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Linda D’Ambrosio:
Calendario es una ventana sobre mi intimidad”

domingo 14 de febrero de 2021
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Linda D’Ambrosio
Linda D’Ambrosio: “Tengo publicadas otras dos obras, que eran para el público. Calendario, en cambio, es para mí. Es la respuesta a la necesidad de ver recopilados en un solo lugar los textos, retazos de mi misma, y las imágenes que inspiraron”.

La escritora venezolana Linda D’Ambrosio, residenciada desde hace muchos años en España, publica su primer poemario, Calendario, con la editorial Lector Cómplice.

Es, además de poeta, narradora, columnista, promotora y coordinadora de actividades culturales. Mencionar su nombre en Madrid, entre la diáspora que convirtió a Venezuela en país migrante, es saber de una institución que a tiempo completo “promueve el talento venezolano en el extranjero”, tal como nos dijo en otra entrevista.

Hoy nos cuenta ese, este y otros tiempos.

 


 

Sigo al servicio de Venezuela en cada uno de mis compatriotas.

Naciste en Venezuela. Vives hace muchos años en Madrid. Evocas tu casa caraqueña llena de gente. “Era como un club”, recordaste recién. La nostalgia es irse y regresar al origen. ¿Qué significa hoy el país que dejaste ayer? ¿Cuál sería la ruta por si volvieras?

Ese país soy yo. Ese país pervive en cada uno de nosotros, nos moldeó, dejó su huella. Pero ni existe ni va a volver a existir, quizá afortunadamente, porque aunque los tiempos pasados fueran mejores para todos, sus bondades tal vez resultaron insuficientes para algunos. El país que viene tiene que ser aún más generoso.

El compositor Ignacio Izcaray lo explica muy bien cuando habla del síndrome de Superman: Superman puede volar, puede ir a donde quiera, menos a su planeta, porque ya no existe. Voló en mil pedazos. Y lo único que hace vulnerable al superhéroe es una sustancia que proviene de ese planeta, la kriptonita. Así es Venezuela en la diáspora: sal sobre las heridas, ausencia y también aliento, espíritu de lucha.

Yo me separé de Venezuela por razones familiares que siguen existiendo. Quién sabe. Mis hijos añoran redescubrir su país y se sienten llamados a construirlo. Sigo al servicio de Venezuela en cada uno de mis compatriotas.

 

“Calendario”, de Linda D’Ambrosio
Calendario, de Linda D’Ambrosio (Lector Cómplice, 2021). Disponible en Amazon

Llegaste a España con tu familia cuando Venezuela cambiaba definitivamente y la incertidumbre se instalaba en la vida de un país que bajo el sol de hoy perdió en el camino demasiadas cosas, empezando por la esperanza, de manera demoledora. Más de dos décadas después tu trabajo es apoyar sin reservas a muchos emprendedores venezolanos y artistas para construir el camino del exilio, que bien conoces. ¿Qué influencia ha ejercido Madrid, la ciudad que hiciste tuya, en tu pensamiento y trabajo editorial, en tu vida?

Creo que el hecho de convivir permanentemente con vestigios de otras épocas, con el paso de las estaciones, nos ubica exactamente en el tiempo y nos recuerda la transitoriedad de cada cosa, incluidos nosotros mismos. Todo es pasajero. A la austera desnudez del invierno le sucede la riqueza floral de la primavera. Eso alimenta nuestra esperanza y nos da cierta ecuanimidad frente a las cosas. Nos emplaza en otra perspectiva.

Madrid es una ciudad amable y generosa, con una característica que, aunque prosaica, resulta determinante en la forma de vivir: una amplia y organizadísima red de transporte público. Esa red facilitaba que nos encontráramos dondequiera que se nos convocara. Y ese volcarse hacia la calle es también característico del madrileño, cuya hospitalidad se hace patente en cosas distintas a las que nos distinguen a nosotros: en el acompañamiento, en gestos oportunos cuando los necesitas. No son personas que te reciban en su casa, pero es que tampoco reciben en su casa a otros españoles, salvo que sean de la familia. Eso es poco frecuente.

Su solidaridad es increíblemente comprometida y valiente. La gente se echa a la calle a manifestar cuando considera que una causa es justa, aunque no la afecte directamente. Eso sí creo que nos influyó a todos: la posibilidad de levantar la voz, de salir a expresarse, de apoyar gestas que no son las propias de manera cotidiana y poco traumática. La hispanidad nos estimuló el compromiso, el valor, la conciencia del otro.

En cuanto a la realidad editorial, en cuya esfera mi participación es limitada, tal vez tiende a ser la misma que en todas partes, y le complica las cosas al lector. Se rige por el mercadeo, y lo que más se publicita no es necesariamente lo mejor.

