Ayuda a Venezuela
Saltar al contenido

Los viajes imaginados de Jonathan Swift

miércoles 4 de noviembre de 2026
¡Comparte esto en tus redes sociales!
Jonathan Swift
Swift no era un escritor de libros de autoayuda y mucho menos un autor para niños. Era en realidad un implacable escritor satírico. 📷 Retrato de Jonathan Swift (c. 1718) por Charles Jervas

Los ojos de los viajeros se encuentran como frotados de asombro y todo aquello que miran tiene esa pátina particular de lo maravilloso y lo increíble. Uno de los primeros viajeros fue Heródoto de Halicarnaso, historiador y geógrafo griego que vivió entre el 484 y el 425 a. C. En sus libros escribe sobre hormigas en el desierto, cuyo tamaño es inferior a los perros pero superior al de los zorros, que hacen sus nidos como las hormigas de Grecia y sacan a la superficie oro. También escribe de las Amazonas, guerreras a las que llamaban matavarones, o de un ejército tan numeroso que sus flechas en el aire convertían el día en noche. Otro libro que no está a la zaga de los de Heródoto es el Libro de las maravillas del mundo (c. 1300) de Marco Polo, escrito por su compañero de celda Rustichello de Pisa, donde se narran encuentros con dragones, centauros y humanos con cabeza de perro o de esos habitantes de Camul cuyos hombres son hospitalarios, y si un extranjero viene y se hospeda en su casa lo son a tal punto que ordenan a sus mujeres que hagan la voluntad del huésped. Ellos se van de la casa mientras el forastero queda solo en casa con la mujer y hace lo que le parece e incluso se acuesta con ella y ellos toman esto a mucha honra. Estos libros de viajes tuvieron sus lectores en los siglos XV y XVI, época en la que se incrementaron las exploraciones y descubrimientos; luego se seguían leyendo, no sin cierta desconfianza, a inicios del siglo XVII. Un libro escrito por Antonio de Pigafetta (1480/¿1491?-1534), que sobrevivió a la expedición de Magallanes y de Elcano, sería la suma del viaje como mentira florida y pujante. Su libro, Relazione del primo viaggio intorno al mondo (Relación del primer viaje alrededor del mundo), en ocasiones parece una exhaustiva guía turística con información geográfica y hasta etnográfica, en la que la fantasía imaginativa no escatima para nada en adulterar la realidad de manera creíble.

El libro Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, aparte de ser una burla ingeniosa de dichos libros de viajes, será una requisitoria contra la humanidad y su preferencia por la cajita feliz de la estupidez en todas sus jerarquías. El libro se publicó bajo seudónimo y su título original era Viajes a varias naciones remotas del mundo, en cuatro partes, por Lemuel Gulliver. Swift, para hacerlo verosímil, en un breve prefacio del editor al lector anota: “Este volumen abultaría el doble si no me hubiera atrevido a eliminar innumerables pasajes en jerga marinera sobre vientos y mareas, así como sobre marcaciones y declinaciones de los distintos viajes, junto con las minuciosas descripciones sobre el pilotaje del barco en la tormenta y la relación de longitudes y latitudes. Creo que no me equivoco al sospechar que el señor Gulliver puede no estar muy satisfecho de esto, mas estaba yo resuelto a adaptar la obra en lo que fuera posible a la capacidad media de los lectores”.

De forma inmediata Los viajes de Gulliver tuvo una buena receptividad. Niños y adultos disfrutaron con esos viajes de chifladura y prodigio realizados por Samuel Gulliver. No obstante, Jonathan Swift no era un escritor de libros de autoayuda y mucho menos un autor para niños. Era en realidad un implacable escritor satírico.

Uno de los primeros libros publicados por Swift fue Cuento de un tonel o Historia de una barrica. El título alude a una estratagema de los marineros que, al toparse con una ballena, le lanzaban un barril vacío para distraerla y evitar así un ataque al barco. Swift busca con su obra distraer a los críticos y librepensadores para atacar a la religión y al gobierno con un tema principal en que se intercalan sinuosas digresiones. No es un libro de fácil lectura, pero su talante corrosivo lo convierte en una obra significativa. Swift, pensando un poco en esto, escribe en una de sus digresiones:

Los lectores podrían dividirse en tres clases: los superficiales, los ignorantes y los cultos, y, con mucho acierto, yo he adecuado mi pluma al carácter y beneficio de cada uno. El lector superficial se sentirá extrañamente provocado a la risa, que limpia el pecho y los pulmones, es soberana frente a la melancolía y el más inocente de todos los diuréticos. El lector ignorante, cuya distinción con el anterior es extremadamente sutil, se encontrará propenso a mirar fijamente, lo cual es un admirable remedio para los ojos enfermos, sirve para levantar y fortalecer el ánimo y ayuda admirablemente a sudar. Pero el lector verdaderamente culto, en cuyo beneficio principalmente yo velo mientras otros duermen y duermo mientras otros velan, encontrará aquí materia suficiente en la que emplear sus especulaciones para el resto de su vida.

