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Hablemos, de Octavio Santana Suarez

Las siete historias de la Venezuela en crisis que Kalathos publicó en España

• Domingo 4 de marzo de 2018

El libro Siete sellos. Crónicas de la Venezuela revolucionaria ha sido presentado en Madrid. Su editor David Malavé nos relata cómo ha sido el proceso.

David Malavé
Malavé: “Hay mucho interés en la sociedad española de entender qué pasa en Venezuela”.

Han pasado poco más de dos años desde que David Malavé, médico venezolano, creador de la Librería Kalathos del Centro de Arte Los Galpones, en Caracas, tomara sus maletas y decidiera trasladar el sello editorial de la librería, Kalathos Libros, a la ciudad de Madrid, España, con el objetivo de buscar más oportunidades para publicar y mostrar en Europa las voces de autores venezolanos. “Un trabajo que los argentinos y los mexicanos llevan haciendo más de sesenta años con sus autores y que nosotros aún no hemos ni siquiera comenzado”, expresa.

Saber si lograría su propósito era igual que lanzar una moneda al aire: posicionar una editorial pequeña, de tipo familiar y además extranjera, en el mercado español (el noveno más fuerte de todo el mundo con 586.811 títulos nuevos editados en 2017, de acuerdo con cifras del Observatorio de la Lectura y el Libro de Madrid), no era tarea sencilla. Sin embargo, el resultado ha sido mejor del que esperaba. En sólo veinticuatro meses la editorial ha publicado diez títulos mientras que otros seis están listos para entrar en imprenta. En este primer lote ya colocado en las librerías de Madrid está Siete sellos. Crónicas de la Venezuela revolucionaria, libro que expone, en la pluma de autores reconocidos y otros más nuevos, el declive de la economía venezolana y el deterioro social del país en las últimas dos décadas del chavismo.

Hay mucho interés en la sociedad española de entender qué pasa en Venezuela.

Presentado en la institución cultural Casa de América, y reseñado más tarde por medios de comunicación como El País y ABC, el libro reúne un cúmulo de voces que narran historias que rozan cada vez más los límites de la supervivencia. Imposible de conseguir en físico por los altos costos de impresión en Venezuela, el libro puede leerse, por ahora, en formato digital desde la plataforma de Amazon.

—¿Qué cuenta en esencia el libro? ¿Qué diferencia hay entre Siete sellos y otros libros que también abordan al chavismo?

—Se llama Siete sellos porque propone siete ejes temáticos clave: el hampa, la inseguridad, el hambre, la falta de medicamentos, los presos políticos, el desempleo, la migración, el narcotráfico. Están agrupados de esa manera. Lo que lo ha hecho muy deseado por lectores en España es la sinergia que hay entre varias voces que comentan las historias de otra gente. Tenemos voces muy mediáticas como Federico Vegas y Leonardo Padrón, por ejemplo, y también otras que apenas están comenzando: Carla Fernández y Pedro Plaza Salvati, entre otros. Creo que esa diversidad para explicar lo que está ocurriendo en Venezuela es lo que atrapa al lector. Este libro, además, yo lo cociné durante mucho tiempo con la poeta Yolanda Pantin, la idea es nuestra. Con frecuencia chateábamos, conversábamos mucho en relación con lo que se hablaba en Facebook sobre el país, y un día llegamos a la conclusión de que debíamos hacer un libro en el que se narraran todas estas historias. Ella me ayudó mucho a mirar con un toque más profesional y me sugirió que Gisela Kozak era la persona que tendría el ojo clínico para captar qué personas debían escribir allí. Este es un libro colectivo que habla sobre los problemas de treinta millones de venezolanos.

—¿La situación en la que se encuentra Venezuela sirve de trampolín para dar a conocer con más fuerza el libro?