Anteriormente, el respaldo editorial era una especie de garantía. Había alguien que apostaba por un autor y empeñaba su nombre en ello. Antes de acceder a publicar, se efectuaba una criba que separaba lo mejor de lo menos bueno. En ese proceso, es verdad, se cometían inexplicables injusticias: célebre es el rechazo de que fue objeto, por ejemplo, Cien años de soledad. Pero se procuraba que la obra se ajustara a unos estándares de bondad. La línea editorial le daba pistas al lector. Ahora, el criterio de publicación no es la calidad de un texto: es su potencia comercial. El objetivo es vender indiscriminadamente, y el que sale en los medios no es siempre porque sea muy bueno, sino porque hay dinero para promoverlo.

Por otra parte, con Amazon y la autoedición todo se publica, lo bueno y lo malo. Se buscan autores que puedan cofinanciar, o financiar. “No hay como distinguir la paja del heno”, escuché quejarse a alguien en estos días. Esto ha traído aparejadas otras ventajas: conozco a un escritor importante que ha decidido desligarse de todas las editoriales, porque opina que sólo Amazon es capaz de distribuir su libro en todos los lugares en que tiene lectores. Y el público goza de una oferta más amplia, que trasciende los criterios de las editoriales, aunque navegue en aguas turbulentas con riesgo de naufragar. La autopublicación también ofrece más hegemonía al autor en cuanto a escoger un diseñador y alcanzar una edición con la que se sienta más identificado.

 

La espera de un amor, de un amante, real e ideal, es el gran tópico de Calendario, tus poemas en agua: el símbolo fundamental de vida y creación del mundo, de energía divina, de fecundidad de la tierra y de los seres vivos. Este recuento de meses, de tiempo, es tu apuesta hoy de biografía amorosa en prosa sugerente, un libro para el encuentro y suerte de conjuro al holocausto que puede ser una pasión. ¿Es la historia secreta que se necesitaba desnudar para que sepan todos cómo es? Lo llamas experimento.

Calendario es ciertamente una ventana sobre mi intimidad, sobre mi manera de comprometerme y de ver las cosas. Cuando atribuyo a Amanda sentimientos y palabras es porque imagino cómo hubiera actuado yo en su caso, o porque actué así en algún momento.

Calendario no está pensado para que lo lea nadie, aunque está al alcance de todo el mundo.

Me encanta tu lectura. Esa fecundidad, esa potencia vital, es, creo, el hilo conductor de uno a otro texto: desde la mujer que se lo juega todo en la cuerda floja, hasta la amante resiliente que sigue allí ofreciendo luz y calor desde una posición marginal.

Fecundo es el lecho como matriz de una transformación, símbolo de la fusión con el otro, una unión que no se limita simplemente al tálamo, sino que se extiende a los demás aspectos de la vida. Amanda, que llega a la cama (a la relación) como individuo, ha de incorporarse transformada en miembro de una pareja, dispuesta a dar lo mejor de sí para embellecer la vida de su amado: cenizas que nutren a otros tallos, destinados a florecer para ti. Ese texto es el más importante de Calendario, el que condensa el espíritu que anima a Amanda, que no es otro que el del compromiso, el de involucrarse activamente en mejorar la vida del otro, aunque esté lejos, aunque no le pertenezca, aunque sea riesgoso. Un amor un poco kamikaze, si se quiere.

“Calendario”, de Linda D’Ambrosio
Calendario aparece bajo el sello venezolano Lector Cómplice. “Lo de ‘acuapoemas’ lo acuñó Lesbia Quintero para referirse a la expresión visual de cada texto, materializada en las acuarelas de Nidia Tabarez”, explica D’Ambrosio. “Calendario”, de Linda D’Ambrosio, está disponible en Amazon

Lo de “acuapoemas” lo acuñó Lesbia Quintero para referirse a la expresión visual de cada texto, materializada en las acuarelas de Nidia Tabarez.

Tengo publicadas otras dos obras, que eran para el público: para los historiadores del arte en Venezuela; para quienes se proponían emigrar y sentían que lo perdían todo, hasta la identidad; para quienes protagonizaban el éxito de los venezolanos en el extranjero. En esas ocasiones tenía claro para quién estaba publicando. Calendario, en cambio, es para mí. Es la respuesta a la necesidad de ver recopilados en un solo lugar los textos, retazos de mi misma, y las imágenes que inspiraron. No tenía la pretensión de llegarle a nadie. ¡Ni siquiera se imprimió! Es simplemente una entidad virtual al alcance de aquel que se interese en ella. Por eso es un experimento. No está pensado para que lo lea nadie, aunque está al alcance de todo el mundo.

 

Escribes en el prólogo: “Esta rutina inspiró el nacimiento de Amanda, una mujer que encarna las preocupaciones cotidianas de cualquiera que trabaja, que se expresa en primera persona…”. Cultivar plantas en la morada interior y exponerlas siempre es una decisión audaz. Amanda significa “la que será amada por Dios”, la esposa, la madre que anda entre pucheros y fogones, disfruta la familia, la que trabaja, descubre talentos y organiza eventos culturales, la que escribe esas historias mínimas en verso, libres de rima y corsés expresivos, de la peregrinación por el hielo y la nieve que también somos. ¿Cómo es tu proceso, el decálogo, de escribir dolor y dulzor en esta convocatoria de emociones que es Calendario bajo el rigor de los signos y la lengua?

