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Carlos Vicéns:
Escribir poesía es un modo de enfrentar el tiempo

domingo 10 de mayo de 2026
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Carlos Vicéns
Carlos Vicéns: “Escribo poesía no sólo por hábito sino también por una pulsión inevitable que me obliga a continuar un proyecto de vida”.

Carlos Vicéns realizó su grado de Bachillerato en Estudios Interdisciplinarios y Música (2010) en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. En dicha entidad universitaria realizó su Maestría en Literatura Comparada (2006). Cursó un doctorado en Estudios Hispánicos en Stony Brook University. Ha laborado en State University of New York, en New Paltz. Carlos ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

En 2009 publicó usted Raíz de la ausencia. ¿De qué trata este poemario? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?

La primera edición de Raíz de la ausencia me tomó alrededor de ocho meses en escribir y salió en línea a finales de ese mismo año 2009 gracias a la editorial Letra & Pixel, la cual dirigía el poeta James Cantre. Me atreví a publicar ese libro porque sentí que se trataba, según mi criterio, de algo ya sustancial. Llevaba tiempo escribiendo poesía, desde 1997, pero la experiencia de materializar Raíz me sorprendió. Creo que fue la primera vez que atiné, a un nivel personal, con el potens del lenguaje poético. No es casualidad que coincidió con un proceso de duelo. La hilvanación de cada poema se convertía a diario en un ritual y en ese tránsito comencé a confiar en la palabra como refugio y revelación. Es decir, comencé a crear y creer en mi voz como si mi voz estuviera fuera de mí y me llevara de la mano por los pasillos de una estructura orgánica, lingüística, que desconocía para aquel entonces. Me asombró mucho sentir cómo la escritura puede cambiar. Así fue cómo surgió Raíz de la ausencia. Se trató de una iniciación.

En 2013, decidí continuar el proyecto a través de una segunda edición en papel, añadiendo nuevos ciclos de poemas. Puse en práctica la autogestión y aproveché la ocasión para diagramar y diseñar el trabajo. Improvisé muchísimo. Dos años más tarde, retornó la obsesión y apareció una tercera edición en la cual incorporé más textos de esa cepa cronológica (2009-2013) repensando asimismo la fisicidad del libro. Ya en 2021, después de publicar La dicha de lo inacabado (2020, 2022) y durante la encerrona pandémica, me dio con revisitar la Raíz y monté una última y cuarta edición, que entiendo más completa. Estoy sospechando que se ha tratado de un recurrente pero fallido intento de volver a la experiencia matriz de 2009. Eso sí, he aprendido en cantidad.

 

“Raíz de la ausencia”, de Carlos Vicéns
Raíz de la ausencia, de Carlos Vicéns (Distancias, 2021). Disponible en Amazon

¿Qué relación tiene su trabajo creativo previo a Raíz de la ausencia y su trabajo creativo-investigativo entonces y hoy? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueño-caribeño y su memoria personal o no de lo caribeño dentro de Estados Unidos, Puerto Rico y el Caribe?

Mi trabajo creativo previo a Raíz consistió más bien en una etapa intensa de crecimiento y aprendizaje. Estaba inmerso en mi bachillerato en la Universidad de Puerto Rico, en la lectura, en la música y el piano, muy envuelto en la teoría, en la semiótica, en la lingüística, en la lógica y en la filosofía del lenguaje. Para aquella época, escribí muchísima poesía pero siempre me aguantaba de publicarla. No me sentía preparado para el salto. Luego de Raíz, las cosas fueron cambiando. Durante los años doctorales en Nueva York, emergieron otras pulsiones. Comencé a sentir una sed de volver a la poesía puertorriqueña, específicamente a su historia y a su relación con la historia de Puerto Rico. Ahí fue que di con el tema de mi disertación. No creo que se haya tratado sólo de una nostalgia simplona. La memoria siempre cumple un papel crucial, a veces misterioso, y existe una necesidad vitalísima de narrativas más claras que sacien nuestro continuum espiritual, en todos los sentidos que pueda tener ese adjetivo. La poesía puertorriqueña, a través de la historia, lo lleva manifestando de múltiples formas. Volvamos a poetas como Julia de Burgos, Juan Antonio Corretjer, Francisco Matos Paoli, Hugo Margenat, Iván Silén, José María Lima, Ángela María Dávila, Joserramón Meléndes, Edwin Reyes, Etnairis Rivera. La lista es más amplia y se extiende hasta nuestros días. Esta búsqueda es un relevo orgánico de resistencia, de sobrevivencia y de lucha.