—Hay mucho interés en la sociedad española de entender qué pasa en Venezuela. Ha sido un libro exitoso porque apunta y describe un fenómeno político y social a través de crónicas, de investigación. Es un libro que trata de lo que le ocurre a la población que vive en Venezuela, la dificultad de la vida cotidiana, las dificultades para las actividades diarias. Que eso se traslade a un interés por la literatura y la poesía venezolana, eso será algo que se irá logrando poco a poco, y se hará a medida que esta crisis vaya llamando la atención. El libro de Laura Cracco, por ejemplo —cuenta el editor refiriéndose a la novela África íntima, también publicado por su editorial en Madrid, en 2017—, fue afortunado por narrar el horror que vive una persona enferma para conseguir tratamiento en Venezuela. Por ese contexto, interesó. En este momento somos noticia todos los días y no por cosas buenas, lamentablemente.

SIETE SELLOS: CR�NICAS DE LA VENEZUELA REVOLUCIONARIA

Siete sellos fue financiado a través de un proceso de crowdfunding. ¿Cómo fue esa experiencia?

—Fue muy exitosa. La buena energía, el deseo de todo el mundo y el buen ojo de Gisela Kozak hicieron posible la publicación. Después, yo, con el fin de hacer más campaña promocional, hice un crowdfunding y la respuesta fue espectacular por parte de venezolanos que están residenciados fuera del país. Empresas relacionadas con la actividad petrolera, por ejemplo, nos apoyaron y con cantidades muy generosas para hacer posible un tiraje grande, de dos mil ejemplares. Gracias a eso pudimos dar libros a la prensa española y de inmediato recibimos mucha simpatía e interés por el libro. Gente que vive en China, en Malasia, en Indonesia, en los Emiratos Árabes Unidos, todos ellos donaron dinero para este proyecto.

—Así como describe los problemas que enfrentamos día a día, ¿también presenta soluciones?

—No, no es un libro que presente soluciones. Es un libro descriptivo que plantea otro dilema, uno ético y muy importante: las posibilidades que hay para salir de todo esto a través de una conciliación. Ahí es donde los autores plantean sus soluciones: en la posibilidad de un conciliación. Leonardo Padrón, por ejemplo, habla mucho sobre cómo perdonar y cómo volver a convivir todos juntos sin divisiones. Varios autores lo plantean. Cada vez que se ha hablado de esto, sobre todo en la presentación del libro en Casa de América, fueron muy frecuentes preguntas como: ¿y ahora qué?, ¿cómo hacemos para vivir todos en el mismo país?, ¿hay posibilidad de una reconciliación? Eso es algo que se preguntan los lectores, los autores, los presentadores del libro, nosotros.

—¿Y sobre esto, cuál es tu opinión como venezolano?

—(Suspiro) Creo que será un proceso muy difícil pero es un proceso que debe suceder. Es la única manera. Puede que demore mucho en consolidarse porque, en lo personal, no siento que una conciliación sea el deseo de la gente. No tenemos el ánimo para hacerlo. La gente está furiosa y la furia nos puede llevar a un escenario muy violento, de lado y lado. En el exterior la gente está muy pendiente de todo lo que sucede aquí.

 

Editar en el extranjero

Siete sellos es, visualmente, un trabajo muy distinto al que hasta ahora venía haciendo Kalathos Libros en Venezuela, país donde dio sus primeros pasos a mediados de 2011, logrando publicar cerca de quince libros hasta 2016. “Nuestra intención era apoyar a los poetas”, recuerda Malavé. Edda Armas, Rodolfo Häsler y Belkys Arredondo Olivo son algunos de los escritores que engrosan la lista de la editorial, todos con obras cuya edición las hacía ver muy ligeras por su diseño, muy fácil de identificar por constar de una portada unicolor, con el nombre del autor, de la obra y de la editorial colocados en la parte superior, con una tipografía legible pero pequeña.

Hacer libros en Venezuela es muy difícil por las condiciones en que está el país, pero pienso que si de la crisis económica salieron los argentinos y también los mexicanos, en algún momento tendremos que salir nosotros también.

