico sobre esta corriente religiosa a partir de los 60? ¿El fenómeno religioso puede ser visto como un proyecto sociopolítico de liberación en Puerto Rico? ¿Es posible vincular a los pastores, religiosos, religiosas, sacerdotes, reverendos y laicos puertorriqueños dentro del panorama de las corrientes pastorales liberadoras en América Latina y el Caribe? ¿La persecución de estos sectores en Puerto Rico ha sido suficientemente estudiada por la academia puertorriqueña o por los grupos de liberación política del país?

 

¿Qué otros proyectos creativos tiene usted recientes y pendientes?

Para mí es importante analizar cómo se han reflejado las nuevas teologías de la liberación tanto en América Latina como en Puerto Rico entre 2000 y 2025. Por eso, en la actualidad, me dedico a trabajar con los nuevos fenómenos de la teología de la liberación que se han materializado durante ese período. Cómo la teología de la liberación se ha transformado y articulado propuestas novedosas en medio del neoliberalismo. Las teologías ecumenistas, indigenistas, afrodescendientes, mujeristas y feministas, ambientalistas, de la LGBTQ+ y demás son algunas de las corrientes que quisiera cristalizar a través de un trabajo de investigación y estudiar cómo el papa Francisco respondió ante los nuevos retos que enfrentaba la Iglesia en el mundo.

Wilkins Román Samot
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