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Libereso Guglielmi, el jardinero de Calvino
“Los hombres hemos perdido el contacto con la naturaleza”

domingo 27 de septiembre de 2015
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Libereso Guglielmi

Encontré por primera vez al botánico Libereso Guglielmi el 25 de septiembre de 2010 en Génova durante el evento “Gaia 2, Irrupciones de naturaleza”, iniciativa que me permitió monopolizarlo por un rato. Fue un momento en el cual él y yo dialógamos y la ocasión en la que Libereso me extendió la invitación para que fuera a visitarlo en su casa de Baragallo, una localidad de San Remo.

Culebras, ranas, lagartijas y sapos son protectores del ecosistema, forman parte de un equilibrio perfecto, somos nosotros, los hombres, quienes hemos perdido el contacto con la naturaleza.

Después de aquel primer encuentro quise investigar sobre por qué Libereso Guglielmi es llamado “El jardinero de Calvino”. Entonces me encontré con el texto de Paola Forneris y Loretta Marchi: Il Giardino Segreto dei Calvino, donde pude leer muchas informaciones sobre cómo la vida de Libereso Guglielmi se cruza con la historia de la familia del escritor italiano Italo Calvino; en una de las páginas del libro, las autoras citan una entrevista en la cual Italo Calvino declara:

Soy hijo de científicos: mi padre era agrónomo, mi madre botánica;… entre mis familiares sólo los estudios científicos eran un honor (…) Yo soy la oveja negra, el único literato de la familia.

Es a través de esta lectura como me entero que la historia del apelativo “El jardinero de Calvino” nace del encuentro de Libereso con el profesor Mario Calvino (padre del escritor Italo Calvino). Un agrónomo de fama internacional que vivió 14 años entre México y Cuba, y quien en San Remo tuvo a cargo la Central Experimental de Floricultura, institución que tenía sede en su propia casa, Villa Meridiana, lugar al cual el joven Libereso llega a trabajar como jardinero.

La historia comienza cuando a los catorce años de edad Libereso, junto a su hermano, llama la atención del padre del escritor Italo Calvino; éste, que acababa de regresar del Caribe, se queda maravillado ante el conocimiento que a tan temprana edad tenían los dos hermanos Guglielmi de las plantas, y por eso le pide al padre de los dos chicos que les permita a ambos trabajar como becados en la Estación Experimental de Villa Meridiana. Pero dejemos que sea el mismo Italo Calvino quien nos lo describa, ya que en uno de sus primeros cuentos, en el relato “Una tarde, Adán”, el famoso autor italiano lo presenta para la posteridad de la siguiente manera:

El nuevo jardinero era un muchacho de cabello largo, con una cinta de tela alrededor de la cabeza, para sujetárselo. Ahora venía por uno de los senderos del jardín, con la regadera llena, levantando el brazo libre para balancear la carga. Regaba los berros lentamente, como si estuviera sirviendo café con leche (…).

La jardinería debía ser un oficio hermoso, porque se puede hacer todo con mucha calma.

Marianunciación lo estaba mirando a través de la ventana de la cocina. Era un muchacho ya muy alto, pero llevaba aún pantalones cortos. Con ese cabello tan largo parecía una muchacha. Ella dejó de enjuagar los platos y lo llamó, tocando en la ventana (…).

—¿Cómo te llamas?

—Libereso.

Marianunciación reía repitiendo:

—Libereso… Libereso… Qué raro nombre, Libereso.

—Es un nombre en esperanto —dijo él—. Quiere decir libertad, en esperanto.

—Esperanto… ¿Tú eres esperanto?

—El esperanto es un idioma —explicó Libereso—. Mi padre habla esperanto.

—Yo soy calabresa.

—¿Cómo te llamas?

—Marianunciación —y reía.

—¿Por qué siempre te estás riendo?

—Y tú, ¿por qué te llamas Esperanto?

—Esperanto, no. Me llamo Libereso.

—¿Por qué?

—Y tú ¿por qué te llamas Marianunciación?

—Porque es el nombre de la Virgen. Yo me llamo como la Virgen y mi hermano como San José.

—¿Sanjosé?

Marianunciación reventaba de risa:

—¡San José! Se llama José, no Sanjosé. ¡Libereso!

Leyendo me enteré de que Libereso es no sólo un personaje literario de Italo Calvino sino sobre todo la memoria viviente del trabajo botánico de Mario Calvino, el padre del famoso escritor italiano.

Mario Calvino, el padre de Italo Calvino, vivió en México desde 1909 hasta 1917; en el país azteca fue una figura clave que contribuyó a la modernización de la agricultura mexicana. Luego en 1917 se transferirá a la isla de Cuba, donde será el director de la Estación Experimental de Santiago de las Vegas. En esta localidad cubana residirá con Eva Mameli, su esposa, una de las más brillantes investigadoras botánicas italianas de principios del novecientos, y será esta localidad cubana el lugar donde vendrá al mundo el escritor Italo Calvino y donde la familia Calvino permanecerá hasta 1925, fecha en la que deciden regresar a Italia, estableciéndose definitivamente en San Remo.