Con los libros editados ahora en España la identidad de la editorial ha dado un giro tremendo. Tipografías más grandes e ilustraciones en la portada son los cambios de una editorial que, tal como expresa Malavé, aprende del mercado español. En cuanto a Siete sellos, por ejemplo, la portada retrata la imagen de miles de personas marchando en 2017 por las calles de Caracas contra el gobierno de Nicolás Maduro, y refleja, además, una de las imágenes clave que tanto recorrieron al mundo durante ese año: el enfrentamiento entre jóvenes y policías, los primeros armados con escudos de cartón y los segundos con un arsenal de guerra.

—La portada, con su nombre y la fotografía, ha generado muchos comentarios. ¿También ha servido para que la gente tome el libro y quiera abrirlo, leerlo?

—Esa foto me gustó mucho. En 2017 estuve en Venezuela desde el 20 de marzo hasta el 3 de mayo y tuve la oportunidad de participar en las grandes marchas: en la del 19 de abril, la del 1 de mayo, todo ese movimiento que comenzó. Cuando llegué a España comprobé que todo eso salía muchísimo en los medios. Había gente que realmente estaba muy impresionada con las dimensiones de las marchas, con la participación juvenil. Pensé que esa foto explicaba mucho y le diría al público español qué está ocurriendo aquí en Venezuela. Cuando el libro salió (publicado) todavía la gente estaba marchando, y me pareció que era muy importante decirles a los españoles: ¿ustedes quieren entender lo que está pasando en Venezuela? Lo podrán entender a través de este libro.

David Malavé
Kalathos Ediciones tiene diez libros publicados y otros seis más por publicar.

El futuro de Kalathos Ediciones

—Después de Siete sellos, ¿qué viene?

—Viene una antología que ya está lista para la imprenta. Hablará sobre el quehacer diplomático venezolano desde 1958 hasta 1998. Ese proyecto me fascina porque tiene mucho que ver con lo que hizo Venezuela para pacificar Centroamérica, resolver las guerras civiles que había en Nicaragua y en El Salvador, democratizar el Cono Sur. Hay un artículo que refiere nuestra colaboración en las primeras elecciones libres en España después de la muerte de Franco. Habla mucho el libro sobre cómo ayudamos a la solución de los problemas entre los países árabes e Israel. El libro cierra con el capítulo de la doctrina Arria, que es una costumbre que instauró Diego Arria en las Naciones Unidas, que se convirtió luego en derecho de uso: la voz que se les da a las organizaciones no gubernamentales hoy día en las Naciones Unidas y en la Organización de Estados Americanos. Ese será un libro muy interesante. Luego vendrá otro de David Alizo, en mi opinión un autor extraordinario, que será una sorpresa. También publicaremos un libro de poesía muy hermoso, de Érika Reginato, sobre los italianos que vinieron al país a trabajar en el cacao, años atrás, y un libro del profesor Atanasio Alegre que es una joya, es una reedición. Él lo publicó aquí con la editorial Alfadil: El crepúsculo del hebraísta. Pensamos que es un libro que puede tener mucha proyección internacional. Todos están en proceso de corrección.

—Háblanos un poco de las diferencias de editar en Venezuela y luego hacerlo en España.

—En España editar es una delicia. Existen maquinarias e insumos que te hacen todos los procesos más fáciles. Ahora, comercializar sí es muy difícil. Sin embargo lo logramos insistiendo, mostrando que queríamos hacer, y nos abrieron las puertas dos distribuidores. Tenemos diez libros publicados y otros seis más por publicar. Imprimir allá tiene un costo, claro, pero no es algo que vaya a generar tantos dolores de cabeza ni tienes que esperar meses para que te den el libro. Los precios se mantienen estables; el euro es muy duro. Mi sorpresa fue que el libro de Laura Cracco terminó en la Casa del Libro, se está vendiendo en todas sus sedes. También ha tenido mucho éxito la antología de las catorce poetas venezolanas que sacamos, Cantos de fortaleza. Hacer libros en Venezuela es muy difícil por las condiciones en que está el país, pero pienso que si de la crisis económica salieron los argentinos y también los mexicanos, en algún momento tendremos que salir nosotros también. Ellos tienen muchos años internacionalizando su literatura. Hasta librerías y acuerdos de distribución tienen. Nosotros no. Con ISBN venezolano no distribuyes, en España te piden que tengas un ISBN español y este es el caso tanto de Siete sellos como de todos los diez libros que hemos hecho. Los diez títulos que tengo con Kalathos España son todos con ISBN español.

