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Hablemos, de Octavio Santana Surez

Ilja Leonard Pfeijffer: “Vine de vacaciones y me enamoré de Génova”

• Domingo 18 de junio de 2017
Ilja Leonard Pfeijffer
Pfeijffer: “Cuando llegué a Génova enseguida empecé a escribir”.

He adquirido un nuevo guardarropa para, como una nueva persona, poderme movilizar muy simplemente por este nuevo mundo tan elegante. Un par de trajes italianos, unas camisas hechas a la medida, un sofisticado par de zapatos, tan suaves como la mantequilla y tan afilados como un cuchillo, y un original sombrero panamá. Todo esto me ha costado una fortuna, pero era una inversión necesaria para acelerar mi asimilación.
Fragmento de La Superba, de Ilja Leonard Pfeijffer, traducido del holandés al español por Geraldine Carreño Torres.

Directo San Cristóbal-Génova —vía Holanda— con escala en Bogotá, esta entrada no es el itinerario de un vuelo aéreo entre la capital del estado Táchira y Génova, sino la historia de una conexión que se entrelaza mágicamente con la literatura.

Todo se inició con María Eugenia, una amiga mía bogotana, que se fue al matrimonio de una amiga suya de Hamburgo. Hallándose mi amiga ya en aquella ciudad alemana, su amiga le presentó a una venezolana de San Cristóbal. Entonces la bogotana de Génova, sabiendo que su amiga venezolana también era de esos mismos lares, nos puso en contacto vía Facebook.

Teniendo efectivamente las pruebas fotográficas de su presencia en Génova, empecé a darle la caza a un escritor holandés por los callejones del centro histórico.

Enseguida conversé con la venezolana de Hamburgo a través de Messenger. Se llama Geraldine, y no sólo descubrí que la familia de mi coterránea son los vecinos de toda la vida de una amiga y colega mía, Chelo, sino sobre todo que Geraldine conocía muy bien Génova gracias a un afamado periodista, escritor y poeta holandés que desde esta ciudad escribe y cuya existencia yo desconocía completamente. Geraldine me contó que el escritor se llama Ilja Leonard Pffeijffer y que él en 2014 ganó un prestigioso premio de literatura holandés por un libro escrito en esta ciudad llamado La Superba.

Me contó que leer los textos de Ilja es entrar en otra dimensión, porque el lector camina donde él camina, huele lo que él huele, respira lo que él respira. Sostiene que Ilja Leonard Pfeijffer tiene el poder de la palabra y un léxico en holandés increíble, unas narraciones muy ricas y de una dulzura única. Inclusive —me contó Geraldine— Ilja tiene un poema maravilloso construido con base en una palabrota, Godverdomme, una grosería que literalmente significa Jodido Dios, o mejor dicho, Coño de tu madre, y —sostiene Geraldine—esa poesía de Ilja demuestra sus habilidades en el uso de la escritura, porque es un ejemplo de cómo una palabra vulgar puede llevarse al máximo de la sublimación y del éxtasis.

Como sucede en estos tiempos de redes sociales, rápidamente busqué a Ilja en Facebook para pedirle la amistad. Pero descubrí que su Facebook está copado porque alcanzó el número máximo de amigos, así que no pude enviarle la solicitud de contacto.

Sucesivamente Geraldine me contó que el escritor también tenía una página de Instagram, así que enseguida empecé a seguirlo y pude darme cuenta de que efectivamente en esta red social Ilja posteaba imágenes de los carruggi (callejones en dialecto genovés), las vías del centro histórico.

Entonces, teniendo efectivamente las pruebas fotográficas de su presencia en Génova, empecé a darle la caza a un escritor holandés por los callejones del centro histórico. Pero los meses pasaron y no logré dar con su paradero; ya cuando había perdido las esperanzas convenciéndome de que encontrar a Ilja Leonard Pfeijffer en un carruggio era una misión imposible, lo vi bajar por Vía San Lorenzo junto a su compañera. Lo reconocí, lo saludé y le dije que deseaba entrevistarlo; él me dio su correo electrónico y una semana después, el 31 de marzo, cuadramos la entrevista y nos encontramos en Piazza della Meridiana.