Pasaron tres años después de mi primer encuentro con Libereso Guglielmi, y no es sino hasta el mes de julio de 2013 cuando finalmente voy a visitarlo a San Remo, y así vuelvo a encontrar al jardinero de Calvino, esta vez en su casa jardín de Baragallo.

Este segundo encuentro me permitió conversar con él por más tiempo. Es un botánico de fama internacional y un jardinero muy especial. El mismo Libereso me abrió la puerta acompañado de su inseparable barba blanca y me hizo acomodar en el pequeño porche de su casa. Al verlo nuevamente su figura me trajo a la mente el Moisés de Miguel Ángel. Tiene ochenta y cinco años, y observo que ahora para caminar Libereso está usando un bastón, su piel no obstante la edad luce la brillantez que transmite la lisura del mármol. Es un hombre con un aura ancestral y a él, antes de empezar a responder a mis preguntas, lo primero que se le ha ocurrido es contarme de cómo por esta zona del norte de Italia él sobrevivió a la segunda guerra mundial comiendo hierbas silvestres.


—Libereso, ¿Por qué las plantas tropicales en este rincón de Italia encuentran tan buen terreno?

—Por el clima —respondió—. Es un clima subtropical, mira ese ceibo —y el jardinero de Calvino se volteó para indicarme uno de los árboles tropicales que podemos apreciar en su jardín—: el ceibo es una planta que en su hábitat original en Suramérica nace en los ríos, mientras aquí en Liguria crece tanto en la tierra como en las cercanías al mar.

Pitanga, casimiroa (sapote blanco), Erythrina cristagalli (ceibo), Croton eleutheria, cardamomo, Jatropha curcas, mango, Passiflora caerulea o Brunfelsia australis son los nombres de algunas de las plantas tropicales que Libereso tiene en su jardín, y sobre cada una de ellas él personaliza una historia y cuenta muchas anécdotas pues es un jardinero que ha viajado por todo el mundo.

—Libereso, ¿qué recuerda usted del escritor Italo Calvino?

—Recuerdo que a Italo yo siempre le echaba mucha broma.

—En el cuento “Una tarde, Adán”, el escritor relata lo siguiente:

Marianunciación huyó saltando sobre las dalias, con sus hermosos zapatos de suela de corcho.

Libereso estaba de cuclillas junto al sapo, y se reía, mostrando sus dientes blancos en medio de su cara color marrón.

(…)

—¡No tengas miedo! Es un sapo. ¿Por qué le tienes miedo?

—¡Es un sapo! —gimió Marianunciación.

—Sí, es un sapo. Ven —dijo Libereso.

Ella le respondió, señalando al sapo con el dedo:

—¡Mátalo!

El muchacho agitó las manos, como protegiéndolo.

—No quiero. Es bueno.

—¿Es un sapo bueno?

—Todos son buenos. Se comen a los gusanos.

Así nos cuenta que usted conquistaba a Marianunciación con sapos —le dije sonriendo.

—Cierto que la conquistaba con sapos —respondió con una sonrisa— y ella los apreciaba porque me quería.

—Usted fue un estrecho colaborador del botánico Mario Calvino, quien sobre todo de México y Cuba hizo llegar a la rivera de las flores (así es conocida la zona donde está ubicada San Remo) diferentes variedades botánicas. Aunque haya pasado tanto tiempo, quisiera, a través de su recuerdo, saber de aquellas plantas tropicales que como puerta de entrada tuvieron San Remo.

—Después del cierre de la estación experimental se perdieron las huellas de muchas plantas tropicales. Pero aquí tengo este árbol de aguacate, el único —según Libereso— que queda de las plantas mexicanas que Mario Calvino trajo de México. Es un árbol muy interesante porque da un fruto delicioso, muy refinado. Este aguacate llega de las plantas mexicanas que trajo Mario Calvino, es una planta hembra, muy nutriente.

—¿Qué variedad es?

—Es una fuerte.

Conversar con Libereso es entrar en equilibrio con todos los elementos. Ha trabajado en diferentes partes del mundo. Ha escrito muchos libros y producido artículos para revistas especializadas como Gardenia. Tuvo un padre excepcional para sus tiempos, un hombre que estudió por muchos años con los jesuitas y que en un determinado momento de su vida rehúsa seguir la vida religiosa y escoge el camino del anarquismo. Era trotskista, y en un gran humus cultural vivirá, convivirá y tendrá sus tres hijos: Libereso, Germinal y Omnia.

En su libro Libereso, el jardinero de Calvino (2009), Editorial Muzzio, me enteré que sabe recoger el aguamiel del ágave, ¿cuándo fue la última vez que recogió aguamiel?