—¿Hay posibilidad de que el libro se oferte en Venezuela?

—He tenido mis dificultades para venderlo aquí. Creamos una página donde se puede comprar en edición electrónica y se puede comprar en Amazon también. No lo podemos vender en físico fuera de la Unión Europea porque el libro tiene ISBN español, y aún no tenemos licencia como exportadores. En cuanto a imprimirlo en Venezuela veo dos grandes problemas: el costo de impresión y el tema que presenta el libro. En cuanto al primero, si yo calculo vender los libros a diez euros, por ejemplo, ¿cuánto quedará el precio calculado en bolívares? Por otra parte, cuando en 2017 vine al país me dejaron tres horas en la aduana con cinco ejemplares que traje y que fueron revisados de cabo a rabo. Luego, a mi regreso en diciembre me dijeron en el aeropuerto: “Tu eres el del librito”. Lamentablemente no es fácil en esas condiciones. Si quieren leerlo en Venezuela pueden entrar a la página de la editorial y comprarlo en digital. Sale mucho más económico obtenerlo así. Sin embargo, no dejamos de pensar en que podríamos enviar algunos títulos a las librerías, a través de empresas de mensajería, tal vez.

—¿Y la posibilidad de imprimir aquí podría reactivarse en algún momento de 2018?

—He parado la impresión en Venezuela desde 2016 porque no puedo manejarme en bolívares. Los cambios de precios son continuos, casi diarios. Hacer un libro aquí puede que en términos de divisas no sea muy caro pero si lo llevamos a bolívares sí costará mucho. La recuperación de lo invertido en el libro es casi imposible porque la hiperinflación se come las ganancias. En 2017 no imprimí libros en Venezuela y en 2018 tampoco lo podré hacer.

—¿Han calado en el mercado los autores venezolanos publicados por Kalathos? ¿Cómo ha sido la recepción por parte de los lectores?

—Mi primer libro, mi libro experimental, fue la antología de catorce poetas venezolanas. Catorce mujeres que hicieron una selección de su propia poesía para publicar en el exterior. Las elegí porque a todas las conozco y la obra de todas es cercana para mí: María Clara Salas, Cecilia Ortiz, Edda Armas, Yolanda Pantin, Sonia Chocrón, Carmen Verde, entre otras. Ese libro también generó mucha simpatía, un conjunto de voces que representan a Venezuela porque, insisto, eso es lo que quieren los lectores españoles, entender quiénes somos, qué pasa, por qué no nos conocen o por qué no hay libros nuestros allá. Se conocen voces nuestras, sí, como Rafael Cadenas, Yolanda Pantin, Eugenio Montejo, Fedosy Santaella, todos ellos han sido publicados allá y hay mucha gente interesada en promover la obra de ellos. Quizás nuestra originalidad fue publicar con un ISBN español porque ese fue el golpe que yo consideré que había que dar. Un hombre sabio en el mundo del libro en España me dijo que ya los libros que habíamos publicado eran un buen inicio, casi una temeridad, y que ahora el compromiso era seguir en esa línea. En este momento me insisten mucho para que publique antologías, porque los libros de autores venezolanos no son tan conocidos. Piden antologías de poesía, de cuento, de crónica, porque ahí se va armando un muestrario de quiénes somos, qué hacemos y qué pensamos los venezolanos.

Hay momentos en los que uno puede ganar, lucrar incluso, pero hay momentos en los que uno se debe al país.

—Desde tu experiencia como venezolano en Madrid, ¿has notado algún tipo de rechazo hacia los venezolanos? ¿Existe racismo o algún tipo de discriminación hacia nosotros en Europa?