Al encontrarlo lo saludé diciéndole:

—¿Nos podemos tutear?

—Por supuesto —me respondió en un perfecto italiano con marcado acento holandés.

—Ilja, le traigo los recuerdos, el respeto y la estima de una de sus lectoras más fervientes, que es venezolana como yo.

Y enseguida le conté que es gracias a ella que me entero de su presencia en Génova. Le preciso que me disculpara si cometía errores en hacerle las preguntas, pero el hecho era que no había leído nada de él. Y le confieso que es la primera vez que entrevisto a un escritor famoso sin conocer su obra literaria, pues sus libros no han sido publicados aún en italiano. Le expliqué que todo lo que sé y le diré es por esta venezolana de Hamburgo que es pedagoga en educación especial y para quien el holandés es su segundo idioma, que Geraldine es una admiradora de su literatura y conoce también autores como Harry Mulish, Remco Campert y Adriaan van Dis, etc. Que ella aprendió holandés leyéndole a su hijo los cuentos infantiles de El Conejo (Nijntje) y los de Dick Bruna. Al escuchar el nombre de Dick Bruna, Ilja se rio diciendo que él también conoce esos cuentos, y agregó:

—¡Bravo a Geraldine!, ¡qué bonita historia!

—Ella me pidió que te contara que su mejor amiga y vecina holandesa es la hermana del escritor y poeta Erik Jan Harmens.

—Ah, con Erik he trabajado, ambos hicimos una colección de poesía.

—También dice que tienes un excelente sentido del humor, un sarcasmo genial, que se parece mucho al que tenemos los venezolanos.

—¡No me digas! —responde.

—Otra cosa que me contó es que el 22 de enero de este año fue el estreno de la serie de documentales Via Genua donde tú recorres el centro histórico entrevistando refugiados.

—¡Me conoce muy bien Geraldine! —y sonríe cuando añado que hasta me dijo que le dijera que él ahora está más guapo y que ha adelgazado.

—Naciste en la misma ciudad de Rembrandt, estudiaste idiomas clásicos y enseñaste en la universidad.

—Sí, enseñé griego, pero nunca fui profesor ordinario. Estudié latín y griego. Griego sobre todo porque es un placer leer a Homero en lengua original.

—Debutas como poeta en 1998 con el libro Del hombre cuadrado.

Me dije: ¿por qué tengo que regresar a Holanda? No tengo ningún motivo, me encuentro muy bien aquí. Y esos dos meses que quise detenerme en Génova son ya nueve años.

—Correcto. Ese fue mi debut como poeta.

—¿Por qué El hombre cuadrado?

—Es una cita del poeta griego Simónides, un concepto bastante misterioso.

—Sabes, la cuestión que más me fascinó conociendo tu historia a partir del relato de Geraldine es: ¿cómo un escritor holandés llega a Génova?, ¿por qué escoges esta ciudad como meta?, y ¿por qué Génova se convierte en tu musa inspiradora?

—Todo fue una casualidad, no programé nada. Llegué aquí hace nueve años, más o menos por casualidad, era el verano de 2008. Vine de vacaciones y por falta de una palabra mejor, digo que enseguida me enamoré de esta ciudad, sobre todo del centro histórico, que para mí es un lugar único en el mundo, es un laberinto mágico. Entonces pensé que podía ser una buena idea quedarme un poco. Pensé en permanecer dos meses, busqué un apartamento, lo encontré. Alquilé por dos meses un pequeño piso amueblado en uno de los callejones. Y luego, prolongué el alquiler. Tenía siempre la idea de que debía regresar a Holanda. Pero después me dije: ¿por qué tengo que regresar? No tengo ningún motivo, me encuentro muy bien aquí. Y esos dos meses que quise detenerme en Génova son ya nueve años. No hay nada que me haya corrido de Holanda, allí siempre viví muy bien. Tenía una vida muy cómoda, fácil. Pero me di cuenta estando aquí de que mi vida había sido muy fácil, demasiado cómoda, y reconocí que había perdido la capacidad de sorprenderme de la vida, un estupor que encontré aquí y no sólo me enamoré de la ciudad, sino que ahora también me he enamorado de una mujer bellísima, por lo que siempre tengo motivos para quedarme aquí.

