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“Amo, luego existo”:
Igor Barreto

domingo 13 de septiembre de 2020
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Igor Barreto
Igor Barreto: “La poesía está llamada a tener una posición crítica del presente”. Fotografía: Manuel Sardá

En medio de la pandemia, las artes en general han acompañado el confinamiento. Los festivales y los encuentros migraron de las tablas y los espacios de interacción física a los virtuales, a los llamados lives y a esas plataformas donde también hay lugar para relaciones humanas. En Pereira, el Festival Luna de Locos, en su versión catorce —celebrado entre el 24 de agosto y el 5 de septiembre de 2020—, invitó a más de cincuenta poetas, incluida una nominada al Nobel de literatura. Entre espacios de llevar la poesía al aula, realizar tertulias, hacer alianzas para saber de las voces jóvenes de la poesía latinoamericana, un poeta de Venezuela ha generado interés y gusto por su carisma y letras. Es editor, vive en el sur de su país, ha publicado más de catorce libros y, viviendo con su esposa, nos atendió en medio de una extrañeza: una conversación mediada por la plataforma WhatsApp, dado que no fue posible por otros medios. A través de un intercambio de audios fue surgiendo esta conversación sobre el amor, el asombro, la poesía, la turbulencia de su nación y el papel de los poetas, entre otros temas.

El sujeto latinoamericano se ha pensado como parte del mundo, como un ser atento al mundo.

—A propósito de tu primera publicación en 1983, quiero saber si el amor ya llegó. O si va a llegar; además, teniendo en cuenta la pandemia, ¿qué transformaciones consideras que ha vivido el amor…?

—John, me sorprende tu pregunta, es tan difícil de concluir, algo trataré de decir. Por supuesto que sí, ya llegó. ¿Y si el amor no llega? es mi primer libro, y la pregunta sobre el amor estaba planteada sobre el ser; en lugar de pienso, luego existo; amo, luego existo. El amor es una forma de definición del ser y para cualquier observador de la realidad el tema de las definiciones ha adquirido una libertad muy importante, permite la sinceración del ser. La pregunta sobre el amor hoy día la vida se ocupó de colocarla en el justo lugar… en el centro de la problematicidad e identidad humana, del hombre de hoy. Vivo con mi esposa en una relación sumamente intensa, pero entiendo toda la diversidad y la celebro. Este libro ¿Y si el amor no llega? la planteaba de manera muy abierta: tenía que ver con el amor familiar, con la definición frente a las figuras materna y paterna. Todas esas transformaciones que ha sufrido la familia contemporánea, es muy convulsionada, aunque logra adquirir cierto nivel.

—En Pereira se hace un festival internacional de poesía al que se le ha llamado Luna de Locos, vamos en el número 14, reuniendo diversos poetas del mundo. ¿Qué consideración tienes sobre los poetas y para qué poetas si ya amamos, luego existimos?

—Es un festival de muchísimo prestigio a nivel americano, yo diría que a nivel mundial porque somos un continente importante, que tiene una cultura muy compleja con contradicciones, y de una gran significación en el mundo latino. El sujeto latinoamericano se ha pensado como parte del mundo, como un ser atento al mundo; Darío se pensó con un grado de atención muy particular sobre lo que ocurría en París, en Francia, en la vanguardia francesa o luego en los años cincuenta, finales de los sesenta, pensamos mucho a Latinoamérica desde el mundo anglosajón, o sea que nuestro sujeto cultural siempre se ha pensado desde otras lenguas y otras culturas, como un centro de recepción de otras culturas. Claro que en el concierto de los poetas invitados uno siente ciertas afinidades, admiraciones: la obra de Raúl Zurita; también la obra de la rumana Ana Blandiana (nominada al Nobel), que es una invitada al festival, me parece una obra muy importante, ella ha jugado un papel como poeta y como intelectual en los cambios políticos que sufrió su país a raíz de la caída de todo lo que fue el muro de Berlín y el movimiento de cambio hacia la democracia que vivieron los países de Europa oriental. También un poeta por el cual siento cierta amistad, cercanía: Nuno Júdice, de Portugal. Por supuesto, los poetas colombianos, que le dan muchísima fuerza; el organizador mismo del festival, del cual tuve el placer de leer su último libro todavía en manuscritos, me sorprendió con su capacidad para enfrentar la realidad colombiana con una gran fuerza formal, estética; me refiero a Giovanny Gómez, pero también estuvo Federico Díaz-Granados, que también es un poeta importante, como William Ospina; son voces que se reúnen en este festival para dar cuenta del interés que tenemos los latinoamericanos por una literatura que mira de frente la problematicidad del mundo y del hombre contemporáneo.

