Si la vida tranquila de Malta le cautivó, la de su segunda isla, Gozo, aún le atrapará más. Menos poblada y más pequeña, apenas alberga el 10% de la población del archipiélago, a cuyos habitantes les caracteriza su identidad: primero son gocitanos, luego malteses.
Su paisaje, sus granjas, su historia o sus roquedales bañados por el Mediterráneo hacen de ella una fantástica isla para las sociedades del ocio y el mundo de las profundidades, así como para los que buscan nuevas sensaciones en sus cristalinas aguas, a las que acuden buceadores de todo el continente. Uno, ya no sabe si es por edad o por precaución, se conforma con algún que otro paseo en barca cruzando las rocas y apareciendo al otro lado del pétreo muro con las barquitas de los pescadores locales reconvertidos en modernos cicerones de masas que llegan a la isla, día tras día, gracias al ferry moderno y funcional que, desde Cirkewwa, te deja en L-Imgarr, punto de partida de infinidad de autobuses de la Malta Public Transport que te pasean por toda la isla. Al final es todo tan rápido que la visita es como aquel dicho, “visto y no visto”. ¿Tan rápido pasa el tiempo? Un hecho que te hace acordarte del célebre ejemplo de Einstein al formular la teoría de la relatividad.
Una vez desembarcados, los guiris tenemos que ponernos en marcha para ver el máximo de esta isla con encanto, a sabiendas de que siempre quedarán cosas en la mochila: no se puede ver todo, pero tenemos que estirar el tiempo como si éste fuera chicle, o corremos el riesgo de que se rompa, algo que también sucede cuando quedas atrapado o ensimismado por el suelo que pisas. Hay que tomárselo con filosofía y sin prisas. Gozo es realmente una gozada.
Iniciaremos la visita por el yacimiento arqueológico de II Ggantija (La Giganta); personalmente, me devolvía a la Huerta Cañón de Alhama donde, en mi niñez, teníamos algo similar, pero en nuestros juegos escolares aquellos pedruscos se iban desmoronando y quedaron finalmente en recuerdos que nos trae una vieja foto de la clase en aquella edad tan fantástica de los diez años, con don Juan Castro Valladares, si la memoria no me falla, el gran maestro al que uno no olvida porque fue el último que tuve y en ese curso comenzaba la gran carrera de la vida: el trabajo que acudió a ti como mandato bíblico: ganarás el pan con el sudor de tu frente, y añadiría, y de tus piernas —qué largo se hizo ese medio siglo de vida laboral que acabó curtiéndote—, para seguir navegando por el proceloso mundo del trabajo que sólo se interrumpió durante el servicio militar en la Armada; fue otra escuela de vida.
Me encontré en el yacimiento arqueológico, disfrutando de él como un enano y con las disquisiciones de los tiempos pasados, cuando, sin saberlo, nos pateábamos algunos de los lugares jameños de tiempos del Neolítico como los que ahora tenía frente a mí en una colina de la zona gocitana de Xaghra, un lugar de exuberante belleza y una policromía primaveral realmente hermosa. Aquellas espléndidas vistas sobre casi todo Gozo, en el horizonte también las islas de Comino y Malta.
Se trata de los yacimientos más antiguos del archipiélago maltés, aunque a punto de derrumbarse; está apuntalado con modernos andamios metálicos. Los historiadores le echan unos cinco mil a seis mil años; tiene seis metros de altura y encierra lo que alguna vez se utilizó para realizar ofrendas a los dioses. Orientados hacia el sureste, sus nichos semicirculares asemejan altares, algunas de sus losas ya muy desgastadas; poniéndole imaginación, encontramos grabados de aquellos neolíticos artistas, alguna de ellas está custodiada en el capitalino museo insular de Victoria.
Dicen que la mayor de las piezas pesa casi sesenta toneladas. ¿Cómo la movieron? El yacimiento tiene una característica peculiar: su parte externa se construyó con roca de caliza coralina, que es más dura que la parte interior, que es de caliza globigerina. Las investigaciones dicen que estas gigantescas moles fueron traídas de yacimientos ubicados a más de mil metros del lugar.
En la web Heritage Malta se pueden visionar diversos materiales sobre los templos malteses, así que la tecnología se permite el lujo de traernos, a nuestra casa si no hay apagón, estos milenarios lugares para poder disfrutar a posteriori de estos yacimientos y recuperar nuestro pasado; de paso, pensar que de allí podrían ser nuestros más antiguos ancestros.
El Templo de La Giganta fue descubierto en 1827 y, aunque no dio tiempo de verlas, en sus cercanías están unas cuevas, las de Brochtorf, de donde aquellos seres extraían materiales líticos para sus rituales funerarios. En la sala de acceso al yacimiento quedan algunos ejemplos de este lugar e incluso algún cráneo que, si se expande la tontura, también podría ser retirado como está sucediendo con materiales humanos en algunos museos de la piel de toro. Hay que ver lo que hemos corrido desde que comenzara el “show” con el africano del Museo de Bañolas.
- Gozo: el yacimiento de La Giganta - lunes 17 de agosto de 2026
- El Museo de la Guerra de Malta - martes 14 de julio de 2026
- Sello conmemorativo del 50º aniversario de la Universidad de Maribor - martes 16 de junio de 2026