—Te alejas de Holanda, pero mantienes el cordón umbilical porque desde aquí sigues tu trabajo de periodista.

—Soy muy afortunado porque el hecho de trabajar para algunos periódicos, sobre todo el periódico principal del país, de haber publicado libros y de tener excelentes relaciones con las casas editoriales, me permitió entonces seguir trabajando desde aquí, pues estos eran todos trabajos que podía hacer desde la distancia. Por lo tanto descubrí que podía seguir con mi trabajo y que esto, inclusive, tenía muchas ventajas, sobre todo porque la distancia te da muchas ideas nuevas, como por ejemplo la idea de escribir el libro La Superba, que ambienté aquí.

—Un libro por el cual recibes un premio importante en 2014.

—Sí, ganó el premio Libris, el galardón literario más importante en Holanda, premio que le dio mucha visibilidad al libro.

—¿Cómo acogen en Holanda este libro escrito en Génova?

—Es un libro escrito aquí y por eso la ciudad está muy presente, y deseaba que fuese así, porque quería que este laberinto mágico, esta Hong Kong medieval que es el centro histórico, se convirtiera en un protagonista, pero es un texto sobre otros temas, no específicamente relacionados con Génova, sobre todo es un libro dedicado al tema de la migración, la migración en general. Cuando llegué enseguida empecé a escribir, porque era una ciudad que me impresionaba mucho y enseguida empecé construyendo pequeñas escenas y descripciones. Tardé un poco para definir qué tipo de libro quería, qué tipo de libro la ciudad quería de mí.

—¿Qué tipo de libro quería Génova de ti?

—Me di cuenta de que la ciudad quería que hablara de un tema muy presente, el tema mayor de esta ciudad, el de la migración, y no sólo de su actualidad sino también desde el punto de vista histórico. Génova siempre fue un nudo de movimientos; lugar de donde partieron los cruzados para ir a Tierra Santa. También fue la ciudad de donde partieron millones de italianos para el mundo nuevo y ahora, en cambio, es una ciudad a donde llegan migraciones de otras partes, sobre todo africanos, y es una cuestión muy visible. Los migrantes aquí en Génova terminan casi todos en el centro histórico, donde a la fuerza tienen que convivir con las otras personas que habitan el laberinto. Así que para mí hablar de migración era muy interesante. En cambio, mi historia de migrante es una historia que no se puede comparar para nada con la mayoría de los migrantes que viven en el centro histórico. Yo me desplacé del norte al sur, ellos del sur al norte. Todos los que llegan del sur al norte arrastran consigo muchas diferencias. Aunque mi historia y la de un migrante africano son muy diferentes, de todas maneras tenemos algo en común, que un día partimos, dejamos nuestra tierra, por una fantasía de encontrar una vida mejor. En el libro hay muchos personajes, pero cada uno tiene un común denominador, todos van en la búsqueda de una vida mejor, tienen esta fantasía. Pero muchos, de un modo u otro, se pierden en esta fantasía, es así que el laberinto del centro histórico se transforma en una metáfora para perderse todos en esta fantasía.

—¿Cuáles son los protagonistas de La Superba?

—El protagonista es un escritor que viene del norte al sur persiguiendo el sueño de la dolce vita italiana. La narración ocurre en primera persona, el protagonista se llama como yo, es de profesión escritor, tiene algunos rasgos autobiográficos; se me parece, pero no soy yo, le di hasta mi nombre, pero es muy diferente a mí.

—¿La dolce vita italiana, perseguías un imaginario felliniano?

