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El tesoro de Eligio García Márquez en Cartagena de Indias

martes 16 de enero de 2024
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Eligio García Márquez
Como entrevistador, Eligio García Márquez sabe siempre dónde colocarse, se coloca muy cerca o muy lejos, delante del personaje o detrás de él, con luz de faroles o luz de amanecer.

Consuelo lo contó en una tertulia en Madrid. En la casa frente a la suya estaban tirando bosas a la basura. Entre ellas estaban libros y se puso a revolver entre ellos. Y encontró el libro Son así, de Eligio García Márquez. Era la edición de La Oveja Negra de 1981 y no tenía pastas. El ejemplar está frágil y maltratado. Yo lo traté como un tesoro. Le puse una pasta dura para protegerlo, aunque odio la pasta dura porque me sugiere rigidez y me lastima en las manos.

Ya he leído tres veces ese libro. Me parece tan mágico y lleno de vibración como los libros de Gabo, más que algunos de ellos. Me fascina leerlo, me siento muy vivo al leerlo. No comprendo cómo ese libro no es famoso, cómo no se ha reeditado. Cómo no se habla más de Eligio García Márquez. Es el hermano de Gabo, no el padre, que también se llamaba Eligio, y después de desdeñar durante muchos años la actividad literaria de Gabo al final presumía de que era escritor, porque había escrito cosillas.

El libro Son así es una colección de entrevistas, escritas a lo largo de años. Pero no es sólo periodismo, es alta literatura, llena de vida y fascinación. Algunas son verdaderas aventuras, algunas se leen como novelas, y Eligio les da el ritmo y la palpitación de las novelas. Pero tienen más registros, también tienen lirismo, asombro, estupor, pregunta. Nos enfrenta a nosotros mismos, hace que nos salga la cara con relieve entre la niebla.

La entrevista a Borges se titula “La alucinación dirigida”. Y no repite tópicos, tantos que se han escrito sobre Borges.

La entrevista a Borges se titula “La alucinación dirigida”. Y no repite tópicos, tantos que se han escrito sobre Borges. Tiene un tono muy personal y convierte el mundo en algo borgiano. Capta el tono de Borges, en qué consiste su mirada. El escepticismo secretamente apasionado, la mirada libresca sobre el mundo como algo inasible.

La entrevista a Onetti capta toda la melancolía del hombre. El escritor que lleva su Santa María de humo por todas partes, sus astilleros en ruinas, sus personajes dudosos o fracasados. Onetti en Madrid en un apartamento más bien desolado, bebiendo alcohol sin parar y hablando casi en ropa interior. Toda la atmósfera de sus libros, ese faulknerismo de tiempo y de verdín retratado en el rostro de Onetti, en sus gestos, en sus frases.

La entrevista a Cortázar nos da toda la magia de París, de Cortázar. El cazador de aquel cuento sobre Charlie Parker es el propio Cortázar. París se vuelve laberíntico y con sorpresas cotidianas. El lenguaje lo trastorna todo. El cuento “Las babas del diablo”, que luego adaptó Antonioni, donde un fotógrafo encuentra al revelar una foto las huellas de un crimen cometido al final de la isla de San Luis en el Sena (una noche me asomé allí para captar un poco de la atmósfera de ese cuento) está en todo París, en los lugares por donde pasó Cortázar. Pero Eligio nos lo pone ante los ojos de modo tan convincente, tan inquietante. No es sólo una entrevista por tramos a Cortázar, es una novela sobre París, sobre el poder de la literatura.

Pocos libros son tan literarios, en el sentido más magnífico, como Son así, de Eligio García Márquez.

Consuelo conocía en Cartagena de Indias a los García Márquez, una prima suya estaba casada con uno de los hermanos. Una vez me llevó a ver a Jaime García Márquez, en la Escuela de Nuevo Periodismo, y se mostró muy amable y sencillo. Después apareció una hermana, que tenía algo de frágil y delicado, casi esfumada como una mujer mágica de Macondo. Y se pusieron a hablar de Eligio, le dieron vida.

Recuerdo que me dijeron cómo Eligio daba amenidad y vida a sus entrevistas. De repente se le ocurría un detalle, algo que ponía en toda una atmósfera. Una vez, creo, tenía que entrevistar a un boxeador y tenía dificultades para hacerlo. Pero fue a una esquina a mear y el boxeador también fue a mear a su lado. Eran dos meadas solitarias y acompañadas contra un muro existencial. Y entonces Eligio concibió su entrevista, consiguió su entrevista. Estalló un resorte en él y lo vio todo.

“Son así”, de Eligio García Márquez
Son así, de Eligio García Márquez (La Oveja Negra, 1983), es una colección de entrevistas, escritas a lo largo de años. Pero no es sólo periodismo, es alta literatura, llena de vida y fascinación.

Después ya nos íbamos de la Escuela de Nuevo Periodismo, era un edificio antiguo con puertas muy fuertes de madera. Y la puerta no abría y tuvimos que hacer mucho esfuerzo para abrirla. Por un momento creí que estábamos encerrados, que no podríamos salir, estalló una bomba de extrañeza en mi cerebro. Creí que estábamos en una novela de García Márquez, en las brumas de Macondo. O entre los fantasmas de los viejos edificios coloniales de Cartagena de Indias.

