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La sutileza de la brevedad
(a propósito del libro De lo breve, de Maruja Granadillo)

domingo 16 de junio de 2024
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Maruja Granadillo
Toda suerte de hechos fortuitos llevó a Maruja Granadillo al haikú y como es lógico sus breves textos tienen ese sublime toque de lo exótico y de lo sutil.
“De lo breve”, de Maruja Granadillo
De lo breve, de Maruja Granadillo (Fundación Grupo Valdés, 2020).

En un ensayo de Octavio Paz sobre el haikú (Los signos en rotación y otros ensayos, Alianza, Madrid, 1971), el autor mexicano expone esa fascinación hacia la estética japonesa, tanto en la literatura como en sus costumbres y su arte. Paz distingue como dos períodos de esta singular fascinación de Occidente por el Japón y en tal sentido escribe:

El primer período fue ante todo estético; el encuentro entre la sensibilidad occidental y el arte japonés produjo varias obras notables, lo mismo en la esfera de la pintura —el ejemplo mayor es el impresionismo— que en la del lenguaje: Yeats, Pound, Claudel, Éluard. En el segundo período la tonalidad ha sido menos estética y más espiritual o moral; quiero decir: no sólo nos apasionan las formas artísticas japonesas sino las corrientes religiosas, filosóficas o intelectuales de que son expresión, en especial el budismo.

Uno puede coincidir con Paz cuando afirma que Japón antes de ser una escuela de doctrinas religiosas o filosóficas es más bien una sensibilidad, una tenue vibración espiritual que busca tocar todos los sentidos.

Esa forma poética breve denominada haikú es sin duda un chispazo intenso, pero lacónico, que busca impactar los sentidos. El libro De lo breve (editado por Fundación Grupo Valdés, Bogotá, 2020), de Maruja Granadillo, asume el haikú desde esa exploración de lo visual. Es una mirada que explora los senderos de la interioridad, el paisaje acumulado desde la mirada. Es una peregrinación por el fragor de lo cotidiano que se vive desde adentro:

II

Dulces de pueblo
en un lugar sagrado
también sus besos

Maruja Granadillo se apega a la fórmula del haikú, pero no llegó a esta expresión poética por azar, sino que fue un proceso que ha pasado por la práctica consuetudinaria de las artes marciales, a un poema de Bashō impreso en un almanaque de supermercado y unas estampas del Ukiyo-e. Pero aparte de todas estas señales sueltas e inconexas, que llevan a Maruja Granadillo a escribir haikús, es ineludible subrayar su dedicación a la pintura. Por experiencia deduzco que como pintora andará en plan de búsqueda, siempre con esa inquietud acuciante que la impulsa a indagar nuevas formas expresivas. Pesquisa y escudriñamiento que sin duda permiten a Maruja Granadillo tener esos ineludibles destellos iluminatorios que le mostrarán la dirección a seguir en esas cuestiones estéticas distintas. “Se le prendió el bombillo”, diría algún hijo de vecina, que, en una traducción menos bizarra, sería algo como ese preciso instante de iluminación, y volviendo a Octavio Paz éste escribe:

Por su misma naturaleza el momento de iluminación es indecible. Como el taoísmo, a quien sin duda debe mucho, zen es una “doctrina sin palabras”. Para provocar dentro del discípulo el estado propicio a la iluminación, los maestros acuden a las paradojas, al absurdo, al contrasentido y, en suma, a todas aquellas formas que tienden a destruir nuestra lógica y la perspectiva normal y limitada de las cosas. Pero la destrucción de la lógica no tiene por objeto remitirnos al caos y al absurdo sino, a través de la experiencia de lo sin sentido, descubrir un nuevo sentido. Sólo que este sentido es incomunicable por las palabras.

Toda suerte de hechos fortuitos llevó a Maruja Granadillo al haikú y como es lógico sus breves textos tienen ese sublime toque de lo exótico y de lo sutil:

XII

Alza en vuelo
aroma de granadas
entre los dedos

En el prólogo, el poeta Pedro Suárez, quien también ha escrito algunos meritorios haikús, escribe:

De lo breve ve la luz en un siglo aún joven, globalizado pero roto como el cristal de un coche estrellado contra la pared de las naderías. Un siglo que te obliga a contar los caracteres para ensayar por igual el improperio y la caricia. Bastarda manera de oponerse al sutil halago de ajustar las sílabas que sirven al haikú para sanar y celebrar.

Para la poesía nunca los tiempos son propicios. A veces nos faltan esos fogonazos de iluminación para deslastrarnos de tanta realidad maquillada y perdida en esa palabrería anodina y chatarra que se escribe en los muros de las redes sociales.

El libro De lo breve tiene belleza, elegancia, pero sobre todo tenue labor de escritura; de esa escritura que se escribe con los dedos del corazón en el papel amarillento de los días. Otro complemento insoslayable son las ilustraciones del libro. Pinturas y dibujos de pujante colorido y de trazos afincados de sensibilidad que reafirman la belleza de un libro escrito y que condesa la luz del mundo en pocas palabras.

XV

El arrecife
desgastado a golpes
se desvanece

El haikú intenta darle sentido al mundo desde la palabra poética, busca fijar la vida como un tejido, como una red donde la vida del hombre está interconectada con la respiración vaporosa de la naturaleza. A veces ese hilo se rompe, pero un poema puede volver a unir lo roto, puede reelaborar ese tejido para encontrar de alguna manera la ansiada armonía tan extraviada estos días.

XXVII

Ni una mosca
las aguas del invierno
lavan las mieles

Hay como una luz frotada de espejos en estos breves textos de Maruja Granadillo y todo parece descomplicarse al leerlos. Estos haikús se me antojan como esa escritura que se lleva a cabo al borde de ese abismo de la despreocupación total. Es decir, textos que se escriben sin esa solemnidad erudita que todo lo aburridiza. En estos haikús hay una luz sutil que se expande y que busca esa mínima complicidad con el lector para que éste también pueda percibir ese complejo mundo de lo breve. Textos que son un canto por ese universo menudo que a menudo se ignora (o se percibe de reojo y pasa desapercibido) y que son a fin de cuentas el acorde de intensidad que la vida requiere para que alcance esa poca de iluminación tan necesaria en estos días de largas y profusas parrafadas de oscuridad.

Carlos Yusti
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