Darle voz a Amanda supuso un proceso increíblemente intenso de conexión con recuerdos, emociones, sensaciones, a veces evocados voluntariamente, a veces disparados por alguna circunstancia externa. Podría contar la historia de cada uno de los textos, que Amanda escribía en el tren, pero que yo garrapateé en donde me pillara la pulsión: el tren, sí, pero también mi habitación o la oficina. No hubo un plan metódico que guiara la escritura.

Agosto

No es deliberado: intento sosegarme, apaciguar la emoción exacerbada por tu recuerdo, pero vuelves, esta vez contemplándome en el metro, frente a frente, rodeando mi cintura para asegurarme.

Y siento que me ahogo en tu mirada.

Me reveo arrastrándote por el laberinto subterráneo, deprisa, en las entrañas de la ciudad, acalorados.

Madrid era una ciudad nueva a tu lado, y es una ciudad que no entiendo sin ti…

Y en la penumbra de esta mañana fría, me dueles, perdiéndote en otra ciudad distinta, lejos de mí…

 

El mes inicial nos ubica en la realidad de su separación del ser amado con un recurso trillado: la luna.

Tus cartas desde el tren, tus paradas poéticas, van por laberintos del corazón, capturas de un amanecer, a la penumbra. Conseguimos universos en el detalle. “Todos podemos reconocernos en la voz de Amanda”, escribes. Son fragmentos de una mujer, decimos nosotros. ¿Qué dices tú a esta afirmación?

Concuerdo. Amanda es una mujer fragmentada, y atisbamos retazos de su humanidad en cada uno de los textos. Es la mujer valerosa, la hembra apasionada, la funámbula temeraria, la hechicera y también La Sirenita de Copenhague, protagonista de “Diciembre”.

El mes inicial nos ubica en la realidad de su separación del ser amado con un recurso trillado: la luna (“¿quizá la misma luna que miras desde tu ciudad?”). También lo reitera “Agosto” (“me dueles perdiéndote en otra ciudad distinta, lejos de mí”). Físicamente está en un sitio, pero su atención se centra en esa otra urbe, distante. Y se fragmenta también en el tiempo, que se desdobla en la presencia/ausencia del amado, porque también hay momentos de encuentro. Y está fragmentada dolorosamente en la exclusión (“contempla aquello de lo que no forma parte…”).

Del poemario, este fragmento de “Marzo”:

(…)

Un amor self-service… Y emergen de mi pasado los pequeños pájaros confiados, revoloteando contra un haz de luz…

 

Se convierten los sentimientos en un libro con cuerpo, en una prueba de fe, una bendición de Dios y del diablo también para combatir la soledad de seres que corren tras la luz. Tenemos una imagen mental de quiénes somos. Aquí cada mes manifiesta la relación entre un hombre y una mujer en un encuentro fugaz que se hizo eterno en el recuerdo y la escritura. ¿Calendario es una dosis concentrada de sentimientos —quemarse a lo bonzo— o la búsqueda de un tiempo de rosas perdido?

¡Ambas cosas! Amanda apuesta por el tiempo de rosas, aun cuando amenacen con marchitarse, dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias.

Noviembre

(…)

Pero ni la promesa de las amapolas encendidas, ni la grasa primigenia de los cultivos tropicales, ni las mariposas de color lila que caen alrededor de su cuerpo arrodillado, describiendo un espiral y envolviéndola en el olor del jardín del amado, alcanzan para conjurar el dolor que ocasiona la distancia.

 

Son poemas florecidos de testimonios dolorosos y marchas forzadas entre la realidad y la conmoción de perseguir o dejar escapar el tiempo que es el amado, complejidades proyectadas en esa confesión de psiquis que es Amanda. Hay un cielo y una tierra que combinan la virtud de la experiencia y de la necesidad con el querer a alguien. “El final de toda mujer inteligente siempre es el amor”, creía el cardenal Richelieu. ¿Qué dices tú?

El amor puede enriquecer la vida de una mujer ofreciéndole experiencias gratificantes, o al menos estimulantes, que pueden llegar a tener una intensidad adictiva. Creo en la entrega total, sin restricciones. Admiro el coraje de Amanda para ser coherente consigo misma y elegir una senda que, aunque dolorosa, traduce amores en obras, en estar ahí… mientras piense que el otro lo merece, y hallando su satisfacción en el hecho mismo de amar. Pero si se viera defraudada… No tenemos, ni necesitamos, más que a nosotros mismos…

 

Te imaginamos escribiendo para publicar un día de estos. Sabemos de una novela que ya hasta titulaste y especialmente la segunda parte de Venezolanos de ultramar. Los proyectos literarios son estrellas que pesan cuando se cultivan lectores cada semana, una solicitud al talento, una investigación a la praxis y la experiencia para convertir en arte y belleza lo prosaico y el horror. ¿Es así?

Eso quisiera yo, en el papel y en la vida: convertir en arte y en belleza lo que sea prosa y horror. Esa frase te retrata mejor a ti que a mí.

Marijosé Pérez-Lezama
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