 

Si compara su crecimiento y madurez como persona, escritor y poeta con su época actual o reciente de escritor en Puerto Rico y Estados Unidos, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

Para quien se dedica a un instrumento musical, ese instrumento se va tornando a la larga en una extensión de su cuerpo. Con la poesía pasa algo similar. Mientras más la lees y más la escribes, más se vuelve parte de tu organismo. Para mí, con el tiempo, escribir poesía se ha vuelto un modo de enfrentar y entender el paso del tiempo, de desanudar nudos que la vida ingenia, una operación quirúrgica para comunicarme con esas otredades que me habitan, una forma de “desnudar las realidades” por usar una frase que mencionó Manuel Ramos Otero en un ensayo escrito hacia 1976. Cada cual tiene un lenguaje, es decir, una voz que descubre escribiendo. Con paciencia se va creando un aparato léxico de imágenes, una red mental de sentidos y significantes que naturalmente cambia, por no sólo decir que “madura” recordando el nocturno de Villaurrutia, pero que a su vez materializa una mismidad, que es el poema mismo. Tiene algo de paradójico. No creo ser la misma persona que escribía poemas hace veinte años aunque sea evidente que sigo siéndola. En fin, mi trabajo creativo sí ha cambiado y mucho tiene que ver con las vivencias que me han tocado y han dejado huellas, experiencias que no son sólo mías sino también del ambiente social y político por la contextura de toda vivencia. Digamos que he ido concientizando muchas cosas en el proceso, cosas que antes no captaba con claridad porque hay cosas que no están claras de por sí y hay que descubrirlas. La poesía es “búsqueda de resplandor”, como dice el poema de Adam Zagajewski.

 

¿Cómo visualiza su trabajo creativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Estados Unidos, Puerto Rico y el Caribe? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo e investigativo a su quehacer literario?

Gracias a la investigación que llevé a cabo para armar mi disertación, tuve la dicha de poder leer bastante poesía puertorriqueña contemporánea, incluyendo la de mi núcleo generacional. Es muy interesante lo que se ha organizado del 2000 para acá. Pienso en un posible tramo de lecturas que podría arrancar, por ejemplo, con Barrunto (2000), de José Raúl Gallego González. Le podrían seguir libros como Hilo de voz (2005), de Noel Luna; Cama onda (2007), de Xavier Valcárcel; Boringkén (2008), de Urayoán Noel; Poemas para fomentar el turismo (2011), de Mara Pastor; Angst (2011), de Rubén Ramos; Ficción de venado (2012), de Margarita Pintado; Veintiún regresos (2014), de Jocelyn Pimentel; La rosa amarilla (2016), de Andrés Bermúdez; Estrategias de combate (2018), de Eddie Ortiz; Lo terciario (2018), de Roque Raquel Salas Rivera; Período especial (2019), de Nicole Cecilia Delgado; Esta isla (2019), de Francisco Félix; El único refugio son los párpados (2020), de Marta Jazmín García; La distancia es un lugar (2020), de Amanda Hernández; Lumbre (2022), de Daisy M. Sánchez, y Desierto (2023), de Edder González Palacios. Aunque tenga ganas, no mencionaré todos los textos que tengo en mente porque son demasiados. Ahora, creo que si leemos y pensamos crítica y autocríticamente en un recorrido como este, se puede palpar con facilidad la materialización de una diversidad de subjetividades genuinas y novedosas, como si se tratara de un cambio de paradigma que emerge y está montando, mientras hablamos, una cartografía impresionante.

Me resulta interesantísimo también cómo estas subjetividades siguen dialogando e intercambiando estrategias de lucha con las poéticas boricuas anteriores. Para mi trabajo doctoral, regresé sobre algunos de estos textos y otros más del siglo pasado porque quise ponerlos a dialogar con una suma de acontecimientos históricos. Me refiero al Grito de Lares (1868), a la Masacre de Ponce (1937), a las insurrecciones de 1950, a la puesta en rigor de la Ley 53 (1948-1957), o a momentos más recientes como la salida de la Marina en Vieques (2003), la puesta en rigor de la Ley 7 (2009), la huelga indefinida de 2010, la puesta en rigor de la Ley Promesa (2016), el paso del Huracán María (2017) o la Gran Marcha de 2019, entre otros. A mi entender, aquí hay estructuras rizomáticas en movimiento (o “estructuras del sentir”, pensando en Raymond Williams) que se pueden seguir estudiando con atención si interpretamos a modo de ejercicio la poesía puertorriqueña como documento histórico en potencia. Intentando contestar a tu pregunta, ha sido con este proyecto que he comenzado a integrar mi trabajo creativo e investigativo a mi quehacer literario.

 

Ha logrado mantener una línea de creación literaria enfocada en la poesía. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?

Escribo poesía no sólo por hábito sino también por una pulsión inevitable que me obliga a continuar un proyecto de vida. Por eso mi mayor atención siempre está enfocada en la obra y en su cuidado constante. No estoy tan atento a la recepción de mi trabajo creativo a pesar de que me siento muy dichoso de que se esté leyendo aquí y allá. Por cierto, es algo que reflexiono de vez en cuando y lo discuto con mis pares. Para mí, la obra es una suma de instantes que se conglomeran, algo que se deja cuando nos vamos, casi a modo de regalo. Tampoco termina conmigo. Es un relevo de lucha, le toque a quien le toque. No quita que requiera mucho tiempo y esfuerzo personal que sin duda desgasta. Es una labor. Si en mi caso se lograra la materialización de ese proyecto, quedaré satisfecho.