Las varias entrevistas con el propio Gabo nos acercan a Gabo como nadie hizo nunca. Recuerdo aquella en que Gabo se encierra en su casa de Cartagena como un refugio con aire, ante el agobio de toda la prensa mundial, y todos los que quieren cotilleos sobre él. Porque hay un periodismo muy superficial que sólo quiere cotilleos y no se entera de nada. Y habla con un escritor sólo porque es famoso como si fuera un político o un cantante de moda. Pero Eligio sí conocía de verdad a Gabo. Y lo presenta como un ser solitario, que quiere un poco de silencio, que está harto de verborrea y de frases, que quiere conectar con los amigos o con su vida. Muchas de sus frases en esa casa familiar como un castillo interior recuerdan a las que dice el protagonista de El otoño del patriarca. Parece que en esa novela Gabo volcó un poco de su propia soledad. Por cierto, fue una novela desbordante y mágica, atrevida y sin ataduras, que no fue muy comprendida. Pero llena de intensidad y destellos.

Y luego su reportaje-novela sobre Gabo en Caracas, cuando todos lo están esperando, y él no aparece, y nadie sabe dónde está, y se convierte en un mito, y hay un montón de habladurías sobre él. Y se presenta una serie de desconciertos sobre su figura. Eligio habla de su hermano como si fuera alguien muy ajeno, y nos cuenta toda una novela. Y es que Eligio sabe siempre dónde colocarse, se coloca muy cerca o muy lejos, delante del personaje o detrás de él, con luz de faroles o luz de amanecer.

Eligio presenta todas las peculiaridades de Sábato, todos sus gestos reveladores, todas sus manías y sus abismos.

La entrevista con Sábato capta todo el misterio de Sábato. El escritor vuela de Bogotá a Manizales y su avión se estropea varias veces. Cree que está a punto de morir, ve el más allá de cerca y la vida con más relieve al borde de la muerte. Y en Manizales conoce a una mujer que es idéntica a su personaje Alejandra de Sobre héroes y tumbas, se queda pasmado. Y Eligio presenta todas las peculiaridades de Sábato, todos sus gestos reveladores, todas sus manías y sus abismos. Nos presenta a un escritor desconcertante, que parece de visita apasionada entre los vivos. Más lleno de vida honda que los demás vivos.

La entrevista intentada repetidas veces a Alejo Carpentier parece una novela de Kafka. El escritor y político le pone numerosas trabas y dilaciones, le clava exigencias, le reclama condiciones. Se comporta más como político que como escritor y se esconde detrás de funcionarios, agendas, procedimientos. Le exige leer esto y aquello, lo manda a textos especializados en revistas perdidas. Va a entrar en su despacho varias veces y nunca entra, como en esas pesadillas que tenemos a veces. Y al final casualmente Carpentier se entera de que Eligio es hermano de Gabo. ¿Por qué no me lo dijo?, le pregunta. Usted no me preguntó, contesta Eligio. Y parece que eso era lo importante, ser hermano del famoso. Entonces Carpentier sí quiere darle la entrevista. Pero Eligio ya no quiere, ya tiene su entrevista a trozos truncados, su entrevista fallida pero significativa, su entrevista de sueño a través de las puertas.

Pero yo sí me fijo en Eligio, en él mismo, que está lleno de vida y de fascinación, de personalidad propia, de saber sobre las palabras y cómo nos mueven. No me importa que sea hermano de Gabo, es un escritor fascinante, pero en la sombra como un fantasma. Pero un fantasma tan estimulante como los espectros de Ibsen. Y eso deberían hacer muchas personas (no digo gente), mirar de verdad a Eligio en sí mismo. Y a su libro como un tesoro único.

La entrevista con Vargas Llosa, en varias secuencias fugaces, llena también de literatura, nos presenta pinceladas rápidas e intensas sobre un escritor que no es ninguna momia famosa, es alguien que nos asombra y nos ilusiona con sus novelas primeras. Tiene una especie de vértigo primero de la literatura. Empieza a ser famoso en el sentido más superficial, pero Eligio sabe mirar más allá de los tópicos. Eligio tenía una mirada íntima y descubría a las personas. Aunque se escondieran detrás de las puertas y de las burocracias. Pero Vargas Llosa en esa entrevista a fogonazos no tenía nada de burocrático.

Muchos deberían leer este libro, Son así debería reeditarse. Y nos encontraremos más en la vida.

Y finalmente están las varias entrevistas a lo largo de años a Guillermo Cabrera Infante. Sobre todo en su apartamento de Londres, con su tranquila animación británica, y su mujer Miriam acompañando y sugiriendo. No se entra tan a fondo, tan íntimamente, en la atmósfera y las inquietudes de Infante, en ningún otro texto. Ni siquiera en los propios libros de Cabrera Infante. Eligio sabe estar tan bien a su lado, lo presenta de forma tan acuosa, le roba sus instantes y sus frases. Todas sus manías, todas sus devociones, su pasión por el cine, su amor contradictorio a La Habana, sus lecturas perdidas, su juego y pasión de la literatura, están en la entrevista de Eligio. Estamos de verdad con Cabrera Infante, como en una tertulia muy larga, en el apartamento de Londres, hablando con calma de tantas cosas, demorándonos en detalles de sus textos, con una copa de whisky en las manos.

Sí. Muchos deberían leer este libro, Son así debería reeditarse. Y nos encontraremos más en la vida. Y descubriremos cómo somos todos nosotros.

Antonio Costa Gómez
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