Venezuela retrocedió al siglo XIX, vive lo que se presenció en el país luego de la independencia y de la guerra federal.

—Dice un poema tuyo: “La hambruna, la resaca súbita del ánimo, una epidemia masiva, la voracidad”. ¿Cómo hacemos para alivianar un poco la tragedia de esa pandemia, con un poco de poesía? ¿Es posible?

—Que pregunta tan difícil, sobre todo cuando se interpela a un poeta sobre qué puede hacer por calmar el hambre que se vive hoy día de manera tan acentuada en nuestro continente. La poesía no puede hacer nada en el sentido concreto, pero sí puede ayudar a que las personas que padecen hambre y los que somos espectadores podamos comprenderla mejor; creo que la poesía es una manera, una herramienta, para investigar y comprender mejor la realidad; es una forma de comprensión muy compleja, donde la racionalidad y la irracionalidad se confunden porque la poesía comprende al mundo, tanto desde la razón como desde la imaginación. Además, al poeta no se le puede pedir que solucione un problema concreto, no está en el ámbito de la poesía aportar una solución a una situación de contradicción tan grave como la que padecemos en América Latina; la poesía puede hacer otros aportes: de comprensión, puede atenuar emocionalmente en algo al sujeto que padece el hambre, pero resolverla no.

—La poesía siempre nos teje, también nos remienda y a veces nos descose. Quiero que nos digas, frente al mundo nuestro, este de tantas interacciones y ostracismos: un hombre y un poeta como tú, de Venezuela, que nació en San Fernando y gozó de muchas inquietudes en su infancia, ¿cómo y de qué se asombra en nuestros días…?

—De nuevo me pones un poco en apuros. Haber nacido en San Fernando, al sur de Venezuela, me permitió vivir el privilegio de presenciar muchos acontecimientos de la vida contemporánea Venezolana dos veces; por ejemplo, yo vi la llegada de la televisión la primera vez, cuando en Venezuela se produjo el acontecimiento en los años sesenta, que eran ya normales las transmisiones primero en blanco y negro; mi abuela y otros familiares vivían en Maracay, y luego como regresaba siempre a mi lugar de origen pude ver la llegada de la televisión en San Fernando; San Fernando es una ciudad que se separa del resto del país por un enorme río, el segundo río más importante de Venezuela, el Apure. Ahora, ¿qué me asombra de la vida venezolana en estos tiempos?, la toma del poder por un régimen totalitario, intolerante, que no soporta la libertad de prensa ni al individuo como eje de la sociedad, que no tolera la disensión, que cree que el Estado puede ocupar el lugar del individuo y no, es el individuo, el ciudadano, el que debería ser el eje de una sociedad. Hoy día vivimos en Venezuela una situación escabrosa, con desaparecidos en manos de las fuerzas de seguridad del Estado, con asesinatos tanto en cárceles como en servicios de seguridad; vivimos una situación de hambruna muy grave, de pérdida de casi todos los medios de sobrevivencia con los cuales contábamos; imagínense, nosotros hemos perdido en estos últimos años seis refinerías de petróleo, las empresas básicas de aluminio, que no funcionan, o se paralizaron las turbinas del Guri al sur de Venezuela, en el estado Bolívar, alimentadas estas turbinas por el río Guri; creo que de las cuatro o cinco turbinas funciona una a medias. Vivimos una situación de ruina. Venezuela retrocedió al siglo XIX, vive lo que se presenció en el país luego de la independencia y de la guerra federal, los cien años del siglo XIX, que fueron de gran ignorancia, de muchísima hambre y de injusticia. El lugar de un poeta está en el centro de esas grandes fracturas y esas interrogantes, la poesía debe tratar de dar algún testimonio humano en el sentido complejo, no uno político, aunque puede hacerlo; el poeta aborda la problematicidad social y política con la complejidad de su herramienta, de su lenguaje, hablando siempre de lo humano, desde lo humano. Hablar de lo político desde la condición humana, del hambre desde la condición humana, ¿cómo la padezco?, ¿cómo la siento?, ¿cómo la sufro?, ahí es donde debe situarse el acento.