—No, para nada, es un topos del norte de Europa, se sueña Italia; es como Goethe que narraba del país donde florecen los limones, o como todos los pintores que del norte se movieron al sur y que trasmitieron esa fascinación por la luz del Mediterráneo.

—Una cuestión que se olvida aquí es que este es el sur de Europa.

La Superba es un libro coral, de voces múltiples; es un laberinto habitado por muchas voces, es como caminar en un callejón donde encuentras a muchas personas.

—Este es el propio sur, el Mediterráneo, el color, el sol. Otro personaje importante del libro es un senegalés, se llama Gibi. Es un personaje imaginario, pero su historia se basa en historias de la vida real que recopilé a través de los senegaleses que encontré. También hice mucha investigación sobre la historia de la emigración africana, y de todas estas historias reales construí un personaje ficticio, Gibi. Este último y el escritor se encuentran en el laberinto mágico y así puede contar su historia.

—¿En cuál callejón de Génova vive Gibi?

—En via Prè, cerca de La Commenda. Encuentro muy interesante que los senegaleses lleguen a instalarse en esta vía que fue la que recibió en los años cincuenta la migración del sur de Italia. Conversé con muchos italianos que del sur migraron y se instalaron en via Prè; algunos de ellos manifiestan solidaridad hacia los pobres africanos, otros, en cambio, no, se volvieron racistas, se creen mejores que los africanos porque son italianos. La Superba es un libro coral, de voces múltiples; es un laberinto habitado por muchas voces, es como caminar en un callejón donde encuentras a muchas personas. Hay muchos personajes, unos principales y otros secundarios. Es un libro que muestra cuán complejo es el tema de la migración, más complejo de lo que pensé cuando empecé a escribir este mosaico de historias basadas en relatos de gente de todas partes. Otro personaje que no he mencionado es un profesor inglés, también basado en una historia real. Un viejo profesor inglés alcoholizado llamado Donald Perrygrove Sinclair que falleció el 7 de octubre de 2015.

—Conocí personalmente a Donald —le cuento—. Donald, borracho, me dio una clase magistral de literatura inglesa en un bar del centro histórico; por él me enteré de que Lord Byron tenía un velero llamado Simón Bolívar con el cual navegaba en el golfo de La Spezia, también de las vidas y tormentos de Percy Shelley y Mary Shelley, o de otras conexiones de la literatura inglesa con esta región de Italia.

—Sí, Don era un hombre muy culto, un libro abierto. En el libro yo oficialicé un poco sus relatos usando muchas partes de su vida que no sabremos nunca si fueron inventos o de verdad. La genialidad de Don es que supo hacer arte con su propia vida, algo muy bello. Contaba que fue espía para el Servicio de Inteligencia Secreto, el MI6, narraba muchas aventuras que cuento en el libro. Don es el único migrante que en Génova tuvo éxito como migrante, porque fue aceptado totalmente; se integró completamente. Paradójicamente su éxito dependió del hecho de que nunca se adaptó. Aquí Don se volvió más inglés de los mismos ingleses. Llegó a ser casi una caricatura de sí mismo y exactamente por esto fue aceptado y amado. Donald no se perdió en la fantasía de una vida mejor en este lugar, porque ya su vida era fantasía pura, y yo en el libro hasta lo mato, a toda costa quise describir su funeral —dice entre risas.

—¿En qué año escribiste el funeral de Donald?

—Hace más o menos cinco años, porque el libro fue publicado en 2013. Le conté a Don que lo había matado en el libro, que había escrito la historia de su funeral, que había inventado un evento estupendo con una gran fiesta en Piazza delle Erbe, la plaza donde todos bebían gin tonic con él, y cuando se enteró se quedó contentísimo, le gustó mucho que escribiera su muerte en el libro.

—¿El verdadero funeral de Donald fue como tú lo describiste? —le pregunto recordando la fecha del verdadero funeral de Donald que fue el 3 noviembre de 2015 en el cementerio de Staglieno.