 

Sé que es usted de San Juan, Puerto Rico. ¿Se considera un escritor puertorriqueño o no? O, más bien, un escritor de literatura, sea ésta puertorriqueña o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

Siempre estoy naciendo en Puerto Rico. Me lo sigue recordando Corretjer con sus décimas. Es una constante, no una variable. La isla nace y seguirá naciendo en mí todos los días. Hace ocho años que vivo acá en Nueva York. Llegué después del huracán María con el motivo del doctorado, el cual obtuve ya hace unos meses. Ahora toca volver. Ha sido durísimo el aguante, es decir, estar lejos y cerca de casa al mismo tiempo, condicionado a llevar algo que me lleva a todas partes. No hay salida de mí. Vuelvo y digo, la memoria siempre está cumpliendo un papel crucial. Por eso me considero y consideraré, sin remedio, un escritor puertorriqueño.

 

¿Cómo integra su identidad étnica y de género y su ideología política con o en su trabajo creativo y su formación y experiencia creativa de origen puertorriqueño o no?

Mi madre es de Ciales, el pueblo de Corretjer. Mi padre es de Jayuya, el pueblo de Blanca Canales. Hacia la década de los ochenta, me criaron junto a mis tres hermanos, Miguel, Ricardo y Gabriel, en una casa de clase media situada en Guaynabo. No crecí en un ambiente intelectual durante la primera etapa de mi vida. Comencé más bien a descubrir mi identidad y mi ideología un poco luego, fuera de ese núcleo preambular. Durante mi adolescencia, confronté una serie de vivencias que me acercaron a la poesía y a la música. De ahí en adelante, fue una obsesión. Me enamoré de la vida, del amor, de la amistad, de la naturaleza, de la libertad y el vuelo. La Universidad de Puerto Rico se encargó del resto, darme las herramientas para comprender mejor esas vivencias y darle una forma a mi proyecto. Descubrí la rama que me relaciona con la poeta Nimia Vicéns. Finalmente conocí a poetas en persona, con quienes comencé a montar conversación y comunidad. Los primeros poemas de Raíz de la ausencia se publicaron en la revista Hotel Abismo. Le siguió una tesis de maestría relacionada con el instante poético de Gaston Bachelard y la poética aurática de Walter Benjamin. Como era de esperar, llegaron otras vivencias por confrontar. Llegó el huracán María. Más tarde, mientras me doctoraba en Nueva York, se despertó en mí una sed de historia que me llevó a leer más poesía boricua, sin miedos ni prejuicios, intentando entender el sentido de su narrativa. Creo que en ese tramo de lecturas y relecturas me rencontré. Me sentí muy cerca de la isla, más cerca que nunca. Esa experiencia todavía me hace pensar que conocerse no acaba.

 

¿Cómo se integra su trabajo creativo a su experiencia de vida como estudiante antes y después de su paso por la Universidad de Puerto Rico? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor en Estados Unidos luego?

La Universidad de Puerto Rico ha sido uno de los lugares más importantes de mi vida. Cuidó de mí cuando más lo necesitaba y sigue cuidándome hasta el día de hoy dada su huella. Allí hice dos bachilleratos, uno en piano y otro en Estudios Individualizados con concentración en Filosofía, Lingüística y Literatura. También hice una maestría en Literatura Comparada. Como estudiante, y luego profesor, nos dedicamos mutuamente alrededor de dieciocho años. Sin el abrazo de la IUPI, quién sabe dónde estaríamos yo y mi trabajo creativo ahora mismo. Estando allí crecí no sólo como escritor sino también como persona. Son tantos los recuerdos que me siguen formando, conversaciones valiosas que tuve y sigo teniendo en mi mente con seres que valoro mucho, como Eduardo Forastieri, Francisco José Ramos, Luce López-Baralt, Marcelino Canino, Ángel Darío Carrero, Noel Luna, Eduardo Lalo. Es una atrocidad que el Estado y sus intereses estén desmantelando un lugar tan sensible, tan amado, tan histórico y vitalísimo para el futuro del país.

 

¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo y a la temática ficcional o no del mismo? ¿Cómo ha variado?

Desconozco bien cómo ha cambiado la recepción del público a mi trabajo. Últimamente no he podido estar pendiente porque el doctorado es una maquinaria que se atraganta de tu tiempo, sin piedad alguna. Eso sí, el movimiento de la poesía, de la literatura que la transmite, es incalculable. Después de su publicación, cada libro, cada poema, cada texto, transita sin rumbo fijo. Al final puede caer donde sea, en las manos de cualquier persona. Su destino es un misterio. Por eso es importante darlo todo en el proceso creativo, en la materialización de ese lenguaje que pulsa y nos impulsa a vivir, a amar y a creer en el presente como punto de encuentro.

 

¿Qué otros proyectos creativos tiene usted pendientes y recientes?

Estoy trabajando en varios proyectos a la vez. Hay dos libros de poemas en el tintero, uno que está cerrándose y otro que está abriéndose. También estoy preparando un libro de poesía y fotografía que me tomará más tiempo elaborar debido a lo que requiere. Por otro lado, sigo dándole forma a mi disertación doctoral con el fin de publicarla. La música continúa.

Wilkins Román Samot
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