La poesía tiene que abordar este cansancio que viven en general todas las artes, abordarlo con mucha inteligencia.

—Volvamos a tu obra. En ella tu confabulación con la naturaleza es diversa. Hay un retorno a las raíces. Poesía, como lo dijiste al principio, es apelar al ser. Así que leer y escribir poesía, ¿nos permite volver a nosotros y a lo que hemos perdido?

—Tu pregunta es muy conmovedora y compleja de responder. Sin duda alguna que leer poesía plantea una situación de reconocimiento, eso que los griegos llamaban anagnórisis, reconocimiento del ser; leer un poema nos permite percatarnos de una situación interior, emocional, que tiene como centro al ser humano. Pero también no hay que olvidar que el poema es una representación ante todo de carácter formal, o sea, un artificio. Un poema es un objeto creado con una finalidad muy concreta: conmocionar al lector, es la finalidad del poema y el cometido de todo poeta; conmocionar, estremecer al lector. Para lograr ese objetivo un poeta debe estar dotado de todas las herramientas de la tradición: la palabra, sus vínculos con otros poetas, una actitud crítica frente a su presente, porque el pasado es un tiempo que sólo podemos conocer en el sentido humano más profundo a través del presente, de su conjugación e indagación. La poesía está llamada a tener una posición crítica del presente y conocer otros tiempos: el pasado, el futuro, interrogarlos.

—Maestro, qué gusto. Noto en la idea de artificio una marca borgiana en ti. ¿No está la vida llena de esos ripios, a los que así nombraba Borges a los artificios, puras ficciones…?

—No sabría decirte si es una reminiscencia o una nota que resuena a la manera borgiana, de ser así no me queda otra cosa sino celebrarlo. No creo que me esté dado otro privilegio que no sea el de repetir y de reescribir lo de otros; es posible agregar una manera de decir las cosas o una entonación algo distinta, pero los temas se agotaron hace tanto tiempo, son los mismos. La poesía tiene que abordar este cansancio que viven en general todas las artes, abordarlo con mucha inteligencia; Cioran decía que si la poesía no se distanciaba del modelo romántico pues corría el peligro de convertirse en un género operático. Hermann Broch también, en Poesía e investigación (1974), plantea el dilema entre la poesía de investigación y la poesía confesional; la poesía es espontánea e inspirada; me inclino a una poesía que investiga al mundo y se hace desde la conciencia crítica, que me plantea una serie de dilemas formales que debo resolver, permitiéndome dentro de esa emulación de la realidad la presencia de lo irracional y de lo puramente imaginario.

—Muchas gracias. Muy amable. Quedo conmovido de tu fuerza. De tu voz. De tus ideas. Va un abrazo de empatía contigo. Hasta vernos de modo concreto. Te aprecio desde que te leí y ahora más por tu cercanía.

—Estoy también muy sorprendido por la inteligencia, la agudeza de tus preguntas, que sin duda me han puesto en apuro enorme, del cual he podido llegar hasta este punto con muchísimos tropiezos y confusiones; pero bueno, así están hechas las cosas: de tropiezos y confusiones, y sobre todo la poesía está para aceptar la existencia del error y asimilarlo como parte de su lenguaje, interiorizarlo, diría yo; muchísimas gracias, quedo muy agradecido por tus preguntas. Las voy a repensar, un abrazo muy grande para todos y muchas gracias al festival por esta oportunidad tan importante.

John Harold Giraldo Herrera
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