Al final casi todos los personajes de La Superba terminan solos, porque se pierden en sus fantasías y el resultado es por supuesto la soledad.

—Lamentablemente la realidad es completamente diferente a la imaginación. Mi versión inventada de su funeral fue mucho mejor de la real. Su verdadera muerte me dejó un poco de amargura porque, claro, muchas personas le rindieron un homenaje, muchos dijeron durante su entierro que habían sido grandes amigos de él, pero en los dos últimos años de su vida, cuando estuvo enfermo, Don estuvo completamente solo, y estos grandes amigos hicieron poco por él.

—¿Por qué le das al libro el título de La Superba? ¿Por Dante Alighieri?

—Sí, pero también por otros motivos. Génova es una metáfora del fortín Europa, muy bella desde afuera; ves esta ciudad con estos muros altísimos, bella, atrayente, pero dificilísima de penetrar, una muralla impenetrable. El significado de La Superba tiene varias connotaciones, la de belleza, pero también la de arrogancia; es una metáfora del continente europeo. También en el texto cuento de una historia de amor completamente inventada, el protagonista conoce a una chica italiana y es una historia que termina muy mal, por muchos motivos y malentendidos culturales, y también esta mujer representa la superba. Este personaje es un catalizador para mostrar que el protagonista no puede integrarse y no es aceptado; afortunadamente en la vida real, como escritor soy muy diferente al personaje, me siento muy aceptado.

—La descripción que haces de La Superba me recuerda Cien años de soledad y El general en su laberinto, de Gabriel García Márquez. ¿En esta trama ambientada en este laberinto mágico hay mucha soledad?

—Sí, al final casi todos los personajes terminan solos, porque se pierden en sus fantasías y el resultado es por supuesto la soledad, una característica de las sociedades modernas.

—Ahora hablemos de poesía. ¿Escribiste hace poco junto con Erick Jan Harmens, el hermano de la amiga de Geraldine, un libro de poesía?

—Sí, es un libro reciente, lo publicamos el año pasado, se llama Duetos. Son treinta poemas bastante largos escritos a cuatro manos; un trabajo que hicimos a través del correo electrónico, un juego bellísimo. Nos intercambiamos emails donde cada uno escribía una estrofa de seis u ocho líneas y el otro respondía, así proseguíamos siempre en emails vacíos, y sin ningún comentario o saludo, sólo poemas. Cuando concluimos el trabajo no cambiamos nada, se fueron del correo electrónico directamente a la imprenta, ¡sin cambiar nada!

Finalicé la conversación con Ilja hablando de las Antillas Holandesas y del mar Caribe. Ilja, al recordar esos territorios holandeses de ultramar, sonrió contándome cómo los holandeses intentaron deshacerse de los antillanos organizando un referéndum para liberarse de la colonia, pero los antillanos votaron que no, que no quieren despegarse de Holanda, e hicieron bien, concluyó Ilja:

—Es correcto que Holanda los asista y se encargue de ellos.

Mayela Barragán Zambrano

Mayela Barragán Zambrano

Periodista venezolana (El Cobre, Táchira, 1965). Residente en Génova, Italia desde 1989. Especializada en comunicación intercultural. Trabajó como redactora en el Corriere di Tunisi, Túnez. Ha colaborado con la revista digital española Rebelión y con la italiana Prospettive. Es autora de Forma perfetta (Mondolibri, 2008). Junto con varios periodistas extranjeros residentes en Italia ha publicado Nuove lettere persiane (Ediesse, 2011). Un texto suyo aparece en Luoghi Comuni: guida topografica alternativa alla città di Genova (Anasazi, 2015). Colabora con el diario venezolano La Nación (Táchira) y con la revista española FronteraD. Ha traducido del español al italiano a los poetas indígenas Jaime Chávez Marcos, Javier López Sánchez, José Ángel Fernández Silva Wuliana, Pedro Martínez Escamilla y Lorenzo Hernández Ocampo.
Mayela Barragán Zambrano