—Los comentarios son bastante positivos, lo que no quiere decir que de vez en cuando no te suelten una arrogancia pero, en general, la recepción en España es buena. Ellos dicen que somos una migración muy especial porque nos ven académicamente muy bien preparados, muy cultos y sofisticados. Lo han valorado como una buena migración. A mí no me preocupa tanto si nos rechazan o no por ser venezolanos, más me preocupa es cómo podamos comportarnos nosotros. A veces solemos ser egocéntricos, pesados. En resumen, puedo decir que la química con España es buena. Salir del país siempre es difícil, pero los españoles están muy sensibilizados ante las dificultades que estamos pasando. Estos dos años con Kalathos España han sido de mucha tenacidad. Con los últimos libros publicados estamos viendo que ha crecido mucho más el interés. Ellos (los españoles) también te miden. Ven qué tan en serio quieres trabajar y eso es para ellos algo muy importante y los mantiene en expectativa.

 

David Malavé
“He parado la impresión en Venezuela desde 2016 porque no puedo manejarme en bolívares”.

“Cerrar no es una opción”

La crisis económica —y ahora hiperinflacionaria— que enfrenta Venezuela ha cerrado las puertas de empresas grandes y pequeñas en los últimos años. Los altos costos afectan también el desarrollo de las actividades que giran en torno al sector del libro. No escapa de esa situación la librería Kalathos, un espacio ubicado en el Centro de Arte Los Galpones, en la caraqueña urbanización de Los Chorros.

—¿Cómo ha logrado mantenerse la librería Kalathos en Venezuela pese a la hiperinflación?

—Yo estoy impresionado por los altos costos. Es incomprensible vivir Venezuela. No entiendo cómo no hemos colapsado. Un alquiler de un local que va de seis millones a 75 millones es un golpe, ¿de dónde se obtiene el dinero para pagarlo? Los negocios no producen esas cantidades. En la librería en Venezuela no puedo cobrarle a un comprador más de lo que indica el libro que escoge. ¿Cómo generamos esa cantidad de dinero? Sin embargo hay mucha gente en el país que sigue interesada en mantener espacios como este pese a las dificultades. Hay mucha gente que está dispuesta a ayudarnos a mantener la librería abierta. Recibiremos aportes para poder hacerle frente a la situación. Cerrar no es una opción. Si bien es lo que más conviene a nivel contable, no todo es sólo negocio. También existe un país. Hay momentos en los que uno puede ganar, lucrar incluso, pero hay momentos en los que uno se debe al país, existe una conciencia de país, de patria, y decimos que no se puede cerrar un proyecto como la librería Kalathos o el Centro de Arte Los Galpones, por ejemplo, por más que éstos cuesten. Hay que hacer esfuerzos, y ahora encontramos personas que quieren aportar. Estos espacios se mantendrán como sea. El proyecto que tenemos en España también es un esfuerzo muy grande, allá todavía no le estamos viendo el queso a la tostada, pero estamos haciendo lo que sentimos que debíamos hacer.

—Desde tu aporte como editor venezolano en el mercado internacional, ¿qué soluciones podrías darle a la industria nacional?

—Creo que podemos aprender mucho de los españoles, sobre todo de su capacidad para decir las cosas sin tabúes, de forma directa. Cuando un proyecto no les gusta te lo dicen, cuando las imprentas no pueden sacar un trabajo menor a lo que ya están acostumbrados son francos, honestos. Allá en las imprentas, por ejemplo, encuentras personas aliadas que hasta te enseñan cómo puede funcionar mejor tu libro. Las imprentas están llenas de interés por que los autores publiquen, reconocen errores, te sugieren cambios. Ellos están muy bien preparados en el área, tienen más de quinientos años haciendo libros, allá es una actividad hasta familiar porque pasa de padres a hijos. Hay familias enteras que se dedican a imprimir, a mantener librerías. También debemos aprender a internacionalizar nuestro discurso.

Arianne Cuárez

Arianne Cuárez

Periodista venezolana (Caracas, 1991). Licenciada en comunicación social egresada de la Universidad Católica Santa Rosa. Ha trabajado como periodista cultural en medios como el diario Últimas Noticias y la Agencia Venezolana de Noticias. Especialista en promoción y comunicación cultural.
Arianne Cuárez

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