—La última fue hace dos años —y Libereso tomó mi cuaderno de apuntes, un lápiz y dibujó una planta de agave explicándome cómo se recoge este néctar—. Cuando la planta florece, en el tronco se hace un corte en forma de cono, y poco a poco se va excavando en él de diez a quince centímetros, es en ese cono donde se va depositando poco a poco el aguamiel. Cuando era muchacho, con mis amigos, cada día iba y la recogía. Y cada vez rallaba más y más en el fondo del cono, lo cubría y regresaba al día siguiente. Bajaba y bajaba dentro del ágave, abriendo más la herida, llegaba casi a la raíz de la planta y así recogía ocho, diez o quince litros de jarabe de ágave. Algunas veces lo hacía hervir mucho y salía una especie de licor. Nos divertíamos mucho en aquellos tiempos.

—¿Ha visitado México?

—He dado vueltas por todo el mundo, estuve en Inglaterra, India, y muchos lugares de Asia, pero a México nunca he ido. Todas las informaciones que sé sobre este país las aprendí trabajando con el profesor Mario Calvino en la estación experimental.

—La cultura de México nace en torno al ágave —le comento.

—Sé que para los mexicanos el ágave es una planta santa, de ella sacan fibras para tejidos y hasta sus hojas se pueden comer cocinadas en el horno.

—Como gran conocedor de plantas que es, para usted ¿cuál es el aspecto más hermoso de la planta de ágave?

—Que produce aguamiel. Es una planta de la cual se extraen litros y litros de este precioso líquido.

En sus tiempos Mario Calvino también quiso introducir en Liguria una variedad de cabra mexicana.

—Sí, eran cabras comunitarias, no escapaban, estaban siempre en grupo, no son como las que conocemos aquí que se van cada una por su parte. Mario creía que podían ser muy útiles en este tipo de terreno porque estaban en manadas, daban muchos litros de leche, y por sus características podían comerse las hierbas y tener además los terrenos limpios.

La humanidad ha entrado en un círculo sin sentido debido a la falta de conocimiento porque a nadie le conviene que se difunda la verdadera sabiduría de nuestro hermoso planeta.

—Una cualidad suya es la de respetar y conservar un magnífico diálogo con bichos como lagartijas, culebras, ranas y sapos.

—Todos ellos son protectores de la naturaleza. Cada uno forma parte de un equilibrio perfecto, porque ocupan un lugar preciso en el ambiente; somos nosotros, los hombres, quienes hemos perdido el contacto con la naturaleza, usamos los herbicidas y por esta causa en nuestros jardines hoy hacen falta culebras, lagartijas, ranas y sapos. Así extinguimos los animalitos que pueden servir de defensa contra los insectos que destruyen las plantas.

—Cambiando de tema, Libereso, hoy todos compramos legumbres y frutas y en casa y después de limpiarlas para el consumo botamos las semillas en la basura.

—Sí, y así cometemos un pecado contra la humanidad. Las semillas no se botan a la basura, deberían ser conservadas y dadas a alguien que pueda utilizarlas, porque se tienen que sembrar y si no dan frutos no importa, ya que pueden servir para hacer injertos. Hoy la humanidad ha entrado en un círculo sin sentido debido a la falta de conocimiento porque a nadie le conviene que se difunda la verdadera sabiduría de nuestro hermoso planeta.

—¿Cuál es su flor predilecta, la indispensable, aquella que le hace falta si no la ve?

—Una brizna de hierba, es la fundamental, sin la presencia de ella muchas plantas morirían porque quedarían descubiertas.

—Muchos platos de la cocina tradicional de esta región italiana se hacen a base de hierbas silvestres.

—Sí, uno de ellos es el famoso Prebuggion. Todas las hierbas se recogen y es necesario poner mucha atención en calibrar todos los gustos porque lo amargo no se debe imponer sobre otro gusto. Es necesario optar por una alimentación a base de plantas naturales —aconseja Libereso, que desciende de una familia de vegetarianos—. Las plantas tienen su sal natural, que no apreciamos porque cuando se cocina se usan muchos sabores artificiales que modifican el auténtico sabor de las plantas.

Concluí mis preguntas y me despedí de la antítesis de Chance, el jardinero de Jerzy Kosinski; dejé a Libereso Guglielmi con su lucidez científica, su claridad de aborigen ligur en su casa de Baragallo, a pocos kilómetros de Villa Matutiana, como era llamada San Remo en época romana, me devolví a Génova pensando en una frase del botánico Mario Calvino: “Sé que frecuentemente hablaré al viento. Pero también las plantas confían al viento sus semillas, suprema misión de sus vidas. No todas las semillas se dispersarán, basta que una sola encuentre el ambiente propicio para asegurar y multiplicar su especie”.

Mayela Barragán Zambrano