Edward W. Said escribe que Swift fue el panfletista más devastador de su tiempo y que su libelo La conducta de los aliados, que en pocos días colocó en la calle quince mil ejemplares, contra el duque de Marlborough, hizo disminuir bastante el brillo y el envarado prestigio del duque.

Textos como “El arte de la mentira política”, “Un serio y útil proyecto para hacer un hospital de incurables, de universal beneficio para todos los súbditos de su majestad”, “Una modesta proposición para evitar que los hijos de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o su país y para hacerlos útiles al público”, dejan al descubierto su vitriólica visión del mundo, su ironía en el tinte más negro. Su modesta proposición aduce: “Un tierno niño saludable y bien criado constituye, al año de edad, el alimento más delicioso, nutritivo y comerciable, ya sea estofado, asado, al horno o hervido...”. Este escrito le permite a Walter Benjamin, en un ensayo sobre otro notable satírico como lo fue Karl Kraus, escribir: “El satírico es la figura bajo la cual se acepta al antropófago en una civilización. No es sin respeto que recuerda sus orígenes y de ahí proviene la propuesta de comer hombres, en la dureza férrea de sus motivaciones, formulada por Swift...”.

Los viajes de Gulliver
Cada lugar visitado por Gulliver muestra las taras y deformidades de la humanidad. No hay piedad en el despiadado dibujo, pero sí mucha burla con inigualable y filosa puntería. 📷 “Gulliver y los liliputienses” (ca. 1870), óleo de Jehan Georges Vibert

Uno de los más agudos ensayos es “Política vs. literatura: un examen de Los viajes de Gulliver”, escrito por George Orwell. El ensayo no es halagüeño ni lambiscón y está elaborado desde el sincericidio con un excelente engranaje argumentativo. Orwell escribe: “Nadie negará que Los viajes de Gulliver es un libro rencoroso y pesimista, y que sobre todo en la primera y la tercera partes cae a menudo en una parcialidad política estrecha. La mezquindad y la magnanimidad, el republicanismo y el autoritarismo, el amor a la razón y la falta de curiosidad, todos se hallan ahí entremezclados. El odio al cuerpo humano con el que se asocia particularmente a Swift sólo ocupa un lugar relevante en la cuarta parte, pero de alguna manera esta nueva preocupación apenas sorprende. Uno tiene la sensación de que todas estas aventuras, todos estos cambios de humor, pudieron haberle ocurrido a la misma persona, y la interconexión entre las lealtades políticas de Swift y su desesperanza final es una de las características más interesantes del libro”. Orwell va descubriendo poco a poco a un espíritu inquieto y contradictorio que denuncia la injusticia y la opresión, pero que no aporta evidencia de ser un simpatizante de la democracia. A pesar de lo políticamente incorrecto que es Swift y de sus posiciones reaccionarias, Orwell escribe: “En un sentido político y moral, tal como yo entiendo a Swift, estoy en su contra. Sin embargo, curiosamente, es uno de los escritores que admiro con menos reservas, y Los viajes de Gulliver en particular es un libro del que al parecer nunca me canso”.

La historia de Los viajes de Gulliver está dividida en cuatro partes o más bien en cuatro travesías a territorios bien diferentes. La primera parte narra el viaje a Liliput, la segunda da cuenta sobre el viaje a Brobdingnag, la tercera traslada al lector y a su protagonista a sitios como Laputa, Balnibarbi, Glubbdubdrib, Luggnagg y Japón. El último conduce al extraño país de los Houyhnhnms. Cada lugar visitado muestra las taras y deformidades de la humanidad. No hay piedad en el despiadado dibujo, pero sí mucha burla con inigualable y filosa puntería.

El escritor argentino Jorge Luis Borges, no sin cierto tono despectivo, escribió: “Swift se había propuesto enjuiciar al género humano y dejó un libro de lectura infantil”. Pienso que el libro fue relegado a la estantería de literatura para niños debido a sus planteamientos atiborrados de asco y pesimismo por el género humano. Convertirlo en lectura para infantes fue una manera de recortarle en algo las pezuñas de su peligroso pesimismo.

Uno de sus pensamientos más publicitados postula: “Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo pueden reconocer por esta señal: todos los necios se conjuran contra él”. Aunque el pensamiento que lo define como escritor pertenece a uno de sus poemas: “No olvides, cuando la inventiva falle, / rascarte la cabeza y morderte las uñas”.

Los necios todavía no han podido con él. Algunos aseguran que estaba loco, que era bipolar y cualquier otro desperfecto neuropsiquiátrico que empañe el delicado vidrio de la lucidez. Lo cierto es que todavía continuamos embarcándonos junto a Lemuel Gulliver en esos viajes (que Jonathan Swift imaginó con puntilloso sarcasmo) como tratando de escapar de este mundo cuya humanidad sigue siendo un caso perdido.

Carlos Yusti
Últimas entradas de Carlos Yusti (ver todo)

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio