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Microrrelatos de otro mundo

miércoles 28 de mayo de 2025
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Microrrelatos de otro mundo, por Carmen Elena Pérez
No más culpas para mí, que he estado a lo largo de tu historia acompañándote para detonar la dualidad de tu corazón. Pandora (1896) • John William Waterhouse
Dioses y monstruos, 29 años de LetraliaDioses y monstruos. 29 años de Letralia
Este texto forma parte de la antología publicada por Letralia el 20 de mayo de 2025 en su 29º aniversario
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Las máscaras de Pandora
El origen

Llevas la llama extinta de la profana muerte, cuyo llanto secó el Salto Ángel. Oculto, Prometeo advierte que con sólo una chispa podrá encender la antorcha que guiará a la humanidad a su ruina y/o progreso. Pandora, entusiasmada, cierra el pacto con Epimeteo, arqueando sus caderas como corcel que galopa al exquisito éxtasis del triunfo alcanzado.

(El ánfora giró una manecilla).

 

Paraíso

Conoció a Adán en el paraíso. Boca roja, provocativa, deliciosa. Su voz era canto, cada palabra, cada frase, una oda a las aves. No fue difícil el juego de seducción. Ella llevó a su boca el verdadero fruto prohibido, no fue necesario comer la manzana de la perdición.

(El ánfora giró dos manecillas).

 

Cleo

En su bañera, rinde culto al cuerpo, bañada con leche de jaguar. Tarda horas rejuveneciendo su templo. Una conquista mayor en juego. Julio César, nervioso, se sirve una copa de whisky. Listo para la batalla, Julio César lanza su saeta en conquista de un nuevo territorio. Entre tanto, Cleo llevó el control de Roma en medio de sus piernas.

(El ánfora giró tres manecillas).

 

Dalila

Una gran tejedora, proveniente del Valle de Sorec. Supo urdir la red, cual Moiras en el tapiz de las hilanderas, para atrapar a Sansón. Pobre cabellera que, en manos de una pérfida bruja, se desteje en hebras fulminantes, hasta dejar indefensa la piel de su cabeza. Destrucción para los filisteos, cuyas columnas de sus templos se desploman por el bien de un pueblo oprimido.

(El ánfora giró cuatro manecillas).

 

Salomé

Sus movimientos suaves y firmes como los de un ave que aletea al compás del viento libre, así bailó Salomé seduciendo el hacha infame que a Juan Bautista causaría un fin inevitable.

(El ánfora giró cinco manecillas).

 

Lilith

Desde la creación, la inteligencia no fue negada a la mujer. Ella, con su talento, se convenció a sí misma de que no tenía por qué sufrir bajo el yugo masculino. Abriendo sus alas, sin mirar atrás, emprendió su vuelo a la libertad, pero pagó un alto precio por ser la primera semilla feminista.

(El ánfora giró seis manecillas).

 

Las Tríadas
Parca I: Cloto

Nacer, vivir, morir. Libre albedrío sujeto de hilos invisibles que tejen y escamotean en inasibles sueños. Cloto, con habilidad y prestancia, da puntadas sobre el tapiz adherido a las espaldas de Cronos. Cada hebra como espada atraviesa un instante, el soplo de vida de cada mortal. Su costura es firme. No se sabe si con amor, pero borda la trama de la vida, incluso con el fantasma acosador del libre albedrío.

(El ánfora giró siete manecillas).

 

Parca II: Láquesis

Su pulso firme sostiene el haz de hilos azules como el mar. Va bordando cada hebra en el tapiz cargado de sueños y deseos.

La historia puede ser larga o corta, ni ella la controla. Sujeta al destino, da con presteza un movimiento certero para señalar cuánto vivirá cada ser en el mundo. Esa es su misión.

(El ánfora giró ocho manecillas).

 

Parca III: Átropos

Ella, de rostro inmutable, imperturbable. Serena y sin gestos, siempre lleva consigo la tijera de la vida. Recorre el mundo divisando los hilos invisibles que nos atan a la existencia. Cuando ese hilo se adelgaza, Átropos, con compasión y firmeza, hace el corte final, separando el presente del futuro, elevando a otro plano el pasado, contenido en un ánfora pequeña que se eleva a la eternidad.

(El ánfora giró nueve manecillas).

 

Gea

No hubo dolor en el parto. Ella simplemente sudó la esencia de la vida, transmutada en una figura femenina. No tenía que ser hermosa, pero tampoco indeseable. Bastaba que llevara en su vientre el goce eterno de la vida. No hubo viento, ni calor o frío. Simplemente floreció en medio del silencio, para celebrar la procreación y multiplicidad en el mundo de los vivos, regido por el hombre, a quien debe hacer temblar en la balanza de la equidad.

(El ánfora giró diez manecillas).

 

Patriarca

En su sillón aterciopelado, con un libro en la mano, el Patriarca reflexiona si su experimento ha fallado. Tal vez fue un error dar voz, libre albedrío o inteligencia a sus piezas de ajedrez, que, en el tablero con destreza, desafían al destino, queriendo incluso vencer a la misma Parca.

(El ánfora giró once manecillas).

 

Pandora

Historias tejidas bajo el yugo de una mirada misógina. Confusión, escolios, palabras lapidarias cercenaron la existencia de un alma que fue enviada con un propósito. No se trata de un ánfora, jarra o caja. Los males que hay en el mundo son productos de una semilla sembrada en cada ser. Bien/mal, son dualidades que coexisten en el corazón del hombre. En tus manos está ejercer control sobre ambas, y predominará más aquella por la que tú abogues.

No más culpas para mí, que he estado a lo largo de tu historia acompañándote para detonar la dualidad de tu corazón.

Fui Lilith, Eva, Pandora, Cleo, Dalila, Salomé, las Parcas, la misma Gea y el alter ego del Patriarca. Al final, la sindéresis del bien y el mal no está en una caja, está en el pandemonio del mundo labrado por ti y tu egoísmo. Tu mundo es la caja de Pandora.

(El ánfora giró doce manecillas).

Carmen Elena Pérez
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